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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2009

Gobiernos latinoamericanos
Una nueva izquierda?

Bruno Fornillo y Pablo Stefanoni
Clarn

Nacionalismo, indigenismo, anticapitalismo, forman parte de la retrica de la mayora de los actuales mandatarios regionales. Sin embargo, en la prctica, ninguno de ellos se propone salir del sistema y la "revolucin" es una categora del siglo pasado.


Latinoamrica vive, sin duda, un cambio de poca. En los "pospolticos" aos '90 no estaba en el horizonte un grado de integracin regional como el actual, acompaado de una visible erosin de las "relaciones carnales" con Washington y una variedad de nuevos socios como Rusia, China o Irn. Ni que la movilizacin social acumulara fuerza suficiente para destituir gobiernos y modificar el clima ideolgico (neoliberal) imperante, o que el voto se erigiera en el canal privilegiado para la llegada al gobierno de un conjunto de izquierdas post Muro de Berln.

Un militar nacionalista en Venezuela, un indgena aimara en Bolivia, un ex obrero metalrgico en Brasil, una mujer divorciada y agnstica en Chile y otra impulsada por su esposo en Argentina, un ex obispo en Paraguay, un economista keynesiano en Ecuador o un onclogo moralmente conservador en Uruguay... las izquierdas sudamericanas constituyen un mapa para armar. La relacin entre los discursos y las prcticas, el complejo balance entre continuidades y rupturas, y la diversidad de actores y realidades nacionales en el variopinto mosaico de las izquierdas sudamericanas introduce no pocas dificultades a la hora del anlisis, a prueba de conclusiones impulsivas o de clichs que como maleable trmino "populismo" agotan la discusin antes de abrirla.

Qu bases empricas y tericas tiene el actual giro "posneoliberal"? Hasta qu punto la renovada retrica socialista se sustenta en un nuevo modelo de desarrollo? De la experiencia latinoamericana estn surgiendo elementos novedosos para imaginar un socialismo diferente al del siglo XX?

Tras aos de gobiernos de talante progresista en la mayor parte de Amrica del Sur, una serie de libros aparecidos recientemente, como El sueo de Bolvar , de Marc Saint-Upry, y La nueva izquierda , de Jos Natanson, o Las disyuntivas de la izquierda , de Claudio Katz, abordan estas temticas de forma comparativa y constituyen un importante plafn para problematizar las experiencias en curso.

Saint-Upry escritor francs radicado en Quito apela a la frmula de "periodismo de impregnacin" para definir a la mezcla de crnica periodstica y anlisis en profundidad que caracteriza su trabajo, y que comparte en gran medida el libro de Natanson, periodista argentino. En ambos textos conviven estudios de pas por pas con exploraciones transversales, como "el color del poder" en Sudamrica y la integracin continental en el caso Saint-Upry, y cuestiones como las polticas econmicas, los modelos institucionales y las estrategias contra la pobreza de parte de las nuevas izquierdas en el texto de Natanson. Katz parte del grupo Economistas de Izquierda se propone trazar un programa de accin para quienes en el pantanoso mundo de las nuevas izquierdas an buscan defender un proyecto socialista en el sentido tradicional: anti o poscapitalista.

El halo carismtico

En una geometra variable, los gobiernos progresistas del continente, hoy embebidos de un halo carismtico, han sido en buena parte fruto de la movilizacin popular con consignas "antineoliberales". El kirchnerismo es incomprensible sin las jornadas de 2001, el ciclo de rebeliones populares boliviano catapult al primer presidente indgena, el Caracazo de 1989 abri paso a la emergencia posterior de Chvez y la presin popular evit un golpe contra l en 2002, y las sucesivas rebeliones urbano-rurales proyectaron al poder al joven Rafael Correa. El caso brasileo es producto de un largo periodo de acumulacin sindical obrera junto a movilizaciones sociales como las protagonizadas por los Sin Tierra mientras la experiencia paraguaya refleja el agotamiento del partido-Estado Colorado que gobern el pas durante seis dcadas junto con un despertar poltico reivindicativo del movimiento campesino. Finalmente, Chile y Uruguay se mantuvieron fieles a una institucionalidad a prueba de fisuras a la hora de "girar a la izquierda", por lo dems muy moderadamente. Los estilos personales juegan tambin un papel no despreciable, como es visible en los impulsos de Chvez (basta ver la emisin de Al Presidente en la que, desde un helicptero, propone "en vivo y en directo" construir una "ciudad socialista" en un desierto), las intuiciones de Evo Morales producto de sus viajes diarios a los confines de la Bolivia profunda, o las preferencias de Correa por las "demostraciones racionales" combinadas con una fuerte atraccin por el marketing poltico. Pero las afinidades y diferencias entre estos procesos se juegan tanto en los palacios como en las calles e identificarlas no es tarea fcil.

