Portada :: Cuba :: 50 aos de Revolucin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2009

Todos bamos a ser revolucionarios

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


El poeta Kavafis escribi que Itaca no

existe, lo que existe es el viaje hacia Itaca.

Lo mismo se podra decir del socialismo.

Y tambin se podra decir que a pesar de los naufragios, el viaje vale la pena.

Eduardo Galeano

La Revolucin Cubana es el acontecimiento ms importante del siglo XX en Amrica Latina, y as ser valorado por la historia. Cuba se hizo cargo -con todos los peligros y costos que ello implicaba- de la continuidad de la lucha independentista en nuestra Amrica. En los aos 60 encarn con gallarda lo ms autntico del genio rebelde, audaz y valiente de los hroes de la independencia. Y en los aos siguientes, hasta hoy, se convirti en smbolo de una asombrosa resistencia a todo tipo de agresiones imperialistas.

Al proclamar en 1961 el carcter socialista de su revolucin -en vsperas de la invasin de Baha Cochinos-, Cuba rompi las cadenas que la ataban al neocolonialismo norteamericano. Su revolucin no slo derrot ejrcitos bien armados. Tambin gan una importante batalla ideolgica que refresc la teora e hizo volar por los aires los manuales y dogmas revolucionarios. Inspirada en el marxismo-leninismo pero incorporando a su ideario la herencia de los libertadores del siglo XIX, los valores fraternos del cristianismo y de las culturas comunitarias de la Amrica indgena y mestiza, la Revolucin Cubana dot de un sistema de ideas al movimiento revolucionario latinoamericano.

La primera revolucin socialista de Amrica Latina tom por sorpresa al mundo. Hizo posible lo que incluso los revolucionarios de entonces crean imposible hacer en el rea de dominacin de EE.UU. Cuba lanz un reto que ha debido pagar con muchas vidas y grandes sacrificios materiales. El heroico y admirable pueblo cubano ha sufrido -y an sufre- muchas penurias. Las soporta a pie firme gracias a la enorme fuerza de su patriotismo, a su unidad y a la firmeza de su ideologa socialista. Estos valores le han permitido defender la soberana de la patria y alcanzar conquistas sociales nicas en Amrica Latina y que podran ser mucho mayores sin el cepo de acero que bloquea su economa.

Su ejemplo produjo en los aos 60 y 70 un vigoroso impulso en la lucha de liberacin latinoamericana. Cuba prest ayuda a los movimientos revolucionarios que surgieron en casi todos los pases de la regin y que hicieron suya la tesis de que la lucha armada era la forma fundamental de enfrentar al imperialismo y las burguesas locales. Esto abri una intensa lucha ideolgica que separ las aguas entre el reformismo y el campo revolucionario. Las consecuencias de ese spero debate an se observan en la Izquierda latinoamericana. La direccin cubana se enfrent no slo al Imperio, a los gobiernos, partidos e intelectuales reaccionarios -que expulsaron a Cuba de la OEA, redoblaron el bloqueo y alentaron el sabotaje y la formacin de bandas armadas en la isla-. La Revolucin tambin se bati con los gobiernos reformistas burgueses que seguan los lineamientos de la Alianza para el Progreso impulsada por EE.UU., con los partidos reformistas de Izquierda y hasta con el poderoso Partido Comunista de la Unin Sovitica, su principal y casi nico aliado. El punto ms alto de esa controversia ideolgica -en cuyo fragor se form una nueva generacin revolucionaria en Amrica Latina-, lo constituy la Primera Conferencia de la Organizacin Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que se efectu en La Habana en agosto de 1967. La resolucin general de la OLAS, hoy casi olvidada por unos y otros, lleva como ttulo un pensamiento de Simn Bolvar:Para nosotros la Patria es Amrica, afirmacin que ha recuperado lozana y vigencia impulsada por la revolucin bolivariana en Venezuela. El documento seala que siendo la lucha armada la va fundamental, es igualmente necesario emplear otras formas de lucha siempre que se encuentren en desarrollo o tengan por objetivo ayudar a desarrollar la que se estima principal. Las formas de lucha slo tendrn un valor revolucionario en la medida en que contribuyan al desarrollo hacia las formas ms altas de la lucha de clases y estn dirigidas a crear conciencia acerca de la inevitable confrontacin revolucionaria en todo el continente (ver PF N 35).

