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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2009

Entrevista al escritor Ricardo Menndez Salmn
Un gran libro es siempre una mala noticia para el poder

Edgar Borges
Rebelin

El autor, considerado en Espaa la revelacin literaria de 2007, asegura que Occidente es muy cuidadoso con la contabilidad de sus muertos (no pesan lo mismo los cadveres de Oriente Medio que los de Europa). Y advierte sobre la devocin por las culturas del simulacro; pero tambin recuerda que siempre habr espacio para la resistencia. Y, convencido del poder transformador de la literatura, en 2009 presenta su nueva novela El corrector.



Entrevistar a Ricardo Menndez Salmn (Gijn. Espaa 1971) es abrir el plstico de frivolidad que cubre el planeta para darle cabida a las ideas. Salmn combina la filosofa (es licenciado en Filosofa por la Universidad de Oviedo) y la ficcin para crear poderosas novelas que caen como misiles (cargados de palabras) sobre esta realidad engaosa que nos imponen a nivel mundial. En su obra encontramos libros muy recomendables como Los caballos azules (2005) o Gritar (2007); sin embargo, en este encuentro nos detenemos a revisar con el autor su triloga novelstica que, sobre el mal en nuestro tiempo, inici en 2007 con La ofensa, sigui en 2008 con Derrumbe y cierra en 2009 presentando El corrector.

E.B. -La ofensa, Derrumbe y El corrector. Tres novelas sobre el mal. Cul es el mal de nuestro tiempo que dibujas en esas ficciones?

R.M.S. -En La ofensa, la guerra, como espacio de privilegio donde los preceptos ticos y morales se derogan, quedan abolidos, suspensos, disueltos; en Derrumbe, los miedos contemporneos, sobre todo ese miedo al miedo que se ha convertido en un excelente instrumento de control social y en un gran mecanismo de consumo; en El corrector, la mentira entendida como manipulacin poltica y configuracin de una doxa alternativa y destructora de la verdad que los hechos proponen. Estas tres encarnaciones del mal, en definitiva, generan actitudes que me resultan especialmente odiosas: la indiferencia ciudadana, la devocin por las culturas del simulacro o la falsa identificacin entre discurso y realidad.

E.B - Dice Jos Saramago que en este tiempo la bondad se ridiculiza y triunfa la delincuencia. Tiene espacio la nobleza?

R.M.S -Nuestra meritocracia es muy perversa. Steiner denunciaba hace poco, desde lo que l llama su anarquismo platnico, que la excelencia est en franco retroceso, porque en nombre de un discurso democrtico, muy loable sobre el papel, se iguala por debajo. Desde ese punto de vista, una nobleza creativa no est en entredicho, porque siempre habr espacio para la resistencia, una escritura o una msica para minoras (recuerdo lo que Goethe le deca a Eckermann al respecto: Cmo pretenden que yo sea popular?), pero con muy poca trascendencia a la hora de generar un papel emancipatorio, que al fin y al cabo es el que creo debe poseer un arte consciente. El problema, por descontado, se agrava cuando este estado de cosas se traslada del mundo de la cultura al mundo de la poltica o al de los valores. Parece que propsitos nobles slo se pudieran promover o ejecutar a nivel personal. Quiz un Estado noble constituya, en realidad, una paradoja en los trminos. Como ex docente he experimentado esto en carne propia, al advertir la absurda y vana pelea por transmitir a mis alumnos unos valores que la propia sociedad inmediatamente se encarga de destruir. Cmo educar en el respeto a la identidad sexual cuando luego la televisin, por ejemplo, genera dolos homfobos, o cuando el Estado es incapaz de protegernos de los desmanes de una Iglesia para la que la Ilustracin y el darwinismo parecen no haber existido?

E.B. -El miedo siempre ha sido el principal recurso de sometimiento que ha usado el poder, cul es la utilizacin del miedo que pone en prctica el poder global actual?

R.M.S. -Aunque sea un lugar comn, es obvio que el mundo ha cambiado mucho desde los atentados de septiembre del 2001. Desde entonces vivimos bajo la constelacin de la sospecha, en una suerte de inminencia apocalptica. Parece que siempre est a punto de suceder algo terrible: demolicin del statu quo, ataque a nuestras libertades, quiebra de los modelos econmicos. Esta capacidad de insuflar miedo en las sociedades es tremendamente daina, porque el miedo no genera responsabilidad o altruismo, sino ms miedo, ms dependencia de nuestros supuestos defensores. Al final, el crculo vicioso se establece de forma irremediable: necesitamos ser protegidos por quienes fundan su razn de ser en un supuesto catlogo de terrores. Y aunque Juvenal en su stira se refera a los eunucos que atendan el serrallo, lo cierto es que su verso, ese famoso Quin vigila a los vigilantes, es una de las preguntas que toda persona responsable debera hacerse.

E.B. -Cundo hacemos uso de las nuevas tecnologas estamos ingresando a la ms sofisticada base de datos mundial?

R.M.S. - No s si a la ms sofisticada, pero s desde luego a la ms provechosa y, al mismo tiempo, a la ms inquietante. Como todas las herramientas de comunicacin, el capital de luces y sombras que generan las nuevas tecnologas es asombroso. Aunque lo que ms me fascina es la velocidad que este cambio ha alcanzado. En el trmino de una generacin, uno puede convertirse en un analfabeto funcional de la cultura que ha pergeado esa nueva tecnologa.

