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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2009

Apuntes crtico-reflexivos del proceso
Poder constituyente y nueva CPE

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Las marchas de la Constituyente Plurinacional

Beni, corra el ao 90, cientos de indgenas y pueblos originarios iniciaron una gran marcha denominada por la dignidad y el territorio Estamos presentes en la historia de este pas gritaban las imgenes que la prensa difunda, mientras en las cumbres altiplnicas se produca otro gran encuentro con los aymaras y quechuas del occidente del pas, para luego ingresar a la ciudad de La Paz, unidos en la consigna de una Asamblea Constituyente para Bolivia, para ser visibilizados en una historia que los ignor, los pisote y convirti en una curiosidad folklrica en el pas ms indgena del continente.

Sucre, capital de la Repblica, engalanada como todos los aos para recibir los honores, para recordar y reafirmar las razones de la patria acordada hace ya 181 aos, se apresta a vivir un momento nuevo en la historia luego de 15 aos transcurridos de esa primera marcha. Las graderas recubiertas de smbolos patrios bolivianos, el circunspecto protocolo que custodia los edificios histricos, los palcos y espacios rodeados de mallas para que el populacho no ose interferir en los rituales y se reafirme la distancia del poder, tienen su continuidad en las asamblestas de pollera elegidas y que no pudieron alojarse en el hotel Plaza, las que tampoco pudieron ingresar a recoger sus credenciales porque no estaban investidas de poder y s de polleras y sombreros

Bolivia, historia de contrastes que combina smbolos y rituales que son parte de los preparativos de una forma de ser Estado, recubierto de formas excluyentes y con la permanente reafirmacin de que el poder slo puede comportarse de una manera, la que inventaron los que siempre estuvieron en l pero esta vez el escenario era otro, an con las exclusiones rituales y organizativas, los discursos de llamados a la inclusin indgena, a la participacin revolucionaria contrastaban permanentemente con un pueblo apiado en las esquinas buscando ver a su presidente Evo Morales Ayma; tambin contrastante con los titulares de las tribunas donde ponchos y ojotas, plumas y sombreros contrastaban con los que vestan de traje y corbata. Algunos de ellos acostumbrados a estos actos de representacin escnica, otros simplemente con sus mejores galas en un momento nico en su vida y en la existencia del pas.

Cientos, miles de indgenas, pueblos originarios orgullosamente pasaban frente al palco oficial para decir una vez ms, estamos presentes y ahora ms vivos que nunca para sentirnos parte constructora de este pasdelegaciones de todo el pas haban llegado, con el orgullo de ser convocados por primera vez a una marcha de orgullo y dignidad, por primera vez no eran objeto de tan slo curiosidad folklrica para los turistas, sino portadores de la nacin as lo deca la prestancia de los ancianos que encabezaban muchas de las delegaciones, con la mirada llena de dignidad y orgullo de representar lo que son para este pas

Pueblos indgenas y originarios compuestos por Aymaras y Quechuas, Chiquitanos y Ayoreos, Guaranes y Moxeos y decenas ms, orgenes y races del verdadero pas, de los 36 pueblos originarios que se multiplicaban por muchos ms en las diferentes regiones del territorio nacional haba un sentimiento de enorme dignidad pero tambin de abandono, de recuerdo largamente olvidado, donde muchos ya desaparecieron y otros estn al punto de la extincin trajes rituales y de fiesta, otros improvisados, otros ms en su traje de migrantes urbanos que sin embargo no impidi que cientos de jvenes obligados a camuflarse en el mestizaje, hoy se sientan parte orgullosa de los pueblos indgenas de Bolivia

En los palcos, autoridades y visitantes extranjeros, se sentan impresionados de tanta diversidad, de tanto orgullo junto, de tanta historia olvidada que apenas empieza a aparecer ms que miles de discursos sobre exclusin, sobre multinacionalidad, sobre olvido y explotacin, se haca patente la realidad de los que resuman al pas con su presencia, en el momento ms significativo de la Repblica, su fundacin, aquella que en 1825 los haba olvidado y excluido deliberadamente, la que con los aos slo busc parapetarse para proteger los intereses de unos pocos, la que instrumentaliz el discurso de la vergenza por el color de la piel, del apellido o de no saber el castellano en fin aquella que hasta hace muy poco hizo del poder su patrimonio y de la riqueza del pas su propiedad

Una nueva historia es la que se demanda desde la presencia indgena, una nueva participacin, una forma distinta de ser Estado, una forma equitativa y recproca de ser pas por eso este acto tan significativo expresa lo que el pas demanda, nuevas formas de encuentro entre los bolivianos, a partir de los olvidados de siempre que son la mayora, para demostrar que en su inmensa sabidura indgena, las minoras no sern excluidas, sern parte del proyecto nacional de construir un verdadero pas donde todos tengan cabida.

No cesaron sin embargo las voces de quienes reivindican el pasado colonial, el de los doctores que gobernaron, las de aquellos que como minoras tambin son parte de la Asamblea Constituyente, que insisten en que la costumbre del poder y el conocimiento acadmico son los nicos mritos posibles para la reorganizacin del Estado son aquellos que pretenden olvidar que esas personas con sus grandes mritos y sus incalculables recursos son los que sostuvieron la colonizacin moderna e hipotecaron el pas a los poderes transnacionales

Existe otra forma posible de ser pas, a partir de los diversos, de los que a pesar de los aos de exterminio y exclusin siguieron siendo solidarios y recprocos la nacin o ms bien la plurinacionalidad est presente y es tiempo de vernos en el espejo de las realidades para descubrir cuanta exclusin hemos creado, pero tambin cuanta inclusin democrtica seremos capaces de crear, para realmente hacer de este pas la casa de todos y todas empieza el tiempo del Proceso Constituyente, de la deliberacin de los miles, millones de bolivianos que somos los protagonistas de una nueva historia