Mientras que Katz propone una tipologa general que distingue entre gobiernos "centroizquierdistas" (con Lula como ejemplo paradigmtico) y "nacionalistas radicales" (con Chvez en el lugar de caso testigo) con una clara carga valorativa en favor de este segundo bloque, Natanson hace convivir a estas experiencias diversas bajo un rtulo de "nueva izquierda" que puede resultar forzado tanto en trminos de homogeneizacin como de novedad. En tanto, Saint-Upry enfoca su anlisis en las trayectorias institucionales y polticas y los mrgenes de accin diferenciados de los distintos gobiernos. As, concluye que ni Chvez est haciendo "la revolucin" (al menos en un sentido no metafrico o tal vez cultural) y Lula "no es un traidor neoliberal", resaltando las continuidades de Chvez con la socialdemocracia rentista de los '70 y de Lula con el viejo desarrollismo brasileo.

Con todo, la idea de revolucin "cultural", "ciudadana" o "bolivariana" ha vuelto a la escena en unos procesos que serpentean entre un fuerte presidencialismo y la apuesta por formas de participacin popular ms o menos institucionalizadas. Sin embargo, pese a que la actual crisis mundial y la cantidad de gobiernos de izquierda en Sudamrica alimenta las voces ms optimistas, a la izquierda "socialista del siglo XXI" no le resulta fcil reconstruir su identidad luego del fracaso del llamado socialismo real con dosis de ineficacia, falta de libertades y cinismo institucionalizado que lo hicieron implosionar.

Todo lo cual plantea una revisin del debate sobre la clsica antinomia reforma-revolucin que Katz cree vigente aunque complejiza la relacin entre ambos trminos y Natanson y Saint-Upry condenan a una mejor vida, a la vista de la presencia de unas nuevas izquierdas "pragmticas" y "posrevolucionarias" que habran reemplazado los discursos epopyicos de largo plazo por objetivos de corto plazo. Izquierdas gubernamentales que ya no hablan de lucha de clases incluso su ala ms radical y reemplazaron a Marx o Lenin por un panten que incluye a Simn Bolvar, Jos Mart o el lder aimara Tupak Katari, quien protagoniz una rebelin anticolonial en 1782.

Los actuales pases socialistas no ayudan mucho: el referente ms prximo, Cuba, parece mirar con ms entusiasmo el Doi Moi (renovacin) vietnamita que considera a la economa mercantil "una conquista de la humanidad y no un mero atributo exclusivo del capitalismo" que a la incierta reinvencin del socialismo. Y son los propios cubanos, conscientes del agotamiento del modelo de "economa de comando" de tipo sovitico, quienes les dicen a Evo y Chvez: "no hagan lo que nosotros hicimos".

Tampoco los elogios de Chvez a un Vladimir Putin que est contribuyendo a reposicionar a la Rusia Potencia sobre la base de la revalorizacin de una larga cultura autoritaria e imperial que sobrevivi a zares, bolcheviques y "liberales" parecen contribuir a pisar en firme sobre el fangoso terreno de las nuevas izquierdas ni a pensar las bases de un socialismo diferente al del siglo XX que, en las palabras del ex presidente de la Asamblea Constituyente ecuatoriana, Alberto Acosta, debera ser "una democracia sin fin".

Por otro lado, los gobiernos "socialistas" se enfrentan a menudo con las caractersticas sociolgicas de sus seguidores. Al mencionado consumismo incontinente de los venezolanos se suman otros elementos. Pese a que Evo Morales llama a "exterminar el capitalismo", en los foros internacionales, su propia base de sustento se asocia a lo que Alvaro Garca Linera llam "la rebelin de las economas familiares": un conglomerado heterogneo a nivel de riqueza e ingresos de pequeos o medianos propietarios campesinos (como los cocaleros), microempresarios de El Alto o comerciantes informales de La Paz. Por eso el vicepresidente boliviano no habla de socialismo del siglo XXI sino de capitalismo andino o de "modelo nacional productivo".

Nuevo modelo de desarrollo?

Natanson propone evaluar a los gobiernos de izquierda a partir de lo conseguido en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, lo que arroja un resultado agridulce. Mientras la profundizacin de los programas de transferencia de renta ya aplicados en los '90 mejor parcialmente la situacin de los ms pobres, en trminos de reduccin de la brecha entre ricos y pobres los resultados no son alentadores en un continente marcado por la desigualdad.

