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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2009

Sobre lo comunal y sobre el comunismo
Posibilidades abiertas por la crisis del Foro Social Mundial

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1. En este breve texto solamente vamos a analizar una de las vas de mejora del socialismo y de la praxis revolucionaria abierta en el reciente Foro Social Mundial celebrado en Belm. Nos referimos al conjunto de debates celebrado en el rea dedicada a la crisis de la civilizacin burguesa y a las cuestiones discutidas por las naciones y pueblos oprimidos, entre las que ahora queremos destacar lo relacionado con la actualizacin de lo que se oculta dentro de ese amplio mundo de lo comn, lo comunal, lo colectivo y lo comunista. O sea, lo que fue propiedad colectiva de la comunidad, lo que fue propiedad comn y ha terminado siendo propiedad privada de una minora explotadora. O sea, la esencia del comunismo: el problema de la propiedad privada de las fuerzas productivas.

2. No es casualidad que tal problema volviera a plantearse en un rea que, en apariencia, tiene poco o nada que ver con los sesudos debates acadmicos de la casta intelectual eurocntrica sobre la viabilidad del comunismo. Qu cosas nuevas y mejores podamos decir los grupos asistentes cuando era sabido que la inmensa mayora pertenecamos a naciones oprimidas, sin Estados ni tradicin terica, e incluso muchos de ellos pertenecan a pueblos originarios cuyas lenguas y culturas orales apenas han empezado a ser pasadas a la cultura escrita? Qu podamos aadir ahora cuando en los foros anteriores apenas se haba dedicado algn segundo, y con suerte, a or las opiniones de los pueblos oprimidos? Pero antes de responder a estas y otras preguntas tenemos que explicar un poco la historia del FSM, su trayectoria, sus debilidades internas y, pese a esto, lo que podemos hacer las naciones oprimidas en su interior.

3. Si vamos a la hemeroteca y releemos muchos textos escritos al comienzo no slo del FSM sino tambin de lo que palpitaba en los inicios de las diversas reuniones internacionales que empezaron a realizarse entre diversas fuerzas hace una dcada, vemos que ya desde ese mismo instante surgieron, como mnimo y sin extendernos ahora, dos corrientes diferenciadas que aceptando la importancia de actuar dentro del torbellino de foros y foritos, mantenan posturas totalmente enfrentadas sobre qu se poda hacer, por qu, para qu y cmo hacerlo.

4. Una deca que los foros y en especial el FSM era la nueva y definitiva forma organizativa mundial por fin descubierta que iba a resolver todos los problemas pendientes, sin necesidad de volver a la derrotada y fracasada teora leninista de la organizacin. Otra deca que si bien los foros y el FSM expresaban una realidad innegable surgida de la incapacidad del capitalismo mundial para resolver las crisis que ya se agudizaban entonces, sin embargo estos foritos y foros corran el peligro de caer en las manos del reformismo duro, de la tercera va, de la socialdemocracia interesada por controlar y manipular esta dinmica para sus propios intereses. Por tanto, deca esta segunda visin, haba que trabajar en su interior --pero tambin en su exterior-- para impulsar sus contenidos revolucionarios, ayudar en su organizacin y en el proceso colectivo de crear alternativas radicales al capitalismo.

5. Desde luego que estamos simplificando al mximo las posturas enfrentadas; que existan muchas otras alternativas intermedias que mezclaban partes de las dos extremas presentadas aqu. Tambin es cierto que, desde un principio, hubo fuerzas revolucionarias que rechazaron toda implicacin en los foros y foritos, insistiendo en la necesidad de denunciar sus contenidos reformistas y la imposibilidad de cambiar desde dentro sus tendencias fuertes. Es igualmente cierto que durante bastante tiempo, la postura dominante fue la primera que hemos resumido, y precisamente en su forma menos inquietante para un capitalismo que a comienzos del siglo XXI poda ocultar con suma eficacia sus contradicciones internas en medio de una serie creciente de modas ideolgicas conservadoras y reaccionarias.

