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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2004

Reescribir la Historia

Noam Chomsky
Al-Ahram Weekly

La muerte de Yasir Arafat, escribe Noam Chomsky, ofrece algunas lecciones prcticas sobre la importancias del dominio de la Historia y de los principios que informan su redaccin. Traducido para Rebelin por Felisa Sastre.


El principio fundamental es que nosotros somos los buenos- por nosotros se entiende el Estado al que servimos-, y lo que nosotros hacemos siempre va dedicado a la consecucin de los ms nobles bjetivos, aunque en la prctica puedan producirse algunos errores. Como ejemplo tpico, segn la versin retrospectiva entre los liberales ultra izquierdistas, la correcta interpretacin de la Guerra de Vietnam es la de que se inici con alguna metedura de pata pero intentando hacer el bien pero que, a partir de 1969 se convirti en un desastre (Anthony Lewis) en 1969 cuando el mundo empresarial se volvi contra la guerra por su altsimo coste y cuando el 70 por ciento de la poblacin la consideraba fundamentalmente equivocada e inmoral, en ningn caso un error; tambin en 1969, siete aos despus de que Kennedy comenzara los ataques a Vietnam del Sur, y dos aos ms tarde de que el especialista en Vietnam ms respetado, e historiador militar, Bernard Fall advirtiera de que Vietnam como entidad cultural e histrica... est amenazada de extincin... (mientras)... sus campos literalmente quedan arrasados por los ataques de la mayor maquinaria de guerra jams empleada contra una regin tan pequea; 1969, fue el momento de alguno de los ms horrendos ataques del terrorismo de Estado y de uno de los mayores crmenes del pasado siglo XX, entre los cuales los realizadas por las lanchas rpidas en la zona ms al sur, ya devastada por los bombardeos masivos, por la guerra qumica y por las masacres de la poblacin civil, fueron las menores de las operaciones realizadas. Pero la reescritura de la Historia prevalece. Durante la campaa electoral de 2004, se analizaron en sesudos coloquios las razones de la obsesin estadounidense con Vietnam, mientras que Vietnam no fue mencionado en ningn momento, es decir el Vietnam real que no responde a la reconstruida imagen de la Historia.

Los principios fundamentales tienen sus corolarios. El primero de ellos es que los estados satlites son esencialmente buenos, aunque menos buenos que nosotros, y siempre que se adapten a las exigencias estadounidenses son saludablemente pragmticos. El segundo es el de que los enemigos son muy malos; la intensidad de su maldad depende de lo violentamente que nosotros les estemos atacando o planeando atacarles. Su consideracin puede cambiar rpidamente conforme a las directrices establecidas. As la actual Administracin y sus inmediatos mentores fueron muy favorables a Saddam Husein y le ayudaron cuando se dedic a gasear a los kurdos, a torturar a los disidentes y a aplastar la rebelin chi que pudo haberle derrocado en 1991, gracias a su contribucin a la estabilidad- una palabra clave para nuestra dominacin- y su utilidad para los exportadores estadounidenses, como se ha admitido francamente. Pero los mismos crmenes se convirtieron en pruebas de su espeluznante perversidad cuando se present el momento oportuno para nosotros, que levantamos orgullosos la bandera del Bien para invadir Irak y establecer lo que se denominar democracia si obedece las rdenes y contribuye a la estabilidad.

Los principios son simples, y fciles de recordar para quienes aspiran a hacer carrera en ambientes respetables. La notable consistencia de su aplicacin est documentada ampliamente. Es algo que se espera que ocurra en los estados totalitarios y en las dictaduras militares, pero resulta un fenmeno mucho ms instructivo en las sociedades libres, donde uno no puede alegar seriamente el miedo al exterminio.

La muerte de Arafat ha dado lugar a uno ms de esos casos dignos de estudio entre los muchos posibles. Me voy a ceir al The New York Times (NYT)- el peridico ms importante del mundo- y al The Boston Globe- quizs, ms que ningn otro, el diario local de las cultivadas elites liberales.

