Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2009

Cartas de Salvador Espriu a Manuel Sacristn sobre lgica, solidaridad, Giulia Adinolfi y una ctedra universitaria

Salvador Lpez Arnal
re


A vegades s necessari i fors

que un home mori per un poble,

per mai no ha de morir tot un poble

per un home sol:

recorda sempre aix, Sepharad.

Fes que siguin segurs els ponts del dileg

i mira de comprendre i estimar

les raons i les parles diverses dels teus fills.

Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats

i l'aire passi com una estesa m

suau i molt benigna damunt els amples camps.

Que Sepharad visqui eternament

en l'ordre i en la pau, en el treball,

en la difcil i merescuda

llibertat.

Salvador Espriu1


El primer momento de la relacin entre el poeta Salvador Espriu (1913-1985)2 y el filsofo Manuel Sacristn (1925-1985) fue seguramente indirecto. Lo ha contado Xavier Folch, poltico, editor, amigo de ambos.

Unos estudiantes barceloneses del incipiente movimiento universitario barcelons de finales de los cincuenta fueron a ver a Sacristn, entonces profesor ayudante en la Facultad de Filosofa de la Universidad de Barcelona: queran dar respuesta a un artculo del ministro franquista de Educacin, Jess Rubio, y vean a pedirle ayuda.

El ya entonces autor de Las ideas gnoseolgicas de Heidegger tom nota de sus inquietudes, de las posiciones crticas que le manifestaron y redact un texto en su nombre que llevaba por ttulo La enfermedad nacional. Poco despus, esos mismos estudiantes visitaron al poeta de las Canons de la roda del temps y le pidieron que tradujera al cataln el texto redactado por Sacristn. Estaban inseguros de escribir correctamente su propio idioma, una lengua duramente perseguida por el franquismo en aquellos aos (y en aos posteriores por supuesto).

Una versin castellana3 de la elegante y exquisita traduccin de Espriu del original de Sacristn se iniciara con las siguientes palabras:

Bajo el ttulo La buena salud universitaria, el ministro de Educacin Nacional, don Jess Rubio, public en La Hora un artculo en el que aseguraba que el estado de salud de la Universidad espaola era malo: lo explica de la manera siguiente: Nuestros jvenes universitarios, en contraste con lo que pasa en otros pases, no son suficientemente aplicados. Despus de este diagnstico y de su comentario (Se precisa, por el propio equilibrio y por el equilibrio de la colectividad a la que pertenecen, que nuestro esfuerzo tenga una aplicacin exacta...), el ncleo del artculo queda redondeado con una promesa (El resto le ser otorgado por aadidura), mezclada con una amenaza elegante: ...y no hay error ms grave que el de intentar alcanzar directamente aquello que tan slo por aadidura se puede conseguir.

Nosotros, los universitarios de Barcelona, muy especialmente afectados por la poltica y por las frases del seor Ministro, creemos que esa acusacin no est fundamentada. Por el contrario, los funcionarios del Ministerio de Educacin Nacional han repetido muchas veces que jams no se haba estudiado en Espaa con tanta aplicacin como ahora. Es cierto que el testimonio de unos funcionarios no puede convencer de nada al ciudadano espaol actual, pero en este caso coincide con nuestra experiencia: muchos de nosotros hemos visitado en estos ltimos aos universidades extranjeras y hemos podido comprobar que nuestra inferioridad intelectual, respecto al estudiante europeo de nuestra edad y de nuestra misma especialidad, no consiste en una mayor aplicacin por su parte. Por el contrario, es normal que el estudiante espaol sea, por decirlo as, ms erudito que su colega extranjero: sabemos ms cosas -datos, por ejemplo, o, ttulos de obras, o nombres de cnsules romanos-, adquiridos con una paciente aplicacin. Nuestra inferioridad proviene de otra fuente: del hecho de no conocer casi nunca el planteamiento actual de los grandes problemas ideolgicos y cientficos. Si no tenemos la suerte de encontrarnos con un profesor ajeno a los elaboradores de cuestionarios oficiales, o si alguna casualidad no nos ayuda a dirigir con buenas lecturas nuestro forzado autodidactismo, somos inevitablemente, con todas nuestras montaas de cosas con tanta aplicacin aprendidas, unos rsticos provincianos en la cultura del siglo XX, unos provincianos a los que nadie ha mostrado donde radica la fuente, signo de estudio y de discusin, de la vida espiritual del mundo en que vivimos.

Cuanta ms aplicacin, peor, se segua apuntando, porque a excepcin de las disciplinas tcnicas, cuya esterilidad en Espaa provena de otra causa, bsicamente, del desorden econmico imperante, era imposible ensear y aprender nada autntico en un rgimen desprovisto de toda libertad cientfica y de todo contacto con la situacin real de la humanidad.

No hay ninguna cultura que pueda florecer en el suelo uniforme -puro carbn de piedra- de una tirana ideolgica como la que soporta la Universidad espaola. El seor Ministro tendra razn si se limitara a decir, por una parte, que la Universidad espaola est mal, y seguira teniendo razn si, por otra parte, ampliara su diagnstico y dijera. Toda la cultura espaola est herida de muerte, esterilizada. En efecto: el prestigio cultural del pas se alimenta todava de la cultura que en l floreci hasta la agona de la libertad.

No es slo la Universidad la que est enferma. La deficiencia universitaria no es ms que un sntoma de la enfermedad que sufre toda nuestra cultura, fusilada por el Muera la inteligencia! que el general Milln Astray dispar a Unamuno4 el ao 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca; un sntoma de la enfermedad nacional que se llama tirana.

Y, sin embargo, es cierto que el estudiar con aplicacin los cuestionarios ideolgicamente decretados por el Rgimen puede dar algo por aadidura: puede dar unas cuantas sinecuras. Pero lo que necesita el pas en el terreno universitario no es la solucin poco digna de los problemas personales de cien estudiantes astutos, sino el restablecimiento de la libertad cientfica y de ctedra. Y esto no se consigue por aadidura, sino, empero, de una manera inversa: con nuestra lucha poltica conseguiremos, con la libertad de la nacin, la libertad universitaria -por aadidura-. Por eso, pues, combatimos.

El razonamiento es tan obvio que no podemos creer que el seor Ministro haya expuesto sinceramente sus razones. Y lo creemos an menos cuando recordamos, por ejemplo, aquel NO-DO destinado a calmarnos y en el que el locutor nos aconsejaba con insistencia. Lo esencial es divertirse. Decan lo mismo las octavillas puestas en circulacin por la Autoridad, en la Universidad de Barcelona, durante las acciones de enero y febrero. El seor Ministro no es sincero cuando pide aplicacin: l sabe bien que los estudiantes del divertirse, los estudiantes de la estudiantina y de la Casa de Troya son los nicos que estn a su lado.

 

Ms all del tema central, el artculo del ministro de Educacin franquista comentaba dos cuestiones a las que los estudiantes barceloneses queran aludir brevemente: la primera era el reproche de juvenilismo que haca el ministro franquista a los universitarios rebeldes.

