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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2009

La crisis de la desvergenza

Colectivo Prometeo
Rebelin


 

Es difcil, dada la catarata de artculos que analizan la actual crisis, aadir algo original a lo ya escrito, por lo tanto podra ser ms til para el enfoque de nuestro colectivo esbozar algunas reflexiones capaces de responder a unos planteamientos apriorsticos que, disfrazados de novedosos, mantienen el erre que erre de los postulados neoliberales o incluso dar una nueva vuelta de tuerca en detrimento de los pocos derechos sociales que a duras penas an se mantienen en pie.

 

En primer lugar, situemos en el centro del debate una idea motriz, quin debe pagar la crisis? Analizando las distintas propuestas pretendidamente de choque que han puesto en marcha los gobiernos, nos encontramos con que al final subyace la respuesta de siempre: lo har la clase trabajadora aunque ella no haya estado en la gnesis del hundimiento ni tenga responsabilidad ni en su gestacin ni en su desarrollo. Y por eso resulta llamativo que mientras se nos inunda con cifras astronmicas sobre el coste del rescate financiero que, sin discusin, debe asumir toda la sociedad, no se pone el mismo nfasis en valorar a quien est golpeando con ms crudeza la situacin, cuales son los sectores realmente castigados y si se ha establecido como actuacin prioritaria mejorar las condiciones de estos grupos sociales. La respuesta est clara: No.

 

Desde primera hora se sigue el guin tradicional que el capitalismo pone en marcha para estos casos: asfixiarnos con nmeros (porcentaje de parados, empresas cerradas, endeudamiento global, relacin de ste y el PIB...) para que dejemos de ver tras las cifras a seres humanos golpeados por tragedias personales. Por lo tanto, un ejercicio mental -obligatorio y previo- es recuperar la capacidad de enfocar los puntos importantes y despreciar la ancdota, negndonos a ser partcipes del culebrn los ricos tambin lloran.

Sobre la mesa queda nuestra primera idea: la crisis no la deben pagar los de siempre. Tras ella, detallemos una retahla de noes:

 

No a una salida que suponga la anulacin de los ya menguados y raquticos derechos laborales.

 

Continuaramos con un anlisis de lo que esconde la propuesta abaratar / rebajar los costes de produccin y cargar el debe en los salarios pidiendo moderacin y contencin; eso s, siempre unida a la necesaria flexibilidad en el empleo.

 

Para rebatirla basta con acudir a los datos disponibles y una buena sntesis nos la proporciona Daniel Lacalle ( ver su artculo La crisis y los trabajadores en el nmero 253 de la revista El Viejo Topo ): hace un mes hoy las cifras deberan revisarse al alza nuestro pas superaba los 3 millones de parados, 5 millones de trabajadores tenan un contrato temporal, de los contratos creados como indefinidos 5 millones lo haban hecho recortando derechos, 2.5 millones de asalariados lo hacan a tiempo parcial, 1.5 millones estaban por debajo del salario mnimo interprofesional, seguramente ms de 2.5 millones estn en la economa sumergida, 1.1 millones de parados no reciben prestacin alguna... y para qu seguir.

 

As que cuando nos demanden precarizar coyunturalmente podamos interrogarnos con un ms an? a no ser que estemos ante una interpretacin marxista vuelta al revs, en la que desde una etapa postindustrial, nos saltemos la etapa industrial -por cercana cronolgica- para llegar en unas dcadas a un rgimen econmico feudal que abra las puertas a la servidumbre y nos permita alcanzar -tras una fase de esclavitud sin disimulos- una ansiada sociedad depredadora slo un poco distinta de la actual.

 

A continuacin recordemos lo obvio: este modelo, hoy denostado y hasta hace unos das ardientemente defendido no es flor de un da. A los espaoles de a pie que en buen nmero experimentaron el vrtigo ficticio del nuevo rico cabra subrayarles algunos elementos que siempre estuvieron ah:

 

1. En nuestro pas an en los momentos ms lgidos del desarrollismo basado en el ladrillo, la tasa de paro siempre se ha situado muy por encima de la media europea y nunca, desde los aos 70, ha bajado del 8% (sera justo aadir que esa cifra encendera los pilotos de alarma en la mayora de pases de la Unin Europea, Japn y Estados Unidos).

2. El estallido de la burbuja inmobiliaria estaba implcito en las consecuencias que podan tener las distintas normativas legales sobre el suelo, cuyo paradigma lo representara la ley del Suelo de 1997 que en la prctica, emulando los letreros del todo a cien que en la poca florecieron, pona en grandes rtulos Todo urbanizable sin que fuesen demasiadas las voces que en aquel instante nos acompaaban en la discrepancia, cuando muchos Ayuntamientos miraban no a las consecuencias sino a la caja recaudadora, se poda alardear de estar en la poltica para forrarse sin que pasase nada, el pelotazo ( con el consiguiente enriquecimiento) sbito supona ascenso y reconocimiento social y la esttica neo-hortera del alardeo que sustitua la camisa de cuellos abiertos, el peine en el bolsillo trasero y la cadena de oro, por el cochazo, el chalet y el campo de golf, significaba ir a la moda.

