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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2009

Nios de Gaza, escapad con los ngeles!

Suzanne Baroud
Countercurrents.org

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Que irona que fuera en Palestina, hace veinte aos, cuando llegu a la conclusin de que Dios no existe. Cmo podra Dios, que afirma amar a todos y tratar a todos con imparcialidad, permitir horrores como los que sin piedad se suceden en Palestina?

Esa falta de fe se hizo ms grande con cada toque de queda, con cada ataque que provocaba la muerte de un nuevo mrtir, con cada decapitacin causada hace tantos aos por los disparos de artillera en la plaza principal de una tarde soleada en Ramala. Pero fragu el da en que tuve que decir a uno de mis estudiantes de quinto grado que el ejrcito israel se haba llevado a su hermano. Su expresin fue quedndose como sin vida, los hombros empezaron a temblarle hasta que acab llorando junto a sus compaeros de clase.

Han pasado casi veinte aos desde aquel da y ahora estoy casada en una familia de Gaza. Soy esposa y madre, hermana y ta de tantos pequeos que viven el horror en que se ha convertido Gaza. Cuando contemplamos las secuencias que se estn filmando sobre la masacre israel, me oigo a m misma susurrando como si tuviera ante m otro ms de los nios martirizados: Corre con los ngeles escapa. Despus de tantos aos, esta pesadilla viviente est promoviendo un ardiente deseo de creer de nuevo en la otra vida.

Enjaulados, muertos de hambre, destrozados, asfixiados. Estn siendo degollados como ovejas, pero los dirigentes del mundo libre parece que no pueden encontrar ni un momento para hacer algn comentario sobre los hechos. De golf, de vacaciones, Obama, Bush, ni siquiera la Unin Europea; es que resulta que esos nios no son lo suficientemente importantes. Mis murmullos se han convertido en una especie de galope desesperado. Y me pongo a gritar a esos damnificados y destrozados pequeos cuerpos que an no haban vivido lo suficiente la vida como para haberla perdido. El nico consuelo a ofrecer es el respiro hallado en la muerte.

Una muchedumbre se rene, envuelta en gas, humo y polvo. En primera lnea hay ocho jvenes padres, cada uno sosteniendo un blanco envoltorio conteniendo lo que era un hijo, una hija. Durante unos cuantos momentos no se oyen gritos, ni cantos ni llantos, sino tan slo un momento de calma y silencio que te urge a preguntar tan slo a quin le ha sido concedida la gran misericordia, qu pequeo atrap la bala de los francotiradores, o a preguntar por el joven padre, que tendr que encontrar algn modo de seguir viviendo despus de esto.

Un nio est sentado en la acera junto a su madre, que se apoya contra el muro de un edificio colapsado y su vida est agotndose toda sobre la acera. Tiene la cara salpicada y manchada la blusa. Usa las ltimas fuerzas que le quedan para levantar el brazo y acariciar la mejilla del nio con la palma de su mano, pero ya se ha ido. El nio se sujeta la cabeza con las manos y llora. Ya est completamente solo.

La cmara va pasando sobre el escenario de un edificio recin destruido, una casa civil. El pelo rizado de una niita morena cubierto de polvo con los ojos muy abiertos es todo lo que puede encontrarse de ella. Su madre alla y arrastra el pelo mientras el padre busca frenticamente entre los escombros los restos de su hija, dnde podr estar? Susurro de nuevo: Te encontrars entera de nuevo en el Paraso. Corre, corre con los ngeles!.

Qu increble fe! Qu firme devocin que un padre pierda a su madre, padre, mujer y ocho hijos, y que este hombre antes de nada pueda afirmar: Dios es Grande, Gracias a Dios por Todo. Sostiene a su hijo, ahora inmvil y plido, le llena de besos y despus, gentilmente, retira la sbana para mostrar dos agujeros de bala en su pecho. Entonces, tiende tiernamente al nio junto a su hermano y de nuevo, retira la sbana que envuelve a su hijo menor para revelar una nica bala que los francotiradores le dispararon en el pecho. Apenas puede recobrar la compostura y gime frente al compasivo cmara: Dios es Grande, Gracias a Dios por Todo.

Un viejo y arrugado imm acuna amorosamente el cuerpo sin vida de una niita, como intentando no infligirle ninguna otra pena ms, murmurando entre dientes una bendicin, depositndola suavemente junto a sus hermanos y hermanas en la fosa comn. Trata como de confortarla, diciendo: Finalmente, un lugar seguro. Descansa junto a tu hermana. Junto a tu hermano. Olvida ya todos tus miedos y descansa y encuentra a tu bienamado Profeta y a todos tus pequeos amigos que han cado antes que tu.

Hospitales, colegios, mezquitas, hogares civiles, refugios de Naciones Unidas, todos convertidos en objetivos. Doctores, medicinas, comida, agua, camiones atestados de ayuda de todos los lugares del mundo hacen cola en la frontera egipcia, ms no se les permite entrar. La seguridad debe ser alta, la comida escasa, el agua ha desaparecido totalmente.

La fe parece brotar con fuerza en los momentos ms extraos. Para m, parece que viene a completar el crculo de desesperacin y agona, por el bien de las almas blancas de nieve de los muchos inocentes ensangrentados y desmembrados de Gaza.

Los trabajadores de Naciones Unidas se coordinan con los israeles para poner a los civiles a salvo dentro de un colegio de la UNRWA. Cientos de ellos son metidos dentro del mutuamente acordado seguro refugio. Poco despus, el colegio est ya bajo el fuego israel. Maltratados y abatidos refugiados que se encuentran cara a cara con Satn, vestido de traje de faena. Cientos de heridos, decenas de muertos, muchos perdidos y desaparecidos.

Los gobiernos negocian un alto el fuego. Pululan los rumores por doquier. El presidente electo estadounidense calla para siempre. Los padres buscan bajo los muros colapsados los restos de sus nios. Hormign destrozado, brazos y piernas, cristales rotos, todo revuelto al azar en un macabro batiburrillo. Sin embargo, en mi mente, yo les veo enteros, con sus pequeos cuerpos rpidamente llevados hasta el Paraso y les grito: Corred!.

Suzanne Baroud es editora-administradora de Palestine.Chronicle.com

Enlace con texto original:

http://www.countercurrents.org/baroud100109.htm


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