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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2009

Algunos aspectos colaterales en torno a la masacre en Palestina

Txente Rekondo
Rebelin


La agresin de Israel contra la poblacin palestina genera rabia y dolor, y en muchas ocasiones eso nos puede impedir analizar en profundidad algunos aspectos que se pueden estar sucediendo tras ese escenario y que probablemente tendrn su incidencia directa en el desarrollo del mismo.

La lucha por hacerse con el protagonismo en la regin, el posicionamiento en el lado de los agresores de EEUU y la Unin Europea, el auge de movimientos islamistas radicalizados, las consecuencias para los corruptos regmenes rabes que perduran en la zona son algunos de esos aspectos que conviene repasar en estos momentos.

Las intenciones de Israel, ms all de la retrica habitual, no estn del todo claras. Tras las declaraciones oficiales se siguen escondiendo los objetivos reales del gobierno sionista. La bsqueda de una nueva situacin de seguridad en el sur de Israel es el argumento ms repetido. Para ello, se apunta desde las fuentes israeles que es necesario poner fin al lanzamiento de cohetes contra su territorio, y siguiendo la lgica argumental diseada en Tel Aviv, la mejor manera de logarlo es con la eliminacin de Hamas.

Ese golpe de estado o cambio de rgimen es algo que Israel desea con el apoyo de Washington y la Unin Europea, y que no ven con malos ojos los gobiernos aliados de stos en la regin. En este sentido hay que interpretar la destruccin absoluta de todos los edificios e infraestructuras claves para el desarrollo normal del gobierno de Hamas, y el aadido sufrimiento indiscriminado hacia la poblacin, con la intencin de que sta se vuelva contra los dirigentes islamistas ante la imposibilidad material de stos de atender las demandas.

Y no podemos olvidar tampoco el contexto elegido por los estrategas sionistas para lanzar esta nueva masacre contra el pueblo palestino. En vsperas electorales en Israel, con la toma de posesin de Obama a corto plazo y sobre todo con el final del mandado del presidente palestino, Israel ha sabido conjugar esa situacin y esos factores para lanzar un claro mensaje a todos ellos.

En clave interna la enferma sociedad israel parece funcionar en clave militarista y la agresin militar tendr sus rditos electorales para un gobierno que estaba en claro declive. Por su parte, el nuevo inquilino de la Casa Blanca recibe un presente envenenado por parte de Israel, aunque tambin hay quien apunta que Tel Aviv podra hacerle otro regalo en forma de alto el fuego. Y finalmente est la apuesta descarada por mantener al corrupto Mahmoud Abbas en la presidencia de Palestina, prorrogando su mandato y esperando que una alicada Al Fatah se haga con el control de Gaza.

En este contexto genocida provocado por Israel, es interesante observar por tanto, los movimientos de algunos terceros actores. El posicionamiento de Estados Unidos no deja mucho margen para el cambio. Con Bush, o con Obama (con la presencia de Hilary Clinton) la actitud de Washington seguir en lnea con el apoyo incondicional a las atrocidades de Israel, y la llamada Unin Europea, tampoco parece aportar ms que resentimiento y rechazo para la poblacin palestina y para el mundo rabe en general.

La insistencia eurocntrica de presentar el conflicto como una lucha entre moderados y extremistas no ha hecho sino acentuar las divisiones entre el mundo rabe, y dentro de la propia resistencia palestina, pero que a medio y largo plazo se est volviendo en contra de la propia Unin Europea.

En lnea con esa estrategia se sitan los esfuerzos para disminuir la influencia de Irn en la regin. Desde hace algn tiempo Tehern ha logrado superar las reticencias creadas en la divisin entre chitas y sunitas, y a das de hoy los dirigentes iranes han visto aumentado su peso estratgico entre buena parte de las poblaciones de la regin, y sobre todo entre actores como Hizbullah o Hamas.

En este sentido cabe entender tambin el papel de Arabia Saudita y el auge de determinadas corrientes islamistas radicalizadas. Los dirigentes sauditas llevan tiempo apoyando el papel de EEUU y sus aliados en la zona, y a la vez, observan con temor el auge de Irn como actor de peso en la regin. Sus maniobras para contrarrestar esta situacin no son nuevas, y como en pasado, pasan por la promocin de grupos u organizaciones islamistas de carcter salafista que hacen de la divisin entre chitas y sunitas su bandera de batalla.