La declaracin pona nfasis en la necesidad de unificar el mando poltico y militar en la guerra revolucionaria. Aquello -hoy se sabe- tena directa relacin con las dificultades que encontr en Bolivia el comandante Ernesto Che Guevara para incorporar al Partido Comunista a la guerrilla. El secretario general del PCB, Mario Monje, haba reclamado el mando del destacamento guerrillero como condicin para que su partido se sumara a la lucha armada, lo cual el Che rechaz invocando la experiencia de la guerra revolucionaria en Cuba.

Mucho ms explcito fue el discurso de Fidel Castro en la clausura de la conferencia de la OLAS. Coment y respondi con suma dureza un documento pblico del Partido Comunista de Venezuela que haba decidido abandonar la lucha guerrillera iniciada con apoyo cubano. El PCV acusaba de agentes de Cuba a los ex comunistas que continuaban combatiendo en las montaas y denunciaba al PC cubano de intervenir en los asuntos internos del PC venezolano. Fidel Castro, adems de calificar de derechistas a los dirigentes del PCV y refutar sus afirmaciones, admiti que la Revolucin Cubana no slo tena contradicciones con el imperialismo y con estos seores reaccionarios del partido de Venezuela. En este pas tambin tenemos nuestra microfraccin. Se trataba, explic, de los que nunca creyeron en la Revolucin. Describiendo el llamado perodo del sectarismo, dijo que los sectarios nos causaron serios problemas, con un feroz oportunismo, con una implacable poltica de persecucin contra mucha gente, trajeron elementos de corrupcin al seno de la Revolucin. Se burl de las caractersticas de iglesia de algunos partidos comunistas y de sus tesis de esperar el triunfo de las ideas revolucionarias en las masas antes de pasar a la accin. Quienquiera que se detenga a esperar que las ideas triunfen primero en las masas, de manera mayoritaria, para iniciar la accin revolucionaria -dijo Fidel-, no ser jams revolucionario. Este era el punto central de la polmica con el reformismo de Izquierda (ver PF N 35).

Las resoluciones de la OLAS repercutieron fuerte en el movimiento de Izquierda latinoamericano, agudizando la confrontacin entre partidos comunistas y las organizaciones revolucionarias surgidas a partir de la Revolucin Cubana y que ya adelantaban la lucha armada urbana y rural en varios pases del continente. Fidel dijo en su discurso: Hay un movimiento en este continente mucho ms amplio que el movimiento constituido simplemente por los partidos comunistas de Amrica Latina, y a ese movimiento amplio nos debemos nosotros, y juzgaremos la conducta de las organizaciones no por lo que digan que son, sino por lo que demuestren que son, por lo que hagan, por su conducta.

Un mes despus de la conferencia en La Habana, el Che anotaba en su diario de campaa en Bolivia: Un diario de Budapest critica al Che Guevara, figura pattica, y, al parecer irresponsable y saluda la actitud marxista del Partido Chileno que toma actitudes prcticas frente a la prctica. Cmo me gustara llegar al poder, nada ms que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas (Diario del Che en Bolivia, 8 de septiembre de 1967, ver PF N 59.)

Un mes despus de esta amarga reflexin, el Che fue capturado y asesinado en Vallegrande.

La polmica con sectores polticos chilenos, sin embargo, vena de antes. En un discurso del 30 de agosto de 1966, Fidel Castro respondi el reto que le lanz el presidente de Chile y lder democratacristiano Eduardo Frei Montalva, para demostrar cul de los dos gobiernos haba hecho ms por su pueblo. Este seor -dijo Fidel- nos reta a que le diga lo que hemos hecho en la industria. En primersimo lugar, convertirlas de industrias yanquis en industrias cubanas. Algo que jams tendr el seor Frei el valor de hacer en Chile. Fidel agradeci al Partido Socialista -que por lo dems fue el partido chileno ms receptivo a las tesis cubanas y el nico que incluso form una filial en Chile del ELN para apoyar la lucha guerrillera en Bolivia- porque sin titubeos, sin vacilacin alguna le sali al paso a las campaas calumniosas de Frei y comparsa, sin miedo al chauvinismo. Tambin agradeci al movimiento democratacristiano rebelde que enfrentaba al ala derecha del PDC. Pero a la vez respondi al diputado comunista Orlando Millas por declaraciones de ese dirigente criticando el discurso del lder cubano del 26 de julio de ese ao. Dijo Fidel: El seor Milla, o Millas, coincidiendo con el seor Frei -y qu lejos llegamos por ese camino!- se sinti con el derecho a increpar con cidas palabras nuestros pronunciamientos. All l! No son los nicos en Chile, los nicos elementos seudorrevolucionarios, hay otros que tambin se han lanzado con una serie de diatribas, dicen que desde posiciones revolucionarias. Ya discutiremos y a su debido tiempo arreglaremos cuentas con esos farsantes tambin. El Partido Comunista de Chile no ha hecho ninguna declaracin solidarizndose con las declaraciones de Millas. Ha participado en los actos de solidaridad y de defensa de la Revolucin Cubana, ha hecho pronunciamientos solidarios con motivo del 26 de julio y, en nuestra opinin, no ha adoptado ninguna actitud beligerante contra nosotros. Tenemos que coincidir necesariamente todos los partidos? No. Nosotros no podemos obligar a nadie que piense como nosotros, pero nadie nos puede obligar a nosotros a que pensemos como otros que creemos que estn equivocados. (Ver PF N 11).

