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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2009

Cruzando el ro Limpopo, entre Sudfrica y Zimbabwe se encuentra la frontera ms transitada del continente
La frontera de frica

Joan Canela i Barrull
Berria


La carretera Nacional 1 es la espina dorsal de Sudfrica. Desde la punta sur, en Ciudad del Cabo, atraviesa todo el pas hasta su rincn ms septentrional: Beitbridge, el paso conocido como el Puente de frica que, cruzando el ro Limpopo, une Sudfrica y Zimbabwe y de la que se dice que es la frontera ms transitada del continente.

A medida que se acerca Musina, la ciudad ms prxima a la frontera por el lado sudafricano, el dicho parece volverse realidad, pues centenares de camiones, camionetas y coches de todo tipo atestan la carretera. A solo un kilmetro de la frontera -y ante las miradas de todo el mundo- los grandes camiones se descargan en vehculos ms pequeos. Es que as pagan menos tasas cuenta Shihrami Shirinda -un abogado laboralista que amablemente nos har de gua durante el recorrido por est peculiar frontera- sin que parezca alarmarse por esta evidente evasin fiscal.

Ya frente a las barrera aduanera el caos parece total: precarios puestos de venta, altas pirmides de bidones que sern llenados de gasolina y una larga cola de camiones llena todo el espacio posible excepto un pequeo pasillo por donde se avanza lentamente. Un enjambre humano inabastable se mueve y espera al mismo tiempo, nadie parece tener prisa para cruzar a un Zimbabwe del que solo parecen llegar malas noticias. Cualquier vehculo sirve para cargarlo hasta los topes de la mercanca ms inimaginable, desde harina hasta zapatillas deportivas, que despus se pueda revender en el desabastecido pas vecino. Las colas se repiten frente la gasolinera: hay que llenar el depsito ante la incerteza de poderlo hacer ms adelante.

Clera

 

(H) Otra de las consecuencias de la crisis de Zimbabwe visibles ms all de sus fronteras son los estragos del clera. El hospital de Musina ha sido cerrado y reservado para los afectados por la epidemia que cruzan desde Zimbabwe en busca de atencin mdica. En la puerta un cartel da consejos para no contraer la enfermedad. Uno de ellos es consumir slo frutas y verduras crudas seguras. Al lado, varios puestos callejeros venden mangos, naranjas y pltanos, aunque en realidad, qu significa seguro?

En un gesto que lo alaba, el gobierno sudafricano deja entrar, incluso sin pasaporte, a todas las personas enfermas de clera. En unas carpas instaladas en el jardn se acomodan los pacientes que no caben dentro del hospital. A pesar de la incomodidad, sobre todo por el calor, tienen espacio y cuidados suficientes. Aun as el clera genera una fuerte deshidratacin y todos los pacientes estn extremadamente delgados, con lo que la imagen sobre todo de los nios- es sobrecogedora.

Tenda Sadraudhi es una peluquera de 30 aos muy debilitada por la enfermedad, pero an as se anima a contar como en Zimbabwe no tienen ningn tipo de ayuda y como en el hospital de Beitbridge mueren veinte personas al da. Reconoce que el gobierno de su pas hace campaas de prevencin, pero el problema es el agua. Si no tenemos agua limpia de que sirven los consejos? se pregunta.

Uno de los mayores temores de las autoridades sanitarias sudafricanas es que el clera se expanda dentro de su pas. El agua urbana en Sudfrica esta perfectamente tratada asegura el director del hospital, Metshi Vhambe- el problema es que muchos emigrantes que viajan hacia el sur a pie beben donde pueden, y eso incluye ros que pueden estar contaminados.

No podemos evitar recordar los grupos de tres o cuatro jvenes que nos hemos cruzado al venir. Andaban bajo un sol de infierno cada uno con su botella de agua. Dnde la llenarn?

Al salir del hospital, a solo unos centenares de metros, un moderno edificio sobresale del resto de la ciudad. Son las flamantes oficinas de De Beers, la principal empresa diamantfera del mundo creada por el visionario Cecil Rhodes -le lleg a poner su nombre a dos pases, los actuales Zimbawe y Zambia- y la banca Rotschild hace ms de un siglo. No es raro, al fin y al cabo Musina es una ciudad minera, pero el cartel que a su lado que indica como ir al Musina Golf Resort es algo ms que chocante.