Este reproche es tambin injusto. Nosotros no creemos que la juventud sea un valor moral; slo han podido creer una cosa as las personas de contextura cerebral ms peregrina que jams haya existido: los fascistas, es decir, el seor Ministro y sus compaeros de partido. Nosotros no luchamos en nombre de la juventud contra la vejez, sino en nombre de la verdad, de la libertad, de la justicia y de la honradez -valores tan viejos como el ser humano-, contra la mentira de la prensa dirigida, contra la esclavitud bajo una tirana que impone a los exmenes universitarios la solucin unvoca de cada tema, contra la injusticia de la ilegalidad oficial en la que vivimos y contra la corrupcin administrativa que aumenta todava ms los sufrimientos que causan estas tres plagas que acabamos de citar: la mentira, la esclavitud, la injusticia.


La segunda cuestin era la justificacin que de la violencia ejercida contra los estudiantes barceloneses daba el ministro franquista, quien haba escrito en su artculo que la ms envilecida de todas las formas de adulacin es aqulla que se rinde a la colectividad.

Nosotros propondramos al seor Ministro que sustituyera la moral de pura emocin viril que le dicta esa frase, por la moral de seres racionales atentos a los postulados de la justicia pblica. Entonces obtendra, en lugar de la sentencia viril-glandular acabada de citar, la siguiente afirmacin tico-jurdica: La ms monstruosa de todas las formas de dictadura es aqulla que tiraniza una colectividad mayoritaria, constituida prcticamente por todo un pueblo.


Sacristn, lo ha recordado Xavier Folch, al conocer das despus la traduccin catalana de Espriu del escrito que l haba redactado coment a sus inquietos interlocutores que no importaba demasiado que su papel se perdiera, pero que, en cambio, era decisivo conservar el texto de Espriu5 que le pareca excelente, magnfico, impecable.

Aos ms tarde, en 1963, Sacristn present la obra en prosa de Heine traducida por l mismo para clsicos Vergara, una coleccin en la que tambin colabor Jos M Valverde traduciendo un volumen de la prosa de Goethe que tambin fue presentado por Sacristn. En su elogiado prlogo Heine, la consciencia vencida6. Sacristn haca referencia en un determinado momento a la poesa de Espriu. Era en el siguiente paso:

[] Pero los filones que, desde hace ms de un siglo, partiendo del Atta y el Deutschland, acompaan la marcha de la poesa contempornea afloran por todas partes, donde menos podra esperarse, sin influencia directa: tan esencialmente capt Heine la estructura de una duradera situacin de la poesa. Algunos de esos afloramientos se producen en la obra de poetas de tradicin ajena a la de Heine, y entonces el hecho sobrecoge al lector como la comprensin de una ley histrica. He aqu un ejemplo que tiende un frgil hilo de parentesco externo, eco visible de una profunda veta de vecindad de situacin, entre Heine y un poeta de tradicin muy otra, aunque tambin dotado excepcionalmente de aquella tensa calidad lacnica de Heine: Salvador Espriu. En el captulo III del Deutschland,

Heine cruza la frontera y entra en tema -la stira a la Alemania en vas de prusianizacin- mediante el siguiente dilogo con el guila de Hohenzollern:

Zu Aachen, auf dem Posthausschild,

Sah ich den Vogel wieder,

Der mir so tief verhasst! Voll Gift

Schaute er auf mich nieder.

Du hsslicher Vogel, wirst du einst

Mir in die Hnde fallen,

Su rupfe ich dir die Federn aus

Und hacke dir ab die Krallen.

Du sollst mir dann in luftger Hh

Auf einer Stange sitzen,

Und ich rufe zum lusrtigen Schiessen herbei

Die rheinischen Vogelschtzen (1)


Estiraven les ales de locell solar,

per la faana el pugen cap a dalt.

El claven prou enlaire, reblen els claus.

Retrunyen martellades. A poc despai,

dits de botxins manobres el deixen ja

fix en el mur, immvil. Ben aviat,

els ulls que porten dintre limmens palau

de la claror pensada sentelaran

de lenta mort pepita. I esdevindr

lesglais sacrifici dimperial

captiu que per llargs segles senyorej

els cims, el cel, els somnis de Sepharad,

un barroer martiri de casol

cap per a la festa del canvi dany

dolor de renegaire rat-penat. (2)


Muchas diferencias hay, sin duda, entre esos dos poemas, desde la diferencia, probablemente capital, motivada por el constitutivo subjetivismo de Heine hasta otras ms anecdticas. Pero por debajo de esas y otras numerosas diferencias hay una identidad de locacin de la diccin potica que estalla furiosa en la destruccin de algo totalmente externo y ajeno a ella. Y esa identidad indica hasta que punto pervive la situacin potica descubierta por Heine en el Deutschland, la situacin en la cual el decir potico llega a tener que concentrarse sobre una exterioridad antittica de s mismo, una exterioridad dicha como trivial, antiartstica y antihumana, poetizada precisamente porque trivial, antiartstica y antihumana, y no, como en la armona de la aspiracin pica clsica, por ser exterioridad fecundamente penetrada por el hombre y fecunda penetradora en l.


La traduccin del poema de Heine, del mismo Sacristn, reza del modo siguiente: En Aquisgrn, en la insignia de Correos, / Volv a ver al pjaro / Que me es tan odioso. Lleno de veneno / Me miraba desde arriba // T, pjaro feo, el da / Que me caigas en las manos / Te arrancar las plumas / Y te cortar las garras // Entonces, en area altura, /Te tendr puesto en un palo, / Y llamar para que se diviertan disparando, / A los tiradores del pueblo renano.

El texto de Salvador Espriu pertenece a la La pell de brau [La piel de toro], es el poema XVI. La versin castellana de Santos Hernndez, con la colaboracin de Carmen Serrallonga y M Aurelia Capmany y la supervisin del propio Espriu (Madrid, Cuadernos para el Dilogo, 1968, p. 67), dice as:

Estiraban las alas del ave solar

por la fachada arriba lo han de izar.

Lo clavan bien en alto, suenan los clavos

Retumban los martillos. Tras poco espacio,

dedos verdugos zafios lo dejan ya

fijo en el muro, inmvil. Pronto versa

que los ojos que encierran la clara paz

de la mansin soada se empaarn

de muerte pequeita. Y ocurrir

el atroz sacrificio del imperial

cautivo que por siglos logr mandar

en cimas, suelos, sueos de Sepharad,

un grosero martirio sin dignidad,

capn que en Ao Nuevo se ha de cenar,

murcilago blasfemo al expirar.

Por lo dems, entre los cuadernos y carpetas depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristn, se conservan unas cartas de Salvador Espriu dirigidas a Sacristn, con quien por lo dems coincidi en la Caputxinada7, en la fundacin, convertida en encierro por la presin y represin de la polica franquista, del Sindicato Democrtico de Estudiantes de Barcelona. Estas son, por cierto, las palabras que Sacristn, autor del Manifiesto del SDEUB, dedic a la asamblea8:

Efectivamente no creo que sea cosa de perder la alegra, como deca el Doctor Garca Calvo al terminar.

En primer lugar, porque las situaciones de peligro de ser absorbido, a las que l se refera, no son exclusivas de ninguna ocasin. En ninguna situacin est garantizado el no ser absorbido, pues tambin el eterno protestario crtico resulta tan absorbible que hasta a veces le dan cargos...