El pas del desencuentro

Bolivia es un pas mayoritariamente indgena, en el que existen 37 culturas distintas: tres grandes y 34 pequeas. Los mestizos el 38%, los aymaras el 25%, los quechuas el 30% y los pueblos indgenas del Oriente y Chaco el 7%. (Datos del INE, Censo 2001) Segn estos mismos datos, el 62% de los ciudadanos que asumen ser parte de una identidad indgena de nuestro pas, lo hace a travs del autoreconocimiento, lo que quiere decir y expresar que en el ltimo tiempo, el orgullo de ser diferente en el pas ha crecido y se reinicia en los hechos, un proceso de interpelacin al Estado por el reconocimiento de la multiculturalidad. En este contexto, la crisis de representacin es la expresin del fracaso de una forma de impulsar ciudadana de un Estado excluyente que pretenda que por decreto todos podamos vernos iguales en las leyes como bolivianos, aunque en los hechos seamos tratados diferente, vivamos diferente, sintamos la exclusin de nuestra diversidad de forma distinta y tengamos una visin de nuestra cultura y del pas que nunca ha sido tomada en cuenta. Pero adems, todo este proceso histrico que ha transcurrido paralelamente, ha creado dos sistemas econmico-polticos que a pesar de estar obligados a la convivencia, han desarrollado formas excluyentes de coexistencia. Existen pedazos de Bolivia que tienen una lgica liberal que toma sentido a travs del mercado de intercambio y la propiedad individual junto a una Democracia representativa que se expresa a travs de la libre concurrencia en comicios electorales donde los partidos son los principales actores, y existe aquella otra que ha permanecido en la semiclandestinidad y sobreviviendo a pesar de la represin, la persecucin y la imposicin autoritaria, es decir la lgica comunitaria de la convivencia y de la toma de decisiones, que arranca en la forma primaria de los ayllus y comunidades pero que se ha impregnado en la forma gregaria en la que gran parte del pueblo boliviano toma sus decisiones; nos referimos a la junta de vecinos, asociaciones o gremios que son otra forma de identidad poltica no reconocida y que hoy empieza a recuperar el protagonismo poltico directo, sin intermediaciones partidarias. El temor al desmembramiento territorial y particularmente a que la diversidad indgena pudiera avasallar la autoridad de un Estado descentralizado ha hecho que histricamente los sectores dominantes se decidieron por un Estado centralizado que mantuviera el monopolio de los hilos del poder. As incluso en la guerra de 1899 que enfrent al Sucre conservador con La Paz liberal, aunque parte de las consignas de los vencedores liberales se dirigan a la federalizacin del pas, el levantamiento y demandas propias del movimiento indgena a travs de Zrate Willka los convenci de que finalmente deban coincidir con los conservadores en mantener un Estado centralizado que los protegiera de la turba indgena (Chivi). Esta excesiva concentracin del poder ha impedido que el desarrollo nacional sea equitativo en todas las regiones del pas, ha generalizado la corrupcin en el funcionamiento estatal y ha privilegiado nuestra relacin dependiente primario exportadora con el mundo.

Pero adems ha ocasionado que la excesiva concentracin an geogrfica de los poderes del Estado, genere una falsa visin de que en el occidente se encuentran los conflictos junto al poder de decisin centralizado y en la parte oriental la productividad vinculada a la globalizacin a travs del mercado y las transnacionales, que han hecho al discurso de las oligarquas locales de la llamada media luna, constituida por los departamentos del oriente del pas. Estos grupos de poder regional alientan un posible quiebre geogrfico del poder que enfrente al conjunto nacional, en el que ellos puedan ser los nicos beneficiados adems de disponer de los recursos naturales estratgicos que son de todos.

Estos son algunos de los temas que histricamente se incubaron en la estructura excluyente del Estado y que irrumpieron en la vida del pueblo a travs de las polticas neoliberales de los gobiernos que se sucedieron a partir de 1986, profundizando las contradicciones y la miseria en el pueblo. Entonces el movimiento indgena encabeza las movilizaciones desde el ao 2000, expresando el agotamiento de la propuesta poltica econmica neoliberal e interpelando en las calles y las comunidades a los regimenes centralistas que optaron por la represin y la muerte antes de que el pueblo lograra arrojar a los presidentes que pretendieron salvar la estructura de poder vigente, dndose curso de forma democrtica a la victoria electoral de Evo Morales junto a la convocatoria a la Asamblea Constituyente como seal de cambio revolucionario en Bolivia.

Las exclusiones del camino recorrido

La fundacin de la Repblica cont en el proceso de independencia con muchos pueblos originarios que ofrendaron su vida pero que no sern recordados como los protomrtires, porque los nacientes libertadores soaban con una repblica criolla, sin indios y as se vio reflejado histricamente desde la primera Constitucin Poltica del Estado de 1826, hasta el ao 1956, cuando recin se instituye el voto universal en Bolivia.

A lo largo de esa historia republicana, encontramos que las Constituciones Polticas del Estado, modificada a gusto y capricho de caudillos y polticos conservadores o liberales, mantuvieron la constitucionalizacin de la exclusin. Los llamados ciudadanos no alcanzaban el 2% de la poblacin en el pas y eran aquellos que siendo nacidos en el pas, eran hombres, mayores de 21 aos o casados, saban leer y escribir y no estaban sujetos a otro en calidad de servidumbre. Bajo argumentos que provenan de la Europa esclavista y que en la colonia se haban institucionalizado, se negaba a los pueblos originarios su calidad de ciudadana y de personas en la perspectiva de asumirlos como menores de edad, que necesariamente deban estar bajo el tutelaje de un patrn que decida por ellos. Las condiciones de ciudadana solo podan ser llenadas por el criollaje, que consider que slo la continuidad del rgimen colonial respecto a los pueblos originarios preservara sus intereses como nuevos dueos de la Repblica.

Por tanto, en el pueblo ms indio del continente, la lucha por la autodeterminacin de los pueblos indgenas y originarios ha sido una demanda permanente contra la colonizacin, que se mantuvo ms all de la colonia misma, se hizo parte de las estructuras republicanas y defini la relacin del Estado con el conjunto popular. Las luchas, los levantamientos, las insurrecciones pero tambin las masacres y la estructural exclusin de la mayora se hizo parte de nuestra historia que pareca no tener retorno en el contexto liberal y la globalizacin, pero si en la memoria ancestral de los pueblos originarios de nuestro pas.