Show Ground

Pero lo ms fuerte est por llegar. Si queremos conocer ms enfermos de clera nos dicen que hay un campamento de Mdicos Sin Fronteras a un par de kilmetros del hospital. Seguimos por la carretera y nos desviamos despus de la gasolinera indicada. Pero lo que aparece ante nuestros ojos no es un campamento ni nada que se les parezca. Ms bien recuerda alguna pelcula de un apocalptico futuro posnuclear. Centenares de personas nos miran mientras pasamos a su lado entre montones de basura y resto de hogueras humeantes. El Show Ground resulta ser un campo de ftbol donde se hacinan refugiados y emigrantes a menudo la lnea que separa ambas definiciones es difusa- de todo frica a la espera de conseguir los papeles que les permitan residir en Sudfrica. En un parque lateral dos autobuses del Ministerio del Interior les hacen los trmites in situ. Alguien ha instalado tres o cuatro lavabos qumicos y una toma de agua. Mdicos Sin Fronteras ofrece un servicio de salud y reparte comida. Pero no hay nada ms. Solo unos pocos los ms veteranos suponemos- han construido alguna tienda con plsticos. El resto simplemente vive come, duerme, hace sus necesidades y, sobre todo, se aburre- a la intemperie. Por cuanto tiempo? Parece que el plazo que el gobierno sudafricano se da para responder a una peticin de asilo es de tres meses. Despus de esta espera tampoco hay ninguna garanta que sean admitidos. Unos etopes que vinieron haciendo casi la mitad del camino a pie ms de 2.000 kilmetros- explican que ya llevan unas dos semanas, pero que son optimistas y confan en conseguir los papeles que les permitirn permanecer en el pequeo El Dorado africano.

Cuntos son? El funcionario que est al mando de los autobuses alega que no est autorizado para responder y que para saberlo hay que llamar a Pretoria. Pero una de las guardias que custodia el campo no est al corriente de las limitaciones burocrticas: Unos 700 cuenta con una sonrisa antes de preguntar si le podemos hacer una foto.

A pesar del hacinamiento, la falta de higiene y seguridad no hay noticias de epidemias, violaciones o actos de violencia. Sus caras muestran ms cansancio y resignacin que rabia por lo injusta de su situacin. Ni tan siquiera se les ocurre apelar a la solidaridad africana que los sudafricanos esgriman para refugiarse en sus pases pocos aos antes. Simplemente quieren poder trabajar y ganar un salario que nunca ser poco.

La Tierra

Toda la regin que rodea Musina est llena de modernas granjas propiedad de blancos. Estas es una herencia del apartheid, pues la Ley de Tierras Nativas de 1913 estableci que el 87% de las tierras del pas deban pertenecer a la minora blanca, mientras que la mayora negra se deba concentrar el 13% restante, generalmente las zonas ms ridas e improductivas.

A pesar que la reforma agraria fue una de las banderas de lucha del movimiento de liberacin, este fue uno de los puntos en los que se tuvo que ceder durante la transicin a la democracia en los 90. La nueva constitucin sacraliz la propiedad privada y legaliz el robo de 80 aos antes. La reforma agraria tiene que hacerse a base de comprar propiedades a precio de mercado y nunca hay recursos suficientes. No solo no se est haciendo ninguna reforma agraria cuenta Tshililo Manenzhe, investigador sobre la estructura de la propiedad de tierras en la Universidad de Ciudad del Cabo- sino que hay una verdadera contrareforma, pues muchas personas que habitan en las granjas, trabajen en ellas o no, estn siendo expulsados ante el miedo de los propietarios que se les reconozca algn derecho. Este proceso ya ha comportado un milln de desalojados desde 1994, ao en que Mandela asumi la presidencia. Esta gente va a parar a los mismos suburbios pobres a los que fueron sus abuelos en 1913, es como si el apartheid continuara funcionando se lamenta Manenzhe.

En Musina la situacin, adems, es un poco ms grave: Desde hace unos aos la agricultura dej paso al turismo como principal activo de la tierra y muchas granjas se estn reconvirtiendo en en reservas privadas, tanto de caza como de animales protegidos. Esto ha significado, no solo la prdida de muchos puestos de trabajo, sino tambin de zonas donde asentarse, pues si bien la gente puede convivir con vacas, no lo puede hacer con leones o leopardos.

Zimbabwenses

 

Pamela Bereunga Foto: (H) Justo en el borde de la frontera Jan Vierdegaan tiene su granja. Es un afrikaner afable que est encantado que demos una vuelta por sus tierras. Se le nota orgulloso de lo que l y si familia han levantado en medio de frica, pero no nos atrevemos a preguntarle que piensa de la Ley de Tierras Nativas y de si es necesaria algn tipo de compensacin. Estos temas aqu son muy delicados.