En el NYT, el artculo de opinin de primera pgina del 12 de noviembre comienza por describir a Arafat como el smbolo de la esperanza de los palestinos en un Estado independiente viable y al mismo tiempo el obstculo fundamental para conseguirlo. Y continua explicando que jams alcanz la altura del Presidente egipcio Anwar Sadat ; Sadat que consigui la devolucin del Sina por medio de un tratado de paz con Israel porque fue capaz de tender la mano a los israeles y enfrentarse a sus miedos y a sus esperanzas (cita del da 13 de noviembre de Shlomo Avineri, filsofo israel y funcionario del gobierno anterior).

Se puede creer en los muchos y graves obstculos para la creacin de un Estado palestino, pero quedan excluidos los principios imperantes, como ocurri con Sadat realmente, lo que Avineri como mnimo conoce con seguridad. Recordemos algo de lo ocurrido.

Desde que la cuestin de los derechos nacionales palestinos a tener un Estado propio se incorpor a la agenda diplomtica a mediados de los 70 el primer obstculo para su realizacin, sin ninguna duda, ha sido el gobierno de Estados Unidos, con el NYT como aspirante cualificado al segundo puesto. Desde enero de 1976 qued claramente de manifiesto cuando Siria present una Resolucin al Consejo de Seguridad de la ONU exigiendo un acuerdo para el establecimiento de dos Estados. La Resolucin incorporaba la redaccin crucial de la resolucin 242- un documento bsico en el que todos estaban de acuerdo. En ella se reconocan a Israel los mismos derechos que a cualquier otro estado en el sistema internacional, en la vecindad de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967. Pues bien, Estados Unidos vet la Resolucin que haba sido apoyada por los principales estados rabes. La organizacin para la Liberacin de Palestina (OLP) de Arafat conden la tirana del veto y se produjeron algunas abstenciones por cuestin de tecnicismos.

Entonces, la solucin de dos estados en los trminos previstos haba suscitado un muy amplio consenso internacional, bloqueado nicamente por Estados Unidos (y rechazado por Israel). As que el asunto sigui adelante, no slo en el Consejo de Seguridad sino tambin en la Asamblea General, donde se han aprobado peridicamente resoluciones similares con una votacin favorable de 150 contra 2 (con Estados Unidos captando a veces a algn estado clientelar) y bloqueando, asimismo, iniciativas similares de Europa y de los Estados rabes.

Mientras tanto, el NYT rechaz es la palabra exacta- publicar el hecho de que durante los aos 80 Arafat pidi repetidamente entablar negociaciones a las que Israel se neg de plano. Los principales medios de informacin israeles llevaron a sus titulares las solicitudes de Arafat de negociaciones directas con Israel, rechazadas por Simon Peres con el argumento doctrinal de que la OLP de Arafat no poda ser interlocutor en las negociaciones. Y poco despus el corresponsal del NYT en Jerusaln, y ganador del premio Pulitzer, Thomas Friedman- que poda leer la prensa en hebreo-, escriba artculos lamentando la angustia de los grupos a favor de la paz por la ausencia de un interlocutor vlido para las negociaciones, mientras Peres deploraba la falta de un movimiento a favor de la paz entre el pueblo rabe (semejante) al que existe entre el pueblo judo y explicando una vez ms que no se poda admitir a la OLP en las negociaciones mientras fuera una organizacin terrorista y rehusara negociar. Todo ello, poco despus de que Arafat de nuevo propusiera negociar, propuesta de la que el NYT se ha venido negando a informar, casi tres aos despus de que el gobierno israel rechazara las propuestas de negociacin formuladas por Arafat que habran de conducir al reconocimiento mutuo. Peres, a pesar de ello, es reconocido como un pragmtico positivo, gracias a las directrices establecidas.