6. Las grandes manifestaciones de masas contra la inhumana agresin imperialista a Iraq, muchas de ellas, la mayora, realizadas de alguna forma alrededor del mito inflado de la capacidad de movilizacin activa del FSM, esta demostracin relativa y pasajera de fuerza sirvi en gran medida para reforzar el poder interno de la postura dominante en el Foro Social Mundial. Los enfrentamientos con las fuerzas represivas en Gnova y el asesinato del joven Giuliano, as otros enfrentamientos en otros actos de rechazo a las reuniones imperialistas, indicaban la existencia de un malestar social apreciable. Pero como sucede cuando el malestar social carece de vertebracin organizativa interna, bien pronto la interaccin de cuatro factores acab por debilitar su potencia. stos fueron: una, la criminalizacin represiva burguesa; otra, la accin interna de la socialdemocracia y del reformismo blando para asegurar su poder en los rganos directores; tres, la deriva hacia posturas de reformismo duro al realismo poltico y al rechazo de toda autodefensa de las manifestaciones, y cuatro, la incapacidad ltima de las izquierdas revolucionarias para llegar a unos puntos mnimos de unidad dentro de los foros, pese a las reuniones habidas.

7. Aunque la crisis de fondo del capitalismo a comienzos del siglo XXI era una realidad, como hemos dicho, empero el creciente impacto propagandstico del mitos como la nueva economa, la economa intangible y del conocimiento, etc., as como la muy rpida financiarizacin del capitalismo mundial abriendo una fase espuria de crecimiento envenenado que lleg al cenit a finales de 2006 para sufrir su primera crisis mundial --haba habido otras regionales con anterioridad-- en verano de 2007, este impacto propagandstico facilit tambin a las posturas dominantes en el FSM que divagaban sobre una supuesta sociedad civil mundial enfrentada por medios pacficos y parlamentarios a una globalizacin nacida a raz de un supuesto cambio cualitativo en el capitalismo que haba superado su fase histrica de crisis sistmicas y haba entrado en una dinmica autorreguladora que ira siendo permeable a las peticiones democrticas de la ciudadana mundial.

8. En estas condiciones, el grueso de las reuniones del FSM se caracterizaron por marginar solapada o abiertamente a cinco grandes bloques sociales que no encontraban apenas o nada, bajo ninguna forma, una representacin suficiente en los foros, y menos todava un medio de coordinacin de acciones de resistencia mundial al imperialismo. Y varios de ellos siguen sin encontrarlo. Fueron y son los siguientes: uno, la ausencia casi completa de las organizaciones y representantes de las luchas de frica, Asia, Oceana y de grandes reas de los EEUU y de Canad. Es decir, de extensas zonas de planeta en las que se libran soterradas luchas que sern decisivas en las dcadas que se avecinan. Un fundamental papel juegan aqu los cientos de millones de campesinas y campesinos, de trabajadores mixtos que simultaneas el campo con el trabajo asalariado, de los cientos de millones de asalariados precarizados y explotados hasta lo inhumano que malviven en las inmensas conurbaciones de estas reas, etc.

9. Un segundo bloque ausente es el de los movimientos denominados indigenistas, de los pueblos y naciones originarias, autctonas o aborgenes, que han resistido de algn modo las agresiones capitalistas y eurocntricas desde finales del siglo XV en adelante, especialmente en Amerindia. Inicialmente se volcaron en los foros, pero se decepcionaron pronto debido al paternalismo despectivo inherente al eurocentrismo dominante en el FSM, a su palabrera impotente y a su pasividad ante el incontenible ataque a sus condiciones de vida, a sus reservas naturales y a sus culturas, ataque realizado por transnacionales capitalistas con el consentimiento activo o pasivo de los gobiernos progresistas que apoyaban oficialmente al FSM.