3. El crecimiento lo ha sostenido, secreto a voces, el dficit exterior dejando que el endeudamiento neto exterior supere el 70% del PIB.

4. Hemos comprado como nacin, sin leer las contraindicaciones, cualquier producto (el caso del referndum sobre la mal llamada Constitucin Europea sera ilustrativo) que llevase la etiqueta Europa. El diseo de una Unin Europea ideada por los poderes econmicos siempre ha contado con el beneplcito de los Gobiernos de turno y la aquiescencia de las burocracias sindicales, aunque el acatamiento sin rechistar significase anular cualquier capacidad de maniobra en momentos de turbulencia.

5. Cuando advertamos el peligro de poner el lucro privado sin lmites por encima de cualquier consideracin social, se nos responda con la capacidad de autorregulacin del mercado, menospreciando que el afn de enriquecimiento es por naturaleza voraz e insolidario.

6. Olvidando las enseanzas prcticas de crisis bancarias anteriores ( finales de los 70, principios de los 80 ) saldadas con ayudas y saneamiento a cargo del contribuyente , la espiral de reconversiones y privatizaciones industriales coetneas, se llev por delante ( al alimn los gobiernos PSOE PP ) una potente banca pblica que hasta 1990 manejaba el 15% de los crditos- el 20% una dcada antes y que fue agrupada en la corporacin Argentaria para una mejor venta, prescindiendo adems de la red constituida por una Caja Postal que llegaba al ltimo rincn del pas, entregando esta ltima al Deustche Bank.

 

Y por ltimo, propongamos teniendo claro que cuando la derecha gobierna pone en prctica sus tesis amparndose en la legitimidad y la fuerza de sus votos. La izquierda si aspira al poder debe aplicar su programa (por desgracia sigue siendo necesario repetir tres veces el mantra programa, programa, programa para advertir que una izquierda nominal, sin alternativas propias es slo humo) y no caer en la trampa de imbuirse de responsabilidad para terminar aplicando las ideas del capitalismo.

 

Para eso ya estn ellos. Denunciemos el falso axioma del yo gobierno para todos introducido por la ms estril progresa que oculta el miedo a plantear otro camino por el miedo a enfrentarse a los poderes fcticos, comprndoles a sabiendas la ltima bala que el poder econmico siempre guarda en la recmara: el chantaje de que cualquier planteamiento que menoscabe un pice sus intereses traer consecuencias desastrosas para todos.

 

Por ello, es necesario recuperar un discurso propio que subraye la necesidad de un sector pblico fuerte como pilar social y para ello debemos auspiciar:

 

a. Quitar la actual independencia del Banco Central Europeo. Las directrices econmicas emanan de los poderes pblicos refrendados por el voto popular.

b. Volver a poner en funcionamiento una Banca Pblica que gestione y de crditos a particulares, Pymes, cooperativas...

c. Incentivar la economa mediante la inversin estatal directa con un programa de obras pblicas que en sus bases (pliego de condiciones) prime no a las grandes constructoras que a la vez subcontratan hasta el infinito sino a las pequeas empresas y cooperativas que incluyan entre su proyecto el mayor nmero de puestos de trabajo estable.

d. Se puede actuar en uno de los sectores que ms est sufriendo la situacin, la construccin mediante un programa que contemple la vuelta a las promociones de Vivienda Pblica, la autoconstruccin o la rehabilitacin de edificios.

e. Aplicacin por ley de la Renta Bsica o mnimo vital.

f. Desempolvar nuestra querida reivindicacin de la reduccin en la jornada laboral (35 horas), nica posibilidad de hacer compatible la cacareada conciliacin de vida laboral y familiar y siguiendo la lnea del tercer punto de este apartado primar a las empresas que la apliquen.

g. Potenciar la inversin pblica tanto en I+D (energas alternativas, nuevas tecnologas, medicina), como en el desarrollo de infraestructuras y en servicios pblicos (sanidad, educacin, dependencia).

h. Favorecer mediante la formacin y el apoyo tcnico y econmico la creacin de nuevas empresas (cooperativas, pymes) que sirvan para crear empleo y dinamizar la economa productiva.

i. Crear una plataforma de izquierdas con partidos, sindicatos, organizaciones socialesque defienda en la calle, en foros, en medios de comunicacin, en programas electorales, un modelo avanzado de bienestar social y un cambio real de modelo econmico que nos acerque al socialismo.

 

Por supuesto que la puesta en marcha de estas y otras muchas medidas posibles tiene un coste pero, acaso la actual situacin y el programa de ayuda a la Banca privada nos est saliendo gratis?



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