Los asuntos cambiaron algo en los 90, cuando la administracin de Clinton declar que todas las resoluciones de Naciones Unidas haban quedado obsoletas y anacrnicas y puso en marcha su propia manera de rechazarlas. Estados Unidos se ha quedado aislado en el bloqueo de un arreglo diplomtico. Un reciente e importante ejemplo ha sido la presentacin de los Acuerdos de Ginebra en diciembre de 2002, apoyados por el habitual y extenso consenso internacional, con las excepciones asimismo habituales: Estados Unidos de forma llamativa no figuraba entre los gobiernos que enviaron mensajes de apoyo, informaba el NYT en un despectivo artculo del 2 de diciembre de 2002.

Esta es slo un pequea muestra de los archivos diplomticos que tan consistentes y tan dramticamente incuestionables que resultan imposibles de ignorar, salvo que uno se mantenga inflexiblemente al lado de los que escriben la Historia.

Vayamos al segundo ejemplo: el de Sadat tendiendo la mano a los israeles y con ello la devolucin del Sina en 1979, una leccin para el malvado Arafat. Volviendo a una historia inaceptable, en febrero de 1971 Sadat propuso un tratado total de paz a Israel, de acuerdo con la entonces poltica oficial de Estados Unidos- y ms especficamente, la retirada israel del Sina- sin la ms mnimo alusin a los derechos de los palestinos. Jordania fue el siguiente con una propuesta similar. Israel reconoci que poda haber obtenido una paz total, pero el gobierno laborista de Golda Meier prefiri rechazar la oferta y dedicarse a continuar la expansin, en aquellos momentos hacia el nordeste del Sinai, donde Israel expulsaba a miles de beduinos hacia el desierto y destrua sus pueblos, mezquitas, cementerios y viviendas para establecer en su lugar la ciudad tnicamente juda de Yamit.

La cuestin crucial, como siempre, fue la de cmo iba a reaccionar Estados Unidos, donde Kisssinger consigui que prevaleciera su opinin en el debate interno, y Estados Unidos asumi su poltica de continuar en punto muerto: nada de negociaciones, y recurrir slo a la fuerza. Estados Unidos continu rechazando- para ser exactos, ignorando- los intentos de Sadat para que siguiera el proceso diplomtico, y apoyando el rechazo y expansionismo de Israel. Aquella posicin desemboc en la guerra de 1973, que supuso una llamada de atencin para Israel y para el resto del mundo; Estados Unidos incluso puso en marcha la alerta nuclear. Entonces, el mismo Kissinger comprendi que Egipto no poda tratarse como un caso perdido, y comenz con sus viajes diplomticos que condujeron a las reuniones de Camp David en las que Estados Unidos e Israel aceptaron las propuestas de Sadat de 1971- pero en ese momento desde el punto de vista israel-estadounidense, con unas condiciones ms duras. Para entonces, se haba producido el consenso internacional en el reconocimiento de los derechos nacionales palestinos y, en consecuencia, Sadat plante la necesidad de un Estado palestino, lo que para EE.UU. e Israel era anatema.

Para la historia oficial rescrita por los vencedores, y repetida por los artculos de opinin de los medios informativos, aquellos acontecimientos constituyeron un triunfo diplomtico para Estados Unidos y la prueba de que si los rabes se unieran a nuestras propuesta de paz y de negociacin diplomtica podran conseguir sus objetivos. En la historia real, el triunfo fue una catstrofe, y los acontecimientos demostraron que Estados Unido slo quera la violencia. El rechazo estadounidense a la solucin diplomtica condujo a una guerra muy peligrosa y a muchos aos de sufrimiento y de amargas consecuencias hasta el da de hoy.

En sus memorias, el general Shlomo Gazit, comandante militar de los territorios ocupados desde 1967 a 1974, menciona que, al rechazar el tomar en consideracin las propuestas presentadas por el ejrcito y el servicio de inteligencia relativas algn tipo de autonoma en los territorios e incluso la aceptacin de alguna actividad poltica limitada, y la insistencia de cambios sustanciales de fronteras, el gobierno laborista apoyado por Washington contrajo una importante responsabilidad en el posterior desarrollo del fantico grupo de colonos Gush Emumin y de la resistencia palestina que se desarroll muchos aos despus en la primera Intifada, tras aos de brutalidad y terrorismo de Estado, y el continuado expolio de las tierras ms frtiles y de los recursos palestinos.

