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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2009

Georg Lukcs y la wikipedia
"Perromuerto" y el "periodo de las consecuencias"

Joaqun Miras
Rebelin


Queridos amigos: acabamos de recibir la noticia, que nos enva Salvador Lpez Arnal, sobre el ataque descalificatorio contra Rebelin perpetrado desde medios poderosos, y, por tanto , cabe decir, "bien informados"; esto es, sabedores de lo que hacen, de a quin hay que tratar de liquidar, y por qu. Ni ms ni menos que Wikipedia. Bueno. Se trata de salir al paso con todo lo que podamos y defender nuestras lneas. Y de no tener temor. Hoy no es hace 20 aos, y decir esto no es ahora una trivial perogrullada. Quiero traer al recuerdo una las ideas que reiter repetidamente como profeca obsesionaba uno de los dos o tres grandes pensadores comunistas del siglo XX. Me refiero a ese "perro muerto" que se llam Georg Lukacs, y a una de sus ideas polticas, que elabor para avisar premonitoriamente de lo que poda llegar a ocurrir en los pases del bloque socialista. A esa idea l la denominaba "el periodo de las consecuencias".

Lukcs haba nacido en 1885 razn por la cual es una tontera decir que su obra , de 1919, Historia y Conciencia de Clase es obra de "juventud"-.

Georg Lukcs haba vivido en plenitud de facultades el comienzo del siglo XX anterior a la Primera Guerra Mundial. El mundo de la riqueza sobreabundante, la Ciudad alegre y Confiada de las burguesas cuya suficiencia despectiva y sobrada se levantaba sobre la derrota de la primera internacional, sobre la matanza de la Comuna de Pars, y sobre un podero econmico que tena como consecuencia la mundializacin de la economa europea. Al decir de sabios entendidos en historia de la economa, a finales del siglo XlX y comienzos del XX Inglaterra - a sumarle, el resto de las grandes potencias- exportaba al mundo como capital, anualmente, el 11% de su producto interior bruto , cosa que ningn estado ha podido realizar, en el tiempo presente, durante este nuestro actual periodo de "original y nunca antes vista globalizacin y mundializacin de la economa". Aquel mundo tan slido, que "de repente", se vino abajo, y cuyo desmoronamiento tan bien retratan en sus novelas tantos grandes escritores, entre ellos, y para el mundo centroeuropeo, en gran escritor Joseph Roth La Marcha de Radetzky- haba sido observado, desde dentro por Georg Lukacs, quien perteneca a las minoras que abominaban del mismo. Minoras digo, porque las grandes fuerzas polticas de la izquierda, nacidas como resultado de la derrota de los aos 60/70 del siglo XlX, of course; me refiero a la derrota de la AIT- succionadas por el poder hegemonizador de esa sociedad, compartan los valores de las clases dominantes y aspiraban, tan slo, a hacer participar del "reparto" a las clases trabajadoras, pero sin poner en crisis ese mundo. Todo lo contrario. As Ever fue el gran defensor el nuevo Cronwell- del Reich y no dud en utilizar a los Frei Korps para asesinar obreros y ahogar en sangre la revolucin.

La vida en aquel mundo prepotente y fastuoso, que se prometa a s mismo ser eterno, y cuyo colapso y desaparicin se produjo de repente, en menos de cinco aos, proporcion a Georg Lukcs una experiencia vital y una comprensin, una capacidad de juicio y de diagnstico, a partir de sntomas culturales, sobre la marcha de los procesos histricos, verdaderamente excepcionales. Esto le haca albergar graves inquietudes respecto del mundo y de las ideas socialistas que l haba abrazado.

l saba, por experiencia, que una sociedad poda estar , durante decenios y decenios, sometida a las injusticias, a las ms srdidas manipulaciones, a la opresin del poder, sin que en apariencia stas tuviesen repercusin alguna. El poder, los poderes, en su prepotencia, podan arrebatar a los pueblos su soberana, hacer y deshacer, explotar, humillar, corromper, asesinar. Y que nada cambiase en el apacible decurso del da a da. As haba ocurrido, durante dcadas, en el mundo de la Belle poque

Siempre que se pudiese garantizar un mnimo a los explotados, poda tambin expulsrselos de la escena poltica. Las grandes decisiones sociales que involucraban la vida de los mismos, podan ser adoptadas, sin su intervencin, hacindoles, incluso, arrostrar el peso de las consecuencias. La autoridad, el poder, la riqueza, seguan siendo fetiches respetados y reverenciados, cuando no envidiados, ansiados, codiciados, rastreramente. Poder ascender en la sociedad y ser aceptado, reconocido en el teatro del mundo de los poderosos o pertenecer al bur poltico. Esa pareca ser la gran atraccin en un mundo eterno

Pero, de pronto, y sin que hubiese ya posibilidad d e intervenir para frenar el proceso, el mundo cambiaba. Las gentes, la chusma sin valor, antes reverentes, complacientes, deslumbradas o simplemente resignadas, generaban desafeccin, no colaboraban, rechazaban el poder, lo ignoraban. Y aquel poder material, poltico, organizativo, que haba parecido omnmodo, pasaba a ser una caricatura.