10. Un tercero era y es el bloque compuesto por las naciones oprimidas dentro del imperialismo, ya que la posicin dominante en el FSM se caracterizaba por un disimulado o pblico nacionalismo de los grandes Estados imperialistas, llegndose a lo insoportable en el caso de los Estados espaol y francs. El nacionalismo espaol ha hecho lo imposible por dinamitar la presencia de las naciones que oprime, por denigrar en el FSM sus reivindicaciones y, a la vez, por ocultar la realidad antidemocrtica de la constitucin del reino de Espaa. No hace falta decir que el nacionalismo espaol ha tenido la ayuda del nacionalismo del resto de las fuerzas estatalistas europeas presentes en el FSM.

11. Un cuarto bloque ausente es el de las clases trabajadoras del capitalismo imperialista y sobre todos sus fracciones ms explotadas, las formadas por las mujeres, las y los emigrantes, la juventud precarizada, el paro estructural, etc. En los foros era y es muy difcil encontrar a organizaciones asentadas en estas capas del proletariado del capitalismo imperialista, y era an ms difcil, por no decir imposible, elaborar alternativas prcticas de lucha. Mientras que, al contrario, abundan toda serie de grupitos y ONGs que van a los foros en primer lugar para sacar dinero, en segundo lugar para cumplir los proyectos por los que cobran las subvenciones que les mantienen con vida y que vienen del poder poltico y econmico, y en tercer lugar, para conocer pases diferentes, es decir, de turismo subvencionado.

12. Un quinto y ltimo bloque ausente es el de las organizaciones que se niegan a caer en la trampa del pacifismo, en el agujero negro del institucionalismo burgus, a renegar de un derecho humano elemental como es el derecho a la autodefensa, y cedrselo en exclusiva a las clases explotadoras para que lo tergiversen y lo apliquen en forma de monopolio de la violencia contra la humanidad trabajadora. Sin entrar ahora al debate sobre su el pacifismo confeso de la corriente dominante en el FSM es vlido o no en el capitalismo imperialista, s se puede decir que no es de recibo exigir al resto de movimientos, organizaciones y colectivos que actan en el planeta entero que admitan como principio apodctico, incuestionable y excluyente ese dogma pacifista que la corriente dominante en el FSM aplica en la capitalismo imperialista.

13. Los cinco bloques aqu citados, que se han reducido en parte en este ltimo Foro al haberse desarrollado un rea de debate en el que han participado muchas naciones oprimidas que antes no podan hacerlo o encontraban muchas dificultades, muestran no slo las limitaciones geogrficas del FSM, sino tambin sus lmites polticos y sociales marcados tanto por su eurocentrismo como por el reformismo de la corriente que domina el su seno. Adems de esto, lo grave tambin es que estas ausencias tan escandalosas debilitan la fuerza de las corrientes revolucionarias en el seno del FSM y refuerzan las tesis de la ciudadana global, de la poltica entendida como conjunto de demandas de la sociedad civil, cuando no como espectculo parlamentario.

14. Ahora bien, el FSM es slo una parte de la totalidad de fuerzas polticas que existen en el mundo, y al igual que el resto tambin est sometido a las fases de auge y retroceso de la lucha de clases mundial, de las crisis econmicas parciales que van confluyendo en una crisis sistmica, etc. Tenemos que tener en cuenta el cambio de fase global que se ha acelerado en la ltima dcada para comprender por qu se han agudizado las contradicciones dentro del FSM hasta aparecer varias posturas diferentes que muy probablemente se agudicen segn aumente la crisis capitalista mundial y con ella aumenten las luchas antiimperialistas de todo tipo, presionando as desde fuera y desde dentro del FSM.

15. Es todava pronto para hacer una descripcin rigurosa de los debates que tendern a agudizarse dentro del FSM. En la medida en que aumenten las luchas y en que las masas explotadas se autoorganicen y apoyen a las organizaciones revolucionarias, elaborando mutuamente programas concretos, en esta medida los foros y foritos, el FSM, etc., sern presionados desde dentro y desde fuera; pero en la medida en que, como reaccin contraria, la corriente reformista ahora dominante multiplique sus malas artes manipuladoras, sus manejos por la espalda y sus poder burocrtico, en esta medida opuesta las tensiones pueden agravarse. De cualquier modo, ser la interaccin entre la lucha exterior y la lucha interior la que nos indique el camino de las peleas en el FSM.