No fue casual por tanto, que cuando en los aos 90, los pueblos indgenas del Oriente organizaron ese gran acontecimiento de marchar cientos de quilmetros desde sus comunidades hasta La Paz, en realidad estaban detonando un proceso acumulativo de abandono y explotacin que ha sido una constante en la vida republicana de este pas

La Asamblea Constituyente como consigna apareci y empez a erigirse como smbolo de cambio ms all de la comprensin tcnica de su significado. Los sectores dominantes del pas, desde entonces y como siempre lo haban hecho a lo largo de la vida republicana, se negaron a aceptar que la Asamblea Constituyente fuese una posibilidad de mayor democratizacin para el pasni siquiera tomando en cuenta el contexto latinoamericano, pues casi todos los pases vecinos haban buscado la constitucionalizacin de este recurso como una manera de recuperar la legitimidad del sistema sin perder el poder. Histricamente en nuestro pas las lites haban realizado ms de 18 transformaciones constitucionales a travs de Asambleas o Convenciones Nacionales, la ausencia fundamental estuvo en la representacin y consulta del pueblo; que se constata en la historia de exclusiones y colonialismo que hasta ahora ha vivido Bolivia.

A lo largo de este proceso, siempre cruzado por las luchas populares e indgenas, los temas de Estado fueron un asunto exclusivo de los sectores dominantes que a travs de gobiernos militares o de la naciente democracia liberal, instituida constitucionalmente, slo optaron por realizar la reforma constitucional del 94, propuesta por notables pero que, a ms de frenar la creciente resistencia al neoliberalismo, tuvieron que institucionalizar formalmente, demandas y reclamos que hacen a la identidad profunda de la repblica.

La reivindicacin de los Pueblos Originarios presente a lo largo de nuestra historia, toma forma poltica en los ltimos 5 aos, ante la crisis sin salida del neoliberalismo como sistema econmico y de la crisis de representacin poltica de partidos y gobernantes que no gestaron un proceso democrtico incluyente. Nuevos liderazgos y movimientos sociales que en algunos casos asumieron formas institucionalizadas de participacin poltica, fueron los cursos nuevos que de forma convergente sitiaron al Estado, que slo acudi al recurso de la represin y la muerte.

El 18 de Diciembre del 2005, con la eleccin democrtica de Evo Morales, se concentran todas esas energas de cambio, descolonizacin y la construccin de un nuevo pas; y una de las primeras tareas, mientras se busca institucionalizar una nueva forma de gobernar, fue la de marcar las nuevas reglas de funcionamiento para el Estado y el conjunto de la nacin a travs de la Asamblea Constituyente.

Las razones de la historia

En esta historia, tanto los unos como los otros le otorgan continuidad desde su propia perspectiva, los unos, los vencedores convierten la suya en la versin oficial y se la cuentan as a las nuevas generaciones buscando crear, hroes y mitos de la gloriosa repblica enfrentada con los espaoles y con los pases vecinos; en definitiva se mitifica a la repblica y a quienes han sido sus portadores. Son los personajes importantes los que en realidad hicieron una historia ausente de pueblo.

La historia oficial se muestra como continuidad de la historia universal donde las leyes y la forma de ejercer el poder son parte de un gran legado histrico depositado en los escogidos, los privilegiados, los que en definitiva hicieron posible la repblica y su relacin con el mundo. Discurso colonizador que exalta la relacin con el mundo a pesar de los muertos y el genocidio, no importando la condicin de dependientes, subordinados y sometidos en el orden mundial. Discurso renovado pero no creado por el neoliberalismo que por sobre la ciudadana y su bienestar sobrepuso la relacin con el mercado mundial.

Los otros, los nadies en la historia oficial, sin embargo, no dejaron de contar su propia historia desde los vencidos, y en permanente resistencia ante quienes los haban invadido, y no slo eso, sino que histricamente se empecinaron en mostrar histricamente su otredad, el carcter subordinado y racista que tena el acceso al poder. En definitiva no slo encontramos la continuidad de la guerra plenamente expresada en el conflicto de clases, sino en el de identidades que han hecho este pas. Los unos sometidos y rebeldes, sosteniendo su identidad subterrnea e insurrecta, los otros buscando el sometimiento sin proyecto de pas para todos.

La historia clandestina de los muchos se afirmar en la exclusin de la que son parte, en la forma histrica de vivir el conflicto desde abajo, pero tambin en su peculiar forma de ser y pervivir en el espacio, en su relacin con los otros. Este proceso de enfrentamiento, en el que al enemigo se lo ve todos los das hace de la poltica el peculiar espacio en el que se van definiendo de manera todava ms marcada las identidades propias respecto a la sociedad que se quiere los muchos, los pueblos sojuzgados en transmisin oral y de habitus, hacen sentir al conquistador republicano que no son parte de su mundo inventado, que las leyes no son suyas y slo las sufren los oprimidos y que los proclamados cambios son en realidad ninguno.

En el siglo XX sin embargo la guerra silenciosa se hace cada vez ms visible por las contradicciones que no pueden ser ocultadas, y representantes indgenas empiezan a aparecer en la historia oficial, la historia olvidada empieza a ser socializada y compartida, entonces, en palabras de Foucault el papel de la historia, por tanto, ser el de mostrar que las leyes engaan, que los reyes se enmascaran, que el poder genera una ilusin, que los historiadores mienten. No ser entonces, una historia de la continuidad, sino una historia del desciframiento, del develamiento del secreto, de la inversin de la artimaa, de la reapropiacin de un saber tergiversado o enterrado. Ser el desciframiento de una verdad sellada

Este camino emprendido desde la misma colonia, se hace perspectiva poltica que suma y enfrenta desde los movimientos sociales, la posicin colonizadora de la minora en el poder son los Tupak Katari, los Zrate Willca, y tantos otros liderazgos indgenas las que marcaron la identidad propia en el enfrentamiento, en la evidencia de la diferencia en la condicin de guerra, y tantos otros que no slo se confrontaron sino que adems marcaron la diferencia que los separaba de quien los asuma como al enemigo interno.

Ni tan siquiera los intentos ciudadanos de la revolucin del 52, de la democracia liberal por su incorporacin, pudieron desbandar los ejrcitos en pugna; ni las mltiples masacres sufridas, ni las arremetidas militares dispersaron a la mayora que envolva permanentemente a quienes desde el Estado pretendan sostener la institucionalidad de un Estado que en su raz se haba construido sin la mayora nacional.

