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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2009

Tres propuestas simples a propsito del martirio de Gaza

Jean Bricmont Diana Johnstone
Counterpunch


Debemos ser muchos millones, seguramente, los que, invisibles los unos para los otros, nos sentimos tan indignados como impotentes ante el espectculo de la masacre de Gaza y la descripcin de la misma, por parte a nuestros medios de comunicacin, como represalia contra el terrorismo y ejercicio del derecho de Israel a defenderse. Hemos llegado a un punto en que responder a los argumentos sionistas es, adems de intil, indigno de la humanidad. Mientras no se reconozca que los obuses que caen sobre Ascaln probablemente sean lanzados por descendientes de los habitantes de esa misma regin expulsados por los sionistas en 1948, hablar de paz no ser sino una cortina de humo destinada a encubrir el repetido asalto de Israel a los supervivientes de aquella gran injusticia.

Qu hacer, entonces? Un dilogo entre rabes moderados e israeles progresistas? El ensimo plan de paz destinado a convertirse en papel mojado? Una declaracin solemne de la Unin Europea (UE)?

Gestos y ademanes de los poderes establecidos, meras distracciones de la estrangulacin que hoy sufre el pueblo palestino. Tambin otras exigencias ms radicales resultan parecidamente intiles: el llamamiento a la creacin de un tribunal internacional para juzgar los criminales de guerra israeles, o a la intervencin efectiva de la ONU, o a la implicacin de UE; nada se consigue con eso. Los tribunales internacionales realmente existentes reflejan la relacin de fuerzas en el mundo, y nunca resolvern contra los aliados ms preciados de los EEUU. Es esa misma relacin de fuerzas lo que debe cambiar, y eso slo puede conseguirse de manera gradual. Es cierto que Gaza sufre una situacin de emergencia calamitosa, pero tambin lo es que, hoy por hoy, no puede hacerse nada realmente eficaz para detenerla precisamente porque el paciente trabajo poltico que debera haberse hecho hace tiempo est an por hacer.

En lo que respecta a las tres propuestas que siguen, dos son ideolgicas y una es prctica.

1. Librarse de la ilusin de que Israel resulta til para Occidente  

Muchas personas, especialmente entre la izquierda, persisten en la creencia de que Israel es solamente un pen de una estrategia capitalista o imperialista para controlar el Oriente Medio. Nada podra estar ms lejos de la realidad. Israel no tiene ninguna utilidad para nadie ni para nada: slo, si acaso, para satisfacer sus propias fantasas de dominacin. No hay petrleo en Israel, o en Lbano, o en Goln, o en Gaza. Las llamadas guerras del petrleo, en 1991 y 2003, fueron libradas por EEUU sin la ayuda de Israel, y en 1991 con la explcita peticin de los EEUU de que Israel se mantuviera al margen (porque la participacin israel podra haber socavado la coalicin rabe con Washington). Para las petromonarquas prooccidentales y los regmenes rabes moderados, la ocupacin israel de tierras palestinas es una pesadilla que radicaliza ms a sus poblaciones y daa su papel. Fue Israel, con sus polticas absurdas, quien provoc la creacin de Hezbol y de Hams: Israel es indirectamente responsable de buena parte de los avances recientes del Islam radical.

Adems, lo cierto es que los capitalistas, en conjunto, hacen ms dinero en paz que en guerra. Solamente cabe comparar los beneficios obtenidos por los capitalistas occidentales en China o Vietnam desde que hay paz en esos pases con los que hacan cuando la China roja estaba aislada y los EEUU libraban una guerra contra Vietnam.

A la mayora de los capitalistas les importa un higo que el pueblo deba tener a Jerusaln como su eterna capital; de alcanzarse la paz, tendran las manos libres para explotar en Cisjordania y en Gaza una fuerza de trabajo harta calificada que apenas tiene otras oportunidades.

Finalmente, cualquier ciudadano estadounidense preocupado por la influencia de su pas en el mundo puede ver de forma bastante clara que convertir a miles de millones de musulmanes en enemigos con el nico fin de satisfacer el capricho criminal israel de turno dista por mucho de ser una inversin racional de futuro.

Muchos sedicentes marxistas cuentan, los primeros, entre quienes no ven a Israel sino como mera emanacin de fenmenos tan generales como el capitalismo o el imperialismo (Marx mismo, huelga decirlo, fue harto ms circunspecto en la cuestin de la determinacin econmica de los fenmenos polticos). Pero no rinde el menor servicio al pueblo palestino el mantenimiento de esas ficticias gedeonadas: en realidad, nos guste o no, el sistema capitalista est muy lejos de ser tan robusto como para jugarse la supervivencia en la ruleta de la ocupacin juda de Cisjordania: Y conviene recordar que al capitalismo le ha ido francamente bien en Sudfrica desde el fin del Apartheid.

