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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2009

Colombia
tica y Memoria

Hctor Arenas
Rebelin


Cuando pase el tiempo y finalice este penoso lapso en la que la gua de los asuntos colectivos estuvo a cargo de diferentes clanes cuyo nicos ttulos para la conduccin de los asuntos pblicos fueron el uso tenaz de la violencia , desnuda o encubierta , el privilegio de la astucia sin limites , y el sometimiento a los poderes internacionales y nacionales que les autorizaron la ocupacin de los espacios pblicos , y les apoyaron en el acceso a los mismos a cambio de que una vez en ellos tomaran las decisiones que les beneficiaban, cuando cese por fin esta fase monstruosa, decimos, brillarn con luz propia las mujeres y los hombres que amaron y consagraron sus vidas al cuidado de estos territorios y los pueblos que los habitan, seres ms prendados de curar los pavorosos estragos infringidos a las comunidades y sembrar la paz genuina en estas tierras , que en complacer vanidades , halagar soberbias y satisfacer insaciables egos y ambiciones .

Cuando arribe el tiempo, que mas temprano que tarde llegar, se vera con claridad compartida la colosal responsabilidad de los llamados medios de comunicacin en la produccin del descomunal desastre social que tanto sufrimiento humano suscit y tanta degradacin humana arroj. Pudiendo aliviar el dolor, evitar la repeticin del sufrimiento y elevar la fuerza de nuestros espritus, optaron por potenciar la maquina de devastacin.

La semana pasada los medios de comunicacin ignoraron o cubrieron muy superficialmente una accin tica realizada por Ivn Cepeda Castro [1] cuya deliberacin pblica podra aportar mucho en el proceso de cuidar la raz de dignidad que aun vive en nuestro pueblo y enriquecer esa extraordinaria veta de decoro sin la cual es imposible vivir.

Los medios de comunicacin no indagaron por el significado de una Sentencia del Consejo de Estado que catorce aos despus del asesinato de Manuel Cepeda - ltimo Senador de la Unin Patritica , que alerto sobre la Operacin Golpe de Gracia dirigida a culminar el exterminio sistemtico de los representantes de esa formacin poltica nacida en 1985 en el marco de un proceso de paz - no reconoci la responsabilidad directa de altos agentes estatales, como qued comprobado , en la concepcin y la ejecucin del crimen. No se preguntaron por las razones de una Sentencia que conden al Estado por conductas omisivas que facilitaron el asesinato de Manuel Cepeda, pero que nada dijo sobre la responsabilidad activa de altos integrantes de ese Estado en el asesinato. En cambio , los medios de comunicacin ofrecieron mas ftbol , ms pirmides financieras , y ms viles ataques a la administracin distrital por ser ejercida por una formacin poltica que no forma parte de los grupos de poder que direccionan a la mayor parte de su torrente de palabras e imgenes cotidianas.

Ivn Cepeda, hijo del Senador Manuel Cepeda, renunci a los cincuenta millones que le correspondan en la condena al Estado colombianos dictada por el Consejo de Estados y destin esos recursos a un fondo dedicado a la educacin de los hijos de las victimas del genocidio de la Unin Patritica. Renunci porque la sentencia solo reconoci la responsabilidad por omisin y porque neg la reparacin integral que comprende el derecho a saber la verdad de lo ocurrido, los autores materiales e intelectuales del crimen, y la creacin de condiciones que eviten la continuidad del exterminio de la diferencia en Colombia.

Una accin tica , como la de Ivn Cepeda y la de miles de mujeres y hombres honestos en una atmsfera miasmtica en la que prevalece la ms aberrante miseria material y espiritual resultante de dcadas de direccin de los asuntos colectivos por parte de estirpes no ticas , contiene significados que trascienden el plano de lo singular , suscitan efectos impensados en el tejido social , y pueden alimentar una deliberacin pblica que nos sustraiga de los limites estrechos a que ha sido contrado el examen de la poltica en Colombia , reintegrando la tica y la memoria a la deliberacin colectiva sobre la misma.

La mayor parte de las nias y los nios de Colombia hoy crecen en medio de dolorosas necesidades biolgicas y afectivas que contrastan con la exhibicin repugnante de las hper millonarias compras de armamento y la exhibicin impdica de smbolos de mal gusto de poder material. Su memoria crece alienada de los orgenes de una miseria que contrasta con la riqueza del territorio y la laboriosidad de sus gentes. Instalados en una trampa mortfera que desde temprano les fuerza a la renuncia de lo mejor que habita en ellos para convertirse en depredadores o depredados , el conocimiento del ser tico , de la raz tica que ha habitado y pervive en nuestro territorio americano y planetario es un hilo de luz para no extraviarse en el laberinto y dilapidar la preciosa vida causando dao o persiguiendo con ferocidad las ilusiones de la felicidad que el clan de los astutos continua ofreciendo en televisiones , radio y prensa.



[1] Hijo de Manuel Cepeda, el que fuera lder comunista, periodista y senador, miembro del partido Unin Patritica. La Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) demand a Colombia por la ejecucin extrajudicial en 1994 de Manuel Cepeda Vargas y un tribunal de Colombia conden al Estado a pagar una indemnizacin de ms de 1.200 millones de pesos (unos 515.000 dlares) por su asesinato, el 10 de diciembre de 2008.



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