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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2009

Palestina: las proporciones del horror

Ricardo Rodrguez
Rebelin


 

Un golpe en el muro

es el mensaje de una mano rota

que dice: Resiste!

Ruin Basisu, poeta palestino de Gaza

Del poema Tres muros para la sala de tortura

No hay que empearse en que ninguno de los numerosos y bien pagados propagandistas del expansionismo del Estado de Israel d muestras de flaqueza. En la naturaleza de la misin que han asumido se halla la carencia de escrpulos y la radical renuncia a cualquier atisbo de compasin, entindase sta en el significado que se quiera. Estarn siempre dispuestos a justificar cualquier atrocidad que perpetre el ejrcito israel, por estremecedora y repulsiva que resulte: rematar de un disparo en la cabeza a los heridos que se desangran en el suelo, torturar a los presos, bombardear manzanas de viviendas, aprisionar en un gueto infernal a decenas de miles de seres humanos sin los medios bsicos para subsistir, arrasar hospitales o colegios o centros de refugiados, despedazar a nios a caonazos. Nada les har dudar.

Lo primero que ciega el fanatismo es la capacidad de razonar, y es la de razonar la nica capacidad que permite a las personas revisar sus prejuicios a la luz de los hechos. La tarea de los mercenarios ideolgicos del sionismo exige de un fanatismo sin fisuras; la menor crtica del Estado de Israel es para ellos mentalmente inconcebible. Cualquier crtica es antisemita, por definicin. Hay una mxima invariable que sirve para explicarlo todo: Israel siempre se defiende, nunca ataca. El correlato lgico es que los palestinos jams se defienden; siempre atacan.

Cuando los israeles bombardean edificios de viviendas lo hacen porque en ellos se ocultan militantes de Hams. La cuestin de si es legtimo matar a todas las personas que habitan en el edificio para acabar con un miembro de la resistencia palestina ni siquiera se plantea, aunque en cualquier otro caso para todo el mundo fuera evidente que emplear tales procedimientos es un crimen de guerra. Los nios mueren tambin porque los perversos militantes de Hams se escudan tras ellos. Quin se escudara tras la nia palestina a la que el clebre capitn R., hoy laureado voluntario del ejrcito israel en Gaza, vol la cabeza cuando estaba tendida y malherida? Quin se esconder detrs de los nios palestinos que mueren mientras duermen en sus casas, o de los que mueren en los colegios, en los centros de refugiados, o en plena calle, de la mano de sus madres? Ni siquiera necesitan responder. Es muy simple: la vida de los palestinos no es un dato a tener en cuenta. Para ellos, nunca lo fue. Los israeles erigieron hace una dcada, en el suburbio de Kiryat Arba, un santuario en memoria del colono judo norteamericano Baruch Goldstein, quien asesin en 1994 a veintinueve rabes que rezaban en una mezquita. En su epitafio escribieron que el asesino haba muerto con las manos limpias y puro de corazn. Y es espeluznantemente probable que miles de israeles estn convencidos de que disparar a sangre fra sobre personas indefensas, si son rabes, no ensucia la conciencia de un buen patriota.

En estas semanas, y sin salirse de nuestro pas, cualquiera puede haberse topado con los argumentos favorables a Israel habituales, e incluso con algunos que rozan el sadismo. Al margen de ancdotas truculentas, como el esfuerzo del corresponsal de El Mundo por probar que en realidad tampoco andan las cosas tan mal en Gaza, el discurso siempre gira en torno al mismo delirio: Israel libera a bombazos a los palestinos de los diablicos militantes de Hams, organizacin a la que casualmente los palestinos votaron de forma mayoritaria. Lo de liberar a los pueblos masacrndolos es una vieja mana, ya se sabe; como se sabe que la democracia slo sirve si los pueblos votan lo correcto, que es tanto como decir lo que a nosotros nos interesa que voten. Basta echar un vistazo a los editoriales recientes de Libertad Digital. La verdad nica se repite una y otra vez, sean cules sean los hechos.

