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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2009

Cuba, dictadura o democracia?

Carlo Frabetti
Rebelin


Conviene empezar sealando que la antinomia dictadura-democracia es equvoca, en la medida en que sugiere una simetra entre ambos conceptos, o entre ambas formas de gobierno as denominadas, que tiene que ver ms con la terminologa que con la realidad. Pues mientras la dictadura es algo muy concreto y muchas veces realizado a lo largo de la historia, la democracia es una mera entelequia, un proyecto nunca llevado a cabo y pocas veces emprendido realmente.

La teora est bastante clara desde los tiempos de Pericles, que defini la democracia como igualdad ante la ley, apoyo a los dbiles y proteccin del Estado frente al egosmo individualista, as como del individuo frente a los abusos del Estado. Pero en la Grecia de Pericles haba esclavos, y las mujeres estaban, de hecho, relegadas al cuidado de los hijos y a las tareas domsticas. Tanto es as que, precisamente por vivir en una poca de intensa actividad intelectual y poltica de la que se vean excluidas, las mujeres de la Grecia del siglo V a. C. eran especialmente desgraciadas, y hubo entre ellas una autntica ola de suicidios (adems de la filosofa y la democracia, los griegos inventaron algo tan actual como la depresin del ama de casa).

Las supuestas democracias posteriores tampoco llegaran nunca a merecer ese nombre, y el propio Rousseau dijo que la democracia, en sentido estricto, es imposible, puesto que para alcanzarla deberan dedicarse activamente a la poltica todos los ciudadanos, y no solo sus representantes. Y ya en el siglo pasado, en los aos veinte, el jurista y filsofo austraco Hans Kelsen (que desarroll la idea de contrato social para desvincular al Derecho de toda supuesta ley natural o inspiracin divina) llev a cabo una demoledora crtica de la democracia representativa y propuso como solucin lo que desde entonces se conoce como democracia participativa. Esta participacin ms all de la mera representacin debera basarse, segn Kelsen, en lo que l denomin la parlamentarizacin de la sociedad, es decir, en la creacin y desarrollo de un denso tejido asambleario que permitiera, e incluso fomentara, la intervencin directa de un nmero cada vez mayor de ciudadanos y ciudadanas en los debates sociopolticos y en la toma de decisiones.

Sin embargo, como es bien sabido, en las autodenominadas democracias occidentales se ha impuesto el modelo representativo en su versin ms simplista, que consiste en un bipartidismo -oficial o de facto- que reduce la participacin ciudadana a elegir cada cuatro o cinco aos entre dos candidatos presidenciales (que, adems, en el fondo suponen una nica opcin: el capitalismo). Y esta seudodemocracia representativa, de libertades meramente formales o tericas, no solo se ha impuesto en todo el primer mundo, sino que adems pretende erigirse en modelo nico y piedra de toque para validar o invalidar otras formas de gobierno. De ah que los principales argumentos de quienes afirman que Cuba es una dictadura suelan ser, con ligeras variantes, los siguientes:

1. En Cuba no hay libertad de expresin.

2. Los cubanos no pueden agruparse libremente en partidos polticos.

3. En Cuba no hay elecciones.

4. Los disidentes cubanos son reprimidos brutalmente.

Vayamos por puntos:

1. Qu es la libertad de expresin? La hay en las supuestas democracias occidentales? Aqu cualquiera puede crear un peridico, dicen los defensores del mercado libre, omitiendo un pequeo detalle: puede crear un peridico cualquiera que tenga diez millones de euros, o preferiblemente cien. Y quien no los tenga, no solo no puede crear un peridico, sino ni siquiera escribir en l a no ser que se someta los dictados de sus dueos. Y si a pesar de todo alguien logra colar en un medio de amplia difusin una opinin (o incluso una informacin) poco conveniente, corre el riesgo, en la Espaa democrtica (las comillas indican el uso irnico de ambos trminos), de sufrir el mismo tipo de represin que durante el franquismo. Miles de personas podran ir a la crcel por decir pblicamente lo que opinan de un rey impuesto por Franco, y el mero hecho de defender la Revolucin Cubana o la lucha del pueblo vasco por su autodeterminacin nos cierra a quienes lo hacemos las puertas de los grandes medios. En esta Espaa democrtica que no es ni una cosa ni otra, no solo no hay libertad de expresin, sino ni siquiera libertad de silencio: te pueden ilegalizar por no condenar pblicamente aquello -y solo aquello- que el poder decide que hay que condenar.

2. De los partidos polticos cabe decir prcticamente lo mismo que de la libertad de expresin. Quin puede crear y mantener un partido con posibilidades reales de acceder al poder, incluso a una pequea parcela de poder? El bipartidismo caracterstico de las democracias occidentales (por no hablar de los costes astronmicos de las campaas electorales) es la mejor prueba de que sus elecciones libres son una falacia. Y si, excepcionalmente, una formacin poltica con amplio respaldo popular consigue convertirse en una amenaza real para los poderes establecidos, se la ilegaliza promulgando sobre la marcha una ley ad hoc y asunto concluido. Y si eso no es suficiente, se reprime a sus miembros sin reparar en medios; medios que incluyen la tortura, el secuestro, el asesinato y otras formas de terrorismo de Estado, como dej bien patente la trama de los GAL.

3. Curiosamente, est bastante difundida la creencia de que en Cuba no hay elecciones, cuando probablemente sea el pas del mundo en el que ms elecciones se celebran. Cada dos aos y medio son elegidos los delegados de las Asambleas Municipales, y cada cinco, los de las Asambleas Provinciales y la Asamblea Nacional. Los candidatos los designan los propios electores, y no hay campaas electorales. Pero adems hay una incesante actividad asamblearia en los barrios, en los lugares de trabajo, en las agrupaciones profesionales... Si en algn lugar del mundo se ha avanzado de forma significativa en el camino de la parlamentarizacin de la sociedad propugnada por Kelsen, es en Cuba.

4. Habra que empezar por distinguir entre disidentes y agentes del enemigo. El propio Gobierno de Estados Unidos alardea de los millones de dlares que gasta cada ao en financiar a los quintacolumnistas cubanos, cuyas actividades no excluyen los sabotajes ni los atentados. En todos los pases del mundo se castiga con el mximo rigor a quienes colaboran con un pas enemigo, y en comparacin con la brutalidad de la represin en los sedicentes Estados de derecho, Cuba destaca, en todo caso, por su moderacin. En cuanto a los disidentes reales, gozan de mucho mayor respeto en Cuba que en la Espaa democrtica. Si un Serrat o un Sabina criticaran al Gobierno espaol (o a sus protectores del PSOE y de PRISA) como Pablo Milans critica al Gobierno cubano, su presencia en los grandes medios sera mucho menos asidua. Si alguien tiene alguna duda al respecto, que piense en Alfonso Sastre, mundialmente reconocido como el ms grande dramaturgo vivo de la lengua castellana y hasta hace poco totalmente ignorado por las instituciones y los grandes grupos mediticoculturales.

Significa esto que Cuba ha alcanzado la democracia? Por supuesto que no. En Cuba queda mucho por hacer y mucho por deshacer. Pero mientras otros pretenden haberla alcanzado ya para no tener que ir hacia ella, los cubanos avanzan con empeo, da tras da, hacia la verdadera democracia, es decir, hacia el socialismo verdadero. Con tanto empeo que en los ltimos veinticinco aos han avanzado ms que nosotros en veinticinco siglos.


(Resumen de la conferencia pronunciada en la sede del PCE, en Len, con motivo del 50 aniversario de la Revolucin Cubana)



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