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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2009

Resistencia digital y derechos humanos

Carlos Snchez Almeida.
Kriptpolis


"Cmo se da forma a un libro de resistencia, un libro de verdad en un imperio de falsedad, o un libro de rectitud en un imperio de crueles mentiras? Cmo se puede hacer esto delante mismo del enemigo? No a la antigua, escribiendo en el cuarto de bao, as que, cmo se puede hacer esto en un Estado tecnolgico futuro? Es posible que la libertad y la independencia se manifiesten de maneras y en condiciones nuevas? Es decir, sofocarn las futuras tiranas estas formas de protesta? O el espritu engendrar nuevas respuestas que ahora mismo no podemos ni imaginar?"

-- Philip K. Dick, en una entrevista de 1974

0. Una advertencia previa sobre mi particular concepto del Derecho.

No soy un filsofo, y tampoco me considero un jurista. Me hubiese gustado dedicarme a algo distinto de lo que hago, pero desgraciadamente para m y para el resto de la sociedad, he acabado ejerciendo de abogado. Cuando me pongo la toga me siento como se debera sentir dentro de su sotana un sacerdote ateo: yo tampoco tengo fe alguna en el Derecho. Las leyes slo son las herramientas con las que me gano la vida.

Considero que, al igual que la poltica y la tecnologa, el Derecho slo es la continuacin de la guerra por otros medios: la ley no es nada ms que la expresin reglada de un conflicto social. No hay nada original en mi planteamiento: toda la historia de la cultura universal se basa en nuevas versiones de antiguas ideas y de antiguas guerras, en una tradicin que une a Von Clausewitz con Sun Tzu y a Carlos Marx con Herclito.

Mi socio y colega y sin embargo amigo- Javier Maestre lo dira con un lenguaje ms alambicado. Con mucha retranca, l hablara de la "normatividad inmanente de lo fctico" a la hora de considerar el derecho de conquista que determina, por ejemplo, el derecho de propiedad sobre los recursos energticos del planeta: los yacimientos son de aquel que pone los tanques sobre el terreno. Despus llegan los juristas y redactan constituciones a medida del vencedor.

As es y as ha sido siempre. Por eso no creo en ms derechos que aquellos que podamos conquistar por nuestras propias fuerzas. sa y no otra ha sido la historia por la conquista de los derechos humanos...

1. La conquista de los derechos humanos y la teora de sus cuatro generaciones.

Se atribuye a Karel Vasak, primer Secretario General del Instituto Internacional de Derechos Humanos, la formulacin de la teora de las tres generaciones de derechos humanos, inspirada por los tres colores de la bandera francesa y los tres principios de la revolucin burguesa: libertad, igualdad y fraternidad.

Ningn derecho se consigui sin lucha: todos ellos fueron conquistados, arrancndoselos al poder establecido. Su plasmacin es un nuevo pacto social, un acuerdo convencional que slo se firma despus de un desafo. En unas ocasiones, es un pacto con el antiguo poder. En otras, es el derecho que se otorgan los vencedores, su forma de repartirse el botn.

La primera generacin de derechos humanos, que a efectos estrictamente dialcticos denominaremos de la libertad, es una conquista de la burguesa ascendente frente al antiguo rgimen. Son los derechos que se plasman en las declaraciones de la revolucin norteamericana y francesa. Derechos civiles y polticos.

Derechos civiles, como la libertad individual, libertad de pensamiento y conciencia, libertad de expresin, libertad de reunin y asociacin... Derechos herramienta, exigidos por la burguesa del siglo XVIII.

Tambin la primera generacin trae derechos polticos, como el derecho al voto, que ya nos dan una pista de quin ejerce realmente el poder y quin redacta las constituciones: el sufragio inicialmente es censitario, limitado a hombres que cumplan unos requisitos de nivel de instruccin, renta y clase social. Slo despus de largas luchas se conseguir el sufragio universal.

La segunda generacin de derechos humanos, derechos sociales o de la igualdad, viene auspiciada por el movimiento obrero del siglo XIX. Se trata de los derechos exigidos por las clases sociales que se enfrentarn a la burguesa dominante: derecho a un trabajo digno y a la seguridad social, derecho a formar sindicatos, derecho a un nivel de vida adecuado, derecho a la salud, derecho a la alimentacin, derecho a la educacin Derechos exigidos para los obreros varones de las metrpolis, que slo mucho ms tarde llegarn a las mujeres y a los explotados habitantes de las colonias.

La tercera generacin de derechos humanos, o derechos de la solidaridad, son los derechos exigidos por distintos colectivos humanos, que plasman el retrato de las diferentes formas de discriminacin: por razn de sexo, grupos de edad, minoras tnicas y religiosas, origen geogrfico. Son los derechos a la proteccin del medio ambiente, a la conservacin del patrimonio cultural, a la diversidad, etctera... Los derechos que expresan el conflicto Norte-Sur.

Siguiendo con la clasificacin generacional establecida por Vasak, el profesor de tica y sociologa Javier Bustamante ha formulado en diferentes trabajos una nueva teora: la eclosin de una cuarta generacin de derechos humanos, el gran reto del siglo XXI. Los derechos humanos del ciberespacio, que no seran sino las nuevas formas que cobra el ejercicio de los derechos de primera, segunda y tercera generacin dentro del Estado tecnolgico avanzado.

Bien, hasta aqu las clasificaciones acadmicas. Personalmente pienso, y siempre he pensado, que los ciberderechos no existen. No creo que existan unos ciberderechos virtuales, al margen de los que estn recogidos en la Declaracin Universal de Derechos Humanos. La Red no es un mundo nuevo: es el tejido neuronal del mundo real. No puede separarse la reivindicacin de los derechos digitales de los restantes derechos humanos, porque de una forma u otra estamos defendiendo lo mismo.

