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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2009

Nacionalizar la banca

Miquel Casals Roma
Rebelin


El Estado ha puesto miles de recursos, captados de sus ciudadanos, para salvar a los bancos. Una inyeccin de capital, como pregonan los medios de comunicacin, como si el dinero fuese algo que se introduce por va intravenosa. Las fbricas de automviles tambin van a llevarse un pellizco, aunque sea a base de bonificaciones indirectas. A los dems, poco o nada: deberemos afrontar solos la virulenta acometida de la crisis y, con un poco de suerte o imaginacin, no caer en la bancarrota. Y es que no hay pasta para todos. Esta es la regla de oro de la economa: la escasez de recursos. A veces me pregunto si, en lugar de dar el dinero directamente a los bancos, para que stos acten con plena libertad, no hubiese sido mejor imputarlo como pago de las deudas pendientes. Parece que de esta forma mataramos dos pjaros de un tiro: los bancos cobraran y nosotros nos salvaramos de la asfixia, al menos durante un par de meses. Pero no ha sido as. Sus razones habr. Lo cierto es que nadie se ha quejado y si lo ha hecho, su voz no ha hecho eco. Yo pienso que lo que pasa es que todos, incluyendo los sindicatos y la izquierda ms radical, estamos cogidos por los huevos Es probable que el poder financiero haga callar a sus principales enemigos, con crditos blancos o fraudulentas condonaciones. Y qu decir de los medios de comunicacin, que son los responsables de que las voces tengan eco. As ha funcionado el poder por los siglos de los siglos: untando. Los bancos y el sector financiero en general, conforman el poder ms invisible (y por ende, el ms efectivo) de la historia. Pero este poder ha sufrido un grave cataclismo llamado crisis, y ante tal evento, se ha visto obligado a quitarse la careta de benefactor (que tanto xito le ha dado) para levantar la palma de la mano y exigirle dinero al Estado, como Lucifer cuando se va a cobrar la deuda del que le vendi el alma.

Un poso de indignacin ha calado en muchos. Indignacin aderezada con la impotencia de saber que esto sucede ante nuestros ojos, sin que podamos evitarlo. Nuestro voto, el de cada uno, es una triste inmundicia que aplasta el engranaje bancario. No somos votantes. No somos ciudadanos. Ni tan siquiera somos hombres. Somos unidades productivas que gastan y que, especialmente, tienen uno o varios crditos que pagar. Nadie nos va a salvar de esta lacra de dbitos, que se llevaran buena parte de nuestros ingresos (y de nuestra vida) y que arrastraremos, con un poco de suerte, hasta la jubilacin. Sin embargo, los bancos, s que disponen de un excelente baln de oxgeno llamado Estado. Y eso que ellos son los principales responsables de que nos encontremos en esta deplorable situacin Qu diramos si, tras un crimen atroz (en analoga a la crisis), no tan solo disemos libertad al asesino, sino adems restablecisemos sus heridas con una fabulosa inyeccin de capital?

Nacionalizar la banca, doy como respuesta a quienes me preguntan por una solucin. Y es al pronunciar tales palabras, cuando advierto espanto en sus rostros. Hombres que trabajan diez, quince horas y estn empeados hasta las cejas, y slo tienen un ratito para tomar el cortado. Nacionalizacin? Ests loco! Supongo que entonces les acudir a la mente la violenta impresin que destila el retrato barbudo de Marx, o el tenso perfil de Lenin con su puntiaguda perilla. No han pasado los aos para segn qu cosas, aunque entre Marx y nosotros haya transcurrido ms de un siglo. Y es que la palabra nacionalizar, ya de por s, espanta. Por qu? Qu sucedera si el Estado, creando instituciones autnomas e independientes, fuese el encargado de custodiar el dinero de sus ciudadanos y de darles crditos, aunque fuese siguiendo los mismos criterios de capital-riesgo que utilizan los bancos? Qu pasara si el Estado ganase dinero con los intereses de los crditos, y lo destinase a sufragar sus arcas en lugar de cobrar impuestos? Qu pasara si el ciudadano tuviese ms flexibilidad para realizar los pagos? No es cierto que el Estado sera el mejor garante para el dinero de los ciudadanos, en lugar de entidades privadas dispuestas a arriesgarlo todo por ampliar la cifra de los beneficios? A travs de los bancos, el poder pblico dispondra de otro mecanismo para regular la poltica econmica (el ms efectivo) y no sucedera lo que pasa ahora, que los bancos no dan crditos, atemorizados por el riesgo. S, todo esto espanta: entender el crdito como una necesidad humana y no como una fuente de especulacin. Aunque hay que preguntarse, a quin espanta de verdad. El ciudadano de a pie, el que bebe un cortado entre jornada y jornada de trabajo, ms bien debera esperanzarse.

Miquel Casals Roma. Escritor y miembro de ANIM


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