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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2009

Artes en Colombia
Entre el merito del fulgor y la desmesura de la infamia

Hctor Jos Arenas A.
Rebelin


Cuando vimos en la primera semana de diciembre en las calles de La Candelaria , en Bogota , el cartel que anunciaba la obra de Teatro : Olympia y los derechos de las mujeres en la revolucin francesa , no tenamos la menor noticia de Olympe de Gouges , esa mujer extraordinaria que en la revolucin francesa escribi la Declaracin de los derechos de la mujer y la ciudadana que se iniciaba preguntando : "Hombre, eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta."

Como ya habamos iniciado la preparacin del encuentro en torno a las semillas, los alimentos, la medicina tradicional, con acento en la palabra ancestral femenina que se celebrar a finales del 2009, como un reconocimiento a la tesn indmita de un tejido invisible y eficaz de cientos de miles de mujeres que en Colombia han sostenido lo que queda de vida y dignidad en medio del desastre, agradecimos en lo profundo cuando recibimos la invitacin para el estreno de la obra.

Fue muy estimulante acudir la noche del 17 de diciembre al Teatro Seki Sano y ver abarrotada la sala para apreciar el montaje del Grupo Rapsoda Teatro: cuatro actrices y un actor en escena, con la direccin de Patricia Ariza. No esperbamos ser arrebatados, como aconteci, por un ritmo fascinante en el que la realidad oprobiosa que padecemos se mezcla en forma indiscernible con una narracin elaborada con el amoroso cuidado que precisa una filigrana de destellos en los textos , la msica y las imgenes.

Detrs del ritmo trepidante y el despliegue de talento del grupo actoral estaban meses y meses de ardua labor, aos de maduracin en la direccin y formidable audacia creadora en el colectivo. Muchos momentos dramticos nos electrizaron, pero hubo uno, en especial, que quedo resonando en nuestro interior: sucede cuando las actrices se mezclan entre el publico pronunciando como un mantra una frase del testamento de Olympia: Y a los hombres dejamos nuestra sensibilidad porque sabemos que la necesitan.

No terminbamos de comentar los mil detalles fulgurantes de una obra hecha a pulso , tejida haciendo muchsimo con muy poco , cuando lemos en el diario El Espectador del domingo 20 de diciembre la noticia sobre la investigacin que se adelantaba por parte de la Sijin - Polica Metropolitana de Bogota a Patricia Ariza , porque su trabajo con nios , ancianas , jvenes , raperos , es sospechoso de ser parte de un trabajo de masas del partido comunista clandestino en favor de las Farc.

El 27 de diciembre en el mismo diario, el admirado poeta y escritor William Ospina escribi una columna, que concluyo as: Creo en el trabajo creador, en la inteligencia, en el arte. Creo en la necesidad de construir un pas ms humano, ms generoso y ms solidario. Y creo, como Carlos Gaviria, en la necesidad de construir un pas decente. Si eso es un crimen, que empiecen a procesarnos a todos.

As estamos hoy en Colombia : el arte que desaliena , que devuelve a los seres humanos la conciencia de su dignidad y recupera su esencia creadora , no solo no es reconocido en todo su infinito valor , no solo le son denegadas las responsabilidades en los puestos de decisin de asuntos pblicos a las personas que con su probada consagracin , su competencia y su afecto , pudieran multiplicar las riquezas vitales de las artes en beneficio de todos, no solo se birlan con desfachatez para nutrir el odio y la soberbia los presupuestos de los alimentos del cuerpo y el alma , sino que se persigue y se intimida desde espacios estatales. Mientras estas lneas se escriben el diario El Tiempo del 5 de enero, publica una entrevista a la dirigente indgena Ada Quilcu, quien permanece escondida despus del crimen de su esposo en diciembre por parte de integrantes de la fuerza pblica. Acaso alguien ignora todava que ha sucedido con numerosas personas que han sido sacrificadas despus de ser estigmatizadas con ruines sealamientos de funcionarios estatales?

Enorme importancia tienen las cartas de solidaridad, pero no son en absoluto suficientes para transmutar las percepciones entumecidas que aceptan como normal una realidad de oprobio en la que a diario se nos hace comulgar con ruedas de molino. Hace unos aos, en 1970, en Barcelona, Garca Mrquez hablo de la Soledad de los Cien Aos como un concepto poltico, como la negacin de la solidaridad, de la falta de amor. Tenemos que esperar otros cien aos para que despierte?



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