Cuando hablamos de software libre, de acceso universal a la red, defendemos el principio de igualdad de oportunidades, as como el derecho a la educacin y el derecho de acceso a la cultura. Cuando alguien niega que el correo electrnico de los trabajadores est protegido por el secreto de correspondencia, o pone trabas a la criptografa, est vulnerando el derecho fundamental a la intimidad. Cuando se censura una pgina web sin las debidas garantas, se ataca la libertad de expresin, la libertad ideolgica y religiosa. Cuando se detiene a un grupo de hackers por el hecho de serlo, y no por sus actos, se ofenden las libertades de reunin o asociacin. Se pisotean a diario los derechos humanos, en la Red y fuera de ella. Se pisotean en las oficinas pblicas y privadas, en las comisaras y en los juzgados. A los siervos del sistema se les llena la boca de Estado de Derecho, pero estamos viviendo una pantomima a escala global. Los ciberderechos no existen, como no existen ms derechos humanos que los que podamos conquistar por nosotros mismos.

Pero sucede que para conquistar los derechos en el mundo real, hoy disponemos de una herramienta extraordinariamente potente. Una herramienta que nos permite agrupar nuestras fuerzas desde el ciberespacio, y proyectarlas contra las tiranas del mundo real. Por eso hoy quiero contar la historia de un grupo de visionarios que en un momento histrico muy especial, tuvo una extraordinaria intuicin de futuro. Fue una extraa amalgama de filsofos, libertarios, periodistas, tecnlogos, e incluso algn picapleitos despistado. Personas que tenan muy claro que ellos no llegaran a ver jams la tierra prometida, ni seran los protagonistas de la revolucin, por haber nacido demasiado tarde o demasiado pronto. Y que a pesar de ello, tomaron conciencia de lo que poda ocurrir, y sentaron las bases para transmitir a las futuras generaciones una herramienta revolucionaria. Una herramienta con la que transformar la Realidad.

No eran psicohistoriadores: eran ciberactivistas.

2. De dnde venimos? La pequea historia del ciberactivismo espaol.

- Se le ha ocurrido pensar, que las redes electrnicas pudieran corroer la infraestructura industrial y poltica de Amrica, hasta el punto de hacerlas insostenibles e intiles, y que el antiguo orden se derrumbe de bruces, como ha ocurrido en la Europa del Este?

- No, -dice Kapor secamente- pienso que es extraordinariamente poco probable. En parte porque hace diez o quince aos, tuve las mismas esperanzas, acerca de las computadoras personales, que no se han cumplido en absoluto. -Sonre irnicamente con los ojos entreabiertos-. Soy contrario a las tecno-utopas. Cada vez que me encuentro con una, o corro en direccin contraria o trato de acabar con ella.

Entonces ca en la cuenta, de que Mitch Kapor no busca un mundo ms seguro para la democracia; y seguro que no lo busca para los anarquistas o utpicos -y menos an, para los que acceden ilegalmente a las computadoras ajenas o los artistas del timo electrnico-. Lo que realmente desea es un mundo ms seguro, para los futuros Mitch Kapor. Ese mundo de nodos descentralizados de pequea escala, pero con acceso instantneo y a lo mejor ms brillante, ser un entorno perfecto para un capitalismo mal dirigido, que ha hecho de Mitch Kapor lo que es hoy.

La caza de hackers. Ley y desorden en la frontera electrnica, Bruce Sterling, 1994.

Han pasado quince aos desde la publicacin de "Hacker Crackdown", una crnica de la epopeya de los hackers y los libertarios civiles norteamericanos. Un texto traducido en su da al castellano por un grupo de voluntarios desde Kriptpolis. Releerlo hoy provoca una sensacin agridulce, de dej vu.

Se ha escrito mucho ya sobre los orgenes de Internet, sobre los pioneros en la lucha por los ciberderechos, y se ha consolidado una abundante mitologa al respecto. Pero ni el futuro ser nunca como lo soamos, ni el pasado fue tan pico como nos lo quisieron vender. La historia de la humanidad es la historia de la naturaleza humana: una historia de ambiciones mezquinas, donde un resultado final de aparente victoria sobre el medio natural, no es sino la consolidacin de todos nuestros fracasos.

Philip K. Dick nunca so con un futuro de ciudades perfectas. Siempre tuvo la intuicin de que si conquistbamos el sistema solar, y an toda la galaxia, slo servira para edificar peores suburbios. La peor de las utopas: una Va Lctea vctima de la especulacin inmobiliaria.

La informtica no nos ha hecho mejores: slo ms codiciosos.

2.1. El activismo norteamericano

Palo Alto es una ciudad del condado de Santa Clara, en el estado de California (Estados Unidos). Se encuentra en el rea de la Baha de San Francisco, en el extremo norte de Silicon Valley, cerca de la Universidad Stanford (tcnicamente la universidad est situada en Stanford). Varias compaas de tecnologa como Hewlett-Packard o Xerox tienen oficinas en Palo Alto. Segn el censo de 2000 tena una poblacin de 58.598, y en 2005 contaba con 56.982 habitantes.

Palo Alto se fund en 1895. Es uno de los lugares ms caros para vivir de los Estados Unidos, con viviendas de tamao pequeo costando de 700 a 800 mil dlares. En Palo Alto tambin se encuentran las oficinas de Google, Inc. - Tech Manager y la compaa Facebook.

