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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2009

Cuba, la esperanza

ngel Guerra
La Jornada


El 8 de enero, hace medio siglo, Fidel Castro entraba triunfalmente en La Habana luego de recorrer la isla envuelto en un desbordamiento de jbilo, cario y adhesin popular casi unnime, sin precedente en la historia de Cuba y difcilmente igualado nunca por otro lder en parte alguna.

Aunque el triunfo rebelde se produjo el primero de enero, coronado por la gran huelga general revolucionaria que liquid el postrer intento de Washington de sustituir al tirano en fuga por un gobierno ttere, transitar la ruta de Santiago de Cuba en el oriente, escenario principal de la guerra revolucionaria hasta la capital tom a la caravana guerrillera ocho das ms.

Fidel concedi la mayor prioridad a la Caravana de la Libertad, como fue conocida, que cumpli un objetivo primordial al reafirmar tempranamente y con toda claridad el carcter profundamente popular de la revolucin y contribuir a la consolidacin de la victoria. No tena mayor prisa por llegar a La Habana, ya firmemente en manos de Che Guevara y Camilo Cienfuegos apoyados por las milicias urbanas del Movimiento 26 de Julio-, quienes tras derrotar en memorable campaa a las fuerzas de la dictadura en el centro de Cuba haban recibido de la Comandancia General rebelde la orden de marchar aceleradamente hacia all con sus columnas y ocupar los principales puntos estratgicos.

Ante las multitudes que exclamaban gracias Fidel en decenas de pueblos y ciudades a lo largo de la marcha, el comandante enfatiz tres ideas: eran el ejrcito y el liderazgo revolucionarios los agradecidos al pueblo, pues sin su apoyo no habra sido posible el contundente triunfo obtenido (desmoron no slo la dictadura de Batista y sus cuerpos represivos, sino el aparato estatal y la institucionalidad en que se sostenan la dominacin imperialista y oligrquica en la repblica impuesta por la intervencin yanqui de fines de 1898); la victoria de la guerra revolucionaria, por consiguiente, era del pueblo de Cuba y de nadie ms, no obstante que puede argirse el Movimiento 26 de Julio y, en particular, su lder indiscutible hubieran tenido un papel decisivo en la elaboracin y conduccin de su estrategia y tctica. Aunque llegar hasta ah haba demandado grandes sacrificios, lo ms difcil estaba por venir y el concurso del pueblo seguira siendo indispensable.

La caravana dej sentado lo que sera, y ha sido hasta hoy, el modo de hacer poltica del poder revolucionario: con los humildes, por los humildes y para los humildes. Ello da la clave en gran parte, desde la perspectiva de los 50 aos transcurridos o 56 si partimos del ataque al cuartel Moncada, que ya sembr la semilla, para explicarse la inslita revolucin socialista y la resistencia de Cuba, pas pequeo y subdesarrollado, contra la implacable hostilidad de la ms grande potencia militar de la historia, su cercano vecino. Ms sorprendente cuando, dcadas despus, en medio de las severas penurias impuestas a los cubanos por el derrumbe del llamado socialismo real y el simultneo recrudecimiento del bloqueo y ante la generalizacin en el mundo de las polticas neoliberales, los dirigentes y el pueblo de la isla decidieron defender al precio que fuera necesario la soberana nacional y la equidad socialista contenida en las conquistas revolucionarias fundamentales. En gesto que trascendera con creces los lmites de la isla, la direccin de la Revolucin adopt, en consulta con los ciudadanos, una estrategia de supervivencia e insercin en la economa mundial, que, si exiga perentoriamente un grado de apertura econmica, fue concebida de modo que no implicara privatizar los bienes pblicos ni abandonara a nadie a la accin ciega del mercado.

Sin ir ms lejos, de no haber ofrecido Cuba ese ejemplo moral en una situacin tan peligrosa y adversa, difcilmente los actuales procesos populares latinoamericanos contra el neoliberalismo y por la integracin latinocaribea, e incluso contra el capitalismo, hubieran despuntado tan temprana y vigorosamente hasta trasformar en apenas dos dcadas a favor de los pueblos la correlacin de fuerzas en la regin. Se ha dicho con razn que Cuba abri el camino a la liberacin de Amrica Latina del yugo imperialista. Cabra aadir que lo hizo dos veces: inmediatamente despus del triunfo de la Revolucin, cuando dio inicio a un singular ciclo internacional de rebeldas populares por su magnitud y escala, y tambin en el momento en que se derrumb el socialismo real y, como a las puertas del Infierno de Dante, pareci inscribirse en el horizonte de los de abajo la terrible sentencia abandonad toda esperanza. Entonces la esperanza se llam Cuba.