16. De lo que s podemos hablar ya es de la razn que explica por qu se ha creado por fin un rea especfica de debate entre las naciones y pueblos oprimidos, por qu es ahora cuando el nacionalismo estatalista eurocntrico e imperialista ha tenido que plegarse a una exigencia democrtica tan incuestionable y obvia como sta. La fraccin dominante en el FSM no ha tenido ms remedio que plegarse ante una tendencia en aumento: son los pueblos oprimidos por el imperialismo mundial, con o sin Estado propio, los que llevan sobre sus espaldas el peso mayor de la emancipacin de la humanidad trabajadora. Seguir negndolo u ocultndolo carece ya de sentido. Si el FSM quiere hacer honor a su nombre ha de analizar la dinmica mundial de la lucha contra el imperialismo y, al hacerlo, se topa con la dialctica entre liberacin nacional, liberacin de clase, antipatriarcal, ecologista y medioambiental. No ha tenido otra alternativa.

17. Los grupos y organizaciones, y hasta personas a ttulo individual, que han asistido y participado en el rea de anlisis de la crisis de la civilizacin burguesa, estn orgullosos por haber logrado, al fin, esta rea o carpa oficial de debate, y poder reflexionar sobre mltiples cuestiones, destacando de entre ellas algunas decisivas para su futuro como veremos. Adems, entienden que esta conquista es el producto de los aos dedicados dentro del Foro a impedir la invisibilizacin de su problemtica, en primer lugar, y luego y fundamentalmente, a conseguir abrir un debate permanente y oficial en el FSM. Conocen las dificultades que han tenido que ir superando dentro y fuera, y son conscientes de que esta conquista no est asegurada definitivamente porque el nacionalismo estatalista e imperialista eurocntrico no se resiste a perder su influencia en el FSM.

18. El enmarque conceptual que daba sentido y significado a las reas fundamentales de debate era el de la denominada Crisis de Civilizacin. Hay tantas definiciones de civilizacin como se desee, aunque aqu utilizaremos aquella que la entiende como la sntesis social de un modo de produccin. Quiere esto decir que no existe una civilizacin cristiana en el sentido estricto, por ejemplo, sino que diversas formas sucesivas de cristianismo se van adaptando a las civilizaciones tributarias, esclavistas, feudal y burguesa o capitalista, sin mayores precisiones ahora. Lo decisivo por tanto no es el cristianismo, una mera ideologa que las clases dominantes modifican segn sus necesidades bajo las presiones objetivas de las transiciones de un modo de produccin a otro, sino que lo decisivo a la hora de definir las civilizaciones son las caractersticas esenciales de cada modo de produccin.

19. Un ejemplo de esto lo tenemos en el debate sobre el boicot al Estado terrorista de Israel que se celebr en esa carpa o rea oficial del FSM. Si definimos la civilizacin segn el idealismo y la metafsica creemos que la actual Israel es la continuidad de una civilizacin que giraba alrededor de los textos sagrados antiguos y que ha impregnado de manera indeleble a la civilizacin occidental al fusionarse con la civilizacin greco-romana y con un cristianismo abstracto y a-histrico, dando as cuerpo a la civilizacin por excelencia. Pero si aplicamos el criterio materialista vemos que Israel el una potencia terrorista mantenida por el imperialismo norteamericano y europeo para asegurar su control en una zona geoestratgica para el capitalismo.

20. La civilizacin burguesa ha integrado aquellos componentes reaccionarios de la tradicin del pueblo hebreo, de lo que muy tardamente se defini como civilizacin griega y de las partes conservadoras del cristianismo. Ha integrado, ha subsumido estos componentes dentro de la lgica mercantil y de la acumulacin de capital tal cual se gener en la Europa de los siglos XVI-XVII. Luego, en la medida en que la acumulacin necesitaba expandirse y reforzarse, integr de diversas formas en su sntesis social a otros componentes ideolgicos precapitalistas, como el budismo, el islamismo y, por no extendernos, hasta restos de las ideologas poltico-religiosas de otras culturas que haban pertenecido en su tiempo a civilizaciones precapitalistas y hasta preclasistas no eurocntricas, como algunas andinas y mesoamericanas, etc.