Es cierto que la justificacin del horror tiene xito porque es mucho el dinero que se emplea para difundirla. Israel es el portaviones de los intereses de EE.UU y Europa Occidental en Oriente Medio, y ni unos ni otros van a llegar nunca demasiado lejos en los reproches a las salvajadas cometidas por el gobierno de Tel Aviv, ni van a dejar de venderle armas, mientras sigan siendo as las cosas. Pero no es solo sta la razn. El problema es que tanto los ms recalcitrantes aduladores de Israel como sus crticos tibios, incluso algunos que acuden a las manifestaciones de solidaridad con Palestina, comparten la misma visin en lo fundamental del conflicto.

Si se acepta que el Estado de Israel se limita a responder a las agresiones de los palestinos, la legitimidad de los bombardeos es slo cuestin de grado. Las quejas contra Israel se quedan en la reconvencin por lo desproporcionado de su represalia ante los ataques de Hams. De repente, se esfuman de toda consideracin tanto el pueblo palestino como la ocupacin de sus territorios, y en el debate pblico slo se puede abordar la catstrofe humanitaria que cobra hoy trascendencia de primer orden, por supuesto-, pero no las causas del conflicto, que son al final tambin las causas de la propia catstrofe humanitaria. Este terreno de discusin y cualquier otro es sin ms ignorado por todos los medios de comunicacin importantes- es el que permite al Estado de Israel combinar simultneamente la estrategia de la mano dura y la de la diplomacia, regateando en las cumbres internacionales con el nmero de cadveres, los deportados, los asentamientos o la poltica de dispersin y apartheid del pueblo palestino, al mismo tiempo que hace volar por los aires hospitales, derriba casas o dispara contra adolescentes.

El enfoque es siempre el del gobierno de Tel Aviv, el del invasor, a despecho de la realidad. Uno de los ejemplos ms repulsivos de inversin orwelliana de la verdad de los muchos que se pueden encontrar a lo largo de la historia. Se plantea como escollo principal para resolver la permanente crisis de la zona que se garantice la existencia del Estado de Israel cuando son los palestinos los que no pueden constituir un Estado propio e independiente. Ocupa el primer lugar de todas las negociaciones el asunto de la seguridad de los israeles mientras son los palestinos los que mueren cotidianamente. Como tantas veces denunci Eduard W. Said, el derecho a la seguridad de los palestinos habitualmente ni siquiera se menciona. Se bloquean los pasos fronterizos con el fin de evitar la adquisicin de armas por la resistencia y de paso se estrangula la provisin de ayuda de subsistencia del pueblo palestino. Impedir que Hams se arme es una gran contribucin a la concordia en la que se empean los principales gobiernos del mundo. Los mismos que, con EEUU a la cabeza y la colaboracin entusiasta del ejecutivo espaol, llevan lustros armando a Israel hasta los dientes, habindola convertido en una peligrosa potencia nuclear.

En suma, que todo se arreglara de la mejor forma, se dice, si los dirigentes palestinos admitieran la existencia de Israel como vecino. Curiosa conclusin, teniendo en cuenta que es Israel quien invade la tierra de otros. No es ocioso advertir que tal conclusin slo cobra sentido recurriendo a la doctrina del espacio vital (Lebensraum) que los nazis tomaron para sus propios fines de Karl Haushofer y el gegrafo Ratzel. El espacio vital era, segn Ratzel y segn Adolf Hitler-, aqul necesario para garantizar la supervivencia de un Estado ante sus adversarios por medio de la lucha o la competencia. La aplicacin desvergonzada del concepto al Estado israel se materializa en un sermn que a todos nos suena: Israel est rodeada de millones de rabes que la odian y necesita crear un espacio de seguridad a su alrededor por razones de supervivencia. Que el espacio de seguridad provoque el sufrimiento de miles de personas se considera un coste inevitable. Pero el mnimo sentido comn le hara a uno preguntarse si el odio de los rabes no provendr precisamente de la ocupacin ilegtima de tierras y si no es, pues, el mismo Israel el que con la ocupacin causa el odio que desemboca en inseguridad para todos.

