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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2009

Un silencio cmplice, la dispora republicana de 1939

Pedro L. Angosto
Rebelin


Presiento que lo que voy a escribir no va a gustar a mucha gente. No me preocupa demasiado: Mi intencin no es slo deleitar, mucho menos complacer a mandarines, sino tratar de mantener viva la memoria sobre un crimen tan brutal e indescriptible como poco difundido, con seriedad, por los medios de comunicacin globales. Se habla con toda justicia de los crmenes de Hitler, de la dispora juda, de las purgas estalinistas, de la brutalidad de Mussolini, de los errores y daos colaterales cometidos y perpetrados por el emperador Bush, pero apenas se dice nada de la dictadura ms sangrienta y castradora, tanto por su intensidad como por su extensin en el tiempo, que haya existido en la Europa del pasado siglo: La presidida por el asesino iletrado Franco Bahamonde.

S, es cierto, la guerra civil espaola es uno de los episodios histricos sobre los que ms libros se han escrito, pero tambin uno sobre los que menos se ha ledo. Hay miles y miles de libros sobre la cuestin, muchos de ellos ilegibles, otros honrados y una minora serios y rigurosos que casi nadie, despus de comprarlos por tal o cual recomendacin, ha sentido, siquiera, la curiosidad de ojear. A estas alturas, la desinformacin intencionada sobre la terrible represin franquista, sin parangn en ningn pas de nuestro entorno: Al lado de Franco, Mussolini fue santo varn, llega a niveles tan increbles como insultantes. Hoy, en esta Espaa que presume de moderna y potente, la inmensa mayora de los espaoles cierra los ojos ante un periodo de horror como pocas naciones han conocido, nuestros chavales apenas saben quien fue Franco, incluso algunos de ellos no tienen la culpa, es lo que oyen, lo que se les ensea en los centro oficiales de la democracia, pblicos o concertados parasitarios- se atreven a cantar himnos fascistas y a defender pblicamente al estpido genocida, al individuo ms perverso que ha dado nuestra nacin en toda su historia.

Imbuido como estoy en dar las ltimas pinceladas, o brochazos, a un libro -Las grandes democracias contra la libertad de Espaa, que espero est en la calle para la primavera-, me he preguntado una y otra vez, con enorme ingenuidad, por qu ese silencio nacional e internacional sobre la tremenda represin que sufri el pueblo espaol al acabar la guerra, por ese exilio que ha pasado a los anales de la historia como el ms largo, prolongado y mutilador de los habidos en nuestro continente, por qu tanto demcrata callado ante la barbarie que se cometa en nuestro solar, por qu tanta polmica absurda sobre si unos y otros cuando no haba unos y otros, cuando quienes incendiaron y planificaron un exterminio ideolgico inaudito fueron los militares africanistas, la iglesia catlica espaola y la plutocracia nacional con la ayuda de sus homlogos de todo el mundo. La respuesta no necesitaba tantos devaneos ni tanto tiempo perdido. Estaba a la vuelta de la esquina: Franco incendi Espaa con la ayuda de Italia y Alemania, azuzando los bajos instintos de los mercenarios moros, acab con la democracia, mat, tortur y expuls del pas, dejndolo huero, a cientos de miles de personas, entre las que estaban quienes formaban parte del verdadero Siglo de Oro de nuestra cultura y nuestra ciencia: Los hijos de la Institucin Libre de Enseanza, la mejor generacin de espaoles que hayamos sido capaces de parir y formar. Jams volvieron los muertos, jams los desaparecidos, se ocultaron los torturados aterrados para contagiar su lgico miedo a sus hijos y nietos, se desperdigaron por ms de cuarenta pases los desterrados, los que todo lo haban entregado al engrandecimiento de su patria, los que la haban amado con toda su alma y se encontraron, de la noche a la maana, en los campos de concentracin de una Francia derrotada, pesimista y vergonzante o en los brazos siempre clidos de Mxico deuda eterna con el pueblo mexicano, con Crdenas y sus magnficos diplomticos-, Cuba, Argentina, Chile y tantos pases que se brindaron a dar cobijo a esa inslita Numancia Errante de que hablaba Luis Araquistain.

