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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2009

Cuntas divisiones?

Uri Avnery
Rebelion

Traducido por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.


Hace casi setenta aos, durante la Segunda Guerra Mundial, se cometi un crimen atroz en la ciudad de Leningrado. Durante ms de mil das, una banda de extremistas llamada el Ejrcito Rojo mantuvo secuestrados a sus millones de habitantes y provocaron las represalias del ejrcito alemn en el interior de los ncleos poblados. Los alemanes no tuvieron otra alternativa que bombardear a la poblacin e imponer un bloqueo total que causaron la muerte de cientos de miles de personas.

Algn tiempo antes se cometi un crimen similar en Inglaterra. La banda de Churchill se ocult entre la poblacin de Londres usando malvolamente a millones de ciudadanos como escudos humanos. Los alemanes se vieron obligados a enviar su Luftwaffe, muy a su pesar, y redujeron a ruinas la ciudad. Lo llamaron el Blitz.

Esta es la descripcin de lo que aparecera ahora en los libros de historia si los alemanes hubieran ganado la guerra.

Absurdo? No ms que las descripciones diarias que nuestros medios de comunicacin estn repitiendo hasta la nusea: los terroristas de Hams utilizan a los habitantes de Gaza como rehenes y explotan a mujeres y nios como escudos humanos, no nos dejan otra alternativa que llevar a cabo bombardeos masivos en los que, con nuestro profundo pesar, miles de mujeres, nios y hombres desarmados resultan muertos y heridos.

En esta guerra, como en cualquier guerra moderna, la propaganda juega un importante papel. La disparidad de fuerzas entre el ejrcito israel -con sus aviones, helicpteros, barcos de guerra, aviones no tripulados, artillera y tanques- y unos pocos miles de combatientes de Hams con armas ligeras, es de uno a mil, quizs de uno a un milln. En el terreno poltico la brecha entre ellas es todava mayor. Pero en la guerra de la propaganda la brecha es casi infinita.

Casi todos los medios de comunicacin occidentales repitieron inicialmente la lnea de la propaganda israel. Ignoraron casi totalmente la parte palestina del relato, por no mencionar las manifestaciones del campo israel de la paz. El razonamiento del gobierno israel, el Estado debe defender a sus ciudadanos contra los cohetes Qassam, se acept como una verdad absoluta. El punto de vista del otro lado, que los Qassam son una represalia por el asedio que condena al hambre al milln y medio de habitantes de la Franja de Gaza, no se ha mencionado en absoluto.

Slo cuando empezaron a aparecer las horribles escenas de Gaza en las pantallas de televisin occidentales, empez a cambiar gradualmente la opinin pblica mundial.

Ciertamente, los canales de televisin occidentales e israeles mostraron slo una pequea fraccin de los hechos terribles que aparecen 24 horas al da en la cadena rabe Aljazeera, pero la imagen de un nio muerto en brazos de su aterrado padre es ms poderosa que mil frases elegantemente construidas por el portavoz del ejrcito israel. Y esto es lo que, al fin, es decisivo.

La guerra cualquier guerra es el reino de las mentiras. Ya se llame propaganda o guerra psicolgica, todo el mundo acepta que es adecuado mentir por un pas. Cualquiera que diga la verdad se arriesga a que lo sealen como traidor.

El problema es que la propaganda es lo ms convincente para los propios propagandistas. Y despus de que uno se convence de que la mentira es la verdad y falsifica la realidad, ya no puede tomar decisiones racionales.

Un ejemplo de este proceso rodea la atrocidad ms conmovedora hasta ahora de esta guerra: el bombardeo de la escuela Fakhura, de la ONU, en el campo de refugiados de Jabaliya.

Inmediatamente despus de que el ataque se conociera en todo el mundo, el ejrcito revel que los combatientes de Hams haban disparado morteros desde los alrededores de la entrada de la escuela. Como prueba entregaron una foto area en la que, ciertamente, se mostraban la escuela y los morteros. Pero en poco tiempo el oficial mentiroso tuvo que admitir que la foto tena ms de un ao de antigedad. En resumen: una falsificacin.

Ms tarde, el mismo oficial mentiroso afirm que a nuestros soldados los dispararon desde el interior de la escuela. Apenas pas un da antes de que el ejrcito tuviera que admitir ante el personal de la ONU que eso tambin era una mentira, no haba combatientes de Hams en el interior de la escuela, que estaba llena de refugiados aterrados.

