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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2009

Una crnica de cmo es Gaza despus de los bombardeos
Gritos del silencio

Carolin Emcke
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Ese silencio. No se oye nada, salvo los cascos de unos burros esculidos sobre el asfalto, las ruedas de un carro, nada, salvo los pjaros que trinan a coro, el rugir de las olas que llega desde el mar. De un momento al otro, todos esos sonidos han vuelto a existir. Todos esos matices que slo se escuchan cuando hay silencio: a la maana, el suave rasguo de la escoba que barre las veredas agrietadas, como si barrer de algo sirviera contra la destruccin; a la noche, el repiqueteo metlico de las persianas que se cierran para proteger las mnimas mercaderas en las vidrieras de los pocos negocios que quedan en pie; luego, el crepitar del fuego que se come la funda plstica de los cables elctricos hasta dejar a la vista el hilo de cobre que los chicos, apenas enfriado, llevan al mercado porque es lo nico que queda entre los escombros que todava tiene algn valor.

En ese silencio vuelven a or. Es en ese silencio cuando se oye la variedad acstica que es la vida. Y sin embargo es como si recin ahora, que todo pas, escucharan el estruendo ensordecedor de la guerra: las bombas F 16, las granadas, las explosiones. Es como si la conciencia estuviera atrasada con respecto a la realidad. Durante la guerra estuvieron ocupados en sobrevivir; ahora que la guerra pas, recin parecen darse cuenta de lo que atravesaron. Recin ahora se dan cuenta de lo que sufrieron. Como cuando a uno se le congelan los pies y recin cuando los pone en agua caliente siente algo, dolor.

Ms all de Gaza, las delegaciones internacionales negocian sobre el futuro de Medio Oriente, sobre las fronteras, sobre las prximas elecciones, sobre la seguridad de Israel y la libertad de los palestinos. Ac, en Gaza, todava no llegaron al presente. Todo est como atrasado: los sentimientos y la reflexin sobre la guerra.

Para qu fue esta guerra? Slo ahora que pas uno puede buscar entre las ruinas y en las historias de los sobrevivientes qu signific esta guerra, quin gan, en quin hicieron blanco, quin se vio debilitado. Para reconstruir lo que pas y reconocer las consecuencias no es cuestin de revisar los motivos declarados, sino que hay que ir juntando los fragmentos de un mosaico hecho de encuentros y de experiencias.

Quemamos nuestros muebles

Nadie llora. Nadie se queja. Estn sentados, en silencio, inmviles, sobre los escombros de sus casas en Beit Lahia, sin hacer nada. No levantan las manos al cielo, no imploran, no rezan plegarias llenas de ira. Slo estn sentados y miran anonadados lo que dej la tempestad de violencia que se desat sobre sus vidas. Estn sentados entre bloques de hormign gris, entre colchones hechos pedazos, tirantes de acero retorcido, jirones de ropa carbonizada, los restos de lo que hasta hace poco fue una casa. Y cuando uno se acerca, se ponen a hablar. Sin que medien preguntas. Sin explicaciones. A borbotones. Antes estbamos encerrados, aislados de todo dice Ahlam Mezher, 44, pero por lo menos tenamos un techo sobre la cabeza. Ahora quemamos nuestros propios muebles para hacernos un t. Est sentada entre hojas de lechuga marchitas y azulejos hechos aicos. No queda ni una sola casa en pie en 200 metros a la redonda: un mar de devastacin por el que deambulan, como en cmara lenta y sin orientacin, un par de personas en busca de cualquier cosa reciclable o al menos, de algo para hacer, de algo que d la sensacin de que queda algo por hacer.

Nadie gan esta guerra dice Ahlam, y aprieta ms fuerte a su beb contra el pecho, ni Israel, ni Hamas. Nadie consigui nada con esta guerra. Nosotros, los civiles, lo perdimos todo. Todo. Y abre los brazos para abarcar lo inconmensurable de la prdida. Todo.