Este es el contexto en el que debemos entender el proceso que vivimos en el pas, donde los aprestos de guerra en realidad han sido permanentes en la historia, y han ocasionado en los ltimos aos, el desgaste completo del discurso conciliador y republicano, va neoliberalismo, en tanto no slo se hizo evidente el deterioro de las condiciones de vida del conjunto nacional, sino sobre todo la incapacidad poltica de los sostenedores del poder, de emitir un discurso hegemnico capaz de seguir inventando ilusiones de vida y de incorporacin poltica. Junto a esto, el crecimiento cualitativo de esa mayora silenciosa que dej de serlo para plantear en todas las aristas estatales, la principal reivindicacin de ser ellos mismos y en definitiva que la mayora de quienes son este pas, tengan el poder de reorganizarlo para la convivencia de todos los bolivianos.

El contexto del Proyecto Poltico

Bolivia ha recorrido un largo camino histrico para llegar al momento reconstitutivo marcado por la Asamblea Constituyente. Ha sido a diferencia de lo ocurrido en los pases vecinos latinoamericanos, un proceso de construccin desde abajo y donde el resultado buscado por los actores sociales no es precisamente la modificacin constitucional formal, sino una perspectiva todava ms amplia y estructural que tiene que ver con el cambio revolucionario que vive el pas.

El dilema en esta perspectiva es que el actual proceso est sustentado en sucesivas victorias democrticas, con pleno respaldo electoral y no en la desarticulacin del poder vigente a travs de un proceso revolucionario. Tal situacin plantea algunas vicisitudes que es necesario tomar en cuenta. En un sentido positivo, tenemos la perspectiva de lograr un cambio real para el pas en condiciones democrticas con el respeto pleno a la formalidad de la mayora absoluta impuesta en las urnas. Adems el proceso visto de esta manera implica el tomar en cuenta a las ahora minoras reales en el pas, para lograr que participen en una adecuada proporcin en las decisiones fundamentales.

En otro sentido, el de las hegemonas en construccin, encontramos que los movimientos sociales han sido capaces de lograr coherencia poltica en el proceso a travs de su articulacin en torno al liderazgo ntido de Evo Morales, que ms all de un proyecto poltico para el pas, expresaba una reivindicacin tico-poltica de comportamiento ante el poder junto a la plena reivindicacin del derecho de los excluidos a ser parte de la representacin de este pas.

Esta situacin ha sido paradigmtica en tanto, la victoria plena en las urnas, se convierte en el gran reto de la gobernabilidad posible. Los siempre excluidos encabezados por un liderazgo y no precisamente por un aparato poltico que sostiene un proyecto, son los que asumen el gobierno en medio de un conjunto de expectativas de los nadies, los siempre olvidados y pisoteados por el poder. Sin embargo la parafernalia del poder coloca a los actores sociales ante la disyuntiva crucial de desmontar las estructuras organizativas de una forma de poder que ha sustentado a los sectores dominantes desde la colonia; o bien servirse de las mismas estructuras y de sus operadores y formas de hacer las cosas para ponerlas al servicio de la causa en la transformacin que vive el pas.

La propuesta conservadora de los pocos

Luego de sucesivas derrotas militares de los sectores dominantes, y de la declinacin de sus lideres junto al discurso hegemnico neoliberal, la confrontacin dio lugar a una derrota simblica de unos por los otros, cuyo desenlace se expres en un marco institucional en las elecciones, donde las mayoras escogieron a uno de los suyos para su representacin y ganaron la representacin del pas al propio tiempo como tarea fundamental propuesta por los movimientos sociales, el nuevo gobierno asume la responsabilidad de la organizacin de la Asamblea Constituyente.

Una vez ms se repite la representacin, cuando es la mayora silenciosa la que tiene acceso a la Asamblea Constituyente. Sin embargo esta salida pacifica a los conflictos que histricamente nos han separado como pas, se da una vez ms en el marco de la confrontacin y la guerra que separa a los que nunca se vieron la cara sino en la misma guerra. Por eso la primera confrontacin ser sobre el carcter de la Asamblea, para los unos, las minoras del poder de siempre, no existe otro camino sino el de la continuidad histrica incorporando algunos indios pero dejando el mensaje claro de que ellos son los dueos del pas y los poseedores del conocimiento. Para los muchos, la Asamblea es originaria en tanto es un quiebre histrico con lo anterior, es el momento fundacional de un pas con todos y desde la perspectiva fundamental de la mayora.

El debate posterior no difiere mucho en el proceso, por cuanto, las minoras en la Asamblea a travs del debate sobre los 2/3, pretenden asumir plenamente el papel de mayoras cuando hablan y declaran a nombre de los bolivianos como siempre lo han hecho, bloquean el proceso tergiversando su propia creencia liberal en tanto pretenden asumir el mismo poder que la mayora en la Asamblea, utilizando los medios de comunicacin y el temor de la poblacin para convencer del autoritarismo.

Pero an ms su propuestas slo son retoques a la tradicin constitucional de la repblica, por cuanto ellos creen en la continuidad y de lo que se trata en definitiva es de incorporar algunos cuantos indios, sin afectar al poder y la propiedad que la repblica desde su creacin les ha encomendado. Por eso, esas minoras ya tienen preparada su propia Constitucin Poltica del Estado, que es en realidad un recalentado de la actual en vigencia, por cuanto no pueden elaborar un discurso integrador si no lo sienten.

Para ellos en definitiva la poltica de lo posible es asimilarse lo ms posible al discurso democrtico- liberal, aunque el seorialismo sea ms bien el habitus del poder que prefieren. Los derechos individuales y la propiedad privada, son su punto de partida y de llegada para proteger sus intereses frente a la indiada alzada y apelan a recursos autonomistas y regionales, frente al propio Estado centralizador que ellos mismos han creado, como una forma de reconstitucin poltica para convencer a las clases medias y a sectores populares regionales de que el enemigo es el centralismo autoritario del gobierno.

Luego de terminar arrinconada, asumi como estrategia el desgaste y el aprovechamiento de los errores, junto a una estructural posicin racista de mostrar el posible fracaso de las medidas gubernamentales, no slo como la falla de un liderazgo sino como la incapacidad de los pueblos originarios representados por el liderazgo de Evo Morales. Los medios de comunicacin como punta de ataque, vierten cotidianamente el discurso racista y de arremetida oligrquica, junto a la accin coordinada de la reaccin con sus representantes prefecturales y cvicos. Sin embargo, su nica estrategia es la oposicin y la inercia de un modelo de organizacin social y econmica que no funciona; en definitiva la reaccin carece de proyecto propio ms all del mercado que ya prob sus consecuencias a los sectores populares.

