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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2009

Entrevista con el poeta y sacerdote nicaragense Ernesto Cardenal
"Mi fe es en Dios y Marx es el vehculo de ese mtodo cientfico y sociolgico para cambiar el mundo, pero con Dios como meta"

Antonio Lucas
El Mundo

Fue el rostro del sandinismo de Nicaragua. Un jesuita 'tachado' por el Vaticano. A los 84 aos cree en la poesa y en la revolucin, claro.


El pelo largo y blanco le alcanza el hombro al gran poeta nicaragense Ernesto Cardenal, al religioso, al revolucionario, a aquel que Juan Pablo II amonest a pie de escalerilla al bajar del avin en su primer viaje a Managua: Tiene que regularizar su situacin, le asever el Papa. Cardenal era entonces ministro de Cultura del gobierno sandinista.

De aqullo, de todo aqullo han pasado muchos aos. El lder del sandinismo, Daniel Ortega, traicion la vieja causa en la que Cardenal empe su entusiasmo y su fe. Hoy por dentro le corre un dao, el de la traicin: Me tienen congelada la cuenta bancaria, intervenido el correo electrnico. Me sustrajeron el ordenador... Cada da se me hace la vida ms difcil. El miedo me acompaa, pero ya dijo Montesquieu que se necesita valor para tener miedo, afirma. Hoy leer sus poemas en Casa de Amrica, su anfitriona en este viaje. Anoche lo hizo en el Colegio Mayor Chaminade y el prximo lunes en la librera Rafael Alberti de Madrid. La suya es una palabra sabia, extraa, con rumor de utopas.

Pregunta.- Su vida ha sido una sucesin de compromisos... Y de decepciones?

Respuesta.- La nica decepcin que reconozco fue la prdida de la revolucin de Nicaragua. No he tenido otra igual.

P.- Se arrepiente de haber apoyado el sandinismo viendo en qu ha terminado?

R.- De ninguna manera, para m fue una aventura muy bella. Pero renunci al partido sandinista cuando ste traicion nuestra revolucin...

P.- Pertenece a una generacin derrotada?

R.- Le contesto con una frase de un obispo espaol en Brasil, Pedro Casldiga, que dice: Somos soldados derrotados de una causa invencible. Nuestra causa es tambin la de Cristo y la de los profetas. Por eso, en el fracaso de la revolucin est la mayor frustracin de mi vida. La nica.

P.- El tiempo demuestra que las rebeliones sociales terminan traicionadas por una revolucin.

R.- La de Nicaragua lo fue, pero no as la de Cuba. Y Ahora que hablamos de esto, recuerdo que una de mis visitas a Espaa coincida con otra de Fidel Castro aqu. Entonces, un periodista me pregunt sobre l y le dije que Fidel no estaba realizando el reino de Dios en la Tierra, pero que poda estar acercndolo. El muchacho alter aquella idea, pero creo que a Fidel no le disgust (risas).

P.- Pero usted s que ha dicho que las revoluciones acercan al reino de Dios, no?

R.- Cmo no. Hay telogos actuales que dicen que cuando Jess utiliz la expresin de reino de Dios, aquello significaba lo mismo que para nosotros quiere decir hoy la palabra revolucin. Era algo igualmente subversivo que lo llev a la muerte.

P.- Sigue profesando amor eterno a Dios y a Marx?

R.- Bueno, son cosas distintas. Mi fe es en Dios y Marx es el vehculo de ese mtodo cientfico y sociolgico para cambiar el mundo, pero con Dios como meta. A travs de los dos entiendo que es posible alcanzar un mundo de justicia, fraternidad y amor. Marx nos presenta una herramienta ideolgica para lograr la sociedad comunista perfecta, sin clases. En ese sentido, ambos estn muy cerca. Marx est en la misma lnea de los grandes profetas bblicos.

P.- En qu momento descubre su vocacin revolucionaria?

R.- Fue tras mi primer viaje a Cuba, en 1970. Fui invitado a formar parte del jurado del Premio Casa de las Amricas. Y reconozco que llegu con el cerebro envenenado por influencia de lo que lea en la revista Time y otras publicaciones del capitalismo.All encontr una sociedad evanglica, como la que pretende realizar Cristo en los Evangelios. No haba clases sociales. La igualdad era posible. No haba prostitucin. Ni droga. Nadie dorma bajo un rbol... No haba abundancia, pero sobre todo no haba miseria.Para m era una sociedad tan perfecta como la monstica, que era de donde yo haba salido por problemas de salud. Despus de mi conversin religiosa, sta fue la otra gran conversin de mi vida: a la revolucin.

P.- Entiende la poesa como instrumento revolucionario?

R.- Claro. Todo arte es revolucionario aun cuando no trate de asuntos sociales. Como la poesa de los grandes profetas de la Biblia: Isaas, Jeremas, etctera. Todos ellos denunciaban la injusticia y anunciaban un sistema nuevo. La poesa es un mensaje de denuncia y de amor. Esta fue mi vocacin natural. La primera, porque la religiosa fue tarda. Vino despus de los 30 aos.Y a la revolucin llegu an ms tarde.

P.- Se arrepiente de algo?

R.- De no haber tenido estas conversiones antes. Como San Agustn cuando le dijo a Dios: Belleza antigua y siempre nueva, tarde reconocida.

P.- Ni siquiera de su paso por la poltica como ministro de Cultura de Nicaragua?

R.- Es que yo nunca fui poltico. Yo slo soy contemplativo, poeta y revolucionario.

P.- As le gustara ser recordado?

R.- Preferira no serlo. Se me podra recordar mal. Y si lo hacen bien, tambin sera falsamente por las cosas que no hice pero cre que hice.

P.- De qu le salv la poesa?

R.- De la desesperanza. Es, al mismo tiempo, el lugar de mi protesta y de mi celebracin.



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