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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2009

Vargas Llosa y el regreso de Kaplan

Oscar Mateos
Rebelin


Si existe un escrito que ha influido en la manera de comprender y analizar los conflictos en el continente africano, ese es el ensayo The Coming Anarchy, publicado en 1994 por el periodista estadounidense Robert Kaplan tras su paso por pases como Sierra Leona y Liberia.1 Su impacto, paradjicamente, ha sido tan negativo como positivo. Vamos por partes. Negativo, porque su relato dibujaba sociedades pseudo-apocalpticas, vctimas del caos y la anarqua, en el que la violencia, dixit, era una liberacin para la mayora de la poblacin y las consecuencias inevitables de la pobreza extrema o de la ausencia de la Ilustracin occidental. Kaplan, insista: la guerra no es tanto un medio sino un fin en s misma () Sierra Leona es un microcosmos de lo que est ocurriendo () en el resto de frica Occidental y del mundo subdesarrollado: la cada de los gobiernos centrales, el auge de los dominios tribales y regionales, la incontrolada expansin de las enfermedades y la omnipresencia de la guerra.

Esta caricatura de la realidad hubiera quedado relegada quiz a la condicin de ancdota si no fuera porque Kaplan era entonces asesor personal del Presidente Clinton, quien, solcito, envi por fax el ensayo a todos sus embajadores dispersos por el planeta. En el envo iba implcito una nueva manera de ver y entender el mundo, consagrada definitivamente tras el 11 de septiembre de 2001, en la que el subdesarrollo, la guerra y el hambre ms all de las fronteras de la civilizacin, supona un claro peligro para el orden, la estabilidad y el progreso occidentales. Desarrollo y seguridad se daban definitivamente de la mano y se iniciaba la era de la llamada paz liberal en el que democracia y mercado eran recetas insustituibles y universales para el bienestar y el futuro mundiales. En ese contexto, surgieron otras aportaciones, que aunque ms sofisticadas (hablo de Martin Shaw o de Mary Kaldor), incidan en las tesis de Kaplan de hallarnos ante guerras post-ideolgicas, ms centradas en las rivalidades tnicas o −como pondra de moda a finales de los noventa el economista del Banco Mundial, Paul Collier− en la codicia y en la ambicin por el control y saqueo de los recursos naturales. No hace falta que le pregunten a los rebeldes que luchan en Sierra Leona, el Congo o Liberia por sus motivaciones o agravios, planteaba ms o menos en estos trminos Collier, porque en realidad lo que persiguen es su enriquecimiento personal.2

A Kaplan le debemos, sin embargo y aqu viene lo positivo del asunto− un alud de reacciones y crticas desde entonces que han nutrido de interesantes aportaciones el debate sobre los conflictos armados en frica Subsahariana. Por un lado, muchos reprobaron su empeo de rescatar a Malthus tal y como pretendan tambin otros autores del momento como Homer-Dixon−3, situando la escasez de recursos y la presin demogrfica como causalidades. El problema no era tanto una cuestin de supuesta escasez, argumentaban los ms crticos, sino de redistribucin justa de los recursos y es que, como sostena Christopher Cramer, si el problema fuera la falta de alimentos entonces la ayuda alimentaria sera una solucin: Todo lo contrario, la ayuda alimentaria [en frica] ha contribuido a prolongar el conflicto.4 Por otra parte, las crticas confluan en que los anlisis de las guerras africanas centrados en la etnicidad eran sumamente discutibles al estar construidos desde un discurso racial y de determinismo biocultural, en el que las diferencias culturales son consideradas como la causa del conflicto, el antagonismo y la violencia, tal y como paralelamente haba defendido otro contemporneo, Samuel Hungtington, en su obra The Clash of Civilizations.5 En definitiva, las tesis de Kaplan contribuan a reforzar el tpico del frica salvaje y violenta y, en muchos aspectos, adverta Mark Duffield, supona una versin externa o internacional de una nueva doctrina racista.6