La interminable necrolgica de la experta en Oriente Prximo del Times, Judith Miller (11 de noviembre) se desarrolla en el mismo tono que el artculo de opinin de la primera pgina. Segn su versin, Hasta 1988, Arafat en repetidas ocasiones rechaz el reconocimiento de Israel, y persisti en la lucha armada y el terrorismo. Slo se decidi por la va diplomtica despus de haberse puesto al lado del Presidente iraqu, Saddam Hussein, durante la guerra del Golfo Prsico de 1991.

Miller expone una visin exacta de la historia oficial. En la historia real, Arafat propuso en repetidas ocasiones negociar el reconocimiento mutuo, mientras Israel- en particular sus pragmticas palomas- lo rechazaron de plano, con el respaldo de Estados Unidos. En 1989. el gobierno de coalicin israel (Shamir-Peres), estableci un plan de consenso poltico, en el que su primer punto fue el de que no habra un nuevo Estado palestino entre Jordania e Israel ya que Jordania ya era un Estado palestino. El segundo, que el destino de los territorios ocupados se ajustara a las lneas programticas del gobierno (israel). Estados Unidos acept los planes israeles sin retoque alguno y los convirti en el Plan Baker de diciembre de 1989. Contrariamente a lo que afirman Miller y la historia oficial, fue a partir de la Guerra del Golfo cuando Washington estuvo dispuesto a considerar las negociaciones, y a reconocer que entonces se encontraba en situacin de imponer de forma unilateral su propia solucin.

Estados Unidos convoc la Conferencia de Madrid (con la participacin rusa como figurante, en la que en efecto se lleg a negociaciones con una delegacin palestina legtima, presidida por Haidar Abdul-Shafi, un nacionalista ntegro, probablemente el lder ms respetado en los territorios ocupados. Pero las negociaciones quedaron bloqueadas porque Abdul Shafi rechaz la insistencia israel- respaldada por Washington- en seguir manteniendo las zonas ms valiosas de los territorios con sus programas de colonias y de infraestructuras- todas ellas ilegales, tal como la propia Administracin de Justicia de Estados Unidos reconoca, la nica que ha disentido de la reciente sentencia del Tribunal Internacional por la que se condena el Muro israel que divide Cisjordania. Los palestinos de Tnez[1], dirigidos por Arafat, desautorizaron a los negociadores palestinos y llevaron a cabo las suyas propias, los Acuerdos de Oslo, celebrados con gran boato en el csped de la Casa Blanca en septiembre de 1993[2].

Pronto se puso de manifiesto que se trataba de un xito cara al pblico. El nico documento- La Declaracin de Principios- estableca que el resultado final habra de basarse exclusivamente en la Resolucin 242 de la ONU de 1967, con exclusin de los asuntos fundamentales para la diplomacia desde mediados de los 70: los derechos nacionales palestinos y el establecimiento de dos estados. En efecto la Resolucin 242 define el resultado final pero no recoge los derechos de los palestinos al excluir otras Resoluciones que s reconocen esos derechos al mismo tiempo que los de los israeles, de acuerdo con el consenso internacional establecido a mediados de los 70 y que ha venido siendo bloqueado por Estados Unidos. La redaccin de los acuerdos dejaba bien claro que se trataba de continuar con los programas de asentamientos, tal como los lderes israeles (Yitzhaq Rabin y Shimon Peres) no tuvieron empacho en ocultar. Por esas razones Abdul Shafi se neg incluso a estar presente en los actos protocolarios. El papel reservado a Arafat era el de hacer de polica de los territorios, como Rabin dej bien claro. Mientras desempe bien el cometido, se le consider un pragmtico, con el visto bueno de Estados Unidos e Israel que no dieron importancia a la corrupcin, la violencia y la represin. Slo cuando no le fue posible mantener controlada a la poblacin- debido a la anexin israel de ms tierras y recursos- se convirti en un hipcrita redomado, que obstrua el camino hacia la paz: es decir, se produca la transicin normal.