La patria chica de Google y Facebook: eso es lo ms importante que dice la Wikipedia en espaol sobre Palo Alto.

Lo que no dice la Wikipedia, salvo que busquemos expresamente la entrada C.P.S.R., es que en Palo Alto, all por 1981, un grupo de ciberparanoicos, preocupados por posibles tentativas que indujeran a guerras nucleares, acab por formar un pequeo grupo de discusin, el cual se comunicaba a travs de una Intranet en el Centro de Investigacin de Xerox/PARC (Palo Alto); poco tiempo despus se sum a este grupo la colaboracin de otros especialistas pertenecientes a la Universidad de Stanford. Haba nacido Computer Professionals for Social Responsibility, posiblemente la primera organizacin ciberactivista de la historia.

La obsesin de C.P.S.R., muy comn durante la guerra fra, era evitar un mal uso de los sistemas crticos. Eran gente seria, muy distinta a los hackers chalados con sus locos cacharros que llegaran detrs, para llenar el mundo de oscuras BBS.

Muchos recordamos con nostalgia aquellos viejos tiempos de mdems chirriantes a altas horas de la madrugada. Mdems que conectaban entre s miles de BBS underground. Tiempos de blue box, de phreaking, de calling cards, de centralitas australianas desvencijadas que actuaban como pasarela para conectar gratis los continentes. Tiempos que no volvern.

El F.B.I. acab con muchos sueos utpicos, pero sus redadas contra los hackers movilizaron a personas con visin de futuro. Personas como Mitch Kapor, John Gilmore, y John Perry Barlow, que acabaran fundando la Electronic Frontier Foundation, una organizacin que supo capitalizar y rentabilizar el movimiento en pro de los ciberderechos, muy especialmente a partir del momento en que Internet llega al gran pblico.

Como hito histrico del movimiento se puede resear la formacin de la Global Internet Liberty Campaign, una iniciativa que agrup a diferentes colectivos de defensa de derechos humanos en contra la Ley de Decencia en las Comunicaciones, ley mediante la que el gobierno Clinton intent controlar la incipiente Internet. El fallo de la Corte del Distrito Este de Pensilvania, en el caso entre la American Civil Liberties Union versus Janet Reno, declar la inconstitucionalidad de tal normativa, y fue un espaldarazo a la causa de la libertad de expresin en la Red: La ausencia de regulacin gubernativa de los contenidos de Internet ha producido, incuestionablemente, una especie de caos, pero, como uno de los expertos propuestos por los demandantes indic en el curso de la vista, lo que ha hecho de Internet un xito es el caos que representa. La fuerza de Internet es ese caos.Como sea que la fuerza de Internet es el caos, la fuerza de nuestra libertad depende del caos y de la cacofona de la expresin sin trabas que protege la Primera Enmienda.

Y hasta aqu la pica de los tiempos heroicos, tan similar en su simbologa a la de los Padres Fundadores de la Revolucin Americana. Tan similar, que hasta tuvo su Declaracin de Independencia del Ciberespacio, que contena referencias a los juristas e idelogos que cimentaron el constitucionalismo norteamericano: Jefferson, Washington, Mill, Madison, Tocqueville y Brandeis.

De la tica protestante como espritu del capitalismo, la posmodernidad nos llevaba a la tica hacker como espritu de la sociedad de la informacin. Era un discurso muy atractivo, que venda una cara amable del capitalismo avanzado, en forma de Globalizacin. Sobre unos cimientos revolucionarios, se poda construir un inmenso centro comercial a escala global: la imagen en realidad virtual del American Way of Life.

Pero sucede que el mundo es complejo, y tiene muchas fronteras, aparte de las electrnicas. La ms evidente es la diversidad cultural, que determina diferentes formas de expresin de la lucha por los ciberderechos, en funcin del desarrollo econmico, social y tecnolgico de cada pas.

Hablaremos pues de otra realidad mucho ms cercana. Una realidad virtual llamada Espaa.

2.2.Fronteras Electrnicas Espaa, Free

Al principio, eran cuatro: DA5ID, Marco 13, Anabomber y Oscar 999. Compartan el juego de la identidad fingida (llamarse por sus apodos) y algunas nociones de la filosofa "ciberpunk": "Las tecnologas tienen un uso diferente y ms radical que el que se puede hacer con el libro de instrucciones"()

Viviendo en la frontera, Merc Molist.

Si hay un personaje clave en el desarrollo de la cibercultura espaola, ese personaje es David Casacuberta, Da5id, primer presidente de Fronteras Electrnicas Espaa, (Free). Una organizacin de ciberderechos, cuya actividad poltica se desarroll entre 1996 y 2000, y que fue clave en la construccin de un pensamiento de defensa de los derechos humanos en el mbito digital, cuya historia puede leerse en la magnfica iniciativa Hack Story:

En su poca de mayor auge, FrEE congreg a unas 25 personas en su lista de organizacin interna y 420 estuvieron suscritas a su boletn electrnico semanal "FrEE-Noticias". Mont diversas campaas y emita regularmente comunicados sobre temas de actualidad relacionados con ciberderechos, leyes, privacidad, criptografa y otros. En 1998, la Comisin de Internet del Senado espaol invit a la organizacin a presentar sus posturas.

Fronteras Electrnicas, pese a la coincidencia denominativa con la Electronic Frontier Foundation, rompi pronto sus lazos con la iniciativa norteamericana, debido a la diferencia de filosofa entre ambas organizaciones.

