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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2009

Votar, no votar

Javier Sdaba
Gara

El presente artculo fue enviado al diario Pblico pero se neg a publicarlo.


Las votaciones se han convertido en ritos que perpetan el poder, dan un cheque en blanco, no favorecen la participacin en la vida comn y, al final, hacen que siga la noria dando vueltas sin que nada realmente cambie. Pero de ah no se sigue que me puedan quitar mi derecho a votar

Yo no invitara a votar a nadie; mejor sera quedarse en casa el da de la votacin y que el resto del tiempo nos dediquemos a cambiar cotidianamente el barrio o la ciudad. Ocasiones no faltan. De ah lo deseable de un compromiso ms propio de animales polticos y no una pseudogestin poltica vaca y sometida, y llena de mala esgrima. Es curioso, y son ejemplos cercanos, cmo se puede vivir de criticar, destrozar o minimizar al contrario; naturalmente a bajo costo y sin gran esfuerzo intelectual. Es el caso de los que agotan sus energas metindose, como si del nico problema se tratara, con el PP. Al grito de que viene la derecha, todo vale. Habra que defender a la izquierda, nos dicen, por muchos que fueran sus defectos. Por cierto, me imagino que cuando hablan de izquierda lo harn de broma. Y ms por cierto an, a los que se ponen la medalla izquierdista rara vez los encuentra uno all donde quema el ser de izquierdas de verdad y no de etiqueta.

Sern monrquicos por ser republicanos, defendern la autodeterminacin del pas ms lejano, pero no se mojarn una ua por lo que pidan, es otro ejemplo, en Euskadi. Gritarn a favor de la escuela pblica, pero mandarn a sus hijos a la privada. Estarn dispuestos a condenar, cosa que me parece muy bien, a Aznar por habernos engaado con el truco de las armas de destruccin masiva, pero no se fijarn en Solana o en tantos ms de la misma banda. Y ni una palabra, claro est, sobre la barbarie de Afganistn. Los casos son tantos que da pereza seguir con ellos. Los argumentos, adems, los convierten en chantaje. Y es que no se debera votar a X porque viene el lobo si antes no nos aseguramos de que X es otra especie de lobo o que, a la larga, el lobo que venga ser ms feroz. Y, encima, sus argumentos son falaces.

Como nos ense un renombrado filsofo, aunque el razonamiento es de sentido comn, yo no soy bueno porque el otro es malo. Se trata de una forma mezquina de ser bueno. Al final, en este juego en el que cada uno sirve a su tribu, lo que desaparece es el intento por embarcarse en la noria que deja todo igual, mientras los partidos se reparten el poder. La visin alternativa, crtica y autocrtica, que ponga patas arriba el engao que proviene de un mundo dominado por el rostro del dinero, se desvanece. Un ltimo pseudoargumento suele ser que siempre hay diferencias entre los grupos polticos o que la equidistancia es un error, si no un pecado. A lo primero habra que responder, independientemente de que todos los partidos se encuadren en textos legales, llenos de agujeros y que no son la mano de Dios, que los que as opinan deben tener un microscopio excelente para detectar tantas diferencias cuando todos beben del mismo sistema. Las diferencias son mnimas y en modo alguno suficientes como para trazar una lnea tajante entre los contendientes. Por otra parte, los errores de la llamada izquierda pueden ser ms perniciosos puesto que ahogan las reivindicaciones realmente alternativas. Y la equidistancia que tendramos que evitar es la que pueda darse entre la verdad y la falsedad, la justicia y la injusticia, la mentira y la sinceridad, o la inteligencia y la necedad.

Las votaciones, lo he sugerido, se han convertido en ritos que perpetan el poder, dan un cheque en blanco, no favorecen la participacin en la vida comn y, al final, hacen que siga la noria dando vueltas sin que nada realmente cambie. Pero de ah no se sigue que me puedan quitar mi derecho a votar. Viene esto a cuento por las detenciones que se han dado en Euskadi y los esfuerzos estatales para prohibir que una parte del pueblo vasco acuda a las urnas. A los primeros se dice que se les ha metido en la crcel porque, segn unas supuestas pruebas, obedeceran a Batasuna y, desde ah, a ETA. Todo est trado por los pelos. Las sospechas respecto a la falta de independencia de la justicia son tan monumentales que se truecan en argumentos. Es lo que cualquiera dira en voz baja aunque sostenga lo contrario en voz alta. No quieren, en suma, que un determinado grupo de personas se presente a las elecciones y se arbitran las medidas ms disparatadas para imponer la voluntad del Estado. Bonito ejemplo de democracia. Lo ms dramtico es que lo que uno oye o lee sobre el tema se reduce a contarnos las diferencias entre la va penal y la contencioso-administrativa, los desvelos de Garzn o los de Pumpido, la aplicacin de la Ley de Partidos y unas cuantas monsergas ms. Raro es que se entre en las entraas del asunto. Al final aparece la fuerza de Humpty-Dumpty: el que puede, puede. Y hace lo que le parece oportuno con las palabras y con las leyes. Curiosamente en estos casos los que suelen acusar a los que ellos llaman equidistantes hacen alardes de una equidistancia deplorable: llamndose demcratas, miran para otro lado cuando la radicalidad democrtica exige protestar contra todo lo que la pisotee. Pero la noria sigue dando vueltas, las tribus sacan partido de los partidos y tan contentos. No veo utilidad alguna al voto. Pero que no me lo quiten ni a m ni a nadie. Lo guardo o lo regalo. Es cosa ma. Y de unos cuantos ms.

Javier Sdaba es filsofo



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