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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2009

Los lmites de la izquierda en su defensa del pueblo palestino

Angeles Diez
Rebelin


En la agresin Israel a Gaza que ha tenido lugar, que sigue teniendo lugar, las izquierdas, lo mismo que las derechas, han tomado posiciones, han construido sus cercados lingsticos, aquellos que les permitan situarse adecuadamente ante el problema. El caso de Espaa es sin duda paradigmtico: un partido en el gobierno, con un ministro de relaciones exteriores que dice ser amigo de los palestinos [1] , un presidente de gobierno que condena en un mitin de su partido los ataques israeles, unos militantes del PSOE que salen en manifestacin en solidaridad con Palestina; al tiempo, un pas que se encuentra entre los diez principales exportadores de armas a Israel, cuyos servicios secretos cooperan con los servicios secretos israeles, que mantiene acuerdos preferentes, que apoya la creacin de la casa Sefarad-Israel, que insiste en que una cosa es lo que haga el partido y otra la actuacin del gobierno, y su poltica de Estado que, por supuesto, es de muy buenas relaciones con la gran democracia israel (expresin del presidente de turno de la Unin Europea Nicols Sarkozy). Si esta actuacin esquizofrnica ha caracterizado al partido en el gobierno, en el caso de otras organizaciones como las sindicales y otros grupos de izquierda con vocacin institucional, se ha producido tambin un planteamiento, cuanto menos, desconcertante. Al mismo tiempo que han condenado a Israel por sus ataques, han prestado igual o mayor nfasis en condenar a Hamas como responsable de lo que le pasaba a la poblacin Palestina sin llegar al extremo de las acusaciones de Simon Peres, pero en lo esencial, sosteniendo las mismas argumentaciones justificatorias enarboladas por el gobierno israel-. Unos y otros han buscado un comn denominador, un lenguaje comn de consenso -el mismo que pide Moratinos para los palestinos cuando dice no queremos unidad sino consenso-, que les permitiera aparecer como solidarios con el pueblo palestino al tiempo que polticamente correctos.

Este consenso se ha construido sobre dos tabes: no usar la palabra genocidio y no cuestionar la democracia israel.

El resultado objetivo, los efectos, de construir el consenso sobre la negacin del genocidio y continuar con la farsa de la democracia israel, no son otros que la complicidad y el bloqueo de cualquier opcin justa para el pueblo palestino.

La imposicin del consenso ha dejado traslucir un objetivo poltico de ms largo alcance en nuestro pas. Se ha trabajado consciente o inconscientemente-, para interceptar las explosiones de rabia y dolor de la poblacin rabe espaola, que ha sido sistemticamente marginada, reprendida y silenciada por los grupos organizados que han conducido y liderado la solidaridad con el pueblo palestino [2] . Los rabes, que acudieron en masa a las manifestaciones convocadas en todo el territorio, tuvieron que aceptar las condiciones impuestas por los grupos que las organizaban, escriban los manifiestos y sealaban qu acciones estaban autorizadas y las que no. El temor a que estallara la poblacin rabe emigrante que se identifica plenamente con la causa Palestina como si fuera la suya propia ha obligado al gobierno y su partido a una estrategia de canalizacin y control que slo poda llevarse a cabo desde la izquierda [3]

El partido Socialista ha buscado formar parte de todos y cada uno de los grupos que organizaban acciones, su inters ha sido meridiano: normalizar, evitar cualquier radicalidad controlar lo que en la perspectiva de las movilizaciones con la guerra de Iraq-, corra riesgo de tomar direcciones no deseadas (tener que llamar a consultas al embajador, tener que condenar desde el Estado-, al gobierno israel, poner en suspenso las relaciones preferentes.) Para otros grupos (sindicatos, partidos, algunas ONG), el consenso de mnimos, era imprescindible para sostener la imagen de izquierda no radicalizada que tan buenos rditos institucionales da en ocasiones-, al tiempo que se preserva la imagen de solidaridad y el cach de otro mundo posible.

El genocidio de los palestinos

La tarea de los militantes del PSOE y de otros grupos cuya prioridad son las relaciones institucionales estaba clara desde el principio: proporcionar toda clase de apoyo meditico, legal y econmico para las movilizaciones de solidaridad con Gaza, interceptando al tiempo toda iniciativa que rayara la posibilidad de un roce con el gobierno israel. Es as que se rechaz la utilizacin de la palabra genocidio en las pancartas, en los manifiestos, etc. bajo la amenaza de romper la baraja.

Pero por qu ha sido tan importante desterrar del vocabulario la palabra genocidio de cualquier denuncia a Israel y de cualquier acto de solidaridad con la poblacin palestina? Por qu la palabra de consenso ha sido masacre? Para no irnos muy lejos al derecho o la legislacin internacional detengmonos en la definicin que hace el Diccionario de la Real Academia espaola sobre la palabra genocidio: Exterminio o eliminacin sistemtica de un grupo social por motivo de raza, de religin o de poltica.