Las cosas siguieron as durante los 90. Los objetivos de las palomas israeles se expusieron en 1998, en un trabajo acadmico de Shlomo Benami quien pronto se convirti en el negociador principal de Barak en Camp Davis: el proceso de paz de Oslo fue para establecer una dependencia colonial permanente en los territorios ocupados, con algn tipo de autonoma local. Mientras tanto, las colonias israeles y la anexin de territorios continu ininterrumpidamente con el apoyo total de Estados Unidos, hasta alcanzar el clmax el ltimo ao del primer mandato de Clinton ( y del de Barak), impidiendo de esta forma un arreglo diplomtico.

Pero volviendo a Miller, ella mantiene la versin oficial de que en noviembre de 1988, tras considerables esfuerzos de Estados Unidos, la OLP acept la Resolucin de Naciones Unidas que peda el reconocimiento de Israel y la renuncia al terrorismo. Sin embargo los hechos reales fueron que en noviembre de 1988, Washington se convirti en objeto de la irrisin internacional por su rechazo a advertir que Arafat estaba pidiendo una compromiso diplomtico. En ese contexto, la administracin de Reagan acept a regaadientes admitir la verdad evidente e indiscutible, y tuvo que recurrir a otras formas de cortocircuitar los esfuerzos diplomticos, as que inici unas negociaciones de bajo nivel con la OLP, aunque el primer ministro Rabin asegur en 1989 a los dirigentes de Peace Now que no tenan sentido alguno y slo eran un intento de ganar tiempo para que Israel presionara ms duramente en el plano militar y econmico de forma que al final, ellos acabaran destrozados y aceptaran las condiciones de Israel.

Miller cuenta la historia en el mismo sentido y la lleva al desenlace tpico: en Camp David, Arafat rechaz el magnnimo ofrecimiento de paz de Clinton y Barak, e incluso ms tarde rehus unirse a Barak en aceptar las medidas de Clinton en diciembre de 2000, probando con ello de forma concluyente que persista en la violencia, una verdad deprimente que los pacficos gobiernos de Israel y Estados Unidos tenan que aceptar.

Pero volviendo a la historia real, las propuestas de Camp David dividan Cisjordania, en la prctica, en una serie de cantones separados entre s, por lo que no podan ser aceptadas por ningn dirigente palestino. Es algo evidente con slo echar una ojeada a los mapas que son accesibles fcilmente, salvo para el New York Times , ni aparentemente, para ninguno de los principales medios de informacin estadounidenses, quizs por esa razn. Tras el fracaso de aquellas negociaciones, Clinton reconoci que las reservas de Arafat estaban justificadas, tal como qued demostrado con los famosos parmetros de Clinton que, aunque vagos, iban mucho ms all como posible acuerdo- con lo que socavaba la historia oficial, pero slo en su aspecto lgico, y por ello inaceptable histricamente. Clinton dio su propia versin de las reacciones a sus propuestas en una charla ante el Israeli Policy Forum[3] el 7 de enero de 2002: El Primer Ministro Barak y el Presidente Arafat han aceptado ahora estos parmetros como base para futuras negociaciones. Ambos han expresado, no obstante, algunas reservas.

Se puede acceder a esta informacin en fuentes tan oscuras como la prestigiosa revista del MIT, International Security (otoo 2003), as como en las conclusiones de que la versin palestina de las conversaciones de paz de los aos 2000-01 es significativamente ms exacta que la de Israel, es decir la de Estados Unidos y el New York Times.