Por otra parte, tampoco hay que creer en la gran novedad de esto, como en algunas de las intervenciones de Uds., se ha visto; es claro que esto que ocurre hoy tiene al menos diez aos de edad. No con las mismas personas, pero s a lo largo de una continuidad que ofrece por lo menos la gran garanta de que aqu no hay veleidades.

Yo me he resistido bastante, como habrn observado, a intervenir, un poco porque me siento entre dos sillas: hay momentos en los que no s si estoy en la Universidad o estoy ms bien ya fuera hace mucho tiempo, y debo verlo como lo pueden ver otros sentados aqu. De todos modos, realmente hay que alegrarse, porque las dos sillas parecen muy robustas. La de madera fresca de Uds., y la impresionante sede, que no silla, de lo que es el Dr. Rubi y de lo que representa activamente.

Gracias por su invitacin y hasta alguna prxima vez.


Miquel Caminal ha sealado9, con ocasin de las jornadas de homenaje a Sacristn celebradas en la Facultad de Econmicas de la Universidad de Barcelona en noviembre de 2005, algunas de las tesis centrales mantenidas por Sacristn en el mbito de la poltica universitaria:

El autor de La Universidad y la divisin del trabajo cuestion el mito de la Universidad como "el hogar de la libertad" al sealar que bastaba con recordar cmo se someti y sirvi al nazismo la ms clsica universidad del Occidente moderno.

La Universidad como institucin, su gobierno y la mayora del profesorado se adaptan normalmente a las ideas y los valores dominantes. Hoy vivimos en una poca de hegemona ultraliberal y las universidades se adaptan a la mercantilizacin del conocimiento y de la ciencia, e incluso se someten a su misma privatizacin abierta o encubierta. La mercantilizacin de la profesin universitaria se traduce en las dos desviaciones que Sacristn ya anunciaba con relacin a la investigacin cientfica y a la docencia, y que los ltimos 20 aos han confirmado hasta el extremo.

Por otra parte, Sacristn sostuvo insistentemente que una buena parte de la investigacin universitaria era determinada por la necesidad de "publicar" para ganar ctedras, becas y honores en la carrera universitaria, papeles, escritos, tesis, que no apenas tenan valor de conocimiento ni eran en muchos casos aportaciones originales

Acert tambin Sacristn, sealaba Caminal, cuando, ante el fenmeno de la masificacin universitaria, la divisin de las titulaciones en diplomaturas y licenciaturas, y la jerarquizacin clasista del conocimiento universitario y de las salidas profesionales, denunciaba la devaluacin de los ttulos universitarios hasta perder incluso todo valor de cambio.

Para qu un ttulo universitario si no aprendes nada y te sirve en el mercado para menos? sta sera la pregunta lgica del candidato a titulado universitario. Pero la institucin universitaria debera preguntarse si se puede tolerar una mercantilizacin desenfrenada de las funciones de la Universidad sin poner en serio riesgo el sentido de la misma institucin pblica dedicada al cultivo del saber en libertad.

Sacristn tena una concepcin de la enseanza universitaria centrada en la libertad del alumno para decidir su propio itinerario acadmico bajo la gua de un tutor y con muy pocas asignaturas obligatorias. Propona una mayor precisin en el perfil general de la titulacin y unos planes de estudios independientes de las presiones corporativas e interdependientes e interdisciplinarios en sus contenidos. Esta interdependencia dejaba sin sentido los exmenes o pruebas por asignaturas, dando paso a exmenes o pruebas ms generales sobre el conjunto de las materias cursadas. Sacristn era partidario de dos exmenes, un examen propedutico despus de por lo menos dos aos de estudios y otro al finalizar la carrera, otro tipo de examen que debera ser "largo, cuidadoso y personalizado"10.

No cabe duda de que estas ideas de Sacristn quedan lejos de lo que sucede en la mayora de los centros universitarios. No creo que la solucin est en la Declaracin de Bolonia, ni en la convergencia para la creacin de un espacio europeo de educacin superior. El problema viene de lejos y supera las buenas intenciones de quienes de buena fe quieren mejorar la calidad de la enseanza universitaria. Faltan recursos, pero principalmente falta un giro radical en la actitud y motivacin del profesorado. Y por encima de todo, se necesita un cambio en la poltica universitaria de los poderes pblicos, demasiado condescendientes con la mercantilizacin de las universidades pblicas y con el corporativismo de su profesorado. La educacin es un derecho, no una mercanca, dicen los estudiantes que defienden una Universidad pblica y de calidad. Tienen razn.

Pues bien, precisamente despus de la expulsin de Sacristn de la Universidad barcelonesa, va no renovacin del contrato11, Salvador Espriu le escribi una carta el 16 de octubre de 1965 expresndose en los siguientes trminos:

Dr. Manuel Sacristn.

Mi querido y admirado amigo:

Acabo de enterarme del inaudito e incalificable atropello de las autoridades acadmico-ministeriales contra Usted. No comentar, porque no vale la pena, un acto tan arbitrario como estpido. Le ruego acepte la renovada expresin de mi amistad y le recuerdo que me tiene, para cuando necesite, a su entera disposicin.

Reciba un cordial abrazo de su afmo.

Espriu

Dos meses ms tarde, el 25 de diciembre de 1965, Salvador Espriu volva a dirigirse a Sacristn a propsito de sus prlogos a Goethe y Heine y de la recepcin de su manual de lgica, de Introduccin a la lgica y al anlisis formal12.

Querido Dr. Sacristn:;

No quiero que pasen ms das sin escribirle, como le promet aunque sean una breves lneas, pues mi tiempo no permite otra cosa. He ledo sus excelentes prlogos (Ud es ms justo con Goethe que lo fue Brecht, al fin y al cabo, ber allen Gipfeln, es una esplndida poesa de circunstancias, tal vez una improvisacin) que postulan quiz un mayor desarrollo, para intentar, junto con los otros trabajos de me habl, un libro de ensayos. En cuanto a su Lgica, creo que me va a ser muy til. Le agradezco de nuevo y muy de veras su generoso y valioso presente. Les deseo a Vd., y a los suyos, un buen ao 1966 y espero que en el transcurso del mismo se vislumbre su reincorporacin a la Universidad. Veo muy claro que no debe Vd marchar de Barcelona, pues su puesto est aqu. Reciba un muy cordial abrazo de su afmo.

Espriu


Lgica, claro est, remite a la Introduccin a la lgica y al anlisis formal, volumen editado por Ediciones Ariel en la coleccin Zetein. Es muy probable que Sacristn le enviara un ejemplar a Salvador Espriu con alguna carta anexa que no se ha podido recuperar13.

Aos despus, el 25 de febrero de 1980, muy pocos das despus del fallecimiento de Giulia Adinolfi, Salvador Espriu escriba nuevamente a Sacristn:

Mi querido amigo,

Supe ayer tarde que su esposa haba fallecido, despus de una larga enfermedad. Crea usted que lo siento muy de veras. Como las palabras son, en estos casos, necias e intiles, me limito a recordarles, a usted y a su hija, que pueden contar siempre con mi amistad, en lo poco que sin duda vale.