El historiador Ilan Papp llev a cabo una investigacin exhaustiva, recurriendo a fuentes judas,- archivos desclasificados de los cuerpos de seguridad israeles, archivos sionistas, informes del Departamento de Estado, Archivos de Ben Gurion, testimonios militares, etc.- y lleg a la conclusin irrefutable de que desde el mismo momento de la fundacin del Estado de Israel los judos planificaron la limpieza tnica de Palestina [4] . En un texto reciente se refiere a distintos investigadores que llaman la atencin sobre la distincin entre las masacres que forman parte de un genocidio, que estn planificadas, y las masacres no planificadas que resultan directamente de sentimientos de odio y de venganza en el contexto general de una limpieza tnica [5] . Todos los indicios y certezas de los nuevos historiadores israeles apuntan a que en el caso de las actuaciones de Israel contra los palestinos tuvieron lugar masacres en el contexto de la limpieza tnica sobre la que se dise el Estado israel, pero al mismo tiempo, la planificacin, la sistematicidad y los objetivos polticos convierten la mayor parte de las masacres cometidas en parte del genocidio del pueblo palestino. De modo que, si el acto fundacional de la nacin israel lleva implcito junto con la limpieza tnica, el genocidio de los palestinos, entonces, la misma existencia de este Estado queda deslegitimada.

La palabra masacre implica, segn la RAE (real academia espaola) Matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida. Si cambiamos la palabra genocidio por la de masacre, obtenemos que no se trata de un acto planificado, ni siquiera intencional, que puede ser de dos, tres, o cien personas pero no de un pueblo entero; la masacre resulta de un ataque armado o causa parecida, es decir que puede ser el resultado de una guerra, o que la relacin causal est directamente relacionada con un conflicto armado, es decir, que el objetivo no puede ser un objetivo poltico que se dirija a eliminar a personas por cuestiones raciales, tnicas o polticas, y tampoco el objetivo es acabar con la poblacin civil sino que puede ser una consecuencia no querida, un odio incontrolado de los soldados, una desproporcin justificada por cuestiones tcnicas... Finalmente, las personas a las que se mata estn segn la definicin de la RAE-, por lo general indefensas, pero, podran no estarlo. De modo que, un trmino, una sola palabra, puede ser fundamental para caracterizar y situar polticamente a quienes deciden usarla en vez de otra. Las palabras, como las cosas, no son neutras ni objetivas. En este caso caracterizan un conflicto y colocan a sus usuarios en una posicin u en otra.

Desde el punto de vista de los costes polticos, la mayor parte de las organizaciones que encabezaron las movilizaciones, no se jugaban nada ante las masas movilizadas, ya que stas, en general, no tenan por qu percibir la diferencia entre que se usara la palabra genocidio o masacre; sin embargo, de cara a sus relaciones institucionales se optaba por el trmino ms aceptable.

Ms all de las consideraciones jurdicas que puedan hacerse sobre el tema, y del pragmatismo de los profesionales del derecho, considerar los ataques a la Franja de Gaza una masacre ha contribuido al cierre del tema en tanto que un hecho lamentable pero puntual tan lamentable y puntual como la destruccin de Jenin en el 2002-. Catalogado como un ataque desproporcionado puede archivarse el caso como un capitulo ms de cierta sin razn de ciertos gobernantes, que quiz, algn da, podrn ser juzgados por crmenes de guerra, por sus errores y sus desproporciones. Nuestra imagen, en la distancia, ser la de seres solidarios que se conmueven con las muertes de inocentes pero que pasada la masacre, podrn retornar a sus quehaceres cotidianos y que habrn hecho todo lo que estaba en su mano. Esa izquierda bienpensante al negarse a reconocer la lgica que envuelve las palabras, al negarse a indagar sobre la esencia del conflicto, al acomodar su discurso a los requerimientos oficialistas, habrn tomado partido, de nuevo algunos sin darse cuenta- por el bando equivocado.

El boicot a Israel

Desde las instituciones, aunque tambin desde ciertos grupos que son favorecidos y/o compensados por sus esfuerzos para la paz, est mal visto hablar del boicot a Israel. El boicot implica Privar a una persona o a una entidad de toda relacin social o comercial para perjudicarla y obligarla a ceder en lo que de ella se exige. Si como demandan todos y cada uno de los grupos solidarios con los palestinos, unos con la boca chica y otros a voz en grito, hay que pedir a Israel que cumpla con las resoluciones de la Organizacin Naciones Unidas, por qu renunciar a un instrumento como el boicot que tan eficaz se mostr en el caso de Sudfrica?

En el caso de Israel, pedir que cumpla las resoluciones, no pasa de ser una carta a los reyes Magos, ms an teniendo en cuenta las nulas posibilidades que existe en la ONU para que el Consejo de Seguridad, rgano ejecutivo, sancione efectivamente a Israel y le obligue a cumplir dichas resoluciones. Ms an si indagamos un poco y comprobamos que esta institucin est en el mismo origen del problema.