Apelan una vez ms al olvido y la prdida de memoria de quienes siempre han estado subordinados, para reinventar la ilusin de que ahora s la identidad regional y su defensa permitir repartir los recursos a los ms pobres. Realizan grandes movilizaciones en defensa de la tierra y la propiedad privada, encabezadas por quienes no tienen ni un metro en propiedad; hacen grandes discursos sobre la identidad departamental y regional subyugada, encabezados por polticos de profesin defenestrados en los anteriores gobiernos por la corrupcin y el acaparamiento ilcito de bienes estatales. En la asamblea constituyente, sus representantes, hacen gala de demcratas convencidos cuando algunos de ellos han sido parte de dictaduras, de masacres y de estafas fiscales; mientras acusan de autoritarismo al cambio. Creen sinceramente que la plebe recuperar la cordura y los volver a elegir en nuevas elecciones.

La propuesta de la mayora

En cambio esa mayora an sorprendida por el poder, se debate entre la tradicin liberal y el liberarse de las ataduras jurdicas e ideolgicas que han hecho a este pas. No es fcil, y la dispersin de los liderazgos individuales de la mayora as lo demuestra; no es fcil por una parte, deshacerse para algunos de la sombra del conquistador y repetir lealtades a un discurso dominante, adems de actitudes incorporadas del opresor en su propio comportamiento que no dice demasiado de la transformacin en marcha.

Por eso es tambin comprensible la dispersin de la mayora, que son la cresta alta de la representacin de los movimientos sociales, antes que parte de una organizacin partidaria que representan intereses sociales, que reciben el mandato de representacin, ms no de poder que en definitiva se incorporan al proceso de cambio, y se encuentran con que las reglas siguen siendo ajenas a ellos, que ni la lengua ni el lenguaje utilizado es parte de ellos, que sus sueos y consignas, no construyen un proyecto alternativo, que en definitiva el peso especfico del cambio an recae en la revancha, en lo que no queremos, en lo que sabemos que no funciona; pero an no en el proyecto alternativo que reconstruya al pas y al Estado desde una lgica comunal del servicio desde el poder.

An se tiene miedo al poder subyugado por tantos aos y generacionalmente, se aprenden habitus del enemigo como forma de sobrevivencia, se continua complotando desde las esquinas, an cuando se es gobierno y se es mayora, sin terminar de asumir el peso especfico y la responsabilidad que implica ser portador de sueos y utopas de los muchos que nunca tuvieron la oportunidad de decir su palabra.

Tambin en los espacios gubernamentales y estatales, an existe la corrupcin como muestra de que vivimos en una transicin en la que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Es todava un proceso construir un nuevo habitus de la poltica como servicio, cuando las viejas prcticas han moldeado al actual Estado y adems muchos de sus funcionarios, aquellos que se quedaron para contribuir a construir un Estado eficiente, todava son capaces de multiplicar las viejas formas de hacerse del dinero del pueblo de forma individual. A ello contribuye la falta de organicidad estatal y del Instrumento, que todava no logra ampliar la revolucin cultural a las esferas del mbito de la responsabilidad estatal.

Los sueos- realidades del camino

An en medio de la dispersin, sin embargo, asoma el sentido comunitario y transformador del proceso, cuando en los talleres, foros, asambleas y encuentros territoriales, las mayoras propusieron los principales temas de la actual Constitucin, recomendaron a sus constituyentes y los obligaron en casos a un compromiso de construccin democrtica diferente en relacin con los mandantes, que se traducen en una nueva forma de entender la democracia y la participacin en el Estado.

Ms all de los conceptos que ayudan a sintetizar los sueos, estn las realidades en construccin, y las que ya existen desde tiempos ancestrales, que hacen a la presencia multitudinaria de las naciones y pueblos indgenas en el nuevo Estado, la forma en la que han sobrevivido cientos de aos a pesar de la colonizacin permanente; la de los sectores populares que han vivido las masacres por oponerse en anteriores gobiernos a la transnacionalizacin de nuestros recursos naturales, a la exclusin estructural de los sectores oprimidos de obligaciones estatales en salud, educacin, alimentacin y otros.

Todo esto y mucho ms, que los sectores populares conocen y han inscrito en documentos presentados por los movimientos sociales; que han sido demandas permanentes en la lucha; el mandato que los constituyentes de la mayora han convertido en texto constitucional, pero an ms all, han dado forma unida y al mismo tiempo desconcentrada a un Estado que histricamente slo ha provocado la dispersin y la exclusin. Hoy el nuevo Estado Plurinacional tiene como esencia organizadora a la diversidad mayoritaria que somos, dando su lugar tambin a las hoy minoras que deben asumir el proceso de transformacin para ser tomadas en cuenta con su propia opinin y participacin.

Los movimientos sociales junto al liderazgo de Evo asumen que vivimos un proceso y que se ha cumplido una etapa ms en la marcha histrica por cambiar el pas. Este es un punto fundamental de la reflexin, el que la llamada hegemona indgena no se refiere tan slo a cuantos indgena-originarios ahora son partcipes de la responsabilidad pblica, sino fundamentalmente a la perspectiva diferenciada e integrativa con la que se quiere construir la democracia en el pas. Esta mayora es una suma pluriversa y orgnicamente sindical-comunitaria, que est aprendiendo a convivir y construir un horizonte colectivo intercultural para todos.

En cambio, las minoras hoy enfrentadas con el proyecto de cambio, hicieron del Estado su patrimonio y razn de Estado de la discriminacin, no aceptan ser minoras y plantean la confrontacin como reivindicacin y bloqueo, no al gobierno sino a la democracia que antes ellos mismos administraban. Este es el contexto real de la construccin de nuestra propia democracia, que sea heredera por supuesto de la historia universal pero principalmente sea capaz de aprehender de los procesos reales que han transcurrido en estas tierras y que han hecho posible la pervivencia de nuestra diversidad.