Un muy fuerte abrazo de su afmo.

Salvador Espriu

El 6 de marzo de ese mismo, Espriu volvi a escribir a Sacristn esta vez a propsito de su nombramiento como catedrtico extraordinario:

Mi querido y admirado amigo:

Tal vez sea prematuro y, por lo tanto, indelicado y necio que le hable ahora de eso, pero voy a arriesgarme: deseo de todo corazn que obtenga el nombramiento de catedrtico efectivo o profesor numerario (o como cuernos lo llamen) y que le hagan con ello, al fin, una mnima justicia, aunque nuestra universidad sea una porquera, como el resto de las instituciones del pas, y ste tambin, en bloque, y no se acerque usted, por su estado de salud o de nimo, a la santa Casa.

Si se ven ustedes, como supongo, mis mejores recuerdos a Xavier Folch.

No se tome usted la molestia de responderme. Reciba un muy cordial abrazo de su afmo.

Salvador Espriu

Espriu falleci el 22 de febrero de 1985, Sacristn mora medio ao ms tarde, el 27 de agosto del mismo ao.

En la que fuera una de sus ltimas cartas, de 30 de junio de 1985, Sacristn haba escrito a Eloy Fernndez Clemente, entonces director de la revista Andaln, expresndose en los trminos siguientes:

Querido amigo,

estoy cascado, pero no chocheo. Con esa precisin podrs inferir que no me olvido de los amigos (al menos, todava, y si el estar cascado no da un salto cualitativo, tampoco los olvidar en el futuro).

Tambin he de protestar de que llames magnficos a los dos tomos aparecidos de Panfletos y Materiales14. Me parece que ellos revelan bastante bien el desastre que en muchos de nosotros produjo el franquismo (en m desde luego): son escritos de ocasin, sin tiempo suficiente para la reflexin ni para la documentacin.

En cambio, te agradezco mucho lo que dices de una posible utilidad ma en otras pocas. Supongo que tambin eso es falso, pero el hombre es dbil y acepta algunas falsedades.

Y en cuanto a la entrevista para Andaln, la hacemos cuando quieras. A propsito de lo cual es bueno que sepas que yo tengo algunas limitaciones graves: despus de una operacin de corazn15, me fall definitivamente el rin que me quedaba. Hace veinte aos, cuando le pasaba a uno eso, el parte mdico deca que falleci de fallo renal. Ahora te enchufan a una mquina de hemodilisis cada 48 horas y sobrevives, aunque no lo pasas muy bien. Consecuencia: no haremos la entrevista en da de hemodilisis. Cuando haya que hacerla me telefoneas antes (o me telefonea alguien de Andaln) y fijamos la fecha.

Mandar uno de estos das una carta internacional a Lola Albiac16: se trata de componer una cadena universitaria mundial en pro del desame nuclear17. Espero que ella te enganche a la cadena,

Mientras tanto, un saludo afectuoso.

Manolo


Agradeca Sacristn lo que Eloy Fernndez Clemente deca de una posible utilidad de l en otras pocas. La misma utilidad que tuvo Salvador Espriu, la misma utilidad pero acaso ms, mucho ms si cabe- que siguen teniendo un poeta amante de la filosofa y un filsofo que am siempre la buena poesa y que sola citar en sus ltimos aos unos versos de Hlderlin que fueron tambin del gusto de Salvador Espriu:

All donde nace el peligro

Nace tambin la salvacin


EPLOGO: HE MIRAT AQUESTA TERRA (1980). Salvador Espriu



Nota: Raimon music este poema de Espriu y el cineasta barcelons Xavier Juncosa us su cancin como msica de su pelcula Le temps et le silence. Raimon, como esabido, particip en los documentales Integral Sacristn, dirigidos por Xavier Juncosa.

Quan la llum pujada des del fons del mar

a llevant comena just a tremolar,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Quan per la muntanya que tanca el ponent

el falc s'enduia la claror del cel,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Mentre bleixa l'aire malalt de la nit

i boques de fosca fressen als camins,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Quan la pluja porta l'olor de la pols

de les fulles aspres del llunyans alocs,

he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Quan el vent es parla en la solitud

dels meus morts que riuen d'estar sempre junts,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Mentre m'envelleixo en el llarg esfor

de passar la rella damunt els records,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Quan l'estiu ajaa per tot l'adormit

camp l'ample silenci que estenen els grills,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Mentre comprenien savis dits de cec

com l'hivern despulla la son dels sarments,

he mirat aquesta terra,

he mirat aquesta terra.

Quan la desbocada fora dels cavalls

de l'aiguat de sobte baixa pels rials,

he mirat aquesta terra, he mirat aquesta terra.


ANEXO 1: APROXIMACIN BIOGRFICA


Salvador Espriu i Castell naci en Santa Coloma de Farns, el 10 de julio de 1913 y falleci en Barcelona, 22 de febrero de 1985. Fue un poeta, dramaturgo y novelista cataln. Aunque sus padres eran ambos de la localidad de Granollers, Espriu naci en Santa Coloma de Farns debido a que su padre era notario de dicha localidad. Su padre era una persona conservadora, si bien de espritu abierto, mientras que su madre era de una profunda religiosidad.

En 1915, cuando Espriu tena dos aos, su familia se traslad a Canovelles, aunque sigui pasando los veranos en Arenys de Mar. La epidemia de sarampin en 1922, a raz de la cual muri su hermana Mara Isabel, le oblig a pasar mucho tiempo en cama. Espriu aprovech la circunstancia para leer la amplia biblioteca familiar.

Estudi Derecho en la Universidad Autnoma de Barcelona, creada durante la Segunda Repblica, licencindose en 1935; all conoci al poeta Bartomeu Rossell-Prcel, gran amigo suyo fallecido de tuberculosis en 1938. En 1936 se prepar para estudiar lenguas clsicas y egiptologa, proyectos que trunc la guerra. Al iniciarse la guerra civil, declaro Espriu, yo me senta republicano y partidario del concepto de una Espaa federal. Por tanto, no deseaba entonces, ni deseo ahora, el enfrentamiento sino la concordia. Sufr mucho, espiritualmente, porque sufr por ambos bandos.

Acabada la guerra, la Universidad Autnoma fue suprimida y fue sustituida por la universidad oficial. Se prohibi el cataln con lo que se acabaron para Espriu las posibilidades de dedicarse a la enseanza, que era su vocacin. Trabaj durante veinte aos como ayudante en una notara, teniendo poca actividad literaria ante la imposibilidad de publicar en cataln. Su vida transcurra entre Barcelona y Arenys de Mar, lugar de origen de su familia y "patria chica" del poeta, la Sinera de sus obras.

En 1966 los estudiantes barceloneses celebraron una reunin en el convento de los capuchinos de Sarri, en Barcelona, a la que invitaron a diversos intelectuales, entre ellos a Espriu, que fue detenido y multado.

Fue Espriu uno de los cuatro primeros miembros fundadores de la Asociacin de Escritores en Lengua Catalana.