Las piedras de Espaa fueron hechas aicos por quienes manoseando su nombre, acudieron a la Legin Cndor para destruirla; las familias espaolas fueron masacradas por quienes decan defender la familia; la cultura espaola fue exterminada por quienes hablaban de un nuevo amanecer; nunca, en nuestro largo deambular por la historia, el desorden y el crimen organizado campearon por nuestro solar como cuando los traidores decidieron usar las armas del pueblo contra el pueblo; jams, Espaa anduvo tanto tiempo entre tinieblas y sangre. Y, Cmo, despus de un drama tan inmenso y prolongado, nos olvidamos, se olvidaron de lo que haban hecho con Espaa? El rgimen de terror implantado por los africanistas fue de tal magnitud que explica por s solo el silencio, la indolencia, la apata, la abulia de los espaoles que, como gallinas ciegas, quedaron dentro del inmenso campo de concentracin en que convirtieron a Espaa; en cuanto a las grandes democracias, su silencio, la ocultacin del genocidio franquista, slo se entiende por su complicidad con la tirana: Inglaterra, Francia y Estados Unidos, cada cual a su modo, fueron colaboradores necesarios para el triunfo de los genocidas, fueron, por tanto, cmplices de los asesinatos, las desapariciones, los exilios, las torturas que durante dcadas asolaron nuestro pas. Francia, porque estaba sumida en el miedo y en la decadencia ms absoluta; Inglaterra y Estados Unidos que ayudaron a Franco desde el primer momento vendindole todo tipo de pertrechos y poniendo en marcha el calamitoso Comit de No-Intervencin- porque preferan tener a un dictador sanguinario pero obediente al frente de los destinos de Espaa, que a un gobierno democrtico que defendiese la soberana nacional.

Existen miles de metros de celuloide grabados por los nazis sobre la destruccin de Espaa, sobre el genocidio, el holocausto y la dispora espaola. Los nazis grababan todo lo que hacan en Espaa para poder aplicarlo despus con mayor eficacia; existen miles de fotografas sobre la destruccin de Espaa en los archivos espaoles Todava espero ver una pelcula como El Pianista, de Polansky, sobre nuestro drama; todava aguardo or a los grandes polticos, escritores, historiadores e intelectuales europeos y americanos hablar sobre el genocidio franquista; todava espero que llegue el da en que no sea preciso escribir un artculo tan triste y desolado como el presente.

Hace setenta aos, en das como estos de este fro enero, el ejrcito de la democracia espaola, el pueblo que se defenda en soledad contra el ataque del nazi-fascismo mundial, atravesaba la frontera de los Pirineos, agotadas sus fuerzas, sin resuello, sin moral, con hambre, con furia, con rabia, con impotencia. Despus de luchar heroicamente para defender su libertad y la del mundo libre, fueron encerrados como criminales en campos de concentracin que semejaban pocilgas. Muchos murieron en ellos, otros contribuyeron a liberar Pars, otros fueron llevados a los campos de exterminio nazis, otros devueltos a los patbulos espaoles, otros escaparon a Mxico. Setenta aos del fin de una guerra que nunca debi ser, setenta aos del comienzo de una dictadura que no habra existido si las grandes democracias as lo hubieran querido tras el triunfo aliado: Setenta aos de silencio, de ocultacin, de hipocresa, ignominia internacional. Slo Mxico, una pequea potencia convertida en gigante de la dignidad humana, del derecho de gentes, se atrevi a defender la causa de la democracia republicana espaola en todos los foros, contra todas las democracias que escondan la cabeza debajo del ala o vean con buenos ojos una dictadura en Espaa. Son, las razones de un silencio ruin, de uno de los mayores escarnios histricos de nuestro tiempo.

Pedro L. Angosto. Historiador.



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