Portada :: Otro mundo es posible :: IX Foro Social Mundial (Belm do Par, enero 2009)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2009

Los ciclos de los movimientos sociales

Ral Zibechi
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Los foros sociales mundiales, regionales y nacionales nacieron en un perodo de ascenso de las luchas sociales contra la primera fase del modelo neoliberal, como forma de establecer relaciones no jerrquicas ni centralizadas entre los ms diversos movimientos del mundo. En buena medida sus xitos se debieron a que, a diferencia de los movimientos antisistmicos del perodo anterior, no reprodujeron algunos de sus errores y afirmaron su autonoma de los partidos de izquierda y de los gobiernos progresistas, aunque mantengan fluidas relaciones con ellos.

Naturalmente, luego del ascenso vino el declive de la actividad pblica de los movimientos, que se enfrentaron con escenarios polticos mucho ms complejos en los que no siempre acertaron a ubicarse. En poco tiempo dejaron de ocupar, como en la dcada anterior, un lugar central en el tablero poltico. La llegada a los gobiernos de una camada de fuerzas y presidentes progresistas y de izquierda, gracias a la oleada de movilizaciones y resistencias que deslegitimaron el modelo neoliberal, contribuy a desplazarlos del lugar que haban jugado en los 90. Como se seal repetidamente en el reciente Foro Social Mundial en Belm, el papel de los movimientos fue y seguir siendo relevante desde el punto de vista del cambio social, pese a que una buena parte de ellos hayan sido cooptados. Sin embargo, sera poco responsable culpar de ello slo a una de las partes, ya que en el seno de los movimientos las tendencias a la subordinacin han desplazado, en no pocos casos, las tendencias a la autonoma. Este debera ser uno de los ejes de los debates en el perodo actual.

El problema mayor que atraviesa el continente est, sin embargo, en otro lugar. Sera demasiado simplista asegurar que el neoliberalismo es cosa del pasado por el solo hecho de que el aparato estatal sea gestionado por fuerzas que enarbolan un discurso antineoliberal. El modelo inspirado en el Consenso de Washington, pese a la profunda crisis en curso y a la erosin de su credibilidad, est lejos de haber desaparecido. Luego de una primera fase anclada en las privatizaciones, la apertura de las economas y un conjunto de desregulaciones que redundaron en un debilitamiento del Estado, fue creciendo hasta hacerse hegemnica una segunda fase basada en la minera a cielo abierto, los monocultivos de soja y caa de azcar para biocombustibles y el complejo forestacin-celulosa.

Este tipo de emprendimientos muestra la hegemona del capital financiero en el control de los recursos y bienes comunes, de tal magnitud que estn rediseando de arriba abajo las economas sudamericanas. Mientras la primera fase del modelo fue piloteada por gobiernos conservadores como los de Fernando Henrique Cardoso y Carlos Menem, esta segunda fase la comandan los gobiernos progresistas, lo que induce a confusin a numerosos analistas que se focalizan en el discurso de los gobernantes. Pero los movimientos no se han dejado seducir por los argumentos que hablan de un posneoliberalismo. El MST de Brasil asegura una y otra vez que el agronegocio creci como nunca bajo el gobierno de Lula, desplazando a la agricultura familiar y expandiendo la frontera agrcola al punto de poner en peligro la sobrevivencia de la Amazonia.

En segundo lugar, se suelen omitir las contradicciones existentes aqu y ahora entre los gobiernos progresistas y los movimientos sociales. Por debajo del discurso de Rafael Correa, en Ecuador se despliega una dursima batalla de los movimientos indgenas contra la minera a cielo abierto apoyada con entusiasmo por los mismos que hablan de socialismo del siglo XXI. La huelga y movilizacin del 20 de enero para impedir la aprobacin de la Ley Minera se sald con decenas de heridos y detenidos en el marco de una represin no muy diferente de la que ejercan gobiernos anteriores. La compacta defensa de Correa de una actividad como la minera, que es punta de lanza del neoliberalismo actual, pone en negro sobre blanco los lmites del progresismo de la regin.

La debilidad por la que atraviesan los movimientos no permite concluir que ahora sean los gobiernos la punta de lanza contra el neoliberalismo o los hacedores del cambio social. Es cierto que el progresismo ha reforzado el papel del Estado en la economa, fren las privatizaciones cuando ya queda poco por privatizar, promueve polticas sociales ms ambiciosas y busca regular algunos aspectos de la actividad econmica. Pero en modo alguno puede decirse que se est procesando una ruptura con el modelo, quiz con la excepcin de Bolivia. Pese a estos cambios, la acumulacin por desposesin, que es el ncleo del neoliberalismo, sigue intacta como lo demuestran la creciente concentracin de riqueza y la depredacin del medio ambiente. Ser imposible salir del modelo sin mediar una profunda crisis poltica, ya que las fuerzas interesadas en mantenerlo han acumulado mucho poder material y meditico y cuentan con amplios apoyos sociales que abarcan capas nada despreciables de los asalariados.

En los perodos de repliegue de la movilizacin social suelen tejerse en la sombra los lazos de las futuras acciones que conformarn nuevos ciclos de lucha. As sucedi en los oscuros primeros aos de la dcada de 1990, y es muy probable que ahora est sucediendo algo similar. Cuando la accin social vuelva a desplegarse con todo su vigor, sern los gobernantes progresistas los que debern tomar su lugar de un lado u otro de las barricadas. Porque en el prximo ciclo de luchas sern, en buena medida, el blanco de la actividad de los movimientos sociales.

Ral Zibechi, Periodista uruguayo.



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