Con posterioridad, negociadores palestinos de alto nivel aceptaron tomar como punto de partida los parmetros de Clinton para futuras negociaciones y presentaron sus reservas en las reuniones de Taba en enero, que condujeron casi un acuerdo provisional, al aceptar algunas de las preocupaciones palestinas, que contradecan la historia oficial. Persistan ciertos problemas, pero las negociaciones de Taba fueron mucho ms all en el camino hacia la consecucin de un posible acuerdo que cualesquiera de las precedentes. Las negociaciones fueron interrumpidas por Barak as que no podemos saber cual hubiera sido el resultado final. El detallado informe del representante de la Unin Europea, Miguel ngel Moratinos[4] ha sido aceptado por ambas partes como fiel reflejo de lo ocurrido, y ampliamente difundido en Israel. Pero dudo de que siquiera haya sido mencionado en los principales medios informativos de Estados Unidos.

La versin de lo sucedido que da Miller en el NYT se basa en el libro, muy alabado, del enviado y negociador de Clinton a Oriente Prximo, Dennis Ross. Como cualquier periodista debera ser consciente, ninguna fuente resulta sospechosa slo por su procedencia. Pero incluso una lectura superficial sera suficiente para demostrar que la versin de Ross resulta poco creble. Sus 800 pginas se dedican en su mayora a adular a Clinton ( y sus propios trabajos como negociador), basndose en afirmaciones no verificables; en su lugar, cita lo que asegura haber escuchado que dijeron los participantes, a los que identifica por su nombre de pila si se trata de los tipos buenos. Apenas hay una sla palabra acerca de lo que todos sabemos que han sido los asuntos cruciales desde 1971: los planes de asentamientos y el desarrollo de las infraestructuras en los territorios ocupados, que dependan del apoyo econmico, militar y diplomtico de Estados que Clinton haba incluido claramente. Ross trata el problema de Taba de forma sencilla: termina el libro inmediatamente antes de que empezaran las conversaciones (lo que le permite omitir las evaluacin de Clinton, citada unos das ms tarde). De esta manera, evita que sus conclusiones fundamentales quedaran refutadas de forma instantnea.

En el libro de Ross, a Abdul-Shafi se le menciona de pasada una sla vez. Naturalmente, la visin de su amigo Shlomo Benami sobre el Proceso de Oslo se omite tambin, de la misma manera que todos los elementos significativos de los acuerdos provisionales de Camp David. No existe alusin alguna al rechazo de pleno de sus hroes, Rabin y Peres- a quienes cita como Yitzhak y Shimon- de tomar en consideracin siquiera un eventual Estado palestino. En efecto, la primera mencin de esa posibilidad aparece en Israel con el gobierno del tipo malo, el ultraderechista Benjamin Netanyahu. Su ministro de informacin, preguntado sobre la posibilidad de un Estado palestino, respondi que los palestinos podan denominar a los cantones que se les iba a dejar un Estado si as lo deseaban, o un pollo frito.

Eso es slo el comienzo. Las opiniones de Ross son tan deficientes en fuentes independientes y tan radicalmente selectivas que todo lo que afirma debe tomarse con grandes reservas, desde los detalles concretos que meticulosamente reproduce literalmente (quizs recogidos en una grabadora oculta) hasta las conclusiones de carcter general que se presentan como autorizadas pero sin aportar evidencias fiables. Resulta interesante que se haya sealado que sus opiniones se presentan como una versin exacta de los hechos. En general, el libro tiene poco valor, excepto por el hecho de dar las impresiones de uno de los protagonistas. Cuesta trabajo creer que cualquier periodista no haya sido consciente de ello.

No menos despreciable, no obstante, es la evidencia principal de la que no se informa. Por ejemplo: los anlisis de los servicios de inteligencia israeles durante aquellos aos: entre otros los de Amon Malka, su director; del general Ami Ayalon, que diriga los Servicios de Seguridad (Shin Bet); de Matti Steinberg, consejero especial para asuntos palestinos del jefe del Shin Bet y del coronel Ephraim Lavie, funcionario responsable de la divisin de informacin sobre los asuntos de Palestina. El consenso, segn Malka, era que Arafat se inclina hacia el proceso diplomtico, y que har todo cuanto pueda por conseguirlo y que slo si se llega a un callejn sin salida recurrir a la violencia. Pero que la violencia est encaminada a llevarle a ese callejn sin salida, para conseguir una presin internacional que propicie dar el paso siguiente. Malka denuncia que esos informes de alto nivel fueron falsificados tal como se transmitieron a los dirigentes polticos y otras instancias. Los reporteros estadounidenses pueden acceder con facilidad a ellos a travs de fuentes en ingls.