La capacidad de resistir y defender sus conquistas de justicia social demostrada por los dirigentes y el pueblo cubanos ante el recrudecimiento del bloqueo y la hostilidad de Estados Unidos tras el colapso sovitico evidenci que la hegemona de aquel tambin poda ser desafiada exitosamente en las nuevas condiciones de la unipolaridad y de una ideologa dominante que proclamaba eternos las polticas neoliberales y el llamado pensamiento nico. Pese a la ofensiva cultural y el barraje meditico neoconservadores los pueblos pudieron percibir que la llama cubana de rebelda segua ardiendo. No obstante las deserciones y la gran confusin ideolgica que aquejaban al campo revolucionario y popular, ello ejerci un enorme estmulo entre quienes mantuvieron la voluntad de lucha en los cuatro puntos cardinales, despert la de otros e hizo que se mantuviera viva la solidaridad con el pueblo de la isla.

El ejemplo cubano definitivamente contribuy a desencadenar los movimientos populares contra el neoliberalismo, particularmente en Amrica Latina, donde stos se han manifestado con fuerza singular y logrado transformar el mapa poltico. Impulsados por jalones como el Caracazo (1989), la rebelin indgena de Chiapas (1994), la lucha del Movimiento de los sin Tierra de Brasil, de los pueblos indios bolivianos y los levantamientos plebeyos que derrocaron a presidentes serviles a Washington en Argentina, Ecuador y Bolivia, gracias a su eclosin surgieron un conjunto de nuevos gobiernos, heterogneos en su orientacin ideolgica pero ms independientes de Estados Unidos y favorables a la integracin y unidad regional. La eleccin de Hugo Chvez como presidente de Venezuela en 1998 un fruto del Caracazo marc el comienzo de este proceso, del que ha sido uno de sus adalides ms activos y dinmicos junto al boliviano Evo Morales y al ecuatoriano Rafael Correa, siempre con la solidaridad de Cuba.

Algunos de los nuevos gobiernos se han destacado por reivindicar la soberana popular mediante procesos constituyentes de honda raz democrtica, a la vez que proceden al control por la nacin de los recursos naturales, privilegian lo pblico sobre lo privado, instrumentan polticas econmicas antineoliberales y solidarias, se distancian del libre mercado, fortalecen la accin del Estado como redistribuidor de la riqueza con orientacin social y validan los derechos de los pueblos indgenas y afrodescendientes, incluyendo formas de autorganizacin autonmica. Son los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. En los dos primeros, Estados Unidos y las oligarquas, enfrentados a los pueblos movilizados, han desplegado ya reiterados planes por desestabilizar el nuevo orden y recurrido al golpe de Estado o su intento pero a diferencia de otros tiempos han sufrido duros reveses.

Fue este el contexto que hizo posible el rechazo al Alca ante las mismas narices de George W. Bush en la Cumbre de las Amricas celebrada en Mar del Plata; el surgimiento de Unasur y su posterior freno al golpismo separatista patrocinado por Washington en Bolivia; la fundacin del Alba, de Petrocaribe y el rechazo por el Grupo de Ro a la agresin yanqui-uribista contra Ecuador, entre otros desarrollos. Como colofn, la triple cumbre latinocaribea de Baha de Sauipe, en Brasil signific un importante paso de avance hacia la integracin solidaria latinoamericana al margen de Estados Unidos que exigi poner fin al bloqueo a Cuba, acogida a plenitud por el concierto de gobiernos de la regin en la persona de Ral Castro. El liderazgo y el consenso de que goza Lula influyeron mucho en el xito de la cita, apoyados por el peso geopoltico de Brasil. La triple cumbre clausur definitivamente el captulo del aislamiento de La Habana en Amrica Latina al punto que Barak Obama corre el riesgo de defraudar prematuramente las expectativas que ha levantado en la regin si no hace pronto algo verdaderamente sustantivo por cambiar la poltica agresiva de Washington hacia la isla e iniciar en serio el levantamiento del bloqueo.

Cuba, que ha luchado incansablemente por la liberacin de Amrica Latina y la unidad de sus pueblos desde el triunfo de su revolucin en 1959 y ha sido un actor protagnico en la configuracin de la nueva realidad poltica de la regin a la que ha brindado, adems de su ejemplo, el importante concurso de sus mdicos, sus maestros, su experiencia y el privilegio de contar con la sabidura poltica de Fidel Castro, libra a la vez importantes batallas internas. Enfrenta mltiples y colosales desafos en diversas esferas que han sido planteados muy claramente por Fidel y Ral, en particular desde el trascendental discurso que pronunciara el primero en la Universidad de La Habana en octubre de 2005. En resumen, se trata de contradicciones que obstaculizan el camino revolucionario emprendido en el Moncada, cuya exitosa solucin radica en el difcil empeo de combinar la resistencia con el rediseo y renovacin a fondo de su opcin socialista en la amenazadora cercana de su poderoso vecino. All la nueva esperanza.



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