Ante el barrio de Al-Tuffah, situado en una colina, se extiende un paisaje lunar y polvoriento de crteres inmensos. Al Tuffah era considerado uno de los enclaves de Hamas, lo que quizs explique que de incontables edificios slo hayan quedado escombros. Los hermanos Nassar (31) y Moni (32) estn sentados tomando t delante de la mezquita, junto al rescoldo de un pequeo fuego; son partidarios de Al Fatah. La plantacin de olivos y naranjos en la que trabajaron durante diez aos est totalmente arruinada. Una horda de perros callejeros corretea sin rumbo entre los naranjos quemados y los olivos cuyas races estn al aire, sacadas de cuajo; los perros parecen haber perdido el sentido de la orientacin, como si no les funcionara el olfato. Cada vez que habla, Moin mira a su alrededor como un animalito asustado, por miedo a que lo espen. Cmo puede ser que Hamas crea que gan la guerra? pregunta Moin, si nosotros lo perdimos todo? Nosotros quiere decir la poblacin civil. Y cmo puede ser que Israel crea que con la guerra est dando una leccin? Camina por el campo en el que antes crecan sus frutales. Qu clase de leccin puede ser si dejaron esto? Con una larga rama apunta a un cascote marrn oscuro, casi negro, en la tierra arcillosa; al presionar la masa pegajosa, queda a la vista un ncleo anaranjado que, a mayor presin, se transforma en polvo. Todo el campo est sembrado de esos cascotes. Ya no son inflamables, como prueba Moin golpendolos con la rama; de slo ver cmo los chicos que nos siguen al pie pegan un salto para alejarse queda en claro cul era el efecto de los restos las bombas cuando todava no estaban tan hmedas.

Bombas de fsforo? Los mdicos de la divisin Dermatologa del hospital Shifa de Gaza no estn ciento por ciento seguros. Tampoco saben si Samia, la adolescente de diecisis aos a la que le estn tratando las dos piernas quemadas, es una integrante de Hamas. No es probable que lo sea, por ms que venga de Dshabalia, una localidad notoria por los cohetes que se lanzaban desde all hacia Israel. Lo que s saben los mdicos es que las quemaduras han llegado a capas ms profundas de la piel de lo que hayan visto nunca antes. Segn dicen, Samia est mucho mejor desde que lleg al hospital: por lo menos las pantorrillas ya no estn negras. Dos enfermeras le sostienen las piernas para ir retirando los vendajes de gasa y algodn, totalmente impregnados de lquidos corporales. A veces quedan pegadas tiras de piel, pero al menos lo que asoma abajo es de color rojo. Lo consideran un xito. Dejan abierta la puerta que da al pasillo. Afuera pasan carritos con el almuerzo, un guiso de verduras y algo de ensalada; unos mdicos amables, sin barbijo, invitan a pasar a la sala de terapia, como si ver los cuerpos con las tripas abiertas fuera el menor de los precios que le toca pagar a quien no pudo hacer nada por impedir esta guerra.

Despus de un rato, le dan un sedante a la adolescente con su pulver que dice Love y su gorro de bsquet; aun as, se agita cada vez que le tocan las piernas que estn en carne viva. El 10 de enero, su madre y ella se haban ido a dormir, dejando abiertas las ventanas por miedo a que la onda expansiva de las bombas rompiera los vidrios. Sea lo que fuere lo que contenan las bombas israeles, logr entrar sin ningn obstculo en la casa de Samia.

Pura carnicera

Lo que hacemos ac no es medicina, dice el Dr. Abu Hashish en fluido alemn, es pura carnicera. Abu Hashish es jefe de Traumatologa y Ortopedia, el pabelln que viene despus del de Dermatologa. Est sentado en un silln con su delantal verde y se frota los ojos como si no pudiera creer cmo l, que estudi en la clnica Charit en Berln y se especializ en el hospital de la ciudad de Buch, termin en el medio de esta locura. Hicieron la guerra como contra un ejrcito dice, pero nosotros no tenemos ejrcito... Se queda pensando. Es ms, en realidad el ejrcito israel es el nuestro. Legalmente estamos bajo control israel. Es una broma, o intenta serlo, sobre el mundo paradjico en el que le toc vivir.

