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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2009

El vestido viejo del emperador

Carlo Frabetti
Rebelin


Tras su eleccin como presidente de Estados Unidos, Obama les dijo a sus amigos sionistas: Arrasad Gaza ya, antes de mi toma de posesin, que yo tengo que hacer el parip del cambio.

Puede que no fueran estas las palabras exactas, puede que no las pronunciara l personalmente, puede que solo las susurrara al odo de alguno de sus sicarios, o que se las susurraran a l; pero, directa o indirectamente, eso es lo que les dijo Obama a sus mximos aliados.

Los ingenuos creen -y los pusilnimes fingen creer- que los israeles han interrumpido su genocidio justo un da antes de la toma de posesin de Obama porque era Bush el que les permita perpetrarlo y tras su marcha ya no contaran con el permiso del amo. En realidad lo han hecho porque el anterior presidente-bayeta iba a ser descartado y ya estaba tan empapado de sangre que no importaba salpicarlo un poco ms, mientras que al nuevo haba que mantenerlo aparentemente limpio el mayor tiempo posible.

En la srdida gendarmera que es la Casa Blanca, la alternancia no es entre republicanos y demcratas, sino entre policas malos y policas buenos. A Obama, al igual que al nefasto Kennedy, con quien muchos lo comparan, le ha tocado el papel de polica bueno. Y al igual que el carnicero de Vietnam, el prximo carnicero de Oriente Medio intentar encubrir con su atipicidad y su sonrisa fcil la misma poltica de expolio y exterminio de sus antecesores, de sus patrocinadores. Al igual que el polica malo te mete la cabeza en la baera y luego el polica bueno intenta convencerte con amables palabras, Bush masacr a miles de afganos e iraques y permiti la matanza de miles de palestinos, y ahora a Obama le toca limpiar la sangre y advertir a los supervivientes de la masacre que si no se portan bien volver la mano dura. Como si hubiera otra.

Justo al contrario que el emperador de Andersen, el nuevo titular del imperio pretende hacernos creer que llega al poder casi desnudo como los hijos de la mar, que dira Machado, pretende que no veamos su manto de prpura sangrienta. Y son tantos los que, dentro y fuera de Estados Unidos, fingen no verlo que, una vez ms, habr que darle la razn a Goebbels, el gran idelogo de las democracias occidentales.



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