Josep Maria Castellet, un amigo de juventud de Sacristn, ha destacado la capacidad de la obra de Espriu para asimilar culturalmente la herencia mtica de la humanidad: el Libro de los muertos del antiguo Egipto, la Biblia, la tradicin mstica juda y la mitologa griega. Castellet ha clasificado las formas en que se organiza la variedad literaria de la obra de Espriu en la lrica, la elegaca, la satrica y la didctica.

Espriu renov, junto con Josep Pla y Josep Maria de Sagarra, la prosa catalana. Su produccin literaria es extensa pero destacan tres obras esenciales: El cementiri de Sinera, Primera histria d'Esther y La pell de brau (La piel de toro), probablemente su obra ms conocida, en la que desarrolla la visin de la problemtica histrica, moral y social de Espaa.

Su poesa de posguerra destaca por lo hermtico y simblico. En los escritos de esta poca intentaba plasmar un estado de nimo dominado por la tristeza del mundo que le rodeaba, por el recuerdo todava presente de la muerte y de la devastacin ocasionados por la guerra.

Espriu recibi en 1971 recibi el Premio Montaigne. Fue candidato al Premio Nobel de Literatura en 1971 y en 1983 y fue Premio de Honor de las Letras Catalanas en 1972. En 1980 recibi la Medalla de Oro de la Generalidad de Catalua y en 1982 la Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona. Doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona y por la Universidad de Tolosa de Languedoc, en 1982 rechaz la concesin de la Cruz de Alfonso X el Sabio.


Obras:

1929: Israel, su primer libro, escrito en castellano

1931: El Dr. Rip

1932: Laia

1934: Aspectes

1935: Ariadna al laberint grotesc (Ariadna en el laberinto grotesco), Miratge a Citerea (Espejismo en Citerea)

1938: Leticia, Fedra, Petites proses blanques

1943: Historia antigua (en colaboracin con Enrie Bagu)

1946: Cementiri de Sinera

1948: Primera histria dEsther (Primera historia de Esther)

1949: Les canons dAriadna (Las canciones de Ariadna)

1951: Maringela lherbolria (Mari ngela la herbolaria), Tresoreres

1952: Anys daprenentatge, Les hores, Mrs Death

1954: El caminant i el mur (El caminante y el muro)

1955: Final del laberint, Les hores, Antgona

1957: Evocaci de Rossell-Prcel i altres notes

1960: La pell de brau (La piel de toro), Sota la fredor parada daquests ulls (Bajo la quieta frialdad de estos ojos)

1963: Obra potica. Antologa de sus poemas, Llibre de Sinera

1967: Per al llibre de Salms daquests vells cecs (Para el libro de salmos de estos viejos ciegos)

1968: Aproximaci, tal vegada ellptica, a lart de Pla Narbona

1969: Tarot per a algun titella del teatre dAlfanja (Tarot para algn ttere del teatro de Alfaranja)

1978: Una altra Fedra, si us plau

1980: D'una vella i encerclada terra algunos poemas sern incorporados a Per a la bona gent

1981: Les roques i el mar, el blau

1984: Per a la bona gent


Edici crtica de les Obres Completes de Salvador Espriu. Centre de Documentacin y Estudio Salvador Espriu / Ediciones 62.

ANEXO 2: UN COMENTARIO A UN POEMA DE MIGUEL DE UNAMUNO: ELEGA EN LA MUERTE DE UN PERRO.


La siguiente resea sobre La Elega en la muerte de un perro de Miguel de Unamuno se public en el nmero 2 de Qvadrante (1947), la revista que codirigieron Sacristn y Juan Carlos Garca Borrn.

Unamuno merece que se aborde el estudio de sus ideas, de sus sentimientos y vivencias, de sus cosas, desprendindose previamente de la normal sistemtica de una crtica. Se duele Julin Maras en su Miguel de Unamuno de que se llame filosfica e ideolgica a la poesa de Unamuno. Pero si esta protesta es justa en cuanto se refiere al conjunto de la obra potica unamunesca, la Elega que examinamos hoy justifica ese marchamo de poesa conceptual, intelectual y expositiva. Es improcedente analizarla con un criterio exclusiva o preponderantemente literario, pues la ancdota real que motiv la composicin no tiene sino un ligero eco en tres versos del principio (v. 6-8)

Sus ojos mansos

no clavara en los mos

con la tristeza de faltarle el habla...


Todo otro verso de la Elega lleva un contenido ideolgico, filosfico o bifilo, como quiera decir el lector, segn el concepto que tenga de las relaciones de Unamuno con la filosofa. Aun en los tres versos trasladados, se da ya la expresiva nota de un perro con habla.

No es pues arte literario. Desde el primer verso, desde la primera palabra, estamos leyendo una de las condensadas y sinceras sntesis unamunescas. Hay que buscar, pues, en seguida, el contenido sustancial de la Elega y hurgarle los entresijos para iluminarlos.

Con esta disculpa y razn, eludamos un mejor proemio y entremos en nuestro estudio. Consciente o inconscientemente, Unamuno construy esta poesa con organicidad, como un crtico expondra sus teoras. Progresivamente, pues, recorremos la Elega desde el primero al ltimo verso.

Al enfrentarnos con el tema de la muerte pura -muerte de animal, sin aditamentos ni ambientacin cerebral humana-, Unamuno conserva en el animal muerto su viejo hallazgo de lo agnico. Y as, el perro moribundo no est caracterizado -como hubiera querido la tpica potica- como fiel, ni evocado como carioso y querido. Tampoco es la muerte que se lo lleva una guadaa que corta los lazos que unen a perro y amo. Se trata sencillamente de que

la quietud sujet con recia mano

al pobre perro inquieto... (v. 1 y 2)

La quietud, es decir, la negacin de la agona -hablamos de Unamuno- se apodera de la vida perruna. Paralelamente, el perro no tena carcter ms interesante que el de su inquietud. La muerte es la quietud y el perro -cuando vive- era inquieto.

A este aldabonazo de lo agnico en los dos primeros versos de la composicin se abre toda la inspiracin con unamunesca y brota de ella esta Elega, esquema magnfico del proceso agnico. Van desgranndose las turbias premisas de la duda vital, madre de la agona del espritu. Y -exactamente igual que en su pensamiento expuesto en prosa- aflora primeramente a la conciencia de Unamuno el elemento inicial, negro, obscuro, lgubre, del agotismo: la promesa de nihilismo, hecha por una terrible y destructora razn. En Unamuno, serenidad, reflexin, discurso, significan destruccin filosfica a la corta o a la larga, y aun a la cortsima muchas veces. Tras de tocar el tema del vivir eterno (v. 14-65) la predisposicin cerebral de hombre culto le trae la negacin a la pluma:

Yo fui tu religin, yo fui tu gloria; (v. 69)

Mis ojos fueron para ti ventana (v. 71)

del otro mundo.

...

Tambin tu dios se morir algn da!