El ciberactivismo norteamericano siempre tuvo un poderoso vnculo con la ideologa libertarian de estirpe yanqui, que a su vez tiene fuertes races en sus frreos principios constitucionales: su particular concepto del free speech y de la Primera Enmienda, que tanto puede servir para defender la libertad de expresin como el revisionismo nazi o el Ku Klux Klan; su privacy, concebida como el derecho a que nos dejen en paz; su conquista de la Frontera, de los espacios abiertos, a golpe de rifle

Desde la perspectiva europea, no dejan de ser chocantes pronunciamientos como los del idelogo hacker por antonomasia, Eric S. Raymond, anarcocapitalista y devoto de las armas de fuego, que tan pronto escribe obras cumbre del ciberactivismo, como sostiene peculiares opiniones sobre los musulmanes y la guerra de Irak. O poses como la de John Perry Barlow, candidato republicano en su Wyoming natal, como la que public New York Times Magazine, segn indica Sterling en La Caza de Hackers:

Barlow ceudo, severo paisaje nevado de Wyoming, con un largo abrigo negro, sombrero oscuro, un Macintosh SE30 apuntalado sobre una valla y un impresionante rifle de la frontera debajo del brazo, ser la imagen individual ms llamativa de la Caza de los Hackers.

Ni Charlton Heston y la Asociacin Nacional del Rifle llegaron tan lejos: ni tan siquiera un Ben-Hur octogenario llegara a comparar el derecho a usar armas de fuego con el uso de ordenadores -como armas- frente al Estado opresor.

Definitivamente, Fronteras Electrnicas Espaa era ms pacfica: quizs le faltaba el pelo de la dehesa. O quizs participaba del ancestral miedo ibrico a los correajes y a los jinetes nocturnos que

Pasan, si quieren pasar, y ocultan en la cabeza una vaga astronoma de pistolas inconcretas.

Libertarios, s, pero a la espaola: en Free caban todos, desde anarcosindicalistas a socialistas libertarios, pasando por liberales de derecha e izquierda de todo tipo de pelaje. Orgenes geogrficos diversos: charros, castos, andaluces, cntabros, catalanes, y gente tan de Bilbao, tan de Bilbao, que acabaron viviendo en Madrid. Todos ellos en asamblea digital permanente, construyendo algo que ni ellos mismos todava entendan. Y lo ms importante, algo inaudito teniendo en cuenta que eran espaoles: tolerndose.

Dejaron un buen nmero de comunicados, influyendo poderosamente en la declaracin de derechos de Internet que elabor la Comisin Especial de Redes Telemticas del Senado espaol, comisin en la que David Casacuberta tuvo una intervencin histrica.

Fronteras Electrnicas Espaa tom en el ao 2000 la decisin de autodisolverse, al cumplirse buena parte de sus objetivos fundacionales: conseguir que se considerase el ciberespacio como un terreno en el que son exigibles idnticos derechos constitucionales que en el mundo real. Hasta la aparicin de Free, muchos administradores de sistemas informticos y polticos- seguan considerando que en las mquinas slo habitaban unos y ceros, sobre los que poda decidirse con slo pulsar un botn. Con la indiferencia del que aborta un proceso de datos.

En slo cuatro aos, los unos y los ceros haban adquirido la ciudadana digital.

2.3 La reivindicacin del acceso universal y la formacin de la Asociacin de Internautas.

Como ya he indicado, el ciberactivismo ibrico presenta un perfil distinto en muchos aspectos al norteamericano. Si aquel est fundamentalmente centrado en los derechos civiles y polticos de primera generacin, las reivindicaciones hispanas siempre han presentado un cariz ms social, haciendo mayor hincapi en los derechos de la igualdad y de la solidaridad. Los derechos humanos a la cultura y a la educacin en el mbito digital estn condicionados por la calidad del acceso a la Red.

A lo largo de la segunda mitad de los aos 90, el gran caballo de batalla de los internautas espaoles fue la reivindicacin de la tarifa plana y el acceso universal a la Red. Telefnica consigui agrupar en su contra a todos los internautas descontentos, que acabaron protagonizando huelgas de conexin en reivindicacin de la tarifa plana.

Como colofn del movimiento de protesta, el 10 de octubre de 1998 se fundaba la Asociacin de Internautas, una organizacin creada en Espaa el 10 de octubre de 1998 por militantes de diferentes colectivos (Fronteras Electrnicas-FrEE, Grupo Tarifa Plana, Plataforma La Huelga, Plataforma Tarifa Plana) con el fin de la reivindicar una tarifa plana universal y asequible por la red telefnica bsica para las comunicaciones a travs de Internet o de cualquier otra red de similares caractersticas, existente o que se pudiese crear en el futuro.

Once aos despus, la Asociacin de Internautas sigue en plena actividad, habiendo protagonizado innumerables reivindicaciones a favor de los ciberderechos, por la seguridad en la Red, contra el canon digital y a favor del derecho a la cultura.

Todo gracias a la codicia de Telefnica: si la Asociacin de Internautas no existiese, habra que volver a inventarla.

2.4. Kriptpolis y la LSSI.

Si la fauna del ciberactivismo ibrico presenta caractersticas peculiares, un espcimen singular donde los haya es el internauta cntabro responsable de la administracin de Kriptpolis. Despus de una dcada tratndole, cruzando con l miles de correos electrnicos -cifrados y sin cifrar- uno an no sabe por donde van a salir los rasgos atvicos prerromanos de tan curioso habitante de Santander.

Cntabro tambin, y de Solares, es el actual Ministro espaol del Interior, Alfredo Prez Rubalcaba, que tachaba desde la oposicin a la LSSI como Ley de censura del ciberespacio, comprometindose en nombre de su partido a derogarla, una vez recuperasen el poder. Promesa que nunca se cumpli.

