Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2009

La banca y el dilema del prisionero

Ignacio Escolar
www.escolar.net


Es un juego del matemtico estadounidense Albert W. Tucker, aunque bien podra ser el argumento de una pelcula de Quentin Tarantino. La polica arresta a dos sospechosos de un crimen. Sabe que han sido ellos, pero no puede probarlo, as que intenta dividirlos para romper su resistencia. Primero pone a cada uno de ellos en una celda y despus les hace una oferta que no podrn rechazar: confesar a cambio de una reduccin de la pena. Si uno canta y el otro no, el chivato saldr libre, mientras que el otro prisionero cumplir la mxima condena: diez aos. Si ambos confiesan, ambos sern condenados, aunque con una rebaja en la pena: cinco aos para cada uno. Pero si los dos permanecen con la boca cerrada, en seis meses estarn en la calle. Sin embargo, cada prisionero tiene que decidir por s mismo, y no sabe qu escoger el otro. Qu hacer? Qu haras t?

Para Tucker y sus ecuaciones, la respuesta es sencilla: aunque a ambos prisioneros les ira mucho mejor si colaborasen, los incentivos de cada uno van por separado, y no en conjunto. Juegan solos, no en equipo. As que lo ms probable y racional, lo ms lgico si se analiza la situacin desde un punto de vista egosta, es confesar. Se corren menos riesgos: en el mejor de los casos el chivato quedar en libertad y, en el peor, al menos evitar cumplir la mxima condena. Lo ms probable, de hecho, es que ambos prisioneros confiesen.

Cambiemos de delincuentes. La banca tambin se enfrenta hoy a su propio dilema del prisionero: abrir o no abrir el grifo del crdito. Saben que existe un riesgo real de colapso econmico, que si bloquean en exceso el acceso a los crditos, la economa puede paralizarse. Y que si eso sucede, ellos tambin saldrn condenados: les caern sus buenos aos de recesin. Si toda la banca colaborase entre s y ayudase a las empresas con el crdito, la crisis sera ms corta. Pero en el mundo financiero, como en el dilema del prisionero, cada banco se mueve segn su propio inters egosta. Si slo un banco abre la mano, mientras el resto ejerce de chivato tacao, el valiente puede acabar en la quiebra, por generoso.

En el dilema de la banca el personaje clave tambin es el carcelero. En Espaa es el Gobierno y an no se aclara, no sabe qu papel jugar: si hacer de poli bueno o de poli malo. De poco sirve poner a los banqueros en el pupitre, en vez de en el sof, si ms all de la foto y del gesto no hay nada.

Si el Gobierno quiere que las decenas de miles de millones que ha inyectado en la banca lleguen de verdad a las empresas, el camino no es tan complicado: ya hay ejemplos que copiar. Tendr que entrar en el accionariado para participar en las decisiones y no slo poner dinero y una vela a santa Rita para ver si as se cumple el imposible. O al menos atajar algunas malas prcticas. En muchas entidades financieras, por ejemplo, se est utilizando el dinero del ICO para sustituir lneas de crdito privadas que ya estaban concedidas, en vez de gastarlas en abrir esos prstamos a nuevos clientes. Y, a pesar de que el Euribor ya est por debajo del 2,5%, exigen intereses del 15% y hasta el 18%, incluso con todos los avales y garantas necesarias.

Al menos ya no se confa en el milagro. Un banco es un negocio, no es una ONG, y el negocio del banco es prestar dinero, deca en octubre Zapatero cuando se le preguntaba cmo iba a garantizar que las ayudas a la banca llegasen al crdito. El Gobierno opt entonces por el modelo menos intervencionista de entre todo el abanico de posibilidades que ofreca el marco comn pactado en Europa. Y s, en Espaa an no ha sido necesario salvar ningn banco de la quiebra y Botn puede presumir de los mayores beneficios del mundo mundial (y sin saber ingls). Pero no todos los pases de la UE tienen que lidiar al mismo tiempo con el estallido de la burbuja inmobiliaria, ese milagro ibrico. Adems, el tejido empresarial espaol es mucho ms sensible que el de otros pases al parn en el crdito. En el mundo civilizado, las empresas no pagan a sus proveedores a los seis meses en el caso de la Administracin, con suerte al ao, ni tampoco tanto empleo depende de Pymes, hoy ahogadas por la falta de financiacin.

Pero el peor drama de esta prisin llamada crisis es que, en cualquier caso, los que pagarn la condena ms dura no sern precisamente los banqueros. El panorama econmico de Espaa ha empeorado a una velocidad aterradora. No son slo los ms de tres millones de parados. No es slo el ladrillo. No es slo el parn mundial en la venta de coches, la primera exportacin espaola. No es slo que la produccin industrial haya cado en Espaa cerca de un 20% (por ponerlo en contexto, en tiempos de la gran depresin la media mundial fue del 25%). Es el futuro, o la ausencia de l. Y despus de la crisis, qu?

Entre los asesores econmicos del Gobierno circula una percepcin preocupante: Espaa puede sufrir una portugalizacin de su economa. La crisis pasar, ms tarde o ms temprano, explica uno de ellos. Pero mientras los pases ricos de Europa rebotarn de nuevo hacia el crecimiento, Espaa corre el riesgo de quedarse estancada o incluso retroceder en trminos de convergencia, como le ha pasado a Portugal durante la ltima dcada. Son las consecuencias de la falta de un modelo econmico alternativo al ladrillo, ahora hundido.

La banca, mientras tanto, tiene que aadir un factor ms a su dilema. En menos de un ao es probable que la banca mundial est parcialmente nacionalizada, afirma un importante empresario espaol. En el Gobierno hay algunos que comparten el pronstico y es muy probable que pronto Obama d el primer paso en Estados Unidos, donde el debate casi es slo semntico. All la palabra nacionalizacin huele a azufre, como los comunistas. Pero la ortodoxia econmica est hoy tan muerta como el Muro de Berln.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter