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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2009

Discurso inaugural del nuevo presidente de Estados Unidos
"No nos disculparemos por nuestro modo de vida, ni bajaremos nuestras defensas. Seguimos siendo la nacin ms poderosa y prspera de la tierra"

Barack Obama


"Compatriotas: He venido hoy aqu, humilde por la tarea que tengo ante vosotros, agradecido por la confianza que me habis otorgado, consciente de los sacrificios de nuestros ancestros. Agradezco al presidente Bush su labor hacia nuestro pas, as como la generosidad y cooperacin que ha mostrado a lo largo de la transicin. Cuarenta y cuatro estadounidenses han prestado el juramento presidencial. Se han pronunciado estas palabras durante olas de prosperidad y en las tranquilas aguas de la paz. Pero, de vez en cuando, el juramento se produce en momentos de nubarrones y feroces tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha salido adelante no slo por la habilidad o visin de aquellos que ocupaban altos cargos, sino porque Nosotros, el Pueblo, nos hemos mantenido fieles a los ideales de nuestros ancestros y a nuestros documentos fundacionales. As ha sido. As debe ser con esta generacin de estadounidenses. Es bien sabido que estamos en mitad de una crisis. Nuestro pas est en guerra contra una red de violencia y odio a la que es difcil llegar. Nuestra economa est muy debilitada, consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad de algunos, pero tambin la poblacin ha fallado al tomar malas decisiones a la hora de preparar al pas para una nueva era. Se han perdido hogares, destruido empleos, se han cerrado negocios. Nuestro sistema de salud es demasiado costoso, nuestras escuelan fallan demasiado y cada da hay ms evidencias de que la forma en que usamos la energa fortalece a nuestros adversarios y amenaza a nuestro planeta.

Estos son los indicadores de la crisis, sujetos a los datos y estadsticas. Menos cuantificable pero no por ello menos profundo es la socavacin de la confianza en el pas, un temor persistente de que la cada de EE UU sea inevitable y que la prxima generacin deba disminuir sus expectativas. Hoy os digo que los desafos que afrontamos son reales, son serios y son muchos. No sern superados fcilmente o en un corto perodo de tiempo. Pero sabed esto, EE UU los superar.

En este da, nos reunimos porque hemos escogido la esperanza sobre el miedo, la unidad de propsitos sobre el conflicto y la discordia. En este da, venimos a proclamar el fin de las quejas insignificantes y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que por mucho tiempo han ahogado a nuestros polticos. Seguimos siendo una nacin joven, pero segn las Escrituras, ha llegado el momento de hacer a un lado las cosas infantiles. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espritu duradero, de escoger nuestra mejor historia, de llevar hacia delante ese precioso regalo, esa noble idea, que ha pasado de generacin a generacin: la promesa divina de que todos somos iguales, todos somos libres y todos merecemos una oportunidad de buscar su total felicidad. En reafirmar la grandeza de nuestro pas, entendemos que la grandeza nunca es un regalo, que debemos ganarla. Nuestro viaje nunca ha sido de atajos o de conformarnos con menos. NO ha sido el camino de los pusilnimes, de aquellos que prefieren divertirse al trabajo, o buscan solo los placeres de los ricos y la fama. Ha sido el de los que toman riesgos, de los emprendedores, de los que crean cosas, algunos conocidos pero la mayora son hombres y mujeres desconocidos en su labor, quienes nos han llevado por el largo y duro camino hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros, ellos empacaron sus pocas posesiones y atravesaron ocanos en busca de una nueva vida. Por nosotros, trabajaron duro y se establecieron en el oeste, soportaron el ltigo y sembraron en terrenos ridos. Por nosotros, combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburgo, Normanda y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta que sus manos estuvieron rotas para que pudisemos tener una vida mejor. Ellos vieron a un EE UU tan grande como la suma de nuestras ambiciones individuales, mayor que todas las diferencias de nacimiento o riqueza o faccin.

ste es el viaje que continuamos hoy. Seguimos siendo la nacin ms poderosa y prspera de la tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que antes de que comenzara la crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios se necesitan igual que la semana pasada o el mes pasado o el ao pasado. Nuestras capacidades siguen sin disminuir. Pero nuestro tiempo de mantenernos sin cambiar, de proteger nuestros reducidos intereses y de posponer las decisiones poco placenteras, ese tiempo ha pasado. A partir de hoy, debemos reanimarnos, sacudirnos el polvo y comenzar a trabajar para rehacer a EE UU.