Pero es ya cosa sabida que frente al negador intelectualismo de Unamuno se levanta siempre en l, alimentado ansiosamente, el opuesto principio de una esperanza vital proyectada a lo eterno. Tambin se conoce como, con su habitual violencia intelectual, Unamuno potencia esa esperanza inmensa hasta elevarla a la voluntad -es ms ibrico y unamunesco voluntad que ansia, palabra usada por los comentaristas- de divinidad. Aun cuando reservaremos este punto para ms adelante, reseamos aqu como est expresada esta vivencia en la Elega:

Tal vez cuando acostabas la cabeza

en mi regazo

vagamente soabas en ser hombre

despus de muerto (v. 88-91)

 

No es la nica vez que Unamuno intenta arcanizar, ponerse en la tesitura de la divinidad para intentar penetrar en su meollo potico, creador. Como muy bien seala Julin Maras en la obra citada, este es el sentimiento que le conduce -en Niebla- a convertirse en creador y en ejecutor de un ius necandi omnimoso

Lo agnico nace en el choque, al choque y por el choque de estos dos principios tan claramente aludidos en la Elega: el intelectual desespero y la espiritual esperanza a la ibrica volitiva, schopenhaueriana.

*

Visto como se plantea Unamuno en estos versos el tema del agonismo, podemos decir cul es el especial inters de la elega, el que nos ha incitado a trabajarla, con preferencia a otras producciones poticas de Unamuno ms conocidas y prototpicas. Y este inters es doble.

En primer lugar, si bien Unamuno agoniza siempre, expone en pocos momentos la substancia del agonismo como lo hace aqu.

En segundo trmino -o unamunescamente primero, por vital- observamos lo siguiente: En casi todos las escaramuzas agnicas de Unamuno, su espiritualismo le lleva a una victoria -ligera siempre- del esperanzador principio, aunque sea recurriendo a su entraable hallazgo de la fe en la fe. Pues bien, en este combate agnico que es la Elega ocurre lo contrario; aqu vence el principio de la tristeza y de la muerte, aunque en el ltimo verso -adnde vamos?- Unamuno intente asirse a la duda salvadora.

Ya a media composicin, deja caer el verso desesperado:

Tambin tu dios se morir algn da!

 

(Y en Unamuno eso significa: y te morirs t, que eres su sueo.) Desde ese momento (v. 75) el pesimismo va dominando en el desarrollo agnico. Y, algo ms adelante (v. 105 a 111) a lo San Francisco, el hermano amo apostrofa el cadver del hermano perro comparando sus suertes respectivas. Sobrecoge el pesimismo que respecto al hombre respiran estos versos:

T has muerto en mansedumbre,

t con dulzura,

entregndote a mi en la suprema

sumisin de la vida;

pero l, l que gime

junto a la tumba de su dios, de su amo,

ni morir sabe.

 

No hay aqu ni fe en la postura del hombre ante a muerte. Y, en cuanto a leccin del animal, no nos confunda ese sabe morir del ltimo verso. Se trata de otra cosa, que no es leccin tica, sino deseo de seguridad confiada. Comprese si no con algn fragmento estoico o eticista en el que se ensalce la serena muerte de los animales como leccin: la Mort du loup [Muerte del lobo], de Alfredo de Vigny, por ejemplo. El lobo de Vigny, serio, ptreo, magistral expone y aconseja al hombre:

Fais inlassablement ta longue et dure tche

dans la voie o le sort a voulu tappeller.

...Puis, aprs, comme moi, souffre et meurs sans parler

 

[Haz incansablemente tu larga y dura tarea

en la senda donde la suerte ha querido llamarte

(...) entonces, despus, como yo, sufre y muere sin hablar]

 

No hay, por el contrario, leccin alguna en el perro de Unamuno. Hay sencillamente seduccin, envidia amistosa y cordial de la dulce entrega mortal del perro, con fe en la muerte y en el amo, o mejor, con seguridad en ambos casos. Y por eso, los tres ltimos versos de los transcritos son una comparacin.

* * *

Prosigamos la lectura. La vital tristeza -csmica, infinita, teida de su trasconsciente pantesmo se precipita por momentos.

T al morir presentas vagamente

vivir en mi memoria

no morirte del todo,

pero tu pobre hermano

se ve ya muerto en vida,

se ve perdido

y alla al cielo suplicando muerte.

 

Nunca ha derrumbado Unamuno -por transitoriamente que fuera- una concepcin suya tan rudamente. Y aqu lo hace nada menos que con su desorientadora idea de la apocatstasis. Trasladndola al perro -bien nos hace ver as que no es idea, sino vivencia- Unamuno la reconoce falta de base para profesarla vitalmente un hombre; o, ms que reconocerle, la siente falta de base.

Hemos encontrado a Unamuno en un momento negro de su agonismo. Esta es la causa del triste color de esta Elega en la muerte de un perro.


ANEXO 3: UNA TRADUCCIN DE SALVADOR ESPRIU.


El siguiente texto es la traduccin al cataln del autor de La pell de brau del texto original de Sacristn:

Sota el titol La buena salud universitaria, el ministre dEducaci Nacional, don Jess Rubio, public en La Hora un article en el qual assegura que lestat de salut de la Universitat espanyola s dolent: ho explica de la segent manera: Els nostres joves universitaris, en contrast amb el que passa en altres pasos, no tenen prou aplicaci. Desprs daquest diagnstic i del seu comentari (Es precs, per al propi equilibri i per a lequilibri de la col.lectivitat a la qual pertanyem, que el nostre esfor tingui una aplicaci exacte...), el nucli de larticle queda arrodonit amb una promesa (la resta li ser donada per afegiment), mesclada amb una amenaa elegant: ...i no hi ha error ms greu que el dintentar abastar directament all que noms per afegiment es pot aconseguir.

Nosaltres, els universitaris de Barcelona, molt especialment afectats per la poltica i per les frases del senyor Ministre, creiem que aqueixa acusaci no s fonamentada. Altrament, els funcionaris del Ministeri dEducaci Nacional han repetit moltes vegades que no shavia mai estudiat a Espanya amb tanta aplicaci com ara. El testimoni duns funcionaris no pot convncer de res, s cert, el ciutad espanyol actual, per en aquest cas coincideix amb la nostra experincia: molts de nosaltres hem visitat en aquests darrers anys Universitats estrangeres i hem pogut comprovar que la nostra inferioritat intel.lectual, respecte a lestudiant europeu de la nostra edat i de la nostra mateixa especialitat, no consisteix en un major aplicaci per part seva. s normal, al contrari, que lestudiant espanyol sigui, per dir-ho aix, ms erudit que el seu col.lega estranger: sabem ms coses -dates, per exemple, o, ttols dobres, o noms de cnsols romans-, adquirides per una pacient aplicaci. La nostra inferioritat prov duna altra font: del fet de no conixer quasi mai el plantejament actual dels grans problemes ideolgics i cientfics. Si no tenim la sort de topar amb un professor ali als confeccionadors dels qestionaris oficials, o si alguna casualitat no ens ajuda a encarrilar amb bones lectures el nostre forat autodidactisme, som inevitablement, amb totes les nostres muntanyes de coses amb tanta aplicaci apreses, uns rstics provincians en la cultura del segle XX, uns provincians als quals ning no ha mostrat on radica el fons, signe destudi i de discussi, de la vida espiritual del mn en el qual vivim.