El reciente lanzamiento de cohetes desde el sur del Lbano podra obedecer a esta estrategia saudita, que todava no ha superado el resultado de la agresin del Lbano en 2006 y la victoria que supuso para Hezbollah. La reciente aparicin del grupo Resistencia Islmica rabe, proclamando su carcter netamente rabe (en clara contraposicin al mundo persa iran) busca ser el freno o el contrapeso de Hezbollah en Lbano, y desde Riyadh se lleva tiempo buscando canales de colaboracin con integrantes del islamismo sunita ms radicalizado y tambin con algunos sectores de la comunidad chita libanesa descontentos del predominio de Hezbollah.

Y la organizacin que pretende pescar en este ro revuelto no sera otra que al Qaeda y las organizaciones que se encuentran dentro del manto ideolgico transnacional que otorgan sus dirigentes. Tras la fase de reestructuracin operativa dentro de al Qaeda, se han venido observando movimientos en la regin en torno a clulas y grupos de orientacin jihadista. Yemen y Somalia han sido algunos de esos nuevos centros de movilizacin, pero tambin se han constatado la presencia de grupos e individuos en Jordania o Lbano.

A todo ello se unira la tentacin de estas organizaciones para instalarse en el espectro palestino. Una derrota de Hamas, o una situacin muy debilitada de la resistencia palestina intentara ser aprovechada por los grupos salafistas para aumentar su presencia en Palestina. En el pasado diferentes grupos han intentado abrirse paso en ese escenario, pero hasta ahora sus intentos no han encontrado mucho eco entre la poblacin local. A finales de ao, una nueva organizacin, Jahafil al-Tawhid wa-l-Jihad (Legiones de la Unificacin y la Jihad), se presentaba como defensora de la ideologa jihadista transnacional y sealaba a como enemigos a cualquiera que entablara conversaciones con Israel, una velada amenaza contra los dirigentes de Hamas.

Aunque es prematuro para constara el peso real de estos grupos, lo cierto es que la penetracin jihadista puede acabar llegando a Palestina, bien como reflejo de una mayor radicalizacin social, o como instrumento de terceros actores, algo que en el pasado ya utilizaron tanto estadounidenses como sauditas en Afganistn, y en cierta medida en Palestina.

Otra vctima colateral del conflicto puede acabar siendo Egipto, y al mismo tiempo los regmenes colaboracionistas de Occidente en la zona. El peso de Egipto ha venido decayendo en los ltimos meses, y a ello hay que aadir la preocupacin del rgimen ante las amenazas internas que cada da se hacen ms visibles. Las protestas laborales de los trabajadores de determinados sectores, las articulacin de un discurso jihadista siempre presente en determinados crculos y la postura de absoluta colaboracin hacia EEUU e Israel, estn mermando seriamente las capacidades egipcias de maniobra en todos los mbitos.

La poltica de represin de cualquier protesta, la divisin de la oposicin y la eliminacin de cualquier rival siguen siendo las seas de identidad de la poltica domstica. Su peso mediador sigue siendo importante, pero recientemente ha visto cmo la presencia de Turqua le ha venido arrebatando cierto protagonismo en los entresijos de las diferentes negociaciones multipartidistas que se producen desde hace meses.

Y no se debe olvidar que en Egipto la militancia jihaditsa no ha sido eliminada, a lo sumo se le ha contenido, pero todava existe en el pas un importante caldo de cultivo y las estructuras necesarias para que en un determinado momento se pongan en marcha, dentro de la estrategia transnacional de esos grupos. Una desestabilizacin del rgimen en Egipto tendra su repercusin directa en otros estados como Jordania, Siria o Lbano, y afectara tambin a la propia Palestina.

Como sealaba recientemente un analista ocal, la mayora de la poblacin palestina y de los pases rabes perciben las iniciativas diplomticas como mero teatro, y los diferentes ttulos (declaracin de principios, hoja de ruta, proceso de paz, cuarteto) no son ms que diferentes formas de vender a los palestinos una solucin que legitima la injusticia y la humillacin que provoca Israel.

A la vista de todo ello, ms de uno debera comenzar a pensar con preocupacin que el infierno al que estn convirtiendo a Palestina puede azuzar an ms el fuego que ellos han contribuido a crear y que acabe quemndoles.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)



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