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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2009

El cartero llama dos veces

Iaki Errazkin
Insurgente


La Cuba revolucionaria que hoy conocemos es el producto social resultante de las operaciones poltico-aritmticas que han intervenido en el proceso durante ms de cincuenta aos. En continua evolucin, por la inexorable ley de la dialctica, su valor acumulado es el que es en este minuto, diferente ya en algo al minuto siguiente.

Desde que unos pocos patriotas concienciados iniciaran la guerra contra el rgimen del tirano Batista, otros muchos cubanos, hombres y mujeres, se fueron incorporando a la pelea hasta conseguir derrocar al dictador e implantar un modelo propio de sociedad humanista que, an hoy, contina avanzando hacia el objetivo comunista, gracias, a su vez, a otros muchos cubanos, hombres y mujeres, que han mantenido ardiendo el pebetero revolucionario todos y cada uno de los das y noches del ltimo medio siglo.

Fuera de la isla, fueron, somos, seremos y sern tambin muchas las personas que apoyaron, apoyamos, apoyaremos y apoyarn las decisiones tomadas mayoritariamente por los ocasionales miembros del Consejo de Estado de Cuba en la confianza de que son las ms acertadas en cada momento. Un respaldo que, a menudo, supone un gran coste personal para cada uno de nosotros, verdaderos brigadistas internacionales en la batalla de ideas, entregados en cuerpo y alma a contrarrestar en nuestros respectivos pases la manipulacin informativa del Imperio y de sus Estados cmplices.
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Sin embargo, nuestra postura solidaria no hay que interpretarla como una patente de corso otorgada acrticamente con la fe proverbial de los carboneros, porque no lo es. En demasiadas ocasiones hemos visto en la Historia Universal giros inesperados que han echado por tierra ms de un paradigma.

La importancia de las formas es fundamental para quienes pretendemos volcar la actual relacin de fuerzas entre la oscuridad y la luz. Desde la constancia de que desde el exterior nadie es quien para pedir explicaciones (la palabra injerencia no debiera figurar en el vocabulario de la izquierda), hay casos que requieren una argumentacin compartida con los usufructuarios y los aliados de la Revolucin, pues todos viajamos a bordo de la misma embarcacin, que bien podra llamarse Granma.

La reciente reestructuracin del organigrama de la Direccin del Gobierno de la Repblica de Cuba, con sus ajustes, ceses y nombramientos, no pasa de ser una crisis ministerial, lgica y normal en cualquier Estado del planeta. Pero, sin subestimar la inteligencia humana ni la vanidad de los hombres, el problema surge cuando el referente poltico e intelectual durante cinco dcadas el mximo lder revolucionario- acusa urbi et orbi a algunos de los liberados de no haberse sacrificado una sola vez por la causa y de haber sucumbido a la miel del poder, amaneciendo sbitamente ambiciosos, hasta el punto de haber llegado a protagonizar un papel indigno.

Entre los recuerdos de mi niez y adolescencia se encuentra la pintoresca figura del motorista de El Pardo, un probo agente de Trfico que, convertido en correo del zar, amargaba el futuro inmediato de los hasta entonces ministros entregndoles en mano el documento firmado por el general Franco en el que se les anunciaba su fulminante despido, agradecindoles, eso s, los servicios prestados. Indefectiblemente, la mala nueva coga a todos con el pie cambiado. Salvando las profundas diferencias cualitativas, a Lage y Prez Roque les ha llegado el correo por duplicado, a travs de una asptica nota oficial, y de otra oficiosa, mucho ms contundente.

Habr quien esgrima la media verdad de que Fidel, en calidad de observador cualificado y de analista poltico con conocimiento de causa, hace uso nicamente de su derecho a la libertad de expresin, no determinando polticamente las decisiones del Consejo de Estado, que ejerce su funcin sin atender a presiones externas. Pero, aunque las reflexiones de Fidel no reviertan directamente en los acuerdos de Gobierno, nadie duda de que s son vinculantes dentro y fuera de Cuba, tanto tica como polticamente.

Y es precisamente una cuestin de tica la que nos ocupa. Los comunistas no partidarios, que no estamos sujetos a ms disciplina que la que emana de nuestras conciencias, no acostumbramos a comulgar con ruedas de molino. Conocemos bien a los compaeros Felipe Prez Roque y Carlos Lage (no tanto a los dems liberados), y nos consta su honradez y compromiso. La integridad de ambos ha sido cuestionada por el anciano y reflexivo Fidel. No tenemos derecho a pedirle una explicacin, pero l s tiene el deber de proporcionrnosla.

Iaki Errazkin es periodista y escritor, autor de Y en eso se fue Fidel

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