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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2009

Crisis econmica, cohesin social y proyecto europeo

Pedro Chaves y Fernando Luengo
Sin Permiso


El actual proceso de degradacin social representa una verdadera terapia de choque para la poblacin trabajadora europea, con el agravante de que la crisis, en todos los escenarios diseados por las agencias especializadas, se agravar en los prximos meses, ante la inoperancia de las polticas econmicas aplicadas hasta el momento. Sin embargo, no todo se explica - ni por supuesto se ha desencadenado- por la crisis que est sacudiendo nuestras economas. Antes bien, las piezas bsicas de una parcial pero significativa regresin en el modelo social ya eran claramente visibles en la Unin Europea (UE) de las ltimas dcadas; mucho antes, en consecuencia, de la eclosin de la actual crisis.

Veamos algunos ejemplos significativos al respecto. Desde la dcada de los 80 los salarios reales de la poblacin han progresado a un ritmo moderado. La tnica general de los ltimos aos ha consistido en aumentos inferiores al 1%; lo que significa que, como todos los indicadores promedio ignoran las posiciones extremas, una parte de los trabajadores ha perdido capacidad adquisitiva. El vnculo salarios-productividad del trabajo que caracteriz las dcadas doradas del capitalismo europeo en virtud del cual el crecimiento de ambas variables estaba relacionado, forma parte de la historia. Los salarios han tendido a descolgarse de la productividad; deconexin que, por cierto, ha sido un factor esencial en el crecimiento de los beneficios de las empresas, convirtindose de este modo en uno de los motores que ha alimentado de recursos al sector financiero.

El relativamente alto desempleo y sobre todo, el trabajo precario forman parte asimismo del paisaje europeo. Las diferentes modalidades de contratacin atpica - contratos temporales, trabajo a tiempo parcial, contratos por obra y servicio- parece que han llegado para quedarse, al margen de cul sea el ciclo econmico; al margen, incluso, del signo poltico del gobierno de turno. La Confederacin Europea de Sindicatos estima que en 2007 ms de 100 millones de trabajadores tenan empleos de esta naturaleza. Esta situacin no slo se ha generalizado en el sector privado sino que tambin preside cada vez ms las pautas de contratacin de las administraciones pblicas. Todo ello matiza la trillada afirmacin de que la creacin de empleo es el camino a travs del que los trabajadores comparten los frutos del crecimiento. Nada que decir sobre la calidad y la estabilidad de los puestos de trabajo? Y tan importante como sto es la prdida del trabajo como referencia para la construccin de ciudadana. El vnculo que Europa aliment entre trabajo-insercin social y condicin ciudadana se ha quebrado hace ya algunos aos, contribuyendo poderosamente al deterioro de nuestros sistemas democrticos y al incremento de la desconfianza respecto a la poltica.

El discreto balance en materia ocupacional, la contina presin que las empresas y los gobiernos realizan sobre las rentas salariales, la dbil posicin negociadora de las organizaciones sindicales y la aceptacin por parte de algunas izquierdas de lo esencial de los postulados neoliberales han contribuido a que la parte de los salarios en la renta nacional haya retrocedido desde la dcada de los setenta en la mayor parte de los pases integrados en la UE, incluidos aquellos que mejor simbolizaban el modelo de cohesin social que, al menos en teora, impregnaba el proyecto europeo. Si se tiene en cuenta que en el cmputo de los ingresos salariales se incluyen las remuneraciones de los directivos y de otros colectivos que disfrutan de posiciones privilegiadas, queda an ms claro el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores de menor cualificacin.

Aunque todava lejos de los valores alcanzados por Estados Unidos el pas desarrollado con una fractura social ms profunda-, los ltimos aos han conocido un incremento espectacular de la desigualdad medida en trminos de distribucin de la renta, abanicos salariales y concentracin de la riqueza. Un dato aportado por el ltimo informe de la Organizacin Internacional del Trabajo World of Work: si se comparan las retribuciones obtenidas por los directivos de mayor nivel de las grandes empresas salarios pactados ms stock options y diferentes bonus- y los salarios medios; aqullos perciban ms de 100 veces el ingreso de stos. Ni rastro en este tipo de ingresos que no han dejado de aumentar de manera vertiginosa en los ltimos aos- de las polticas de moderacin salarial tan queridas por los gobiernos para el resto de los trabajadores.

