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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2009

Consensos problemticos

Boaventura de Sousa Santos
Viso

Traducido para Rebelin por Antoni Jess Aguil


Desde hace aos me intriga la facilidad con la que en las sociedades europeas y de Amrica del Norte se crean consensos. Me refiero a consensos dominantes, perfilados por los principales partidos polticos y por la gran mayora de los editorialistas y comentaristas de los grandes medios de comunicacin social. Resultan ms intrigantes cuando se dan sobre todo en las sociedades donde supuestamente la democracia est ms consolidada y, en virtud de ello, la competencia entre ideas e ideologas se esperara ms libre e intensa. Por ejemplo, en los ltimos treinta aos cobr fuerza el consenso de que el Estado es el problema, y el mercado, la solucin; el consenso de que la actividad econmica es ms eficiente cuanto ms desregulada; el consenso de que los mercados libres y globales son siempre preferibles al proteccionismo y el consenso segn el cual nacionalizar es un anatema, mientras que privatizar y liberalizar son la norma.

Ms intrigante es la facilidad con la que, de un momento a otro, se modifica el contenido del consenso y se pasa del dominio de una idea al de otra totalmente opuesta. En los ltimos meses hemos asistido a uno de estos cambios. De repente, el Estado volvi a ser la solucin, y el mercado, el problema; la globalizacin fue cuestionada; la nacionalizacin de importantes unidades econmicas, de anatema pas a ser la salvacin. Sin embargo, an ms intrigante es el hecho de que son las mismas personas e instituciones las que hoy defienden lo contrario de lo que defendan ayer, y lo hacen aparentemente sin la mnima conciencia de contradiccin. Esto resulta evidente con respecto a los principales consejeros econmicos del presidente Obama, respecto al presidente de la Comisin de la Unin Europea o de los actuales gobernantes de los pases europeos. Siendo as, parece ser irrelevante la sospecha de que estamos ante un mero cambio de tctica y no ante un cambio de filosofa poltica y econmica, cambio que sera necesario para enfrentar con xito la crisis.

Hubo, a lo largo de estos aos, voces disonantes. El consenso que gan fuerza en el Norte global estuvo lejos de hacerlo en el Sur global. Pero la disensin o no fue escuchada, o fue castigada. Es sabido, por ejemplo, que desde 2001 el Foro Social Mundial (FSM) ha venido haciendo una crtica sistemtica al consenso dominante, simbolizado en el momento por el Foro Econmico Mundial (FEM). La perplejidad con la que lemos el ltimo informe del FEM y verificamos alguna convergencia con el diagnstico hecho por el FSM nos hace pensar que, o el FSM tuvo razn antes de tiempo, o el FEM tiene razn demasiado tarde. La verdad es que, una vez ms, el consenso es traicionero. Puede haber alguna convergencia entre el FEM y el FSM en cuanto al diagnstico, pero ciertamente no en cuanto a la teraputica. Para el FEM y, por lo tanto, para el nuevo consenso dominante, rpidamente instalado, es crucial que la crisis sea definida como una crisis del neoliberalismo, y no como una crisis del capitalismo, es decir, como la crisis de un cierto tipo de capitalismo, y no como la crisis de un modelo de desarrollo social que, en sus fundamentos, genera crisis regulares, el empobrecimiento de la mayora de las poblaciones que dependen de l y la destruccin del medio ambiente. Es igualmente importante que las soluciones vengan de la iniciativa de las lites polticas y econmicas, tengan un marcado carcter tecnoburocrtico, y no poltico, y sobre todo que los ciudadanos sean apartados de cualquier participacin efectiva en las decisiones que les afectan y se resignen a compartir el sacrificio que cabe a todos, tanto a los detentores de las grandes fortunas como a los desempleados o jubilados con la pensin mnima.

La teraputica propuesta por el FSM, y por tantos millones de personas cuya voz seguir sin ser escuchada, impone que la solucin de la crisis sea poltica y civilizacional, y no confiada a los que, habindola producido, pretenden continuar beneficindose de la falsa solucin que para ella proponen. El Estado deber ciertamente ser parte de la solucin, pero slo despus de ser profundamente democratizado y libre de los lobbies y la corrupcin que hoy lo controlan. Urge una revolucin ciudadana que, basada en una sabia combinacin entre democracia representativa y democracia participativa, permita crear mecanismos efectivos de control democrtico, tanto de la poltica como de la economa. Es necesario un nuevo orden global solidario que cree las condiciones para una reduccin sostenible de las emisiones de carbono hasta 2016, fecha en que, segn los estudios de la ONU, el calentamiento global, al ritmo actual, ser irreversible y se transformar en una amenaza para la especie humana. La existencia de la Organizacin Mundial del Comercio (OMC) es incompatible con ese nuevo orden. Es necesario que la lucha por la igualdad entre pases y en el interior de cada uno de ellos sea, por ltimo, una prioridad absoluta. Para ello es necesario que el mercado vuelva a ser siervo, ya que, como seor, se revel terrible.

Fuente: <http://www.ces.uc.pt/publicacoes/opiniao/bss/215.php>

Boaventura de Sousa Santos es socilogo y profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Coimbra (Portugal).

Antoni Jess Aguil es miembro de Rebelin y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente, a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.




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