2. Permitir a los no judos dar su opinin sobre Israel

Si el apoyo a Israel no se funda en intereses estratgicos o econmicos, por qu la clase poltica y los medios de comunicacin aceptan pasivamente todo lo que Israel hace? Muchas personas pueden sentirse despreocupadas por lo que ocurre en un lejano pas. Pero esto no se aplica a los lderes formadores de opinin, que nunca descansan en sus crticas a las pretendidas maldades polticas de Venezuela, Cuba, Sudn, Irn, Hezbol, Hams, Siria, Islam, Serbia, Rusia o China. Ni siquiera los ms infundados rumores y las ms ciclpeas exageraciones se libran de una persistente e insidiosa repeticin. Slo Israel ha de ser tratado con guantes de seda.

Una de las explicaciones ofrecidas para tal trato especial es la el sentimiento de culpa occidental por las persecuciones antisemitas del pasado, en particular por los horrores infligidos a los judos durante la II Guerra Mundial. A veces se observa que los palestinos no son en absoluto responsables de esos horrores y que no deberan pagar el precio de crmenes perpetrados por otros. Y es verdad, pero lo que, siendo obvio, apenas se dice es que la inmensa mayora de los franceses, de los alemanes o de los curas catlicos de nuestros das son tan inocentes de lo que sucedi durante la guerra como los palestinos, por la simple razn de que nacieron despus de la guerra o eran nios entonces. La idea de culpa colectiva era muy cuestionable ya en 1945, pero la idea de transmitir intergeneracionalmente la culpa colectiva es un concepto religioso. Aunque se dice que el Holocausto no debera justificar la poltica israel, es sorprendente que las poblaciones que supuestamente se sienten culpables de lo sucedido (alemanes, franceses y catlicos) sean las ms reticentes a tomar la palabra.

Es extrao que, al mismo tiempo que la iglesia catlica renunciaba a la nocin de que los judos eran el pueblo que asesin a Cristo, tomara el relevo la idea de la culpa casi universal del exterminio de los judos. El discurso de la universal culpabilidad por el Holocausto presenta analogas con el discurso religioso en general por la manera en que legitima la hipocresa, trasladando la responsabilidad de lo real a lo imaginario (conforme al modelo mismo del pecado original). Somos todos supuestamente culpables por los crmenes cometidos en el pasado, un pasado sobre el que, por definicin, no podemos hacer nada. Pero necesitamos no sentirnos culpables o responsables por los crmenes que se cometen ante nuestras narices por parte de nuestros aliados israeles o estadounidenses, sobre quienes s podemos esperar influir.

Que no seamos todos culpables de los crmenes del Tercer Reich, es un hecho simple y suficientemente obvio, pero es preciso internalizarlo para permitir a los no judos hablar libremente sobre Palestina. Porque lo cierto es que los no judos a menudo sienten que deben dejar en manos de los judos el monopolio del derecho a criticar a Israel y de defender a los palestinos. Pero dada la relacin de fuerzas entre los judos crticos de Israel y las influyentes organizaciones sionistas que dicen hablar en nombre del pueblo judo, no hay la menor esperanza de que solamente las voces judas puedan salvar a los palestinos.

Sin embargo, la principal razn del silencio, no ofrece duda, no es el sentimiento de culpa (precisamente, porque es demasiado artificial), sino, ms bien, el miedo. Miedo a qu pensarn, miedo a la difamacin, y aun a ser procesado antisemitismo. Si no duda de eso, haga el experimento: ponga a un periodista, a un poltico o a un editor en algn lugar donde nadie est escuchando y no haya micrfono o cmara escondida, y pregntele a l o a ella si dice en pblico lo que piensa sobre Israel en privado. Qu si no? Miedo a daar los intereses del capitalismo? Miedo a debilitar el imperialismo estadounidense? Miedo a la interrupcin del suministro de petrleo? Miedo, mas bien, a las organizaciones sionistas y a sus implacables campaas.

Despus mltiples conversaciones con profesionales en este tipo puestos, nosotros albergamos pocas dudas de eso. La gente no dice lo que piensa sobre el sedicente Estado judo por miedo a ser tildada de anti-juda e identificada con los antisemitas del pasado. Este sentimiento es an ms fuerte, en la medida en que la mayora de personas que estn conmocionadas por la poltica israelita tambin estn genuinamente horrorizadas por los crmenes perpetrados contra los judos durante la II Guerra Mundial, y sinceramente indignadas por el anti-semitismo. Pensndolo bien, resulta claro que si existieran hoy en da, como antes de 1940, movimientos polticos abiertamente antisemitas, esas personas no se sentiran tan intimidadas. Pero, hoy, ni siquiera el Frente Nacional francs se dice antisemita, y quien critica a Israel, habitualmente comienza por proclamar que no es antisemita. El miedo a ser acusado de antisemita es ms profundo que el miedo al lobby sionista: es el miedo a perder la respetabilidad lo que lleva a que la condena del antisemitismo y del Holocausto sea el valor moral contemporneo ms grande.