El nmero de personas privadas de los recursos necesarios para llevar una vida digna ha experimentado un inquietante crecimiento. En 2005 Eurostat contabilizaba 78 millones de personas en situacin de pobreza, lo que representa el 16% de su poblacin. Si bien es cierto que los desempleados y ciertas minoras son los colectivos ms vulnerables, ha emergido con fuerza la categora de trabajadores pobres. Esto es, personas que an teniendo un empleo se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza, lo cual de nuevo invita a reflexionar sobre la mala calidad de una parte sustancial de las nuevas ocupaciones.

Son muy diversos los factores en liza que podran dar cuenta de esta deriva social. No es el menos relevante de ellos la financiarizacin de las economas europeas. En primer trmino, desviando cantidades ingentes de recursos desde la economa productiva y social hacia el casino, donde, si los actores implicados estaban dispuestos a asumir el riesgo exigido por los mercados, se podan obtener beneficios extraordinarios. Ello no slo ha significado desviar cantidades ingentes de recursos hacia el segmento financiero de la economa; en paralelo, como quiera que una parte del ahorro de la poblacin se ha canalizado en esa direccin a travs de las instituciones que lo gestionan, quedaba expuesto, adems, a los vaivenes propios de mercados con un perfil marcadamente especulativo.

En segundo lugar, premiando (estimulando) a los ejecutivos y a los accionistas, no slo de los establecimientos estrictamente financieros, de modo que sus decisiones se encaminen a aumentar el valor de la empresa en trminos accionariales. Conseguir un alto valor en bolsa de la firma se ha convertido en el objetivo central de los gestores, en cuyo caso los accionistas y los directivos reciban cuantiosas remuneraciones, en forma de dividendos y stock options, entre otras.

En tercer lugar, abriendo nuevos espacios a la intervencin de los mercados. Si antes el principio de cohesin social exiga el inexcusable compromiso de lo pblico, ahora, cada vez ms, prevalece el criterio de que los equilibrios sociales los debe proporcionar el mercado, crecientemente sometido a la lgica financiera. Naturalmente, dado que el campo de juego en el que se desenvuelven las personas y los colectivos, lejos de ser plano, est muy desnivelado, los costes y las oportunidades que ofrece ese mercado se distribuyen de manera muy desigual.

En cuarto lugar, hemos conocido la expansin de un segmento del mercado considerablemente opaco, que permanece fuera del control de los estados nacionales y, por supuesto, de las autoridades comunitarias. En esos mercados operan lobbies con recursos y poder suficientes para condicionar e hipotecar las polticas econmicas nacionales. Las manos visibles del mercado, los ganadores del casino, apuestan por un capitalismo con instituciones dbiles, que contribuyan a consolidar el campo de juego que ms conviene a sus negocios. Nada ms alejado de los postulados de cohesin social y de control democrtico que en teora encarna el proyecto europeo.

As pues, la anomala financiera no constituye un fenmeno ajeno, externo, al proyecto comunitario, importado de Estados Unidos, sino que est presente en la dinmica europea. Por esa razn, el anlisis de las perturbaciones financieras entra en el corazn del debate, mucho ms amplio, de la Europa que queremos y de las estrategias de desarrollo sostenibles que deben alimentar este proyecto. Dicho debate por supuesto no se cierra mejor dicho, se cierra, equivocada o interesadamente, en falso- con el hallazgo de que la intervencin del Estado es tan urgente como necesaria. En otras palabras, ni el proyecto europeo, ni su vertiente social, quedan legitimados ni tampoco reforzados por el hecho de asistir a una masiva intervencin de los Estados nacionales destinada a evitar el colapso econmico. Ms bien al contrario, la mnima coordinacin de los planes de rescate, la privilegiada posicin de buena parte de los grupos receptores de los recursos pblicos, el escaso control que se ejerce sobre su utilizacin y su coste social arrojan serias dudas sobre la verdadera naturaleza de la revitalizada presencia de los Estados nacionales. En este contexto, no es suficiente con apelar, antes y ahora, a Ms Europa, apelacin que tiene todo su significado si se entra a la cuestin verdaderamente esencial: Qu Europa. La respuesta a este sencillo y atrevido interrogante nos apremia hoy an ms que ayer.

Pedro Chaves es Profesor de Ciencia Poltica, Universidad Carlos III de Madrid.

Fernando Luengo es Coordinador del Grupo de Investigacin Europa y Nuevo Entorno Internacional, Instituto Complutense de Estudios Internacionales, Universidad Complutense de Madrid.

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2407




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