E.B. -Cuando formamos parte de todas las vas de comunicacin que surgen en la web, nos estamos comunicando o jugamos a que nos comunicamos?

R.M.S. -En mis libros he denunciado la tentacin de la copia de la que tanto habl Baudrillard y que ya se prefigura en un pensador de la talla de Walter Benjamin. Suplantar la comunicacin al uso, el interfaz visual, llammoslo as, por un mundo donde, en ocasiones, uno puede jugar a ser quien quiera, no tiene por qu resultar nocivo por definicin. El problema surge cuando creemos que la verdadera realidad no es la que conforman las personas de carne y hueso que nos rodean, sino esos escenarios que transcurren al otro lado de la pantalla. Second Life est bien, pero el riesgo de convertirse en esclavos platnicos es tan obvio que no merece la pena ser comentado. Hace poco lea en una novela de Doctorow que llegar un da en que no habr un solo centmetro de la Tierra que no haya sido registrado por algn soporte electrnico. Eso, por desgracia, no significa que ese centmetro haya sido en realidad visto, degustado, entendido. Con nuestra pulsin comunicativa puede pasar algo parecido. En realidad, despus de miles de correos con interlocutores invisibles, de pronto descubrimos que, a lo peor, hemos estado hablando de pintura con un ciego.

E.B. -El uso de la tecnologa est desencadenando millones de islas? Se est perdiendo el vnculo del individuo con el colectivo?

R.M.S. -En nuestro Primer Mundo el colectivo ha dejado de importar hace mucho tiempo. Es un lujo que nuestra ideologa el mercado no se puede permitir, salvo de forma puntual, como cuando hay una catstrofe en Asia. Entonces s, entonces somos solidarios y nos rascamos el bolsillo. Somos unos Tartufos redomados, muy sofisticados pero Tartufos al fin y al cabo. Creo que, al menos en Europa, vivimos en una sociedad del hartazgo, de la nusea, de la sobreabundancia, y que ya somos incapaces, salvo a ttulo individual, de pensar de otra manera. Me permito un ejemplo. En un reciente viaje a Mxico pude constatar que la cultura, el acceso a los libros, constituye todava para los mexicanos una herramienta til para mejorar su calidad de vida, para intentar huir, mediante la educacin, de unas condiciones de existencia no siempre fciles. En Espaa, sin embargo, la cultura es algo ornamental, una especie de traje que luce en ocasiones como cuando Barcel pinta en Naciones Unidas, por ejemplo, pero que en realidad nos importa muy poco.

E.B. -Mientras, quin cuida nuestros intereses? Quin cuida la calle?

R.M.S. -Hasta hace unos meses, crea que quienes cuidaban de nuestros intereses eran los bancos. Ahora resulta que los Estados, esos demonios usurpadores de la iniciativa, han tenido que acudir a su rescate y, de paso, al rescate de todos nosotros. Y la calle deberamos cuidarla desde la escuela, pero Espaa, en ese sentido, es un pas dramtico. Aqu hacemos pactos contra el terrorismo o para que nadie se pierda el Madrid-Bara, pero cada Gobierno que llega al poder destruye los planes educativos levantados por el anterior y deslegitima, de paso, todo el sistema.

E.B. - La saturacin de la informacin nos est acostumbrando a convivir con la tragedia?

R.M.S. -Sin duda. Aunque la tragedia es siempre relativa. Occidente es muy cuidadoso con la contabilidad de sus muertos. Miles de palestinos, decenas de miles de afganos, cientos de miles de iraques no pesan lo mismo que los muertos neoyorquinos, madrileos o londinenses. La muerte no es una cantidad homognea para nuestras conciencias. Y no querra que se me acusara de demagogo. Es as. Nuestra experiencia de lectores de prensa o de espectadores de televisin nos lo confirma diariamente. La inmunidad ante la tragedia no slo depende del capital de informacin, sino de la proximidad de la fuente. Tambin de la reiteracin. El drama de la inmigracin por mar ya slo causa rubor muy de vez en cuando, si las imgenes son demasiado dantescas; los asesinatos de mujeres, el feminicidio contumaz que vivimos ao tras ao, ha servido para promover un Ministerio de Igualdad, pero para poco ms.

E.B. - Nos estn fabricando una realidad virtual casi sin que nos demos cuenta?

R.M.S. -Entiendo que lo dicho hasta ahora nos obliga a aceptar esta evidencia, aunque acaso ese no darse cuenta esconda en realidad una asuncin asumida con gusto.

E.B. - Necesitamos novelas que implosionen esta realidad virtual?

R.M.S. -Humildemente, siempre he credo en el poder, si no transformador, al menos s consolador y, desde luego, crtico de la literatura. Estoy convencido de que los grandes novelistas que hay entre nosotros un DeLillo, un Pamuk, un Coetzee estn empeados, como lo estuvieron sus antepasados y lo estarn sus herederos, en no conformarse, en interrogarse sin descanso, en interpelar constantemente a la realidad que los rodea. Max Frisch lo explic muy atinadamente al final de su vida, cuando dijo que la literatura quiz no cumpla ninguna funcin libertadora o prctica, pero que al menos sirve para poner en solfa todo aquello que quienes estn conformes con la realidad desearan que permaneciera sin cuestionar. Al fin y al cabo, un gran libro es siempre una mala noticia para el poder.



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