Privar a Israel de relaciones comerciales podra dar lugar a su estrangulamiento econmico; no cuenta con una economa autosuficiente y sus relaciones con los pases del rea no le permitira sobrevivir comercialmente, por otro lado, su economa est fuertemente militarizada, depende de la industria de la guerra norteamericana, y del expolio de los recursos palestinos. Realmente sera un problema para Israel si se incidiera en sus relaciones comerciales. Hay grupos que no se niegan a este tipo de boicot ya que puede ser llevado a cabo de forma individual, depende del criterio y la voluntad de los consumidores y en ltima instancia, permite justificar los recursos empleados en las necesarias campaas de sensibilizacin; tampoco compromete realmente sus relaciones institucionales; otros, es verdad, defienden este tipo de boicot con total sinceridad.

El verdadero problema se plantea cuando lo que se demanda es el boicot institucional. Boicotear en sus relaciones institucionales a Israel, desde el punto de vista poltico, tiene implicaciones que le son en todo punto inaceptables dado que apuntan a su legitimidad democrtica. Lo que se pretende conseguir con el boicot no tiene que ver con la modificacin de una poltica concreta, o el reconocimiento de los palestinos, o cierta concesin a la otra parte en conflicto, en este caso, lo que se pone en evidencia es la propia democracia israel en la que existen leyes discriminatorias que se asemejan al sistema de aparheid sudafricano, generando ciudadanos de segunda para los rabes israeles, como la Ley de Nacionalidad que establece diferencias en la obtencin de la ciudadana para judos y no judos; la Ley de Ciudadana por la que ningn ciudadano israel puede casarse con un residente de los territorios palestinos ocupados [6] , la ley del Retorno por la que cualquier judo del mundo si se traslada a Israel puede obtener la ciudadana y un sin nmero de privilegios; adems, la existencia de ms de 11.000 presos polticos palestinos en Israel a los que se les aplica la justicia militar; la prctica de la tortura acogindose a las leyes del Mandato britnico, etc..

El boicot supone la posibilidad de que los ciudadanos y las instituciones puedan llevar a cabo acciones que dependen de ellos y no de la voluntad de Israel ni de los gobiernos propios. Esto supondra el quebrantamiento, aunque fuera parcial, de la impunidad israel. La impotencia y el desnimo que genera una Comunidad Internacional incapaz de hacer cumplir a Israel las resoluciones de la ONU, el mensaje de un Israel poderoso contra el que nada se puede, se veran fisurados por acciones que estaran en manos de los ciudadanos y de las instituciones (Universidades, Organismos deportivos, Fundaciones, sindicatos, partidos)

El bloqueo de estas dos palabras genocidio y boicotpor parte de la izquierda institucionalizada, neutraliza y desactiva la lucha contra el sionismo israel y coloca en el mismo lugar a casi todo el espectro poltico de nuestro pas: contemplando con indignacin y rascndose los bolsillos para seguir las indicaciones de Moratinos de concentrarse en la ayuda humanitaria que tan buena rentabilidad poltica genera-. Mientras, los palestinos seguirn siendo unas malas vctimas porque preferirn, aun siendo asesinados -unas veces lenta y otras rpidamente-, seguir resistiendo y luchando por su tierra.

Notas

[1] En estos momentos Moratinos aparece como uno de los principales valedores del gobierno Israel, hasta el punto de pedir disculpas a la Ministra Tizpi Livni y proponer reformar la legislacin espaola para que no vuelva a darse el caso de que una querella contra militares israeles por crmenes de guerra, sea admitida a trmite por la Audiencia Nacional como ocurri el da 29/1/09.

[2] Los rabes fueron los que acudieron masivamente a la primera convocatoria de concentracin ante el ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid (3/01/09), respondiendo al llamamiento de las mezquitas. Desbordaron a los organizadores generando una manifestacin espontnea que camin hacia la embajada israel, cortando arterias tan importantes como la calle Alcal, la mitad de los carriles de la Castellana, etc. A partir de ese momento, quedaba claro que el peligro de desbordamiento haba de ser evitado.

[3] De hecho, esta estrategia de canalizacin y control la puso en marcha el PSOE desde los atentados del 11 de marzo, cre dentro de la secretara de Movimientos sociales y relaciones con las ONg un grupo federal de rabes socialistas; y dependiente del Ministerio de Justicia puso en marcha la Fundacin Pluralismo y convivencia, que da cursos sobre el Islam y los principios democrticos, patrocina seminarios sobre la integracin de los musulmanes, hace seguimiento de los congresos de las comunidades islmicas en Espaa, etc..

[4] Ilan Papp, La limpieza tnica en Palestina, ed. Crtica, Barcelona, 2008

[5] Ibidem, Los demonios de la Nakba, ed. Bsforo, Madrid, 2008, p.98

[6] Si esto ocurre la persona juda pierde todos los derechos como ciudadano israel.



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