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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2009

Que mal se ve la democracia desde esta orilla

Jess Garca Pedrajas
Rebelin


Entre graves acusaciones de ser un gorila o de ser un reformador que hace polticas sociales que favorecen a los habituales excluidos, lo que parece hacer difcil su derrota en las urnas; el presidente Hugo Chvez ha recibido el apoyo mayoritario del pueblo venezolano, en el referendo celebrado recientemente. Al igual que los gobernadores y los parlamentarios, el presidente obtiene el privilegio del que disfrutan la mayora de los mandatarios europeos, y occidentales en general.

Las crticas recibidas demuestran tanto el racismo, mostrado en los adjetivos con lo que pretender insultarlo, ya sea indio, negro, gorila, o cualquier otro epteto que, a los ojos de sus contarios, denigra al presidente; del mismo modo, es atroz lo que se esconde detrs de la, si se puede llamar as, acusacin, de hacer polticas que favorezcan a las mayoras, criticando el hecho de que, de este modo, es difcil que pierda unas elecciones: es decir, que no importa que mejoren las condiciones en educacin, sanidad y derechos sociales de la mayor parte del pueblo venezolano, nada de eso importa, si el poder oligrquico no controla el gobierno.

Es ridculo, por otra parte, el ansia de algunos crticos polticos de intentar justificar las, segn ellos, salidas de tono del presidente Chvez, pidiendo excusas por esos actos, argumentando que, en el fondo, aunque su estilo no responda al perfil occidental del poltico, es fiable y no pretende ser un dictador. No se entiende este comportamiento, por varios motivos: nadie, entre los movimientos sociales y polticos reformadores latinoamericanos actuales, necesita, ni pedir a Occidente su sello de calidad, ni su aval, ni su permiso, para poder gobernar y trabajar por sus propias naciones; de ninguna manera ansan que, desde este lado del mar, le demos nuestra bendicin y, amablemente, les indiquemos que polticas deben tomar, si quieren formar parte, en el lugar que les corresponde, en el orden internacional. En segundo lugar, resulta sangrante que el modelo aceptado sea el del poltico occidental: corrupto, propenso al nepotismo, alejado del pueblo al que dice servir, cuando sus verdaderos amos son el capital y las grandes empresas; no sabemos si, cuando se plantea este modelo de poltico serio y honrado, nos estamos refiriendo a Silvio Berlusconi, a Tony Balir, a Betino Crasi, a Margaret Tatcher, a Giulio Andreotti o, tal vez, a Felipe Gonzlez o Jos Mara Aznar. Indudablemente, ejemplos paradigmticos de cmo no se debe gobernar una nacin.

 

Parece evidente, por tanto, que los gobiernos que no pertenecen al eje de poder occidental se ven condenados a ser etiquetados en, puede definirse, aceptados, soportados y peligrosos. Al primer grupo pertenecen aquellos gobiernos en los que no molestan ni sus ideas ni sus actos, dciles y prestos a ser la herramienta principal para el robo de sus pueblos, a cambio de ser apoyados, mantenidos o aupados al poder por aquellos a los que sirven; en el segundo grupo estn aquellos en los que, si bien ciertas actitudes y modos de sus gobiernos no estn bien vistas, sus actos no van ms all, no llevan a la accin esas ideas que propugnan en algunos foros e instituciones internacionales, a estos se les soporta, pero se les vigila estrechamente, por si hay que encuadrarlos en algn eje maligno, tan pronto como se vislumbre alguna posibilidad de que quieran llevar sus ideas a la prctica; por ltimo tenemos al grupo de los peligrosos, en ellos preocupan tanto sus ideas como sus hechos, porque ambos van a la par, molestan por lo que dicen y por lo que hacen, son, en verdad, peligrosos para el mundo, al menos para el reparto actual que se hace del mismo.

Es curioso que, en apenas diez aos, el gobierno de Venezuela haya pasado por estas tres fases con asombrosa rapidez: de los gobiernos de poltica neoliberal, dcil con Occidente, corrupta y en manos de las oligarquas petroleras, se pas a una primera etapa del gobierno del presidente Chvez, no gustaban ni su aspecto ni sus formas, pero no se tena la menor idea de la profundidad de las reformas polticas y sociales que tena en mente, as que, simplemente, se le permita existir; esta situacin cambi bruscamente, todo ello provocado por decisiones clave: nacionalizacin de sectores energticos clave, polticas sociales, de auto afirmacin de una poblacin desnuda de dignidad; es en este momento cuando deja de ser un payaso, y se convierte en peligro; se cuestiona, desde entonces, todo lo que hace, as como su legitimidad, puesta en manos del pueblo venezolano en trece ocasiones en estos diez aos. Ni el presidente de Venezuela, ni ninguno del entorno latinoamericano y del Caribe, necesita ni pide pasar por ninguna prueba de su legitimidad, esa que les dan las urnas en sus respectivas naciones.



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