La campaa contra la Ley de Servicios de la Sociedad de la Informacin y de Comercio Electrnico vulgo LSSI-, iniciada por Kriptpolis el 8 de mayo de 2001, fue una gran movilizacin en contra de la censura en Internet, que lleg incluso a aparecer reflejada en la prensa internacional. Tuvo como origen la publicacin del texto de un anteproyecto de ley por parte del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnologa, que despert suspicacias por sus posibles efectos perversos en materia de libertad de expresin.

A pesar del gran desgaste que el pulso contra la LSSI supuso para el movimiento ciberactivista, sus originales formas de protesta recogida de firmas online, envos masivos de correos electrnicos a distintas autoridades, campaas de banners- acabaran creando escuela en posteriores movilizaciones.

La lucha contra la LSSI aport otra gran enseanza: si algo aprendieron los internautas, es que no se puede esperar absolutamente nada del poder poltico tradicional.

2.5. El frente de la privacidad.

Otro rasgo diferenciador: frente a la paranoia antigubernamental de los colectivos norteamericanos, los ciberactivistas espaoles siempre se han mostrado ms combativos contra el espionaje corporativo de las grandes empresas.

El control abusivo del correo de trabajadores centr las primeras escaramuzas en el campo de la privacidad. Una preocupacin que hoy se antoja ingenua ante el extraordinario desarrollo de las tcnicas de monitorizacin y cibervigilancia.

La intimidad es un derecho en crisis, intensamente erosionado por el extraordinario auge de los reality shows y la telebasura del corazn. Hace apenas diez aos, consideraramos inverosmil que se pudiese autorizar la monitorizacin fsica mediante telefona mvil. Hoy es algo trivial, la ltima moda en las redes sociales, y no ser extrao encontrar empresas que intentan imponerlo como acuerdo complementario al contrato de trabajo.

El posible depsito gubernamental de claves de cifrado gener en 1998 protestas de Fronteras Electrnicas, y tambin en el ao 2003 sendas campaas de la Asociacin de Internautas y del captulo espaol de CPSR.

Hoy en da, rodeados del exhibicionismo impdico de Flickr, Tuenti o Facebook, lo difcil es encontrar a alguien que todava cifre su correo.

2.6. Software libre y copyleft.

Hablar de software libre en Espaa es hablar de Hispalinux, una asociacin fundada en 1997 por entusiastas seguidores de las cuatro libertades bsicas de los usuarios de software:

Creada a imagen y semejanza de la Free Software Foundation de Richard Stallman, Hispalinux ha tenido una notable influencia en la promocin del software libre en las administraciones pblicas, consiguiendo que diversas comunidades autnomas hayan impulsado distribuciones propias de Linux.

En la lnea ideolgica del copyleft, cabe destacar tambin el papel desempeado por Creative Commons Espaa, responsable de la traduccin y adaptacin al derecho espaol de las licencias Creative Commons, as como la iniciativa Coloriuris, de raigambre autctona. Ambas alternativas estn siendo cada vez ms utilizadas por diversas instituciones pblicas.

Tambin dentro del movimiento por la libertad de copia y distribucin de las creaciones culturales, han surgido iniciativas ciudadanas de todo tipo, como la Fundacin Copyleft, el Partido Pirata o Exgae.net, preocupadas por el creciente seguidismo de los poderes pblicos hacia las consignas de los lobbys de la propiedad intelectual.

2.7. Una mula pariendo libertad

Cuenta Herdoto, en el tercero de sus libros de la Historia, la burla de los habitantes de Babilonia hacia el ejrcito que, a las rdenes de Daro, haba cercado la ciudad. Gritaban desde las murallas: Cuando paran las mulas, entonces nos rendiris. Sea verdad o leyenda la mula es por lo general estril-, nos refiere Herdoto que una mula pari, y tras ese parto monstruoso, cay Babilonia.

De igual manera se burlaban los defensores del copyright de las iniciativas copyleft. Hoy el copyright est sitiado, y la mula ha parido libertad.

As como Telefnica consigui la unin de todos los internautas espaoles por la tarifa plana, la SGAE tiene el indudable mrito de haber movilizado a gran parte de la sociedad espaola en pro del derecho de acceso la cultura, sin las trabas impuestas por la dictadura del copyright.

A lo largo de los ltimos aos se ha vivido la ms feroz de las guerras de Internet. Una guerra donde Espaa se ha convertido en una de las puntas de lanza frente al imperialismo cultural impuesto por las multinacionales de la industria del entretenimiento. Hasta el punto de convertirnos en el centro de todas sus iras.

Buena parte de culpa la tiene el establishment poltico y policial espaol, extraordinariamente solcito a la hora de aprobar leyes u organizar redadas en pro de los intereses corporativos de entidades de gestin, productoras discogrficas y cinematogrficas, as como de la boyante industria del videojuego.

Pocas veces tanto esfuerzo legislativo y policial ha sido tan intil: la letra del Boletn Oficial del Estado ha quedado en papel mojado, frente a la realidad de una Red en la que, merced a las aplicaciones P2P, se puede conseguir cualquier producto cultural de la industria del entretenimiento.

Siempre, claro est, que el sufrido internauta pueda sufragar su conexin a Internet, y el alquiler o hipoteca de la casa donde est la conexin.

3. Dnde estamos? El desencanto virtual.

Dos linajes solos hay en el mundo, como deca una agela ma, que son el tener y el no tener, aunque ella al del tener se atena; y el da de hoy, mi seor don Quijote, antes se toma el pulso al haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo enalbardado.