Para Saint-Upry detrs de la retrica socialista se est pintando de "rojo-rojito" como dicen los venezolanos una reprimarizacin dependentista de las economas sudamericanas, y por eso no resultara casual que las fronteras de los gobiernos ms "antiimperialistas" coincidan con la de los pases ricos en hidrocarburos: Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde las izquierdas gubernamentales tienen poco que festejar ante la crisis del capitalismo global. "Sarah Palin, la gobernadora y compaera de frmula de John McCain, se pele con las trasnacionales para aumentar a 3.200 dlares el cheque que cada ao los habitantes de Alaska pasan a retirar por el correo como 'su' parte de la renta petrolera y a nadie se le ocurrira que Alaska es un estado socialista del siglo XXI", argumenta el autor de El sueo de Bolvar .

El caso venezolano es aleccionador: Natanson destaca que si bien la economa no petrolera creci, lo hizo al estilo saudita: la construccin o las finanzas se expandieron ostensiblemente pero como resultado del propio boom petrolero (el 70% de las exportaciones son oro negro y se dirigen en un 80% a Estados Unidos), ms que como producto de una renovada diversificacin econmica. Adems, la revolucin bolivariana tiene como sustrato una cultura de consumismo desenfrenado de la que no est excluida la nueva "boliburguesa", con discotecas que rifan operaciones de senos a chicas de 15 aos y consumos rcord mundial de whisky importado, lo que llev al propio Chvez a preguntarse: "Qu revolucin es esta, pues, la del whisky y las Hummer?". Y las propias bases bolivarianas hablan de una "derecha endgena" que busca frenar el avance hacia la radicalizacin de la revolucin y crear una nueva casta burocrtica-empresarial.

Ilusin de progreso

Con todo, el peso del Estado en las economas latinoamericanas ha aumentado considerablemente es visible por ejemplo en la renegociacin de los contratos petroleros en Bolivia, mejorando notablemente el flujo de caja del Estado, y hay consenso en que los recursos naturales no deben quedar librados al mercado. Pero subsiste lo que la sociloga Maristella Svampa denomina "ilusin desarrollista", parcialmente discutida slo en el caso ecuatoriano, por un ala ambientalista del gobierno que busca complejizar las nociones de desarrollo y evitar caer en una suerte de neodesarrollismo asistencialista.

En el caso de Brasil, la discusin se centra en gran medida acerca de si el de Lula es un "gobierno en disputa", entre tendencias keynesianas-desarrollistas y tendencias neoliberales o, como sostiene una parte de la izquierda decepcionada, es una administracin abiertamente neoliberal, sostenida en la ortodoxia financiera y los agro negocios, con polticas asistenciales de contencin.

Pero hay dos temas que hacen cortocircuito a la hora de defenestrar al ex obrero metalrgico de la galera de nuevos izquierdistas. En primer lugar, suele sealarse que fue Brasil el que puso punto final al proyecto estadounidense de Area de Libre Comercio de las Amricas y es uno de los ms firmes impulsores de la Unin de Naciones de Amrica del Sur, fuerte contrapeso de Washington en la regin. Y en segundo trmino, el hecho de que los propios movimientos sociales brasileos, como el radical Movimiento Sin Tierra, no terminen de romper con el gobierno.

El extremo Occidente

Ms complejo es el caso argentino, donde el "peronismo infinito", al decir de Svampa, desafa cualquier frmula fcil: lo cierto es que el matrimonio Kirchner parece actuar pragmticamente en funcin de la coyuntura ms que imaginar proyectos "ideolgicos" de cambio social. Incluso, recientemente, los mximos defensores de la idea del "gobierno en disputa" la organizacin Libres del Sur abandonaron el gobierno por considerar que el proyecto K volvi a recostarse en el aparato del PJ en detrimento de un proyecto renovador de centroizquierda, en el marco de una economa sostenida en la explotacin intensiva de recursos naturales (soja, petrleo, minera, etc.), sin contemplar sus efectos socioambientales ni crear patrones redistributivos slidos.

En este marco, los proyectos "refundacionales", sobre todo con las Asambleas Constituyentes en el rea andina, y la activa participacin de movimientos sociales, indgenas y afros contra el "colonialismo interno", ponen en cuestin la democracia formal en favor de formas de participacin social ms amplia y efectiva. Y no dejan de augurar una secuencia poltica de largo plazo y, en paralelo, nuevos paradigmas comprensivos producidos por la multifactica izquierda continental, con la consiguiente puesta en cuestin del prolongado letargo "posmoderno" y la reposicin de la poltica como una apelacin a la lucha por un destino comn.

En una coyuntura continental que combina sorpresas con resonantes dj vu , resta an calibrar si en el actual "giro a la izquierda" predominan las rupturas o las continuidades, escapando al mito del "buen salvaje" que en palabras de Saint-Upry transforma a Amrica Latina en el "extremo Occidente". O, dicho de otra forma, en el continente de la esperanza a bajo precio para la debilitada izquierda del "primer mundo".


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