Portada :: Otro mundo es posible :: IX Foro Social Mundial (Belm do Par, enero 2009)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2009

Lo que dejaron los intensos debates del Foro Social Mundial
Globalicemos la esperanza

Sandra Russo
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El balance del noveno Foro Social Mundial que culmin el domingo tiene algunas lneas claras y muchas seales de alerta. La crisis global, oportunidad inesperada para encauzar las luchas populares. La educacin y la organizacin. El trabajo por delante.

Otro mundo es posible y ese otro mundo ya asom la cabeza por la vulva afiebrada de este planeta que puja que sobrevivir. En ese otro mundo neonato, incubado durante dcadas en las entraas de Amrica latina, esto es, en la oscuridad de sus masas, en la organizacin de sus hijos ms dbiles, habr que repeler las frases hechas aunque vengan del vocabulario de la izquierda. Cmo separar lo importante de lo anecdtico? Cmo evitar que las recetas, los manuales, las frmulas empaen el camino que debe abrir cada pueblo? El balance de este octavo Foro Social Mundial (FSM) tiene algunas lneas claras y muchas seales de alerta que no son en absoluto menores. Las lneas claras, esbozadas de manera coincidente por los cinco presidentes de la regin que participaron y por los participantes de miles de debates y paneles, rezan que el neoliberalismo fracas, que dej un mundo no slo globalizado sino tambin terminal. Que la crisis global es una oportunidad inesperada y fabulosa para encauzar luchas que tienen historia, identidad, pueblo y principios detrs. Que la idea de Estados nacionales invisibles y polticamente serviles fue el felpudo en el que se limpi los zapatos el capital transnacional que ya se independiz de las respectivas burguesas. Que Amrica latina no es un mero escenario extico donde pueden desembarcar an bienintencionadamente idelogos del mundo central y poderosas organizaciones no gubernamentales para reemplazar con sus propuestas el diseo de una emancipacin que debe estar a cargo de sus protagonistas reales. Y que para eso, hay dos palabras que deben ser mucho ms que palabras repetidas, que deben ser el punto de partida para que esta vez Amrica latina adquiera la forma que quieran darle los latinoamericanos: educacin y organizacin.

Este octavo FSM fue acaso el ms esperanzador de todos. Globalicemos la esperanza, se grita por ah. La esperanza es en efecto lo que alent a miles y miles de movimientos sociales y organizaciones comunitarias para seguir trabajando da a da y sin descanso durante una larga dcada de corriente en contra. Pero ahora la corriente est a favor, y el otro grito, el pueblo unido jams ser vencido, abre el primero de los interrogantes que deja este FSM: ni nuestros pueblos ni la izquierda en general se caracterizan por la unin o por su habilidad en encontrar consensos, sino por su inquietante fascinacin por los matices. Ah est el primero de los grandes desafos que se abren: ser capaces de subordinar algunos criterios y objetivos en pos de los grandes consensos que permitan a la regin ponerse en valor en el mundo merced a sus increbles riquezas y recursos.

De los presidentes que participaron del FSM (nunca particip ninguno y esta vez fueron cinco), Evo Morales fue el que lo dijo mejor: Si yo estoy en la presidencia de Bolivia, es gracias a ustedes, compaeros. Lo dijo ante los movimientos sociales y no se diriga a un movimiento particular, sino a las bases como motor y ncleo de sentido de su trabajo como presidente. El lder del MST, los Sin Tierra brasileos, Joao Pedro Stedile, opin que slo en Bolivia las masas ascendieron al poder, mientras en los restantes pases de gobiernos progresistas la poltica toma otros rumbos y oscila entre satisfacer a las bases y tranquilizar a las burguesas. En este sentido, ese otro mundo posible se ver obligado a repensar la poltica y a sacudirse prcticas clientelistas que obstruyen la construccin de ciudadana. Slo hombres y mujeres convencidos de lo que defienden y en condiciones de actuar en consecuencia a sus ideas sern capaces de sostener a gobiernos que se animen a cambios estructurales. Las roscas superestructurales pertenecen al Viejo Mundo, en el que el poder no es fruto de la suma de voluntades sino de acuerdos que no siempre son confesables.

La reivindicacin unnime del Estado como agente de control, supervisin, intervencin y equidad tambin requiere pensar profundamente qu rol les cabe a las organizaciones no gubernamentales, surgidas en un tiempo en el que los Estados eran maquetas escenogrficas y la sociedad civil no poda defenderse ni expresarse de otro modo. Muchas de ellas, generalmente europeas, han hecho un trabajo magnfico y han financiado programas que mejoraron la situacin de millones de personas en todo el continente. Pero en este nuevo contexto es necesario revisar el papel que les cabe, ya que en este otro mundo posible los pueblos y sus gobiernos ya pueden entenderse sin intermediarios, y lo no gubernamental, que en otro tiempo implicaba autonoma de la mana neoliberal de una generacin poltica, hoy requiere una nueva lectura.

El mercado quebr. Ya basta de obedecer a los que fracasaron. No salvemos a los bancos, salvemos a la gente. Lo econmico y lo ambiental van de la mano. Soberana latinoamericana sobre los recursos latinoamericanos. Una moneda comn. Un cambio tico. Lo colectivo por sobre lo individual. Tolerancia cero al analfabetismo. Alerta roja ante los nuevos disfraces del capital transnacional, especialmente los vinculados con los monocultivos y las semillas transgnicas. Socialismo del siglo XXI. Polticas de Estado regionales. Cooperacin en reas estratgicas. Formacin de cuadros polticos y sociales como reaseguro de un proyecto democrtico y popular de largo alcance. Son slo algunas de las certezas que deja este FSM. Los hitos en un camino plagado de obstculos. El trabajo que tenemos por delante.



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