Nunca nos regalan los derechos: o se conquistan, o se negocian. En cualquiera de los dos casos, nunca salen gratis: siempre hay que poner una libra de carne en la balanza. Las revueltas sociales de los siglos XIX y XX conformaron el mundo en que vivimos. A medida que el capitalismo se converta en imperialismo, y el imperialismo en globalizacin, fue necesario el desarrollo de derechos sociales que permitiesen mejorar las condiciones de vida de la poblacin del mundo occidental. Pero esos derechos tenan una contrapartida: se otorgaban a cambio de que los trabajadores consumiesen.

Las luchas sociales se atenuaron, y durante las decenas de aos que dur la guerra fra, la alianza del consumo y el mercado fragu el gran triunfo del bloque occidental. Un triunfo que cost miles de millones de excluidos: ms all de las fronteras del prspero Occidente, las clases trabajadoras encargadas de aportar materia prima y fuerza de trabajo a la maquinaria del sistema, slo podan aspirar al difcil equilibrio de derechos humanos y consumo si decidan emigrar.

Todo iba bien en la sociedad de consumo... hasta que se dej de consumir.

3.1. La subvencin como subversin del pensamiento crtico.

La intencin de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresin a la cosmovisin y hbitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino tambin imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretenda era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento hertico, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras.

Los principios de neolengua, apndice de 1984, George Orwell

Si en algo ha mejorado la especie humana en los ltimos decenios ha sido en el uso del lenguaje, y muy especialmente en su utilizacin por parte del poder. Es la sea de identidad del poltico profesional, el estigma de los elegidos, el aura que otorga al lder su carisma definitivo: el talento en la utilizacin de eufemismos.

Hay un largo recorrido: antes de que se denominase desaceleracin a la crisis econmica, y cohesin social a la tregua en la lucha de clases, hubo grandes inventos, como denominar coexistencia pacfica a la guerra fra, o pases en va de desarrollo a la globalizacin de la miseria.

El lenguaje polticamente correcto ha sido todo un hallazgo, y ha permitido la perpetuacin en el poder de la clase poltica intermediaria que gestiona los desequilibrios del sistema. Un turnismo liberal-socialdemcrata unido por las comisiones y los eufemismos en lo universal.

El dominio del neolenguaje es al poltico profesional lo que las oposiciones al funcionario: su garanta de un cargo vitalicio, del que slo se ver apeado si abusa de la corrupcin.

Investido de su arsenal de eufemismos, el poltico occidental gestiona el sistema, siendo su principal misin evitar una excesiva friccin entre explotadores y explotados. Para ello cuenta con una variopinta gama de aliados, unidos en su extraordinario apego a la subvencin. Y un objetivo comn: la contencin del pensamiento crtico.

Vivimos en un mundo extraordinariamente complejo. Las jerarquas tradicionales han evolucionado con los sistemas polticos: Familia, Tribu, Iglesia, Estado, Banca Internacional... En ese largo camino, han ido apareciendo sucesivamente diferentes agentes sociales tributarios del poder. Antes de ser lo que son, fueron contrapoderes.

Intelectuales y artistas con voz crtica, sindicatos libres y prensa independiente han sido histricamente un contrapeso del poder, el mejor antdoto contra cualquier dictadura. Y a la inversa: intelectuales orgnicos, artistas del rgimen, sindicatos amarillos y prensa complaciente, los aclitos de la tirana.

Pues bien, estamos en un momento histrico en el que el poder poltico busca desesperadamente el silencio de artistas, prensa y sindicatos, mediante el uso de la subvencin. Subvenciones en forma de leyes a medida, crditos oficiales, y un uso magnnimo de los presupuestos generales del Estado. El objetivo es impedir a toda costa que el descontento social causado por el empobrecimiento de la poblacin llegue a las pantallas, a las canciones, a las portadas de los peridicos y a las pancartas de las manifestaciones.

3.2. Censura y menosprecio de la Red

Los grandes grupos multimedia que controlan la inmensa mayora de los medios de comunicacin, y en particular las concesiones radiofnicas y televisivas, tienen un serio problema con Internet. Durante demasiado tiempo, el periodismo tradicional ha ejercido como intermediario entre el poder pblico y los ciudadanos, de la misma forma que el poder poltico ejerce como intermediario entre las diferentes fuerzas sociales. En esa capacidad de mediacin reside la fuerza de ambos poderes.

La aparicin de Internet supone un cambio en las relaciones de poder, en la medida que provoca una paulatina desaparicin de intermediarios, que no obstante nunca ser total: hoy ms que nunca es necesaria la existencia de comunicadores profesionales independientes, que ponderen el verdadero valor de cada noticia. Pero el acceso masivo a la Red provoca cambios en la anquilosada estructura de los medios de comunicacin de masas. Y esos cambios son observados primero con recelo, despus con miedo, y ms tarde con desesperacin. Todo lo cual acaba propiciando una respuesta extraordinariamente agresiva frente a la Red.

A lo largo de los ltimos aos se han ido sucediendo medidas legales con un solo objetivo: endurecer el control administrativo sobre Internet. Medidas legales que han sido sistemticamente aplaudidas por los mismos medios que demonizaban la Red desde los telediarios en prime time.

3.3. De ciberlibertarios a ciberdictadores.

El miedo es una emocin primaria, y como tal emocin, en ocasiones sobrevive a la causa que lo origin. Una vez instalado el terror a Internet, la mala prensa sobre la Red se convierte en un lugar comn. Y queda grabado a fuego en el inconsciente colectivo de los mass media, por mucho que cambie la Red.

Y la cuestin es que ha cambiado mucho. Internet ya no es el paraso libertario de los orgenes: el dinero lo cambi todo.