21. En la medida en que el capitalismo arrasa al mundo impelido por su ciega necesidad de acumulacin ampliada, debe destruir otros modos de produccin anteriores y sus civilizaciones respectivas, y debe en algunos casos absorber partes de sus restos para facilitar su propia dinmica expansiva. La civilizacin del capital, la sntesis social burguesa est por tanto en permanente destruccin y a la vez en permanente absorcin. Pero cuando la acumulacin entra en crisis sistmica, como ahora, entonces su capacidad destructora y a la vez de autorefuerzo tambin entra en crisis. Dicho muy brevemente, segn sea la gravedad de la crisis de acumulacin ser la gravedad de la crisis de civilizacin, aunque sta segunda tiene una autonoma relativa bastante considerable que le permite resistir mucho ms tiempo una vez que ha infectado la subjetividad social.

22. La civilizacin burguesa es la primera que ha llevado al mximo la destruccin de lo colectivo, de lo comunal, para facilitar as la produccin generalizada de mercancas, de valores de cambio. Las civilizaciones anteriores mantenan en diversos niveles ms o menos espacios comunales en lo material y en lo simblico, y es en este sentido crucial que el modo capitalista de produccin no ha querido en modo alguno integrar en su sntesis social ningn resto de lo comunal, intentando desesperadamente destruirlos todos hasta la raz. La obsesin represiva del Vaticano contra la Teologa de la Liberacin, por ejemplo, nace del hecho de que sta Teologa ha intentado recuperar los muy debilitados restos comunalistas supervivientes a la expurgacin represora realizada por el cristianismo paulino, como lo hicieron otros movimientos herticos, milenaristas y redentoristas anteriores.

23. Bien mirada, la globalizacin no es otra cosa que la destruccin masiva de los pocos espacios de propiedad comunal y colectiva, estatal en los pases que se llamaron socialistas, adems de otras formas de propiedad privada precapitalista, que resistan mal que bien a la expansin de la propiedad burguesa a escala mundial. Desde esta visin radical porque va a la raz, el derecho de autodeterminacin de los pueblos es su derecho a recuperarse a s mismos como propietarios-de-s, a recuperar lo que es suyo, lo que le es comn a ellos. El debate sobre globalizacin y autodeterminacin realizado en la carpa dej claro que, en el fondo, lo que estaba en cuestin era si el imperialismo y el nacionalismo opresor aceptaban que los pueblos deben y pueden ser propietarios de s mismos, soberanos e independientes, o propiedad de los Estados opresores, imperialistas.

24. No debe resultarnos sorprendente que un debate crtico sobre la globalizacin y un debate constructivo sobre el derecho de autodeterminacin en el capitalismo actual llevara, al poco tiempo, a otro debate sobre qu instituciones internacionales alternativas a las actuales necesitan los pueblos y naciones oprimidas para defenderse del imperialismo. Pueden servir aparatos creados por los EEUU como el FMI y el Banco Mundial, el fenecido GATT reavivado en OMC, u otros muchos no tan conocidos o incluso desconocidos para la inmensa mayora de la humanidad, pero decisivos para la explotacin capitalista? Mientras que el reformismo duro, la tercera va y otras opciones que buscan desarrollar lo bueno del capitalismo superando lo malo, slo plantear cambios de maquillaje de estos aparatos imperialistas, por el contrario, la totalidad de las organizaciones asistentes daban por hecho la urgencia de avanzar hacia otras instituciones internacionales muy diferentes, aunque no se concret mucho en esta cuestin porque justo se haba iniciado el debate al respecto.