Aqu, no obstante, el sentido comn no cuenta. Pero es innegable, en cualquier caso, que quien acepta que el problema a resolver es la seguridad del Estado de Israel, aunque sea con la encomiable voluntad de convencerlo para que se retire de los territorios ocupados, est aceptando que los invadi por razones defensivas, en lugar de ver la realidad: una guerra de agresin de naturaleza expansionista, esto es, imperialista. Que un Estado justifique sus acciones de expansin territorial en motivos de defensa no es nuevo. Lo hizo la Alemania nazi para avalar la ocupacin de Polonia igual que la URSS para explicar la invasin de Checoslovaquia. Es la coartada usual. Lo que es inslito e indignante es el grado de consenso en la comunidad internacional al darla por buena.

Ahora, una vez declarado el alto el fuego otro ms-, los palestinos retornarn a esa normalidad desesperante que llevan padeciendo durante generaciones, a la que habr que aadir, como ha escrito Isaac Rosa, centenares de personas ms sin hogar, heridos sin medios para recuperarse, ms casas derruidas, menos alimentos, aun ms desesperacin si cabe. Palestina ir desapareciendo de la primera plana de los peridicos y los telediarios, y para la conciencia ciudadana occidental recobrar su carcter de conflicto permanente, esa guerra inacabable no tan lejana de la que siempre hemos odo hablar desde que ramos nios. Palestina es el ruido de fondo inmemorial de nuestras vidas, el poso inextinguible de nuestra vergenza.

No tenemos derecho a olvidar, no obstante, que ellos, los palestinos, van a seguir muriendo, expulsados de sus hogares o aprisionados en atroces ratoneras humanas. El sufrimiento contina, a todas horas, aunque no siempre lo haga al ritmo atronador de las bombas. Y, si no lo olvidamos, caeremos en la cuenta de que la solidaridad con Palestina no puede conformarse con que callen los caones durante unos das, ni durante unos meses. Veremos claro que la paz no puede basarse nunca en satisfacer la ambicin del invasor. La paz slo se edifica sobre la justicia, y la condicin indispensable para la justicia es el reconocimiento de la verdad.

Ricardo Rodrguez

Adenda

En julio de 2002, el comentarista militar Amir Oren public en el peridico israel Haaretz un reportaje en el que desvelaba que oficiales del ejrcito de su pas estaban estudiando las tcticas empleadas por los alemanes para reprimir la rebelin en el gueto de Varsovia con el fin de emplear las que les pudieran aprovechar para zonas palestinas como la franja de Gaza. Como prueba de ello, haba recabado el comentarista el testimonio de algn alto cargo militar, del que por motivos comprensibles se abstuvo de dar el nombre. La revelacin levant en su momento bastante polvareda, y lleg a obligar a pronunciarse al respecto incluso a algunos responsables del gobierno norteamericano.

Sin embargo, ya de antes muchos vean similitudes inquietantes entre los procedimientos de los nazis y los utilizados para doblegar a los palestinos. Despus del reportaje, se pudo acudir a la fuente primordial, el informe de Jrgen Stroop, el general alemn que se encarg de aplastar brutalmente la resistencia juda en Varsovia. Un informe que llevaba por ttulo El gueto de Varsovia ya no existe y que sali a la luz en los juicios de Nremberg. Al leerlo uno tena la oportunidad de encontrar significativas coincidencias, como que el general Stroop tachara a los resistentes judos de terroristas y bandidos, como hoy se hace sin distincin con todos los palestinos que luchan por sus derechos. Y, sobre todo, los mtodos de contrainsurgencia. Se rode el gueto con un muro y con vallas para impedir que nadie escapara, se volaron edificios de apartamentos, se demolieron casas manzana a manzana, se bombardeaba o incendiaba sin miramientos cualquier edificio desde el que alguien disparase (recurdese de nuevo la justificacin del bombardeo de dos colegios en los que se haban ocultado civiles palestinos, muchos de ellos nios).

A los defensores de las acciones militares de Israel les provoca una clera incontenible la menor comparacin entre la represin del pueblo palestino y las atrocidades de los nazis. Y es cierto sin duda que cualquier tragedia humana palidece si se la mide junto a las pavorosas dimensiones del terror del Tercer Reich alemn. An as, una cosa es afirmar que dos catstrofes sean lo mismo y otra muy distinta, y legtima en tanto en cuanto se razone, es encontrar similitudes determinadas entre ellas. Por otra parte, es de notar que cuando se acusa de antisemita a todo aquel que critique al gobierno israel no se acostumbra a aportar muchas pruebas; en la mayora de las ocasiones, ninguna.