Pero el hecho de admitirlo no cambi nada. Para entonces, el pblico israel ya estaba completamente convencido de que dispararon desde el interior de la escuela, y los presentadores de televisin afirmaban que ste era un simple hecho.

As ha ocurrido con las dems atrocidades. Cada nio ha sufrido una metamorfosis, cuando muere es un terrorista de Hams. Cada mezquita bombardeada se convierte instantneamente en una base de Hams, cada edificio de apartamentos en un escondite de armas, cada escuela en un puesto de mando terrorista, cada edificio gubernamental en un smbolo del gobierno de Hams. As, el ejrcito israel mantiene su pureza como el ejrcito ms moral del mundo.

La verdad es que las atrocidades son un resultado directo del plan de guerra. Reflejan la personalidad de Ehud Barak, un hombre cuyas acciones y manera de pensar son una clara evidencia de lo que se denomina enfermedad moral, un trastorno patolgico social.

La intencin real (aparte de ganar escaos en las prximas elecciones) es acabar con el gobierno de Hams en la Franja de Gaza. En la imaginacin de los planificadores, Hams es un invasor que ha conquistado el control de un pas extranjero. La realidad, por supuesto, es completamente diferente.

El movimiento Hams gan la mayora de los votos en unas elecciones eminentemente democrticas que tuvieron lugar en Cisjordania, Jerusaln Este y la Franja de Gaza. Gan porque los palestinos llegaron a la conclusin de que el planteamiento pacfico de Fatah no haba obtenido nada concreto de Israel: ni una congelacin de asentamientos, ni la liberacin de presos, ni ningn paso significativo hacia el fin de la ocupacin y la creacin de un Estado palestino. Hams est profundamente arraigado en la poblacin no solamente como un movimiento de resistencia que combate al ocupante extranjero, como el Irgun y el Grupo Stern en el pasado sino tambin como una entidad poltica y religiosa que proporciona servicios sociales, educativos y mdicos.

Desde el punto de vista de la poblacin, los combatientes de Hams no son un cuerpo extrao, sino los hijos de las familias de la Franja y otras regiones palestinas. No se esconden tras la poblacin, sino que a poblacin los ve como sus nicos defensores.

Por lo tanto toda la operacin est basada en hiptesis errneas. Convertir su existencia en un infierno viviente no originar que la poblacin se levante contra Hams sino que, al contrario, la unir ms a este movimiento y fortalecer su determinacin de no rendirse. La poblacin de Leningrado no se levant contra Stalin, como tampoco los londinenses se levantaron contra Churchill.

El que dio la orden para semejante guerra con tales mtodos en un rea densamente poblada saba que causara una espantosa masacre de civiles. Aparentemente esto no le afecta. O crey que cambiara sus formas y secar su concienciacin, de forma que en el futuro no osen resistir ante Israel.

Una prioridad para los planificadores era la necesidad de reducir al mnimo las bajas entre los soldados, sabiendo que el nimo de una gran parte del pblico favorable a la guerra cambiara si llegaban informaciones de tales bajas. Es lo que pas en la primera y segunda guerras de Lbano.

Esta consideracin desempea un papel especialmente importante porque toda la guerra forma parte de la campaa electoral. Ehud Barak, que ganaba en las encuestas en los primeros das de la guerra, sabia que sus resultados se vendran abajo si las imgenes de soldados muertos llenaban las pantallas de televisin.

Por lo tanto se ha aplicado una nueva doctrina: evitar prdidas entre nuestros soldados mediante la total destruccin de cualquier cosa a su paso. Los planificadores estaban dispuestos no slo a matar a 80 palestinos para salvar a un soldado israel, como ha sucedido, sino tambin a 800. Evitar bajas en nuestro lado es el mandamiento supremo, lo que est ocasionando un rcord de bajas civiles en el otro lado.

Esto significa la eleccin consciente de una clase especialmente cruel de guerra; y ste ha sido su taln de Aquiles.