25. Otro ejemplo lo tenemos en los debates sobre la muy compleja relacin entre tierra, territorio e identidad, en la que intervinieron colectivos de diversos continentes. Se trata, obviamente, de una cuestin bsica para toda nacin, pueblo, etnia, tribu, comunidad o grupo oprimido, carente de Estado propio y sujeto a los mandatos exteriores, ocupantes. Abrir un debate internacional sobre estas cuestiones ha sido y es un xito crucial porque la perdedora fue la concepcin estatalista inherente al capitalismo y su ideologa eurocntrica. Al margen de las diferencias inevitables entre las tesis expuestas, lo que les una e identificaba era el rechazo radical del capitalismo y la defensa radical de los pueblos y naciones, de otro concepto de tierra y de territorio incompatible con la mercanlizacin, y una defensa de las identidades colectivas como exigencia democrtica indubitable.

26. Muy en resumen, cada modo de produccin define de una manera adecuada a sus formas de reproduccin qu es el territorio, qu es la tierra, qu es la identidad y qu relaciones se establecen entre estos tres componentes, y entre otros ms. Para las tribus nmadas, para las denominadas naciones mviles, el territorio y la tierra tiene un sentido diferente que para las sociedades sedentarias, agrcolas y de ganadera estabulada; y otro tanto sucede con el criterio de identidad comn del grupo. Para la sociedad tributaria y su variante incaica, el territorio, la tierra y la identidad giran alrededor de la propiedad real y de los restos de la comn, todo ello simbolizado materialmente en el templo, en el palacio. En el modo germnico la tierra comn tambin compite con los repartos de su uso privado. Incluso en las sociedades esclavistas y feudales europeas subsisten restos ms o menos amplios de tierra y territorio comn, y las identidades reflejan las contradicciones entre lo comn y la creciente propiedad privada.

27. Lo que caracteriza a estos modos de produccin es que mantienen zonas comunales, propiedades colectivas de usos y repartos muy diversos, o mixtas entre la propiedad comn y la propiedad sacerdotal o real, o incluso, ms tarde, de propiedad privada de las castas comerciales y militares que empiezan a crecer en estrecha unin con las familias reales. Se trata de un largo proceso histrico que no se desarroll de forma pacfica, lineal y mecnica, sino cargado de tensiones y conflictos que han dejado su huella en la historia cultural humana, y que tuvo altibajos y hasta recuperaciones de lo comunal por el pueblo. Sin embargo, el capitalismo, como hemos dicho, arrasa con todo ello. El capitalismo necesita reducir a las clases trabajadoras y a los pueblos a simple fuerza de trabajo expropiada de cualquier recurso econmico que les permita poder vivir sin venderse por un salario.

28. Los problemas del territorio, de la tierra y de la defensa de las identidades estuvieron siempre presentes por lo bajo, y a viva voz con mucha frecuencia, cuando el da siguiente se avanz por pura lgica al debate sobre el Estado. De entre los colectivos asistentes, solo una muy reducida minora rechaz explcitamente la necesidad de que las naciones oprimidas creasen su propio Estado, aduciendo razones ms mitolgicas y romnticas que histricas, poltico-econmicas y culturales. Tambin hubo una postura desde el pblico que si bien no rechazaba la necesidad del Estado s insista en que ste ha de ser un simple instrumento tctico y temporal, porque lo definitivo es superar histricamente este instrumento de dominacin. En cuanto al bloque masivamente mayoritario, una postura defenda la creacin de Estados plurinacionales en las Amricas, y otra la necesidad de Estados nacionales unitarios; pero las diferencias, al menos en el debate, fueron secundarias ya que lo que les una, la necesidad del Estado, no era cuestionado.

29. Especial mencin hay que hacer de un momento de la discusin colectiva en el que tanto desde asistentes en el panel como desde el pblico se respondi casi de forma unnime a una intervencin desde el panel en la que se defenda de manera algo imprecisa y confusa la necesidad de lo que en Europa se define como interculturalidad, como mestizaje cultural e identitario. La tesis del mestizaje cultural, expuesta desde los criterios de la progresa eurocntrica, fue criticada sin compasin por la mayora de las respuestas, excepto por una sola. Para la mayora de las respuestas, lo decisivo y urgente es no slo defender las identidades de los pueblos amenazados de extincin sino, precisamente por ello, recuperarlas y adecuarlas a las nuevas situaciones para combatir ms eficazmente el uniformismo capitalista.