Los aos 90 vivieron los grandes ciberpelotazos de las operadoras de telecomunicaciones, y acabaron por hinchar la burbuja especulativa que provoc la cada de las puntocom. Pero el gusto por el dinero fcil nunca desaparece, slo cambia de forma.

En el camino, desaparecen muchos principios altruistas. No hay nada que no est contado ya: es la historia de las grandes corporaciones tecnolgicas, de Microsoft a Google. Cuando los derechos humanos, en China o en cualquier parte del mundo, pueden representar un obstculo para el negocio, las sociedades mercantiles actan conforme a su naturaleza profunda.

He hablado de Microsoft y Google por lo que representan, cada una en su campo. El control del cdigo binario -la verdadera ley de Internet- en el caso de la primera. El control de los impulsos primarios del pblico, en el caso de la segunda. El control del mercado y de la privacidad en todos los casos.

Pero tal como es arriba es abajo. Y junto a los grandes hermanos polticos, mediticos y tecnolgicos, progresan como musaraas evolutivas decenas de miles de pequeos hermanos. Cada uno de ellos con un pan bajo el brazo, y un patolgico desprecio por todos los ciberderechos que no sean el suyo: la privacidad y la libertad de expresin de los usuarios no es una de sus prioridades.

Blogs, redes sociales, web 2.0. Muchas formas de denominar la conversacin masiva entre usuarios, que algunos aspiran a dirigir desde sus pequeas tribunas mediticas. Como quien intenta surfear sobre un tsunami.

El fenmeno de las redes sociales ha monopolizado buena parte de las noticias sobre Internet en los ltimos aos, siendo especialmente significativas las agresiones a la privacidad. Fotos y vdeos de menores han proliferado por doquier, en un viaje sin retorno desde la Red a la telebasura y los titulares amarillistas.

No menos preocupante han sido los intentos de apropiarse de la creacin individual y colectiva de los usuarios, con imposiciones unilaterales de clusulas abusivas, como la que dio origen a la revuelta contra Facebook. Un movimiento social esperanzador, ste ltimo, pero limitado por el momento al mbito de la Red.

En el campo de la blogosfera, muchas desilusiones en el terreno espaol. Quizs esperbamos mucho ms de la juventud y espontaneidad del medio: como muchos de sus protagonistas, la blogosfera ibrica ha envejecido muy pronto y muy mal. Los blogs and beers son terribles para los michelines, especialmente los del alma.

En fin, quin sabe: quizs desde la web 2.0 espaola se repita alguno de los gloriosos ciberpelotazos de los 90, pero por el momento se ha conseguido ms bien poco. Algn viaje -de ida y vuelta- de los blogs a los grupos mediticos, alguna conferencia, alguna cena. Y algn efecto divertido, como el repentino inters de los polticos profesionales por el diseo de blogs: sntoma inequvoco de que la cosa se est poniendo de un rancio que asusta.

4. A dnde vamos? El gran reto del ciberactivismo: asaltar la Realidad.

Si los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo, los escritores de ciencia ficcin son sus bufones de corte. Somos Payasos Sabios que podemos saltar, dar cabriolas, hacer profecas y rascarnos en pblico. Podemos jugar con Grandes Ideas porque el extravagante colorido de nuestros orgenes de revista barata nos hace parecer inofensivos.

Bruce Sterling, en el prlogo a Quemando Cromo, de William Gibson.

Les adverta al principio sobre mi escaso bagaje filosfico y mi descreimiento jurdico. A ello debo aadir que no aspiro tampoco al puesto de profeta o gur de la revuelta. En primer lugar, porque ya sobran candidatos para ello. Pero la razn ms importante es que los escritores de ciencia ficcin ya nos advirtieron de lo que vendra: como eran bufones de corte despreciados por los artistas del rgimen, no les hicimos caso.

Si quieren saber lo que va a pasar, lean a Dick, a Scott Card, al propio Sterling: la realidad superar con mucho la ficcin. El ser humano no ha llegado por casualidad a donde est: el momento histrico en el que puede decidir si arruina definitivamente el planeta, o le da una oportunidad controlando su propia evolucin. Y an as, dudo mucho que la ingeniera gentica sea capaz de suprimir la codicia en nuestros genes.

Internet es una extensin de la naturaleza humana, y como tal est condicionada por nuestros ms bajos instintos. Los intentos del poder poltico por controlarla no harn sino empeorar el resultado. Mientras tanto, nos quedan por delante dcadas de diversin.

4.1. La paulatina reconversin de los intermediarios.

Los intermediarios nunca desaparecern del todo, pero si algo permite Internet es suprimir las barreras artificiales en la comunicacin entre personas, y con ellas, la posicin de privilegio que han venido desempeando determinados profesionales de la poltica, la economa y la informacin.

Podemos tener un tmido indicio de lo que est por venir observando los bruscos cambios que afronta la industria del entretenimiento. Su funcin moduladora de los gustos del pblico est siendo muy condicionada por las inmensas posibilidades que ofrece Internet para el acceso a todo tipo de contenidos. Es posible una comunicacin directa entre creadores y pblico, especialmente cuando los lmites entre ambos roles tienden a difuminarse.

Desaparecern por el camino los gestores culturales especializados en el adoctrinamiento de masas? Sustituirn las compaas de telecomunicaciones a las grandes productoras de contenidos musicales y cinematogrficos? El resultado de la batalla es incierto, pero si algo est claro es que se reducir el nmero de intermediarios.