A veces, quienes hemos ledo las obras literarias de esos grandes, verdaderos, analistas de la poca del comienzo del siglo XX, cuando se form Lukcs, como en esas obras se nos narra el final de ese mundo y se nos describe un poder huero, nos sentimos tentados a pensar que aquellos mundos haban sido siempre poderes de opereta, meros sueos infatuados de funcionarios. No: haban sido poderes verdaderos; poderes temibles, aceptados, reverenciados. Con capacidad de violencia y de consenso. De hegemona y coaccin.

Esta vivencia que Lukcs haba experimentado antes y despus de 1914 1918 se le converta en pesadilla y premonicin obsesiva referida al mundo socialista de la guerra fra. Y l avisaba: era lo que Lukcs, ese "perro muerto" denominaba "el periodo de las consecuencias".

El "periodo de las consecuencias" ha vuelto. Se rompe, el tejido urdido por el poder y que genera lo que el otro grande del comunismo marxista, Gramsci, denomin la hegemona. Hegemona capitalista: esto es, el "dejar hacer, dejar pasar" todas las iniciativas del poder, que dejan de depender de la voluntad de quienes se convierten, por ello mismo, en clases subalternas, y quedan en manos de la clase dominante, la cual, a cambio, debe garantizar unas expectativas de consumo como retribucin a tanta prdida de esperanzas, de imaginacin creativa, de autodesarrollo de fines vitales.

Qu decir de este periodo, esto es, del periodo anterior al "periodo de las consecuencias"? Decir que "hemos vivido un periodo que podramos definir como la anttesis exacta y prolongada de un momento de la verdad. A penas se nos ha dado la posibilidad de elegir. Se han tomado en nuestro nombre (.) decisiones polticas importantes, sin que ni siquiera nos fueran presentadas como una cuestin de eleccin. Las hemos aceptado como algo inevitable o con algn tipo de protesta marginal. (.) tenemos nuestra opiniones pero stas a penas cuentan, ni siquiera entre nosotros. Desacostumbrados a elegir, desacostumbrados a presenciar las elecciones de los otros. (.) Por el hecho de estar eximidos de toda eleccin hemos tenido que pagar el precio del constante aplazamiento de los problemas bsicamente econmicos- que afectan de una manera vital a nuestro futuro"[1]hasta que se produzca una crisis.

Y la crisis se ha producido. En las crisis, es decir, en esos periodos histricos cuya salida jams puede ser predicha por anticipado. "cada persona ha de elegir por s misma. Y al elegir pasa a estar inequvocamente comprometida con quienes han escogido como ella"[2]

No sabemos en qu terminar el periodo en que la humanidad se aventura. Es azaroso y hemos perdido mucho tiempo. Cada prolongado periodo de hegemona capitalista y el ltimo, particularmente- tiene mucho de proceso de pudrimiento y corrupcin de las clases subalternas. Y hay que saber luchar con eso, que en los aos 20 y 30 del siglo pasado se expres en el fascismo.

Pero el brillo, el boato y el despilfarro, el poder despreciativo de la Age Dore ha terminado. Volvemos a tener la posibilidad de reorganizar y defender nuestras posiciones, de desplegarnos nuevamente, nosotros, los comunistas marxistas; al menos en lo ideolgico.

No estamos ni en mejores, ni en peores posiciones repito, ni en peores- que los "como nosotros" los nuestros- en 1920. Sabemos del optimismo desbordante que inspir las 21condiciones, y de las graves repercusiones que acarrearon. Sabemos del dao causado, tambin entonces, por unas izquierdas que no haban querido aceptar ser fuerzas derrotadas en el periodo anterior, y que se subieron se sumieron- en el mundo del vencedor , que aceptaron ser cooptadas a las instituciones, que asumieron sus valores civilizatorios.

No estamos peor que entonces.

Lo cierto es que, tras decenios de silencio, de que pareciese no ocurrir nada a pesar de las mayores enormidades acaecidas, el control social se ha roto. Se ha abierto una dinmica de disenso social, ahora en sus inicios, pero cuyo crecimiento resulta imparable en el presente estado de cosas, y no es controlable por el capitalismo, pues carece de los recursos para ello, y , esos recursos hipotticos, no estn al menos todava- ni tan siquiera a la vista.

Por eso, ellos, los enemigos de clase, se ven obligados a atacar a nuestros medios ideolgicos; no sirve ya, no funciona, el ignorarlos, porque en estos momentos, en estos largos, largos periodos en los que los individuos deben decidir, las ideas, las crticas, las apelaciones a la imaginacin creativa, sobre alternativas sociales, y a la praxis, son verdaderamente escuchadas, son verdaderamente peligrosas, "perniciosas". Ya no les vale el silencio y el cinturn sanitario en torno a estos medios ideolgicos del enemigo. Ante Rebelin, sin ir ms lejos y por ejemplo. Aunque ellos son sabedores de que el mejor medio de combatir y matar a un medio ideolgico es la condena a muerte civil, ahora, comienza a no darse ya, no se dan las condiciones para eso.

Oiremos hablar ms veces de Rebelin

Volveremos a or hablar, volveremos, del comunismo y que cada palo aguante su vela.

[1] John Berger, Un hombre afortunado, Ed Alfaguara, M. 2008, p. 177

[2] John Berger, Op. Cit, p 176



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