Por todas partes que miramos hay trabajo que hacer. El estado de nuestra economa exige acciones, rpidas y drsticas, y actuaremos, no solo para crear nuevos empleos, sino para poner una nueva base de crecimiento. Construiremos puentes y caminos, redes elctricas y lneas digitales que impulsen nuestro comercio y nos unan. Restauraremos la ciencia y la pondremos en su justo lugar, y enarbolaremos las maravillas tecnolgicas para elevar la calidad de la salud y bajar sus costes. Aprovecharemos el sol y el viento, y el suelo como combustible para nuestros coches y fbricas. Transformaremos nuestras escuelas y universidades para cubrir las demandas de una nueva era. Todo esto lo podemos hacer. Y todo esto es lo que haremos.

Ahora, existen algunos que se preguntan por la escala de nuestras ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema n puede tolerad planes demasiado grandes. Sus recuerdos son escasos. Ellos han olvidado lo que este pas ya ha hecho, lo que hombres y mujeres libres pueden alcanzar cuando la imaginacin se une con propsitos comunes y la necesidad del valor.

Los que los cnicos no pueden entender es que el suelo bajo sus pies ha cambiado, que los argumentos polticos rancios que nos han consumido por tanto tiempo ya no son aplicables. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es muy grande o muy pequeo, sino si trabaja, si ayuda a las familias a encontrar empleo con un salario decente, un sistema de salud que pueden costear, una jubilacin digna. Donde la respuesta es s, intentamos seguir adelante. Donde la respuesta es no, los programas terminarn. Y aquellos de nosotros que manejamos el dinero pblico tendremos que rendir cuentas, gastar sabiamente, reformar malos hbitos y hacer nuestros negocios abiertamente, porque solo entonces podemos restaurar la confianza vital entre la gente y su gobierno.

Tampoco es para nosotros una pregunta de si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder de generar riqueza y expandir la libertad no tiene comparacin, pero la crisis nos ha recordado que sin un ojo observador, el mercado puede salirse del control, y que un pas no puede prosperar mucho tiempo cuando favorece slo a los prsperos. El xito de nuestra economa siempre ha dependido no solo del tamao de nuestro producto interior bruto, sino en el alcance de nuestra prosperidad, en nuestra habilidad de extender las oportunidades a cada corazn dispuesto, no por caridad sino porque es la ruta ms segura para nuestro bien comn.

En cuanto a nuestra defensa comn, rechazamos como falsa la opcin entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, que afrontaron peligros que poco podemos imaginar, disearon un captulo para asegurar el gobierno de la ley y de los derechos del hombre, un captulo extendido por la sangre de generaciones. Esos ideales an iluminan el mundo, y no renunciaremos a ellos por el bien de la conveniencia. Y para todo el resto de la gente y los gobiernos que nos estn viendo hoy, desde las grandes capitales a la pequea aldea donde naci mi padre: sabed que EE UU es amigo de todos los pases y de todos los hombres, mujeres y nios que buscan un futuro de paz y dignidad, y que estamos listos para liderar una vez ms.

Recordad que generaciones anteriores derrotaron el fascismo y el comunismo no solo con misiles y carros de combate, sino con alianzas slidas y convicciones duraderas. Entendieron que nuestro poder por s solo no puede protegernos, ni nos da la libertad de hacer lo que queramos. En cambio, saban que nuestro poder crece mediante su uso prudente, nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo, de las cualidades atenuadas de la humildad y la moderacin.

Somos los conservadores de este legado. Guiados por estos principios una vez ms, podemos afrontar esas nuevas amenazas que demandar incluso esfuerzos mayores, una mayor cooperacin y entendimiento entre los pases. Comenzaremos con traspasar responsablemente Irak a sus pobladores y forjar una paz duramente ganada en Afganistn. Con viejos amigos y ex enemigos, trabajaremos incansablemente para disminuir la amenaza nuclear y el espectro del calentamiento del planeta. No nos disculparemos por nuestro modo de vida, ni bajaremos nuestras defensas y para quienes buscan avanzar en sus intentos por inducir el terror y la matanza de inocentes, os decimos que nuestro espritu es ms fuerte y no puede romperse, no pueden sobrevivirnos y os derrotaremos.