La derrota cvico-prefectural

En este contexto, Bolivia ha vivido un escenario de enfrentamiento que buscaba ser radicalizado por la alianza cvico-prefectural, no por la fuerza de las ideas, sino de la provocacin y la violencia como estrategia, que evidencie la accin represiva y dictatorial del gobierno frente a la poblacin de las ciudades y de la opinin pblica internacional. El sinsentido como argumento de la apelacin a la fuerza contra los que piensan distinto, contra los que son distintos por su vestimenta y color de piel; la violencia contra las instituciones pblicas, el saqueo de recursos que son nacionales y regionales, slo dejaron ver la carencia de argumentos polticos para ofrecer algo diferente al pas.

Sin embargo y a pesar de que estos dirigentes cvico-prefecturales se dieron cuenta de este vaco poltico, ya tenan libres a sus perros de la guerra que ellos mismos ya no controlaban: juventudes cruceistas y grupos neofascistas, junto a mercenarios y sicarios pagados, a la par de personajes lumpen contratados, actuaron con objetivos muy propios al margen de las consignas autonmicas. Los resultados no se hicieron esperar, con decenas de heridos y destrozos en los departamentos de la media luna, y finalmente la masacre del porvenir, que puso en evidencia que el levantamiento cvico-prefectural contra el Estado boliviano, no era contra un presidente tan slo sino contra la mayora humilde de este pas, que tercamente cree que el cambio es posible.

Este contexto de violencia provoc el resquebrajamiento del CONALDE que reuna los intereses mezquinos de estos grupos de poder. Fueron los grupos de poder de Tarija los que avizoraron el principio del fin, antes de la masacre de Pando, y buscaron desesperadamente abrir espacios de dilogo, nombrando para el efecto un delegado de contacto. No fue casual por tanto que a pesar de la conflictiva situacin que ocurra en el pas, el prefecto de Tarija buscara posicionarse en el nuevo escenario del dilogo.

Tampoco nos extraa, a continuacin, la actitud de sus aliados del CONALDE, que derrotados por su propia accin autodestructiva, se quedaron sin argumentos frente a la masacre. No atinaron a defender al prefecto Leopoldo Fernndez preso por sus propios excesos en la masacre de El Porvenir. En el caso cruceo, el prefecto Costas fue presionado por la logia Toborochi, la ms importante de ese departamento gestora y organizadora de la Feria Internacional, a bajar el tono de agresividad y a ceder en el cuarto intermedio para que los negocios regionales no fueran perjudicados.

As se cre el escenario de dilogo en Cochabamba, donde en pocos das, la comisin tcnica de autonomas, lograron concertar en un 95% de contenidos, demostrando que la interpelacin autonmica a la NCPE era fundamentalmente poltica y que tras el mutuo reconocimiento de la CPE y los estatutos departamentales, los acuerdos fueron posibles.

Sin embargo, de este gran avance, los prefectos una vez ms se negaron a firmar el acuerdo para no poner de manifiesto que el escenario de violencia y muerte armado por ellos, haba sido insulso y expresaba que sus mezquinos intereses haban sido puestos con prioridad a la del conjunto de los bolivianos.

El escenario parlamentario

En estas condiciones, el espacio poltico de decisin se traslad al parlamento, con un importante componente nuevo, el gobierno decidi, que aunque no se firmara acuerdo con las regiones, los cambios que haban sido propuestos y acordados en el tema de autonomas, se incorporaban al nuevo texto constitucional.

Existan esta vez dos elementos definidores del momento poltico en caso de que ocurriera el bloqueo esperado por parte de las minoras encabezadas por PODEMOS en el Congreso Nacional. El primero, el de la marcha nacional convocada por las organizaciones y movimientos sociales aglutinadas en el CONALCAM, que recuperando el sentido histrico de la marcha del pueblo boliviano para llegar hasta la aprobacin de la NCPE, quera decirle al pas y al mundo de que Bolivia ha decidido construir una nueva historia, y que recuperaba el smbolo de la marcha indgena de los 90 para expresar que los diversos rostros de la plurinacionalidad estn presentes y la NCPE es la expresin del camino recorrido.

Por eso la multitudinaria manifestacin que culmin el 21 de noviembre, era demanda y fiesta al mismo tiempo, como ha sido la vida de la mayora de este pas, que no slo tuvo que soportar la explotacin y la discriminacin a lo largo de tanto tiempo, sino tambin la permanente reconstitucin de las razones de la esperanza del encuentro, en las comunidades, en los espacios de lucha y ahora por una visin de pas conjunta expresada en la NCPE.

La segunda alternativa, frente a la posibilidad del bloqueo del Senado, era la de desarrollar un proceso de iniciativa legislativa ciudadana para la aprobacin del referndum constitucional que desde las organizaciones sociales movilice a la poblacin para otorgar un mandato al congreso que apruebe el referndum y la fecha de su realizacin.

El congreso, ratificando una actitud poltica de la mayora a lo largo del proceso constituyente, opt una vez ms por abrir un proceso de dilogo con la oposicin, que permita la ratificacin de un principio acordado en Cochabamba, de que tanto la NCPE como los estatutos deban concordarse en el marco de un proceso de pacificacin y acuerdo poltico.

Se realizaron ms de 147 modificaciones al texto aprobado en Oruro, casi todas ellas en la redaccin y 6 importantes de contenido, la principal referida precisamente a las autonomas en las que se incorporaron los acuerdos de Cochabamba. Otras importantes se refieren a la reaparicin de los congresistas plurinominales, a la no retroactividad en la aplicacin de los limites del latifundio despus del referndum dirimitorio, a la inclusin del concepto de Repblica en la definicin de pas, a la incorporacin del concepto de nacin boliviana dentro la plurinacionalidad, a la jurisdiccionalizacin de la justicia comunitaria y algunas otras que mantenan una definicin taxativa en el texto de Oruro, se las pospone para una mayor definicin en la posterior discusin sobre las leyes de adecuacin, como es el caso de los transgnicos.

El texto de la NCPE con estas modificaciones fue el aprobado en el congreso por amplia mayora, es el que desat la algaraba nacional y de los miles de marchistas que aguardaban en vigilia, que en su gran mayora desconocan los cambios realizados en la NCPE.

Victoria o derrota?...