Al margen de esta polmica, podra interesar a los lectores seguir un tipo de ejercicio de comparacin de textos al que yo soy muy aficionado. No quiero identificar ningn acontecimiento histrico con ningn otro, ni pretendo que se extraiga conclusin desmedida alguna. Slo que se evidencie que ciertos argumentos son recurrentes en el transcurrir de los aos. Tmese, si se quiere, como simple curiosidad psicolgica.

El primero de los textos es de un verdadero antisemita. Se trata de Richard Harwood, pseudnimo del neonazi britnico y negador del Holocausto Richard Verrall. Las frases reproducidas forman parte de su repugnante panfleto revisionista Murieron realmente seis millones?. En concreto, del fragmento en el que trata de justificar la represin nazi en el gueto de Varsovia. Produce asco leer la forma en que describe la misma creacin del gueto en el que fueron encerrados en condiciones infrahumanas ms de cuatrocientos mil judos: Cuando los alemanes ocuparon Polonia asegura-, encerraron a los judos por razones de seguridad-, no en campos de internacin sino en guetos. Aseguraban la administracin interior de los guetos Consejos Judos elegidos por los judos mismos, y ejerca all la polica una polica juda independiente. Hace falta cinismo.

El segundo texto est escogido casi al azar. Sirve cualquiera de los editoriales de estos das de Libertad Digital de defensa a ultranza del ejrcito y el gobierno israeles en su represin de los palestinos de Gaza. Por ejemplo el editorial del pasado 12 de enero.

Reproduzco alternndolas solamente unas cuantas frases centrales de cada texto, por no aburrir. Cada quien puede realizar el mismo ejercicio con cuantos ejemplos como quiera. Se suelen parecer.

Richard Harwood: El ejrcito alemn de ocupacin entr pues en accin en respuesta a una rebelin apoyada por partisanos y comunistas como lo hubiera hecho cualquier otro ejrcito en una situacin similar para eliminar a los terroristas destruyendo de ser necesario la zona residencial. Debe recordarse que toda la operacin de evacuacin (de los judos; Harwood no admite que fueran a ser deportados a campos de exterminio) habra continuado pacficamente si los extremistas judos no hubieran organizado esta rebelin armada destinada al fracaso

Libertad Digital: lo que est haciendo Israel en Gaza no es ningn genocidio, ni siquiera un proporcionado ojo por ojo; lo que trata es de neutralizar y acabar con los ataques terroristas de los que viene siendo vctima por parte de Hams

Richard Harwood: La porfiada resistencia de la organizacin juda de combate en esta lucha en que no tena posibilidad alguna de vencer, caus (segn las estimaciones) la muerte de 12.000 judos en su mayor parte porque permanecieron en los inmuebles y abrigos en llamas (recurdense la campaa del ejrcito israel para avisar a los palestinos con el fin de que abandonaran sus casas antes del ataque militar).

Libertad Digital: Lo que ocurre es que esta organizacin fundamentalista es terrorista hasta cuando se defiende y, lejos de proteger a su poblacin civil tal y como hacer las autoridades israeles, no slo con su poblacin-, no duda en exponerla

Richard Harwood: No obstante ello, capturaron los alemanes 56.065 habitantes del gueto, los que fueron reinstalados pacficamente en diversos lugares de la Gobernacin General de Polonia

Libertad Digital: Lejos de buscar una matanza, las autoridades israeles han permitido corredores humanitarios y han enviado ayuda a la poblacin civil palestina

Richard Harwood: Varios judos del gueto, irritados por el terror impuesto por la organizacin de combate, intentaron informar a los alemanes sobre la ubicacin de los estados mayores de la resistencia

Libertad Digital: Los peores enemigos de los palestinos son estos dirigentes extremistas y criminales que nunca han querido la paz

En fin, que el lector juzgue.

 

 



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