I com ms aplicaci, pitjor. Perqu -excepte en les disciplines tcniques (l esterilitat de les quals, a Espanya, prov duna altra causa: del desordre econmic)- s impossible densenyar i daprendre res dautntic en un rgim universitari desprovet de tota llibertat cientfica i de tot contacte amb la situaci real de la humanitat. No hi ha cap cultura que pugui florir en el sl uniforme -pur carb de pedra- duna tirania ideolgica com la que suporta la Universitat espanyola.

El senyor MInistre tindria ra si es limits a dir, duna banda, que la Universitat espanyola est malament. I seguiria tenint ra si, daltra banda, amplis el seu diagnstic i digus: Tota la cultura espanyola est ferida de mort, esterilitzada. En efecte: el prestigi cultural del pas salimenta encara de la cultura que en ell flor fins a lagonia de la llibertat.

No s sols la Universitat all que est malament de salut. La deficincia universitra s noms un smptoma de la malaltia que sofreix tota la nostra cultura, afusellada pel Muera la inteligencia! que el general Milln Astray dispar a lUnamuno lany 1936 en el Paraninf de la Universitat de Salamanca; un smptoma de la malaltia nacional que sanomena tirania.

I, tanmateix, s ben cert que lestudiar amb aplicaci els qestionaris ideolgicament decretats pel Rgim pot donar quelcom per afegiment: pot donar unes quantes sinecures. Per el que necessita el pas en el terreny universitari no s la soluci poc digne dels problemes personals de cent estudiants astuciosos, sin el restabliment de la llibertat cientfica i de ctedra. I aix no saconsegueix per afegiment, sin, tanmateix, duna manera inversa: amb la nostra lluita poltica aconseguirem, amb la llibertat de la naci, la llibertat universitria -per afegiment-. Per aix, doncs, lluitem.

El roanament s tan obvi que no podem creure que el senyor Ministre hagi exposat sincerament les seves raons. I ho creiem encara menys quan recordem, per exemple, aquell No-Do destinat a calmar-nos i en el qual el locutor ens aconsellava amb insistncia: El que s essencial s divertir-se. Deien el mateix les octavilles posades en circulaci per lAutoritat, a la Universitat de Barcelona, durant les accions de gener i de febrer. El senyor Ministre no s sincer quan demana aplicaci: ell sap prou b que els estudiants del divertir-se, els estudiants destudiantina i Casa de la Troya, sn els nics que estan al seu costat.

Fora ja del tema central, larticle del senyor Ministre esmenta dues qestions a les quals ens interessa al.ludir breument. Luna s el retret de jovenivolisme (valgui la paraula) que ens fa. Aquest reprotxe s tamb injust. Nosaltres no creiem que la joventut sigui un valor moral; noms han pogut creure tal cosa les persones de contextura cerebral ms peregrina que mai hagin existit: els feixistes, s a dir, el senyor Ministre i els seus companys de partit. Nosaltres no lluitem en nom de la joventut contra la vellesa, sin en nom de la veritat, de la llibertat, de la justcia i de la honradesa -valors tan vells como lhome-, contra la mentida de la premsa dirigida, contra lesclavitud sota una tirania que imposa als qestionaris universitaris la soluci unvoca de cada tema, contra la injusticia de la il.legalitat oficial en la qual vivim i contra la corrupci administrativa que augmenta encara ms els sofriments que causen aqueixes altres tres plagues que acabem desmentar: la mentida, lesclavitud, la injusticia.

Laltra qesti s la de la justificaci que de la seva violncia contra els estudiants de Barcelona dona el senyor Ministre, el qual diu aix: La ms envilida de totes les formes de ladulaci s aquella que hom rendeix a la col.lectivitat. Nosaltres proposarem al senyor Ministre que substitus la moral de pura emoci viril que li dicta aqueixa frase, per la moral dssers racionals atents als postulats de la justcia pbica. Aleshores obtindria, enlloc de la sentncia viril-glandular acabada de citar, la segent afirmaci tico-jurdica: La ms monstruosa de totes les formes de dictadura s aquella que tiranitza una col.lectivitat majoritria, constituda prcticamet pet tot un poble.


ANEXO 4: NOTA SOBRE EL PLAN DE ESTUDIOS DE LA SECCIN DE FILOSOFA, 1968.


En el otoo de 1968, un grupo de delegados estudiantiles de la seccin de filosofa de la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Barcelona pidieron a Manuel Sacristn su opinin sobre el nuevo plan de estudios de la seccin. Pocas horas ms tarde, Sacristn dio por escrito su opinin. Este es el origen de esta Nota acerca del plan de estudios de la seccin de filosofa. Fue publicada en versin catalana en Contra la filosofia llicenciada, Grup de Filosofia del Casal del Mestre de Santa Coloma de Gramenet, 1992, en traduccin de Pere de la Fuente.

Puede compararse con su Consideracin acerca de la reforma del plan de estudios de la Facultad, del 2 de julio de 1979, reimpresa en Intervenciones polticas. Panfletos y materiales II, pp. 232-235 (En este caso se trata de la reforma del plan de estudios de la Facultad de Ciencias Econmicas y Empresariales de la Universidad de Barcelona y, en su origen, fue una comunicacin a la Asamblea de PNN,s de la Facultad) *

 

La distincin entre Filosofa y Psicologa es un primer reconocimiento del carcter anacrnico de las secciones de filosofa. Estas secciones, por estar inspiradas en una cultura arcaica, contienen como filosofa materias que son desde hace tiempo ciencias positivas en sentido amplio, pero que eran un captulo de la Metafsica en la Edad Media. Una materia as es la psicologa. El desgajarla de la Filosofa es reconocer ese hecho. Pero el mantenerla como parte de la antigua seccin es reconocerlo a medias. En la prctica, como los estudiantes de psicologa no tendrn, si siguen siendo estudiantes de letras, suficiente preparacin en filosofa, ni en sociologa, ni en matemtica, ni en patologa general, el resultado ser la produccin de una nueva categora de incompetentes, ms peligrosos que antes porque estarn titulados como especialistas.

- En cuanto a la filosofa misma, ahora se hace ms patente que nunca el hecho de que los planes de estudio -ste y los anteriores- la tratan en realidad como si fuera una ciencia positiva, puesto que ahora aparece coordinada con una ciencia positiva ( la psicologa). Esto es contradictorio hasta con el concepto ms tradicional de filosofa.

- Entre las asignaturas comunes a filosofa y psicologa hay por lo menos cuatro (de cinco) que pueden entenderse ya como especulacin filosfica trasnochada, ya como ciencia positiva. Son la lgica, la psicologa, la antropologa y la sociologa. El nico punto de vista hoy da admisible es que las cuatro son ciencias positivas (en sentido amplio, es decir: ms o menos capaces de realizar el ideal de la teora propiamente dicha, pero todas tratadas ya con mtodos cientfico-positivos y con la consciente intencin de hacer de ellas teoras positivas). Dejando aparte la lgica -que, por su naturaleza formal y por su utilidad instrumental directa o indirecta, debera ser obligatoria para todos los estudiantes- qu privilegio tienen las otras tres respecto de la fsica, la gentica o la economa? El que aparezcan en filosofa aquellas tres y no las otras tomadas como ejemplo se debe, simplemente, a que los redactores del plan ha tenido ya tiempo (siglos) para darse cuenta de que la fsica es una ciencia positiva, mientras que an no se han dado cuenta de eso por lo que hace a la sociologa, por ejemplo.