Las repercusiones no se hicieron esperar, muchos dirigentes manifestaron su desconcierto e incluso algunas organizaciones expresaron su oposicin inicial. Por el otro lado PODEMOS termin por pulverizarse y la bancada de Santa Cruz, sin mayor argumento se opuso y manifest que sus estatutos no estaban considerados en la NCPE consensuada. Sin embargo el escenario estaba marcado, una larga y tenaz lucha de los movimientos sociales para dotar al pueblo boliviano de un nuevo proyecto de pas estaba concluida en esta etapa y el referndum se realizara el 25 de enero del 2009.

La estrategia de la resistencia activa de los movimientos sociales y el gobierno, haba tenido el logro histrico de poner en evidencia la no-propuesta de la oposicin que durante siglos se mantuvo en el poder sustentada en la exclusin y en la represin de las mayoras, para preservar lo que ellos consideraban sus bienes patrimoniales que son en realidad propiedad de todos los bolivianos. Pero tambin expres las limitaciones de la democracia formal construida en aos de neoliberalismo y heredada al actual proceso de cambio, y donde las minoras a pesar de su derrota en las calles y en las nforas, mantienen un poder de veto y de bloqueo, que buscaron utilizar para derrotar el proceso de transformacin decidido por las mayoras.

Se prioriz la victoria estratgica sobre la oposicin, la que nos permite seguir acumulando fuerzas y avanzando en el camino, al ritmo del movimiento popular en su proceso de apropiacin de las conquistas logradas. Se ajustaron varios temas constitucionales y se retrocedieron en otros, pero en definitiva, en la memoria larga del proceso, se lleg hasta donde se pudo llegar con esta correlacin de fuerzas y en el contexto de esta democracia formal hecha a medida por los neoliberales.

Los Referndum Constitucional y Dirimitorio

En estas condiciones nos dirigimos al referndum Constitucional y dirimitorio, con una oposicin sin argumentos que en su representacin congresal opt por apoyar la decisin de que el pueblo decida sobre la propuesta de nueva CPE y adems dirimir sobre los lmites a poner al latifundio, de 5000 o de 10.000 hectreas.

Se agotaron los argumentos tcnicos y, las razones polticas de la oposicin haban fracasado en medio de la violencia desatada y su dispersin. El lder de la oposicin, Tuto Quiroga y otros dirigentes regionales se sumaron a la campaa con el argumento de que haban cambiado el radicalismo masista, porque en definitiva en un primer momento definieron que polticamente deban abanderarse de la nueva CPE. Sin embargo no tardaron mucho tiempo en cambiar de parecer y sumarse a la corriente radical encabezada por la prefectura y el comit cvico de Santa Cruz, que planteaban en definitiva, la oposicin al cambio como principio.

No encontr otro argumento el bloque opositor que el de oponerse al proyecto de cambio, bajo la perspectiva poltica de empezar a aglutinar una fuerza que enfrente el liderazgo nacional de Evo Morales en las elecciones de Diciembre del 2009. Por eso la campaa del NO, contaba con ingentes recursos provenientes de los grupos de poder del oriente y sus medios de comunicacin distribuidos en todo el pas que desataron una feroz campaa meditica en torno a temas sensibles para la poblacin, principalmente en las clases medias urbanas.

De forma permanente se multiplicaron las mentiras en torno al contenido del texto constitucional, afirmando que ste promueve la dictadura evista a travs de la reeleccin permanente, cuando el texto es explcito cuando permite una sola reeleccin. Se hizo una campaa religiosa-ideolgica que cont con el apoyo de sectores jerrquicos de la Iglesia Catlica institucional, con la interpretacin distorsionada de que la separacin entre iglesia y Estado, es una imposicin negadora de la religin popular siendo que a la par de la libertad religiosa proclamada en el texto, el pas finalmente se hace parte de un proceso liberal que ha sido parte de la historia pasada de la mayora de los pueblos latinoamericanos y del mundo.

Se minti sobre la expropiacin de la propiedad privada, siendo ste un derecho fundamental en la nueva CPE que protege y no pone en peligro las posesiones logradas de forma legtima. Se insisti en que los pueblos indgenas tendran la preponderancia de avasallar a los otros sectores, cuando en realidad histricamente los grupos de poder siempre propugnaron dos tipos de ciudadana e hicieron miserable al pas y a la mayora de su pueblo. La propuesta de integracin de la mayora no se basa en la venganza sino en el asumir la diversidad de identidades en el marco de la construccin del Estado Plurinacional, por eso los derechos liberales y los comunitarios son parte de esta convivencia diversa que los bolivianos hemos decidido construir en democracia y como leccin para el mundo.

Para amplificar los temores y las mentiras, se organizaron equipos de especialistas y analistas polticos que desfilaron por los medios de comunicacin; todos ellos ex autoridades y militantes partidarios del anterior esquema neoliberal que fungieron en el docto papel de legitimar las mentiras de los spots publicitarios de la oposicin, a la par de intentar posicionar nuevos liderazgos de cara a las elecciones de fin de ao.

Todos estos esfuerzos y recursos no pudieron doblegar la frrea voluntad popular de continuar con el proceso de cambio, y aunque en las ciudades los miedos influyeron en el comportamiento electoral de las clases medias, la gran mayora finalmente legitim con su voto en el Referndum constitucional la propuesta de pas que haba sido construida con tanta historia encima, con tanta sangre, esfuerzos y humillaciones que hoy cobran un sentido reivindicativo y de proyecto en construccin no slo por la voluntad de un gobierno, sino de la mayora del pueblo boliviano.

Con el record histrico de participacin de ms del 90% del padrn electoral, los bolivianos decidieron en un 87% que el lmite al latifundio ser de menos de 5.000 hectreas, no dejando dudas en torno a que el pueblo boliviano est decidido a construir una nueva historia donde la equidad sea el principio de la propiedad y por primera vez opinar a travs de su voto en torno al reparto de tierras que desde la colonia y durante la Repblica ha sido un tema exclusivo de los dueos del poder, y ms an durante los sucesivos gobiernos neoliberales que se repartieron la tierra principalmente en el oriente entre complicidades partidarias, padrinazgos y parentelas.

El 61.45% obtenido por el SI en el Referndum Constitucional, no es ningn empate tcnico como pretendieron argumentar los analistas de la oposicin es en realidad el voto de la legitimidad para seguir avanzando y construyendo el nuevo pas. Es tambin la responsabilidad histrica asumida en democracia de que ese 38.65% que votaron por el NO, en gran parte deseche sus temores y se incorpore al proceso de cambio para dejar finalmente aislada a esa minora seorial que siempre ha gobernado y que en definitiva no tiene un horizonte de pas que ofrecer ms all de la proteccin de sus mal habidas posesiones a costa de los intereses de todos los bolivianos.