Porque sabemos que nuestra herencia diversa es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nacin de cristianos y musulmanes, judos e hindes y de no creyentes. Estamos modelados por todos los idiomas y culturas, atrados de cada rincn de esta tierra, y como hemos probado el trago amargo de la guerra civil y la segregacin y emergi de ese captulo oscuro ms fuerte y ms unido, no podemos evitar el creer que los viejos odios pasarn algn da, que las lneas de las tribus pronto sern disueltas, de que a medida que el mundo se hace ms pequeo, nuestra humanidad comn se revelar y que EE UU debe jugar su papel en marcar el comienzo de una nueva era de paz.

Al mundo musulmn, buscamos una nueva forma de salir adelante, en base a nuestros intereses y respeto mutuos. A los lderes mundiales que buscan sembrar conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente, sepan que su gente los juzgar por lo que puedan construir, no por lo que destruyen. A quienes se aferran al poder a travs de la corrupcin y el engao y silencian a los disidentes, sepan que estis en el lado incorrecto de la historia, pero que extenderemos una mano si estis dispuestos a deshacer el puo.

A la gente de los pases pobres, prometemos trabajar juntos para hacer que sus granjas prosperen y permitir que fluyan las aguas limpias, para alimentar los cuerpos famlicos y las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones como la nuestra que disfrutan de relativa abundancia, decimos que no podemos afrontar ms la indiferencia de los que sufren fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta sus efectos. Porque el mundo ha cambiado, y debemos cambiar con l.

Mientras analizamos el camino que se presenta ante nosotros, recordamos con humilde gratitud a aquellos estadounidenses valientes quienes, en este mismo momento, patrullan lejanos desiertos y distantes montaas. Ellos tienen algo que decirnos hoy, as como los hroes cados que yacen en Arlington nos susurran a travs del tiempo. Os honramos no solo porque sois los guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnis el espritu del servicio, la disposicin a encontrar significado a algo ms grande que vosotros mismos. Y es en este momento, un momento que definir una generacin, cuando este espritu debe englobarnos a todos.

Porque por mucho que el gobierno pueda y deba hacer, es finalmente en la fe y la determinacin de los estadounidenses en lo que descansa este pas. Es la amabilidad con que tratamos a un extrao cuando se rompe la presa, el altruismo de los trabajadores que prefieren recortar sus horas en vez de ver a un amigo perder su empleo lo que nos hace ver a travs de nuestras horas oscuras. Es el coraje del bombero de lanzarse por una escalera llena de humo, pero tambin de la disposicin de los padres de criar a un nio lo que finalmente decide nuestro destino.

Nuestros desafos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero esos valores sobre los que depende nuestro xito -el trabajo duro y la honestidad, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- esas son cosas viejas. Esas cosas son verdaderas. Ellas han sido la fuerza subyacente del progreso a lo largo de la historia. Lo que se pide entonces es un retorno de esas verdades. Lo que requerimos ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, de parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes hacia nosotros mismos, a nuestro pas y el mundo, deberes que no aceptamos a regaadientes sino mas bien con alegra, firmes en el conocimiento de que no hay nada ms satisfactorio para el espritu, tan definidor de nuestra personalidad, que dar todo lo que podamos ante una tarea difcil.

Este es el precio y la promesa de la ciudadana.

Esta es la fuente de nuestra confianza, el conocimiento de que Dios nos llama para delinear un destino incierto.

Este es el sentido de nuestra libertad y credo, el porqu hombres y mujeres y nios de todas las razas y creencias pueden unirse en celebracin en este magnfico Mall, y el porqu un hombre cuyo padre hace menos de 60 aos pudo no haber trabajado en un restaurante local, est hoy aqu para tomar el juramento ms sagrado.

As que marquemos este da con recuerdo, de quienes somos y cuan lejos hemos llegado. En el ao de nacimiento de EE UU, en los meses ms fros del ao, una pequea banda de patriotas se acurrucan cerca de fogatas languidecientes a las orillas de un ro congelado. La capital fue abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve se mezclaba con la sangre. En ese momento cuando el resultado de nuestra revolucin penda de un hilo, el padre de nuestra nacin orden que se leyeran estas palabras:

"Informad al mundo futuro... que en las profundidades del invierno, cuando nada sino la esperanza y la virtud pueden sobrevivir... que la ciudad y el pas, alarmado ante un peligro comn, han salido al frente para hacerle frente".

EEUU. A las puertas de nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez ms las corrientes heladas, y hagamos frente a lo que traiga la tormenta. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba, rehusamos dejar que este viaje termine, que no volvimos atrs, que no fallamos y con los ojos fijos en el horizonte y con la gracia de Dios, llevamos adelante el gran regalo de la libertad y lo entregamos de forma segura a las futuras generaciones.



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