- En conclusin, puede decirse que el plan considerado no es ms que una conservacin ligeramente reformista de un vago y contradictorio concepto de filosofa propio de otras pocas: el plan conserva an un concepto metafsico de algunas ciencias (las sociales), mientras se ha dejado ya arrastrar por la cultura moderna en algunas otras (las naturales).

- En cuanto al problema de los cursos comunes a todas las secciones de la facultad de letras, puede contemplarse del modo siguiente desde el punto de vista de la seccin de filosofa:

a) Los cursos comunes contienen la enseanza de algunas disciplinas instrumentales tiles para el estudiante de filosofa: el griego y el latn;

b) aparte de eso, suponen meramente una ampliacin de la cultura general del estudiante.

Parece de sentido comn afirmar que una facultad no tiene como funcin promover la cultura general, porque sta puede conseguirse leyendo y asistiendo a cursos de varias facultades. Queda la utilidad de latn y griego, imprescindible para la lectura de los clsicos (como el alemn, el ingls o el francs, por lo dems). Pero existe una seccin de clsicos y otras de filologa romnica y germnica. Por eso, los dos cursos de comunes podran suprimirse como tales; los estudiantes, segn su inclinacin, podran enriquecer su cultura general por su cuenta (unos con orientacin cosmolgica, otros con orientacin histrica), dejando de ser tratados como nios a los que se reglamenta hasta la cultura general; y los dos aos podran ya ser una propedutica filosfica, con lo que los ltimos quedaran libres para verdadera iniciacin en la investigacin.

Para asegurar acadmicamente que los estudiantes disponen de un conocimiento mnimo de materias instrumentales bastara con introducir en el tercer ao de estudios (cualquiera que fuera el curso en el cual cada estudiante estuviera matriculado, excepto 5), un examen que versara por lo menos sobre griego, latn (traduccin de clsicos) y una disciplina necesaria para leer rectamente filosofa moderna, a saber, el anlisis matemtico clsico, hasta el clculo infinitesimal suficiente para entender bien la mecnica clsica. Cada estudiante debera poder preparar ese examen durante tres aos y a su gusto, escogiendo los profesores que le interesaran de clsicas y de matemtica. O sea, tambin para su preparacin en materias instrumentales, igual que por lo que hace a la cultura general, el estudiante de filosofa debe ser tratado como un adulto responsable. Lo nico que debe controlar la Seccin es si el estudiante, en su tercer ao de estudios, es o no capaz de leer y entender los clsicos filosficos.

ANEXO 5: UNA CARTA DEL ARCHIVO ESPRIU SOBRE SU CORRESPONDENCIA.


Consultados a este propsito, el Centro de Documentacin y Estudio Salvador Espriu ha informado de la situacin:

  1. Espriu no sola conservar su correspondencia

  2. Es casi seguro que las probables cartas enviadas por Sacristn se hayan perdido definitivamente.


Esta es la carta respuesta del Centre de Documentaci i Estudis Salvador Espriu:

Benvolgut,

Dispensi el retard en la resposta. Em sap molt de greu informar-lo que Salvador Espriu no va conservar la correspondncia rebuda, excepte tres o quatre cartes soltes. Aix significa que amb tota probabilitat les cartes de Manuel Sacristn a Espriu ja no existeixin.

En algun cas molt espordic s'han pogut publicar les cartes d'Espriu i les del seu corresponsal perqu aquest acostumava a guardar-ne cpia, per no s el cas ms habitual.

De tota manera, transmetr la seva consulta als familiars de l'escriptor, per no compti que hi hagi sort. Si hi hagus cap novetat no dubti que li far saber.

Com pot comprendre em sap molt de greu no haver pogut atendre la seva petici per tot el que significa.

Rebi una cordial salutaci.

Montserrat Caba

Centre de Documentaci i Estudi Salvador Espriu

Pavell Sert - Can Nadal, s/n - 08350 Arenys de Mar

93 795 99 28

As, pues, seguramente las posible cartas que Sacristn dirigi a Espriu se hayan perdido.

Notas:

1 A veces es necesario y forzoso / que un hombre muera por un pueblo, /pero nunca ha de morir todo un pueblo/ por un solo hombre:/recuerda siempre esto, Sepharad./Haz que sean seguros los puentes del dilogo/ e intenta comprender y amar / las razones y las diversas hablas de tus hijos. /Que la lluvia caiga poco a poco en los sembrados / y el aire pase como una mano tendida / suave y muy benigna sobre los anchos campos. / Que Sepharad viva eternamente / en el orden y en la paz, en el trabajo, / en la difcil y merecida / libertad (Traduccin de Carlos Vitale). Sepharad es el nombre mtico usado por Espriu para hacer referencia a Espaa o a la Pennsula Ibrica.

2 Para algunos datos biogrficos bsicos de Salvador Espriu, vase el anexo 1.

3 Agradezco al fillogo y poeta Carles Gil la ayuda dispensada en este punto.

4 Para una resea del joven Sacristn de un poema de Unamuno, vase el anexo 2.

5 Puede verse la versin catalana de Salvador Espriu del texto de Sacristn en el anexo 3.

6 M. Sacristn, Heine, la consciencia vencida. Lecturas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 209-211 (el prlogo est fechado en enero de 1963).

7 Vanse sobre este encuentro las declaraciones de Ricard Salvat para los documentales dirigidos por Xavier Juncosa sobre la vida y obra de Sacristn: Integral Sacristn, El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

8 Vase Asamblea constituyente del SDEUB. Parlamentos de los profesores Garca Calvo, Jordi Rubi y Manuel Sacristn,Materiales extraordinario n 1, pp. 59-60.

9 El Pas, noviembre de 2005.

10 Sobre las propuestas curriculares de Sacristn, vase el anexo 4.

11 Sobre la resistencia universitaria ante el atropello de la expulsin de Sacristn es imprescindible: La historia de una expulsin universitaria durante el franquismo. Entrevista con Pep Mercader Anglada. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=77866.

12 Salvo error u omisin por mi parte, adems de Espriu, dirigieron cartas a Sacristn a propsito de la publicacin de su Introduccin: Miguel Snchez Mazas, Josep Ferrater Mora y Vctor Snchez de Zavala.

13 Sobre la situacin de la correspondencia de Salvador Espriu, vase el anexo 3.

14 Sobre Marx y marxismo y Papeles de filosofa. Los otros tres volmenes aparecieron despus de su fallecimiento.

15 Sacristn falleci de un infarto a finales de agosto de 1985 cuando regresaba a su domicilio de la Diagonal de Barcelona, tras salir de una sesin de dilisis.

16 M Dolores Albiac Blanco, de quien debe verse su magnfico En el cuarto de estar: leer y hablar con Manuel Sacristn. En Salvador Lpez Arnal e Iaki Vzquez (eds), El legado de un maestro. Papeles de la FIM, Madrid, 2007, pp. 137-148.

17 Sacristn public notas en mientras tanto hacindose eco de este llamamiento.




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