Significa tambin la necesidad de que a travs de la gestin basada en la legitimidad otorgada por la nueva CPE, el gobierno realice de forma cada vez ms visible la distribucin de recursos para beneficio del conjunto de los bolivianos y que los temas de corrupcin sean cortados con absoluta drasticidad para dar lugar a que las organizaciones sociales y el control social permitan la absoluta transparencia de un proceso que no se detiene y ya es patrimonio de todos y cada uno de los bolivianos.

El pas que tendremos

En definitiva, el proceso que vivimos y cuya primera conclusin histrica acabamos de ratificar en su sentido y su rumbo poltico, incorpora como base esencial a lo comunitario como atributo plurinacional de la sociedad boliviana, junto a aspectos de la tradicin liberal que permitan un reencuentro social entre lo diverso y lo boliviano, entre campo y ciudades; entre identidades distintas que son parte de un mismo pas. En definitiva a pesar de que lo fundamental est siendo planteado desde la esencia mayoritaria, en esta etapa, an existe un transcurrir liberal en el camino de la transformacin, mientras los movimientos sociales se apropian legtimamente del Estado e imprimen en el proceso su propia forma de hacer un pas para todos y todas.

El nuevo texto constitucional aprobado, es por tanto una etapa necesaria pero no concluyente de un proceso constituyente que ya lleva muchos aos; y que por la va democrtica liberal ha elegido conciliar intereses en el marco del encuentro democrtico; sin olvidar una guerra histrica que an en pie, nos enfrenta en la cotidianidad de la exclusin y la discriminacin, que slo podr resolverse cuando la mayora sea poder real y las minoras asuman su parte en el proceso de construir un nuevo pas sin exclusiones, donde los nadies de siempre la mayora de hoy- tengan la oportunidad de construir nuevas realidades que permitan que ellos y sus hijos vivan y nazcan en un pas que respeta la dignidad de todos y el derecho a vivir bien (sumaj khamaa de la cultura aymara que significa aprender a vivir en comunidad con lo suficiente).

La garanta del proceso sigue estando en los movimientos sociales, y el apostar a su proceso deliberativo y de propuesta sigue siendo la apuesta revolucionaria de todos, apostar a la capacidad democrtica y revolucionaria de construir el nuevo pas no es una opcin es una obligacin revolucionaria que sostenemos los bolivianos.

Son demasiados aos de colonialismo y exclusin, que no se borran en algunos meses, pero el principio de insubordinacin, de lucha, nos ha llevado a plantear ser un pas diferente. Debemos caminar a sumar nuestras propuestas para que la hegemona se haga poder, que ms all de la rebelin podamos ser constructores de una nueva forma de relacin en Democracia que vele fundamentalmente por los intereses de los que son mayora social e histricamente en el proceso de construir el Pachacuti andino.

En definitiva, que el nacimiento escrito de un nuevo acuerdo para la convivencia de la diversidad del pas, contenido en la Constitucin, no es un objetivo en s mismo, es una etapa necesaria en la construccin de un horizonte colectivo para el pas. Su profundizacin pasa por un proceso participativo y deliberativo de construccin de la nueva democracia que nos permita la profundizacin de la revolucin y su institucionalidad es un instrumento complementario en el que hay que invertir el esfuerzo necesario (pues es un campo de poder en el que las fuerzas opositoras saben moverse). Nuestro objetivo permanente es el de tener una sociedad movilizada, deliberativa, proponente, dispuesta a defender y luchar por lo que considera suyo para sostener la revolucin posible.

Prepararnos para el cambio

Estamos en los albores de un cambio fundamental en el pas, al que ingresamos de forma atropellada y con los conflictos propios de una transicin que implica un cambio histrico en la estructura de poder, y en el marco de una democracia liberal que an conserva una institucionalidad acorde a un Estado colonizado y patrimonialista. Las propias reformas liberales, como el tema del acceso a la tierra o la separacin entre Estado e Iglesia, son asumidas por la minora seorial como atentatorios a sus intereses y en consecuencia han planteado el enfrentamiento abierto al proceso de cambio.

Ser an difcil el camino de construir una nueva institucionalidad que no repita los rumbos del pasado, que haga del poder un espacio de servicio no de lucro y aprovechamiento personal, institucionalizado en la corrupcin que hoy tiene atisbos de permanencia y reproduccin en la nueva estructura gubernamental. La propia Constitucin nos otorga nuevas vas a transitar, cuando institucionaliza la participacin popular en el control social o cuando descentraliza el Estado a travs de las autonomas para permitir que el pueblo sea quien fiscalice a sus autoridades, adems de elegirlas en todos los rganos, as como tambin revocarlas si no cumplen con el mandato popular.

Vivimos una etapa de transicin en la que muchos principios y artculos de la Constitucin ya son aplicables desde su vigencia, pero que debern atravesar el manto de la inoperancia y el bloqueo del poder judicial en la demanda de su aplicacin; y sin embargo son las organizaciones sociales las que debern luchar para que una vez ms el texto constitucional no se quede en un discurso de intenciones.

Adems estamos en el curso de un proceso de adaptacin legislativa, que mientras dure mantendr vigentes las antiguas leyes siempre y cuando no contradigan el espritu de la nueva Constitucin; pero que sin embargo implicar no el que los expertos sean los que tcnicamente decidan el rumbo de las transformaciones legales sino que de forma coordinada las propuestas de transformacin legal puedan ser consultadas, complementadas y propuestas por las propias organizaciones sociales.

Sealar finalmente que el complemento fundamental de un pueblo deliberante y participativo, es un Estado que responde con una gestin consecuente con los principios planteados en la Constitucin, por tanto existe la necesidad de realizar una ingeniera institucional en el Estado que permita la aplicacin y vigencia paulatina de la nueva Constitucin Poltica del Estado que de paso a la plena participacin popular, a la eficiencia en el cumplimiento de los objetivos y a la transparencia en el manejo de la cosa pblica que de pie a una nueva tica del trabajo y de responsabilidad con el mandato popular.



[1] Coordinador Nacional de Deliberacin Pblica y Difusin de la REPAC



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