Cuntas amputaciones le toc hacer? La mayora llegaba sin piernas, sin msculos. No quedaba nada que amputar. Abu Hashish tuvo que enterarse de que en Gaza hubo otras vctimas, doblemente en riesgo, porque en esta guerra hubo varios frentes: uno, determinado por el ejrcito israel, y otro, el que Hamas abri contra sus propios enemigos. No dice quines fueron esas dobles vctimas, pero cuando uno las encuentra y se animan a hablar, queda en claro el grado de radicalizacin de Hamas durante la guerra: son los partidarios de Al Fatah, los supuestos o verdaderos crticos de Hamas, los supuestos o verdaderos homosexuales, todos aquellos en los que la gente de Hamas descargaba su frustracin por la impotencia ante los ataques israeles. Corren historias sobre disparos en las piernas, resultado de la boca de la Kalashnikov puesta en el hueco de la rodilla flexionada de la vctima.

Abu Hashsih atendi a ciertas vctimas de manera oficial, en la clnica; a las restantes, de manera menos oficial, en su consultorio privado. Ah llegaban los hombres jvenes con sus traumatismos, sus contusiones y sus heridas de bala en las piernas. No necesitaban decirnos de dnde venan esas heridas dice Hashish, si hubieran sido de los israeles no habra quedado nada de las piernas.

Palestina no existe ms

El chico sin nombre est sentado en diagonal en el sof, con el brazo cruzado sobre la panza porque le sigue doliendo. Hace dos semanas, quince enmascarados de Hamas lo sacaron a la noche de su casa y se lo llevaron a una plaza. No lo interrogaron, no le preguntaron nada. Lo acusaron de haber criticado a Hamas en un chat room, se pusieron a golpearlo con unos caos, en los hombros, en el vientre, y al final se le sentaron sobre las piernas, como si fuera un animal al que hay que inmovilizar para marcarlo a fuego, y con un tornillo fijado a un cao le hicieron un agujero en la pierna. Se sube el jean con cuidado para mostrar la marca de la herida. Nadie sabr decir si esas marcas son seales de la fuerza o de la debilidad de Hamas. Tampoco si la agresividad de Hamas es signo de su autoestima o de su inseguridad. Esto se lo hicieron tambin a todos los que conozco, dice el chico cuyo nombre no quiere que sea mencionado. Conoce a 21 jvenes a los que maltrataron de la misma manera. Dos de ellos se escaparon, hoy, a travs de la frontera, y se frota el brazo que sigue hinchado, tengo miedo todo el tiempo.

Acaso la guerra ya haya pasado, en Gaza, pero no han terminado ni la violencia ni el miedo. Nadie gan esta guerra, slo hay perdedores dice el chico, y agrega, nadie puede confiar en nadie. Y a modo de prueba, les pide a las visitas que se vayan una despus de la otra del lugar de la cita para que ningn espa lo pueda denunciar. Acaso la guerra haya pasado, en Gaza, pero no queda ningn espacio, en ningn lado, que d lugar a esperar la paz. No hay ms palestinos, Palestina no existe ms dice uno que no quiere ser nombrado, slo quedan Al Fatah y Hamas, Gaza y Cisjordania. Esta guerra no la gan nadie, esta guerra la perdieron los civiles, y pareciera ser que, adems de todo, tambin perdieron el sueo de un Estado propio.

* Periodista y filsofa alemana. Cubri para Der Spiegel crisis como Kosovo, Afganistn, Pakistn, Irak, Colombia y Lbano. Su libro Sobre la guerra. Cartas a los amigos fue Libro poltico del ao de la Fundacin Friedrich Ebert, mereci el premio Estmulo de la Fundacin Ernst Bloch y fue publicado en los EE.UU. por Princeton University Press. Su ltima publicacin, Violencia silenciosa, recibi el premio Theodor Wolff. Actualmente escribe para el semanario Die Zeit.

Traduccin: Silvia Fehrmann.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-119674-2009-02-08.html



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