30. Intervenciones posteriores sentaron las bases para consensuar las diferencias. Sostenan que el Foro Social es Mundial, y que por tanto debe desarrollar una visin mundial en la que lo comn a los pueblos oprimidos integre y supere a lo especfico a cada uno de ellos, sin anularlo, y que por tanto debe respetarse el derecho de cada pueblo a decidir si quiere un Estado nico o uno plurinacional, segn las circunstancias concretas. Tambin se lleg a una especie de sntesis sobre lo que une e identifica en lo bsico a las reivindicaciones del los pueblos y naciones sin Estado, oprimidas por otras potencias: 1) La defensa de la propiedad comunal, de lo colectivo sea material o simblico, como exigencia y necesidad del los pueblos; 2) La defensa de sus complejos lingstico-culturales, de sus referentes identitarios y de sus memorias comunes, impidiendo su destruccin, su mercantilizacin capitalista y su desnaturalizacin por la dictadura lingstico-cultural y tecnocientfica imperialista; y 3) El derecho a la autodefensa de los pueblos, a las formas de resistencia que cada uno de ellos decida practicar ante las agresiones invasoras.

31. Dentro de este panorama general de debate abierto y constructivo, se profundiz en la unidad entre la lucha de clases y la lucha por la independencia de las naciones a las que se les niega el derecho a disponer de su Estado propio, al margen de la forma que quieran darle, de sus relaciones con otros Estados, sean plurinacionales para integrar culturas, etnias y pueblos diferentes pero unidos en el mismo proyecto histrico, o sean uninacionales. La unidad dialctica entre lucha de clases y lucha nacional se constat en la certidumbre terica de que el capitalismo es el enemigo mortal de los pueblos y naciones, de etnias y culturas aborgenes que ven cmo el progreso destroza sus tierras, sus territorios y sus identidades.

32. Por falta de tiempo, no pudieron concluirse los debates muy interesantes sobre la vala para la lucha socialista del concepto de Buen Vivir que tienen naciones y pueblos andinos, y que consiste en una serie de normas de comportamiento interno al colectivo, externo hacia la naturaleza, y externo respecto a otros colectivos. En realidad, las distintas exposiciones trataron sobre problemas candentes que superan al concepto de Buen Vivir expuesto por dos colectivos originarios, aunque por lo all odo no tenan por qu cuestionar sus bases de fondo: respeto a la propiedad colectiva, respeto a la naturaleza como totalidad y respeto a los pueblos. Fue una pena que no se pudiera acabar este debate porque el tema del Buen Vivir se inscribe de lleno en las formas sociales de lo que podemos definir como modo de produccin asitico, o incaico o, sin precisiones ahora, tributario.

33. El debate que no pudo realizarse, aunque se roz una y otra vez, trata sobre cmo utilizar lo bueno que conserva el Buen Vivir dentro de la construccin de una sociedad socialista en la que la propiedad colectiva sea la base sobre la que se yergue o el centro alrededor del cual gira la sociedad en su conjunto. Sin embargo, surgieron en las pocas intervenciones que pudieron hacerse advertencias muy claras sobre las precauciones que se deben tomar en el momento de intentar aplicar el Buen Vivir, tal como lo definieron los dos colectivos all presentes, con sus diferencias de matiz entre ellos, a las condiciones capitalistas. Por ejemplo, a las barriadas, fabelas y bidonvilles que crecen en las conurbaciones de muchos pases empobrecidos y explotados por el imperialismo. Por ejemplo, cmo relacionar las formas comunitarias de relaciones sociales andinas a las formas comunitarias en las luchas obreras y vecinales, en las ollas colectivas, en los movimientos populares y sociales, en cualquier lucha autoorganizada, etc.