Artculos, crticas y aos despus, y cuando muchos daban por superado el debate primordialista de Kaplan, Mario Vargas Llosa nos emplaza a un nuevo episodio. En su artculo escrito en El Pas Semanal de 11 de enero de 2009, el galardonado escritor peruano nos invita, tal y como reza el ttulo del escrito, a un Viaje al corazn de las tinieblas.7 Como hiciera Kaplan, Vargas Llosa utiliza el ttulo de la novela decimonnica de Joseph Conrad para adentrarnos en el conflicto de la Repblica Democrtica del Congo de la manera ms anacrnica y descontextualizada posible. Uno por uno recrea todos los tpicos, tildados mil y una veces de daino reduccionismo, para describir el tercer pas ms extenso de frica, de casi 65 millones de habitantes, y probablemente una de las realidades polticas, sociales y tnicas ms complejas de todo el planeta. Horror, terrible, y epidemia son palabras que el autor entrecruza de forma reiterada e indiscriminada, como hicieran sus predecesores en la pluma, Conrad y Kaplan, para sintetizar en pocas pginas, y este es su mrito, las histricas y sucesivas guerras en el Congo. Unas guerras que, para ste, han dejado hace tiempo de ser ideolgicas (si alguna vez lo fueron) y slo se explican por rivalidades tnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los pases vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleo. En medio, una poblacin -literalmente− reducida a la condicin de zombie, inerte, incapaz de hacer frente a las adversidades, secuestrada por la avaricia de los ms fuertes. Es difcil cuando uno visita el Congo, sentencia en las postrimeras del escrito, no recordar la tremenda exclamacin de Kurz, el personaje de Conrad, en El corazn de las tinieblas: "Ah, el horror! El horror!".

Vargas Llosa adems enfatiza una de las caractersticas del actual imaginario sobre frica y los conflictos: la idea de que dentro todo es anarqua, desorden y violencia, mientras que lo que viene de fuera en forma de asistencia humanitaria son cndidos oasis de civilizacin y altruismo. Sin duda, el trabajo de algunas organizaciones e individuos viene acompaado de grandes dosis de incondicionalidad y profesionalidad en contextos, que como la Repblica Democrtica del Congo, existen numerosas y diarias violaciones de los derechos humanos. No obstante, eso no justifica el anlisis maniqueo del autor, reforzando las fronteras entre el mundo civilizado y el que no lo est, omitiendo el papel, histrico, de las potencias internacionales o del papel de las empresas transnacionales en el ciclo de explotacin, expolio y conflicto. Ni una sola mencin a los actores de esta compleja y extensa red del conflicto congols, sin la cual no podemos aproximarnos a lo que cada da sucede en esta antigua colonia belga, tiranizada hasta el paroxismo, nos recuerda el estadounidense Adam Hochschild, por un civilizado Leopoldo II que en cuatro dcadas se estima contribuy a la muerte de ms de diez millones de congoleses.8 As, los ms de cuatro millones de muertos que estas guerras en el Congo acumulan desde mediados de los noventa no son fruto, como nos presenta el escrito, de luchas atvicas y sin sentido, sino consecuencia precisamente de las relaciones de explotacin e injusticia a las que gran parte de la poblacin est sometida y en la que un gran nmero de actores, tambin internacionales y transnacionales, participan. Slo nos basta recuperar el informe elaborado por el Panel de Expertos de Naciones Unidas hace unos aos en este pas para establecer la larga lista de implicados (en su mayora empresas britnicas, estadounidenses y belgas), la doble moral occidental y, desgraciadamente, la impunidad de la que gozan los sealados como responsables.

Qu le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? (zinc, cobre, plata, oro y el codiciado coltn, ), se pregunta entonces el escritor peruano. Cosas por ahora muy difciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existir en el Congo por buen tiempo. Vargas Llosa se olvida, sin embargo, de que est hecho el ordenador porttil con el que seguramente ha escrito estas pginas (y con el que las escribo yo), el telfono mvil que utiliza diariamente (como tambin utilizo yo), la televisiones de plasma o los MP3, por poner algunos ejemplos, e incluso algunas de las armas fabricadas en el norte que, ms tarde, pases como el Congo acogern. La maldicin de los recursos africanos de la que hablan algunos resulta que necesita de la connivencia de todos nosotros.

Textos como el de Vargas Llosa, por lo tanto, van ms all de la mera ancdota. Como sucediera con Kaplan hace algunos lustros, esta interpretacin alimenta un determinado imaginario sobre frica y los africanos: desvirtuada y reducida a caricaturas alejadas de una realidad eminentemente compleja. Asimismo, esta visin contribuye al diseo de polticas y agendas que ponen el acento en cuestiones internas y se olvidan, deliberadamente o no, de las historias de agravios e injusticias, del comercio de armas, de la explotacin de recursos o de unas reglas del juego asimtricas y profundamente inicuas.

Oscar Mateos es investigador sobre conflictos en frica Subsahariana ([email protected])



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