Idntico adelgazamiento est experimentando ya la industria de la informacin. El aumento de competidores en todos los frentes ha propiciado una guerra de precios en la industria publicitaria, que amenaza con arrastrar tras de s a histricas cabeceras periodsticas. Y slo es el comienzo.

Observando lo que ocurre en el campo del entretenimiento y la informacin cabe una extrapolacin al terreno poltico? La relacin entre electores y elegidos, la conformacin de nuestro parlamentarismo, se basa en modelos de la sociedad agraria y preindustrial de finales del siglo XVIII. Est justificado mantener dicho modelo en un mundo en que los ciudadanos pueden relacionarse directamente con el poder?

Es ms est justificada la opacidad y la burocracia de la Administracin? No sera ms democrtica y transparente una Administracin donde todos los ciudadanos tuviesen acceso a toda la informacin sobre los concursos pblicos?

La velocidad de las comunicaciones trastocar necesariamente las relaciones econmicas. Las grandes empresas de distribucin, que imponen su particular dictadura tanto a productores como a consumidores, quizs tengan menos sentido cuando el comercio electrnico acerque de verdad a los dos extremos de la cadena econmica.

Pero al mismo tiempo que unos intermediarios se extinguen, aparecen nuevas oportunidades de negocio. Pensemos, por ejemplo, en el caso de la AppStore, y las inmensas posibilidades que puede ofrecer en otros sectores: intermediarios que ponen en contacto directo al creador de contenidos con sus consumidores.

Es posible trasladar un negocio similar al mbito financiero, intermediando entre los titulares de depsitos y las personas necesitadas de crdito? Tolerara el sistema una banca P2P?

En este momento, todo son hiptesis de futuros posibles. En lo nico que podemos estar seguros, es que la brecha digital no har sino aumentar la distancia entre las sociedades avanzadas y el enorme ejrcito de los excluidos.

4.2. Herramientas para la resistencia.

La cada de los regmenes comunistas, junto a innegables mejoras en el acceso de su poblacin a los derechos civiles y polticos, nos enfrent de bruces a una amarga realidad: cuando cae el aparato burocrtico de un Estado, es sustituido de inmediato por un aparato no menos corrupto: el de las mafias.

La corrupcin, endmica en los sistemas polticos autoritarios, es tambin creciente en las democracias formales. Si bien es cierto que a mayor poder, mayor corrupcin, no es menos cierto que la descentralizacin del poder conlleva la diseminacin de la corrupcin en una economa de escala.

Cuando los contrapesos entre los diferentes poderes del estado no son suficientes para contener la corrupcin, los ciudadanos pueden acabar vindose obligados a ventilar el sistema: se hace muy difcil convivir con la mordida institucionalizada. En esas circunstancias es cuando se evidencia el poder revolucionario de la Red, como herramienta al servicio de la ciudadana.

La tecnologa desempe un papel muy relevante en los ltimos das del gabinete Aznar. Tras las grandes movilizaciones contra la guerra de Irak, propiciadas desde listas de correo de Internet, los idus de marzo conocieron dos caras terribles de la telefona GSM: su utilizacin como detonador, y su alternativa liberadora en la convocatoria de flash mobs.

Las nuevas tecnologas cambian la forma de ejercer los derechos. Pero en ltima instancia, los derechos de reunin y manifestacin quedan en letra muerta si no se ejercitan: de nada nos sirven si no pensamos movernos del silln.

Quizs el gran reto del siglo XXI no sea ms que ste: entender que no podemos confiar en nadie ms que en nosotros mismos. Entender que si de verdad es cierto que la soberana reside en el pueblo, ha llegado la hora de que el pueblo ejerza sus propias responsabilidades de forma directa, sin delegaciones ni intermediarios.

Ms all de la crisis econmica, vivimos una crisis de sistema. Nuestros intermediarios polticos han demostrado su inutilidad para gestionar los inmensos desequilibrios que genera un sistema social injusto. Pero de poco sirve quejarnos de ellos, mientras nos desentendemos de la toma de decisiones que slo a nosotros nos corresponden.

Slo cuando el Estado y el Mercado nos dejen sin proteccin social, empezaremos a entender que slo somos partculas elementales, que nada pueden conseguir en solitario. Tenemos que reconstruir en el mundo real, y no slo en Internet, las redes sociales destruidas por el individualismo salvaje. Y eso slo puede hacerse llevando nuestra asamblea virtual permanente a las calles, a las fbricas, a los despachos.

Ha llegado el momento de que los habitantes de la sociedad conectada se pongan de pie, abandonando el sedentarismo del consumidor indolente. Las pantallas son armas de doble uso: pueden servir tanto para comunicarnos como para encadenarnos. De nosotros depende, en ltima instancia, escoger el camino.

Tenemos las herramientas, Internet y los ciberderechos: ha llegado la hora de utilizarlas en el mundo real. Comenzaba esta conferencia con una cita de Philip K. Dick, quien nos dej antes de morir una pregunta sin contestar. Quizs su respuesta est en las palabras de otro gran autor de ciencia ficcin, con las que finaliza su obra ms cercana a la realidad.

Les dejo con Neal Stephenson, En el principio... fue la lnea de comandos:

Qu dira el ingeniero, una vez hubieras explicado tu problema y enumerado todas las insatisfacciones de tu vida? Probablemente te dira que la vida es una cosa muy difcil y complicada; que ninguna interfaz puede cambiar eso; que cualquiera que crea lo contrario es un imbcil; y que si no te gusta que escojan por ti, deberas empezar a elegir por ti mismo.

Carlos Snchez Almeida. La Casa Encendida, Madrid, 12 de Marzo de 2009

http://www.kriptopolis.org/resistencia-digital-y-derechos-humanos



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