34. Muy interesante por lo que sac a la luz, fue tambin el breve encontronazo sobre la nueva ideologa reformista del decrecimiento como alternativa a la crisis ecolgica, medioambiental y alimentaria, y las tesis crticas de la respuesta a esta intervencin, segn la cual el decrecimiento no toca los problemas decisivos y estructurales, los que se refieren a la propiedad de las fuerzas productivas. No dio tiempo a profundizar en esta cuestin que va a ir en aumento porque la ideologa del decrecimiento es muy til en estos momentos a determinados reformismos interesados en desviar el debate y la accin sobre la propiedad pblica o privada de las fuerzas productivas, de las fbricas, de las tierras, bosques y desiertos, de los ocanos y de los vientos, para reducirlo a mera palabrera sustentada en datos ciertos pero desconectados y separados de toda contextualizacin social e histrica.

35. En definitiva, lo que ocurri en estos y otros debates derivados fue que, tal vez sin quererlo por la mayora de los asistentes, reapareci en viejo choque entre, por un lado, la visin marxista de la historia abierta, dialctica y concreta, que depende de los resultados de las luchas, y por el lado opuesto, la historia mecnica, cerrada y abstracta, eurocntrica --y rusocntrica en su tiempo-- que quiso imponer un solo modelo de accin a todos los pueblos del mundo. O en otras palabras, un fantasma llamado Mariategi estaba ms vivo que nunca recorriendo la carpa de debates sobre la crisis de la civilizacin burguesa, aunque la mayora de las personas asistentes no lo supieran. Parafraseando al Marx del primer volumen de El Capital: No lo saben, pero recuperan a Mariategi.

36. Como se aprecia, dentro del FSM se ha producido una especie de anomala que ha abierto la posibilidad de vas de avance revolucionario no deseadas por el grupo dominante. Es cierto que se trata del primer paso, que ste puede quedarse reducido a un peligroso sntoma controlado por la efectividad burocrtica interna, que incluso aunque supere estos y otros obstculos este paso inicial tampoco tiene asegurado su futuro porque todava carece de suficiente experiencia y solidez interna, corriendo el riesgo de la disgregacin. Todo esto es cierto. Pero el que se haya debatido de una forma tan directa sobre el proceso histrico que va desde lo comunal en las sociedades preclasistas y precapitalistas hasta el comunismo postcapitalista, desde una visin radicalmente enfrentada al imperialismo y recuperando reflexiones clsicas de lo que podramos definir como el marxismo dialctico, esta experiencia es ya en s misma un avance enorme.

37. Correspondera luego a cada clase explotada, a cada nacin oprimida, a cada lucha de las mujeres, etc., debatir y aclarar qu pueden extraer de positivo para sus propias acciones de toda esta riqueza terica que puede empezar a surgir si se estabiliza y se concreta este avance. La trasplantacin mecnica de un debate tan general y bsico como el realizado a las complejas diferencias que existen en la realidad mundial, este error, cometido frecuentemente en el pasado y en el presente, acarrear funestas consecuencias si vuelve a repetirse. Pero existe un error ms daino: el de despreciar las lecciones de la historia y seguir creyendo que el capitalismo imperialista ha dejado de ser la fiera irracional y asesina que siempre ha sido.

38. Aun as, queda mucho por hacer. Entre otras cosas lograr que el FSM se articule como un Foro de debates que culminen en una propuesta prctica de objetivos materiales que se presente a la humanidad trabajadora, con plazos y con sistema de valoracin crtica y autocrtica. Son muchos los intereses polticos que se niegan a pasar de la interpretacin a la transformacin, pero todo indica que existen cada vez ms condiciones para lograr que la transformacin de la realidad pase a ser una urgencia asumida por cada vez ms sectores crticos dentro del FSM y fuera de l. Pero el resultado de este conflicto no se decidir en el interior de la cocina burocrtica del FSM sino a partir de la marcha de las luchas revolucionarias, en primer lugar; de los efectos de stas dentro del Foro en segundo lugar y, por ltimo, gracias a los acuerdos entre fuerzas polticas de izquierda dentro y fuera del FSM para acelerar su transformacin.

 



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