Es imprescindible liberar a los crticos de Israel del atenazante miedo a ser falsariamente acusados de antisemitismo. Amagar con esa acusacin es una forma insidiosa de un chantaje moral que acaso constituya hoy la sola fuente potencial de un surgimiento generalizado del resentimiento anti-judo.

3. Las iniciativas prcticas se resumen en tres letras: BDS (boicot, desinversin, sanciones)

La exigencia de sanciones ha sido adoptada por la mayora de organizaciones propalestinas, pero como ese tipo de medidas es prerrogativa de los Estados, es evidente que no se adoptarn en breve. Las medidas de desinversin pueden ser tomadas por los sindicatos y las iglesias a partir de decisiones de sus miembros. Otras empresas que colaboran de cerca con Israel no cambiarn su poltica, a menos que estn bajo presin pblica, esto es: la presin que pueden ejercer los boicots. Esto nos lleva a la controvertida cuestin de los boicots, no solamente de los productos israeles, sino tambin de las instituciones culturales y acadmicas de Israel.

Esta tctica fue usada contra el rgimen de apartheid en Surfrica en una situacin muy similar. Tanto el apartheid como la desposesin de los palestinos son herencias tardas del colonialismo europeo, a cuyos practicantes les resulta difcil percatarse de que esas formas de dominacin ya no le resultan aceptables al mundo en general, ni siquiera a la opinin pblica occidental. Las ideologas racistas subyacentes a ambos proyectos representan un ultraje al grueso de la humanidad, y traen consigo un sinfn de odios y conflictos enconados y duraderos. Se podra hasta decir que Israel es otra Surfrica, una Surfrica que explota el Holocausto a beneficio de inventario.

Cualquier boicot se arriesga a generar vctimas inocentes. En particular, se argumenta que, boicoteando a las instituciones acadmicas, podran resultar injustamente castigados los intelectuales que estn por la paz. Quiz sea cierto, pero Israel mismo admite de buena gana que hay vctimas inocentes en Gaza, cuya inocencia no estorba a su asesinato. Nosotros no proponemos asesinar a nadie. Un boicot es un perfecto acto no violento por parte de la ciudadana. Puede compararse con la desobediencia civil o con la objecin de conciencia ante el poder injusto. Israel desacata abiertamente todas las resoluciones de la ONU, y nuestros propios gobiernos, lejos de tomar medidas para obligar a Israel a cumplirlas, simplemente refuerzan sus lazos con Israel. Tenemos el derecho, como ciudadanos, de exigir de nuestros propios gobiernos el respeto del derecho internacional.

Lo que ms importa de las sanciones, especialmente en el plano cultural, es su valor simblico. Es una forma de decir a nuestros gobiernos que no aceptamos su poltica de colaboracin con un Estado que ha optado por convertirse en un forajido internacional.

Algunos ponen objeciones a un posible boicot por idnticos motivos a los avanzados tanto por algunos israeles progresistas como por un cierto nmero de palestinos moderados (no por el conjunto de la sociedad civil palestina). Pero lo principal para nosotros no debe ser lo que ellos dicen, sino la poltica exterior que queremos para nuestros propios pases. El conflicto rabe-israel est lejos de ser un conflicto meramente local, y ha alcanzado relevancia mundial. Se trata de la cuestin bsica del respeto al derecho internacional. Un boicot debera ser defendido como un medio de protesta dirigido a nuestros propios gobiernos para forzarles a cambiar de poltica. Tenemos derecho a querer viajar por el mundo sin necesidad de avergonzarnos. Razn suficiente para fomentar el boicot.

Jean Bricmont , miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO , es profesor de fsica en la Universidad de Louvain la Neuve, Blgica. Es miembro del Tribunal de Bruselas. Su ltimo libro acaba de publicarse en Monthly Review Press: Humanitarian Imperialism ( traduccin castellana en la Editorial Viejo Topo, Barcelona). Es sobre todo conocido en el mundo hispano por su libro coescrito con el fsico norteamericano Alan Sokal Imposturas intelectuales (Paids, 1999), un brillante y demoledor alegato contra la sedicente izquierda acadmica relativista francesa y norteamericana en boga en los ltimos lustros del siglo pasado. Una larga entrevista poltico-filosfica a Bircmont puede verse en el   Nmero 3 de la Revista SINPERMISO en papel (mayo de 2008). Diana Johnstone es la autora de Fools' Crusade: Yugoslavia, NATO, and Western Delusions [Cruzada de Tontos: Yugoslavia, la OTAN y los engaos occidentales], Monthly Review Press, 2002.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Daniel Ravents


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