Una persona sin imaginacin, como Barak (su lema electoral es: No un buen tipo, sino un lder) no puede imaginar cmo reaccionar la gente decente de todo el mundo a acciones como la matanza de toda una extensa familia, la destruccin de casas sobre las cabezas de sus moradores, las filas de nios y nias en blancos sudarios listos para los funerales, las informaciones de personas desangrndose hasta morir durante das porque no se permite que las ambulancias lleguen hasta ellos, las matanzas de mdicos y socorristas en su camino para salvar vidas, las de conductores de la ONU transportando alimentos. Las imgenes de los hospitales, con los muertos, los moribundos y los heridos yaciendo juntos en el suelo por falta de espacio, han conmocionado al mundo. Ningn argumento tiene fuerza alguna al lado de la imagen de una nia herida que yace en el suelo retorcida de dolor y gritando: Mam! Mam!

Los planificadores pensaron que podran detener la emisin de esas imgenes en el mundo mediante el impedimento forzoso de la cobertura informativa. Los periodistas israeles, para su vergenza, aceptaron que se conformaran con los informes y las fotografas que les facilitaba el portavoz del ejrcito, como si fueran verdaderas noticias, mientras ellos mismos permanecan a varias millas de los sucesos. A los periodistas extranjeros tampoco se les permiti, hasta que protestaron y los han llevado a giras rpidas en grupos seleccionados y supervisados. Pero en una guerra moderna, esa estril visin prefabricada no puede excluir totalmente a las otras; las cmaras estn dentro de la Franja, en medio del infierno, y no se pueden controlar. Aljazeera emite las imgenes a todas horas y llegan a todas las casas.

La batalla en las pantallas de televisin es una de las batallas ms decisivas de la guerra.

Cientos de millones de rabes desde Mauritania a Iraq, ms de mil millones de musulmanes desde Nigeria a Indonesia ven las imgenes y estn horrorizados. Esto tiene un fuerte impacto en la guerra. Muchos espectadores ven a los gobernantes de Egipto y Jordania y a la Autoridad Palestina como colaboracionistas de Israel en la comisin de estas atrocidades contra sus hermanos palestinos.

Los servicios de seguridad de los regmenes rabes estn detectando un peligroso fermento entre los pueblos; Hosny Mubarak, el lder rabe ms expuesto debido a su cierre del paso fronterizo de Rafah en las narices de los aterrorizados refugiados, comenz a presionar a los que toman decisiones en Washington, que hasta ese momento haban bloqueado todos los llamamientos para un alto el fuego. stos comenzaron a entender la amenaza para intereses vitales estadounidenses en el mundo rabe y repentinamente cambiaron de actitud, causando consternacin entre los complacientes diplomticos israeles.

La gente moralmente enferma realmente no puede entender los motivos de la gente normal y debe adivinar sus reacciones. Cuantas divisiones tiene el Papa?, pregunt Stalin con sorna. Cuantas divisiones tiene la gente de conciencia? podra perfectamente preguntar Ehud Barak.

Mientras suceda, tienen algo. No numeroso. No de rpida reaccin. No muy fuerte ni organizado. Pero en cierto momento, cuando las atrocidades desborden y las masas de manifestantes vayan juntas, es lo que puede decidir una guerra.

El fracaso de entender la naturaleza de Hams ha causado un fracaso para entender los resultados predecibles. No solamente Israel es incapaz de ganar la guerra, sino que Hams no puede perderla.

Incluso aunque el ejercito israel tuviera xito en matar a todos los combatientes de Hams hasta el ltimo de sus hombres, incluso as, Hams vencera. Los combatientes de Hams aparecern como dolos de la nacin rabe, los hroes del pueblo palestino, modelos a imitar por toda la juventud del mundo rabe. Cisjordania caera en las manos de Hamas como una fruta madura, Fatah se ahogara en un mar de desdn, los regimenes rabes estaran amenazados de derribo.

Si la guerra acaba con Hams todava en pie, ensangrentado pero invicto frente a la poderosa maquinaria militar israel, parecer una fantstica victoria, una victoria de la mente sobre la materia.

Lo que quedar marcado en la conciencia del mundo ser la imagen de Israel como un monstruo manchado de sangre, dispuesto a cometer crmenes de guerra en cualquier momento y nunca dispuesto a acatar restricciones morales. Esto tendr grave consecuencias para nuestro futuro a largo plazo, para nuestra permanencia en el mundo, para nuestra oportunidad de lograr paz y tranquilidad.

Al final, esta guerra tambin es un crimen contra nosotros mismos, un crimen contra el Estado de Israel.

Original en ingls:

http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1231625457/


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