No tiene sentido continuar con las versiones de Miller o de Ross, por lo que vayamos al Boston Globe, en el otro extremo liberal. Sus editores (el 12 de noviembre) se adhieren a los principios bsicos del NYT (lo que probablemente fue un fenmeno universal: sera interesante buscar excepciones). Los editores reconocen que el fracaso en la consecucin de un Estado palestino no puede atribuirse slo a Arafat. Los lderes israeles...tuvieron tambin su responsabilidad. Pero el papel decisivo desempeado por Estados Unidos es inmencionable e impensable.

El Globe tambin public un artculo de fondo en primera pgina el 11 de noviembre. En su primer prrafo, se nos dice que Arafat fue uno de los lderes carismticos y autoritarios - del grupo que incluye desde Mao Zedong en China a Fidel Castro en Cuba y Saddam Hussein en Irak- que surgieron de los movimientos anti-coloniales que se extendieron por el mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Esta afirmacin resulta interesante desde diversos puntos de vista. El enlace entre unos y otros revela el inevitable odio visceral hacia Castro. Se han sucedido diversos pretextos segn cambiaban las circunstancias pero la informacin no ha variado para poner en duda las conclusiones de los servicios de inteligencia estadounidenses sobre los primeros momentos del ataque terrorista de Washington y de la guerra econmica contra Cuba: el problema de fondo estriba en su desafo triunfante de las polticas estadounidenses que se remontan a la Doctrina Monroe. No obstante, hay algo cierto en el retrato de Arafat que presenta el artculo del Globe, como lo hubiera sido si en primera pgina se hubiera publicado un artculo de fondo sobre los funerales imperiales del semi-divino Reagan, en el que se le describiera como uno de los iconos del grupo de asesinos de masas- que incluira desde Hitler a Idi Amin y Peres-quienes llevaron a cabo sus carniceras con enorme apoyo de los medios de informacin y de los intelectuales. Quienes no comprendan la analoga tienen mucho que aprender de la historia.

Pero sigamos, en el informe del Globe se hace recuento de los crmenes de Arafat, y se nos dice que consigui controlar el sur del Lbano que utiliz para lanzar una serie de ataques contra Israel que tuvo que responder con la invasin de Lbano (en junio de 1982). El objetivo declarado de Israel era el de expulsar a los palestinos de la frontera de la zona pero, bajo las rdenes del entonces general y ministro de defensa, Sharon, sus fuerzas avanzaron hasta Beirut, donde Sharon permiti a sus aliados, las milicias cristianas, perpetrar la terrible masacre de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila y mandar a Arafat y a los dirigentes palestinos al exilio en Tnez.

Volviendo a la historia inaceptable, el ao anterior a la invasin israel la OLP se sum a una iniciativa de paz de Estados Unidos mientras Israel llevaba a cabo ataques mortferos en el sur del Lbano, en un intento de provocar una reaccin palestina que pudiera utilizar como pretexto para la invasin ya planificada. Cuando la reaccin no se produjo, se inventaron el pretexto y llevaron a efecto la invasin, matando probablemente a 20.000 palestinos y libaneses, gracias a los vetos de Estados Unidos a las Resoluciones del Consejo de Seguridad en las que se exiga el cese el fuego y la retirada de los territorios invadidos. La masacre de Sabra y Chatila fue, al fin y al cabo, una simple nota a pie de pgina. El objetivo fundamental, tal como ha quedado demostrado en los ms altos niveles polticos y militares, y por los investigadores y analistas israeles, fue el de terminar con las irritantes e incesantes iniciativas de Arafat para conseguir un acuerdo diplomtico y asegurarse as el control de Israel sobre los territorios ocupados.

