Noviembre de 1780 - Micaela Bastidas: cuando la valentía tuvo rostro de mujer
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Nacida en el distrito de Tamburco – Abancay, en Perú, el 24 de junio de
1742, se casó en 1760 con José Gabriel Condorcanqui Noguera Túpac
Amaru, cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surimana. Su esposo descendía
en línea recta de doña Juana Pilcowaco, hija del último inca Túpac
Amaru, ajusticiado por el virrey Toledo en la plaza del Cuzco el año
1572 nacido el 19 de marzo del año 1738.
Micaela fue una mujer excepcional: tenía un carácter fuerte, era
decidida, crítica y emprendedora. A pesar de ser madre de tres hijos en
una época en la cual el reino femenino se restringía al hogar, durante
la rebelión que encabezó su esposo, se convirtió en conductora y
capitana de las fuerzas rebeldes. Fue compañera leal y confidente del
jefe del movimiento revolucionario. Fue clave para ganar adeptos para
la sublevación contra los conquistadores españoles.
La rebelión encabezada por Túpac Amaru se desató en Tinta el 4 de
noviembre. Micaela se destacó dando aliento a las tropas, mediante la
atención de la retaguardia, y el aprovisionamiento de las huestes. Una
vez la vieron cargando en su mantilla las municiones necesarias. Se
afirma que dijo: “Moriría donde muriera mi marido». Y cumplió su
palabra.
Las causas de la rebelión
Los tributos excesivos, la mita y los abusos de los corregidores fueron
las principales causas de una rebelión aborigen que, en noviembre de
1780, estalló en el valle del Tinta. El corregidor Arriaga fue apresado
y ejecutado por orden Túpac Amaru. Fue la insurrección popular más
grande en la historia del Virreinato.
Si bien al comienzo el movimiento reconoció la autoridad española de la
Corona, más adelante se convirtió en un movimiento independentista. La
opresión de los españoles sobre los pueblos originarios fue la base
sobre la cual se desarrolló el sentimiento anti-colonial.
Aunque su objetivo inicial fue luchar contra los excesos y el mal
gobierno de los españoles, no pudo evitarse que se radicalizara.
Al frente de nutridas huestes y después de vencer a un ejército de
1.200 españoles en Sangarará, Túpac Amaru no marchó sobre Cuzco sino
que regresó a su residencia de Tungasuca sin entrar en la ciudad.
La rebelión trunca
Fue en ese momento cuando Micaela se atrevió a proponer marchar sola
sobre el Cuzco en vista de la indecisión de su esposo. Envió
innumerables mensajes a Túpac Amaru exigiéndole que lanzara sus tropas
sobre el Cuzco antes de que los españoles fortalecieran las defensas y
los rebeldes se dispersaran desalentados. “Chepe –escribía-, Chepe, mi
muy querido: Bastantes advertencias te dí…”
La insurrección popular, presa de una dirección vacilante, fue derrotada.
El 18 de mayo de 1781, Túpac Amaru fue ejecutado en la plaza del Cuzco
junto con su esposa y consejera, Micaela Bastidas. Ese mismo día
también fue ejecutada a garrotazos Tomasa Condemaita, cacica de Acos,
capitana de un batallón de mujeres que había derrotado en una
batalla al ejército español.
Pero al contrario de lo que reza la historia oficial, las mujeres
participaron activamente en la lucha contra la opresión española,
sorteando otras piedras en el camino: la equiparación de las mujeres
con los niños, por su indefensión; su exclusión de la vida pública, la
opresión y el aislamiento.
Micaela rompió todos los moldes de su época y que aún se conservan,
poniendo en cuestión los mandatos sociales que pesan sobre las mujeres.
Más allá de las diferencias históricas, sociales y culturales que nos
separan hoy de su lucha, su pasión y su rebeldía debieran ser un
ejemplo para quienes tomamos la senda del combate contra la opresión y
la explotación capitalista.
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