En este escenario de abierta lucha ideolgica se form toda una generacin de revolucionarios latinoamericanos. En ella se inserta la revista Punto Final que tom parte -y escogi bando- en los debates. Desde luego, lo que en esos aos considerbamos la forma fundamental de lucha -la lucha armada- fue derrotada en varios pases. La ms dolorosa ocurri en Bolivia y cost la vida inapreciable del Che y de sus compaeros. Pero la lucha armada triunf en otros pases. La victoria ms resonante de la guerra del pueblo se produjo el 30 de abril de 1975, cuando los revolucionarios vietnamitas entraron a Saign e hicieron huir con la cola entre las piernas al ejrcito norteamericano. En Angola tropas cubanas derrotaron al ejrcito sudafricano en 1988. En Amrica Latina tambin se alcanzaron victorias: como en Nicaragua (19 de julio de 1979) o se logr un desarrollo excepcional que oblig a firmar la paz en El Salvador (16 de enero de 1992). Esa forma de lucha prosigue en Colombia -desde hace 60 aos- sin que las FARC ni el ELN hayan sido derrotados. La va electoral -criticada en la conferencia de la OLAS- triunf en Chile en 1970. Salvador Allende, que particip en la reunin de La Habana, fue elegido presidente constitucional para iniciar una revolucin con sabor a vino tinto y empanadas. Ese proceso pacfico llam la atencin del mundo y, desde luego, provoc la solidaridad activa de Cuba. Pero tambin hizo detonar la reaccin del imperio. Chile no estaba preparado para enfrentar su propia Playa Girn. El golpe del 11 de septiembre de 1973 confirm la advertencia de Fidel en la OLAS: Los que crean de verdad que el trnsito pacfico es posible en algn pas de este continente, no nos explicamos a qu clase de trnsito pacfico se refieren como no sea un trnsito pacfico de acuerdo con el imperialismo (...). La esencia de la cuestin est en si se les va a hacer creer a las masas que el movimiento revolucionario, que el socialismo, va a llegar al poder pacficamente. Y eso es una mentira!. La rica experiencia de la Unidad Popular termin con la sangrienta venganza del terrorismo de Estado -respaldado por el imperialismo y la derecha chilena- que se prolong 17 aos. En ese perodo, Cuba acogi a miles de exiliados y apoy incondicionalmente a todos los que lucharon contra la dictadura, tanto a quienes lo hicimos con las armas como a aquellos que optaron por mtodos pacficos.

La aspiracin revolucionaria de los pueblos latinoamericanos -como tena que suceder- ha vuelto a la carga. Venezuela, Bolivia y Ecuador iniciaron el trnsito pacfico hacia el socialismo. Han retomado el camino que abri Salvador Allende, pero con toda seguridad sus dirigentes no olvidarn en ningn momento las lecciones que dej el fracaso en Chile. Ellos se orientan hacia un socialismo que en trminos generales caracterizan como socialismo del siglo XXI. Cada pas lo hace a su manera, sin anteojeras ni mordazas, sin dogmas ni prejuicios. Inventando, acertando, errando y rectificando en un proceso sin fin de recreacin que es propio de la naturaleza liberadora y desprejuiciada del autntico socialismo. Su eje central es la integracin y unidad de Amrica Latina, como lo quiso Bolvar y como lo proclam la conferencia de la OLAS.

En Chile tambin deberemos asumir en algn momento esa tarea y ponernos a trazar la silueta de nuestro socialismo. Cumpliremos de ese modo con el deber de todo revolucionario, que es hacer la revolucin



(Publicado en Punto Final N 678, 9 de enero, 2009)



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