Tergiversaciones parecidas de hechos bien documentados han aparecido en los comentarios sobre la muerte de Arafat, y han sido tan convencionales durante muchos aos en los medios de informacin estadounidenses que difcilmente se puede culpar a los periodistas por repetirlos, aunque una mnima investigacin sera suficiente para conocer la verdad.

Tambin resultan instructivos algunos comentarios menores, por ejemplo en el artculo de opinin del Times se nos dice que probablemente los sucesores de Arafat- los moderados preferidos de Washington- va a tener problemas ya que carecen de credibilidad en la calle. Frase convencional utilizada para mencionar a la opinin pblica en el Mundo rabe, como cuando se nos informa sobre las calles rabes. Si un personaje poltico occidental tiene escaso apoyo pblico no decimos que carece de credibilidad en la calle, y no existen alusiones a las calles estadounidenses o britnicas, La frase se reserva irreflexivamente para las instancias inferiores, porque no forman parte de la ciudadana sino criaturas que viven en las calles. Podemos aadir, adems, que el lder ms popular en las calles palestinas, Marwan Barguti, ha sido puesto fuera de la escena (est a buen recaudo) por Israel de forma permanente. Y que Bush ha demostrado su pasin por la democracia al unirse a su amigo Sharon- un hombre pacfico- al mantener prcticamente prisionero al nico lder electo del Mundo rabe, mientras apoyaba a Mahmud Abbas, quien como Estados Unidos confiesa no goza de credibilidad en las calles. Todo esto debera servirnos para entender lo que la prensa liberal denomina la visin mesinica de Bush para llevar la democracia al Oriente Prximo, pero slo si los hechos y la lgica importaran.

El New York Times ha publicado otro artculo de opinin sobre la muerte de Arafat del historiador Benny Morris. El trabajo merece un anlisis detenido pero eso lo har aparte, y aqu slo me fijar en el primer comentario que marca el tono general del artculo: Arafat es un embaucador, afirma Morris, que hablaba de paz y de dar fin a la ocupacin pero en realidad lo que quera es redimir a Palestina, lo que demuestra su irremediable naturaleza salvaje.

Con ello, Morris revela su desprecio no slo hacia los rabes (que es muy profundo) sino hacia los lectores del NYT. En apariencia no se da cuenta de que est tomando prestada la terrible frase de la ideologa sionista, ya que su principio fundamental durante un siglo ha sido el de redimir la Tierra, un concepto que subyace a lo que Morris reconoce que es el concepto central que inspira el sionismo: la transferencia de la poblacin nativa, es decir, la expulsin para redimir la Tierra y entregarla a sus legtimos propietarios. Parece que no es necesario sacar las conclusiones.

A Morris se le identifica como un historiador israel, autor del reciente libro The Birth of the Palestinian Refugee Problem Revisited. Es cierto, l ha realizado las investigaciones ms exhaustivas en los archivos israeles, y ha demostrado en detalle las salvajadas cometidas en 1948-49 para conseguir la transferencia de la gran mayora de la poblacin desde lo que convertira en el Estado de Israel, incluida la zona que Naciones Unidas estableci para el Estado palestino que Israel se reparti con su aliado jordano al 50 %. Morris critica las atrocidades y la limpieza tnica para ser ms exactos en la traduccin, purificacin tnica-: es decir, que no fue suficiente. Morris piensa que el gran error de Ben Gurion, probablemente la fatal equivocacin, fue la de no limpiar la totalidad del pas: la totalidad de la Tierra de Israel, hasta el ro Jordn.

En favor de Israel, hay que reconocer que su postura en este asunto ha sido ampliamente condenada entre los israeles. Pero en Estados Unidos, ha sido elegido como el ms apropiado para el comentario principal sobre su denostado enemigo.

http://weekly.ahram.org.eg/2004/717/sc42.htm



[1] N.T.: Lugar de la sede de la OLP en aquella poca.

[2] N.T.: en el original, como errata, figura 2003.

[3] N.T. Organismo judo estadounidense pro-israel

[4] Actual ministro de Asuntos Exteriores espaol.

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


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