La estancia es sobre todo una extensin de de huerta donde se cultivan mangos, melones y tomates entre otras frutas y verduras. Equipada con modernos tractores, invernaderos con sistemas de riego automatizados y una contabilidad informatizada es perfectamente homologable a cualquier campesino europeo. A solo unos pocos kilmetros, al otro lado de la frontera aun se ara a mano y se depende de la lluvia para cosechar alguno. Shirinda, que ha ayudado a legalizar la situacin de la mayora de los trabajadores que han emigrado desde Zimbawe nos advierte que esta es una granja modelo: la nica donde realmente se disfruta de una condiciones laborales adecuadas.

No encontraremos el mismo panorama en la segunda finca. Entramos por la zona donde viven los peones y donde hay edificadas dos hileras de casas. De lejos no parecen tener mala pinta, pero cuando nos acercamos nos damos cuenta que en realidad se trata de simples habitaciones de dos por tres metros sin ninguna ventana ni salida de humos ni bao. Una bombilla y, si hay suerte, una radio son los nicos aparatos tecnolgicos. Delante de cada puerta hay habilitada una choza donde se instala la cocina a lea. El agua hay que ir a buscarla a una fuente colectiva. En cada cuarto vive una familia.

A Pamela Bereunga le descuentan 200 rands (unos 17 euros) del sueldo en concepto de alquiler, luz, agua y lea, es un 25% de lo que cobra. En voz baja, Shirinda nos cuenta que cuando vivan sudafricanos no se pagaba alquiler por estas habitaciones, pero ahora que todos los trabajadores son zimbabwenses han cambiado las normas. Siempre se puede rascar un poquito ms... aade.

Un pueblo partido por una frontera

Justo al lado mismo del puesto de control fronterizo empieza una carretera perfectamente asfaltada que bordea la valla fronteriza, una inmensa cicatriz metlica de tres filas de alambrada que sigue el curso de un Limpopo apenas visible desde este lado. Lo que si se divisa, entre los rboles, es el largusimo puente de Beitbridge en la parte zimbabwense.

Durante el apartheid la frontera estaba militarizada -cuenta Shirinda, un avogado que tras estudiar en Ciudad del Cabo volvi a Makhado, su ciudad natal, a apenas 80 kilmetros de Musina- y los soldados disparaban a cualquiera que cruzara la cerca. No distinguan entre cualquier inmigrante o un luchador de la libertad. Luchador de la libertad es que como aqu se refieren comnmente a los guerrilleros del Umkhonto we Sizwe, el brazo armado del Congreso Nacional Africano, que desde sus bases en Zimbabwe trataban de penetrar en territorio sudafricano para combatir el rgimen racista.

Hoy estas historias de batallas se han acabado y la vigilancia se ha relajado. El alambre que estaba electrificado ha sido desconectado una decisin muy lgica en un pas, como Sudfrica, que sufre peridicos cortes de luz por falta de produccin- y los militares ya no disparan contra los inmigrantes, sino que, cuando no hacen la vista gorda, los llevan a los puestos de inmigracin. Pero aun as el actual gobierno del ANC est restaurando la alambrada. Los hermanos africanos que en otra poca les dejaban poner sus bases en sus pases a pesar de sufrir los ataques de Pretoria, hoy no son demasiado bienvenidos a la nueva Sudfrica.

Resiguiendo la cerca se observan constantemente los agujeros hechos por los inmigrantes irregulares. Son los llamados fence-jumpers, los salta-vallas. Una prctica tan comn que hay gente que lo hace cada da: vive en Zimbabwe y trabaja en Sudfrica. Aunque lo ms peligroso, avisa Shirinda, no es cruzar la alambrada, sino cruzar el ro a nado. Hay muchos cocodrilos, explica.

Los venda

A pesar de la cerca, a pesar del ejrcito, a pesar de las leyes restrictivas, las relaciones a un lado y otro de la frontera nunca se cortaron. A un lado y otro los habitantes forman parte de un mismo pueblo, el venda, nacin de agricultores y ganaderos nacido de la fusin de sothos y shonas, pueblos con los que mantienen numerosas coincidencias culturales e idiomticas.

Instalados a las riveras del Limpopo desde el siglo XIV se encontraron de pronto divididos por las fronteras marcadas por el imperio colonial ingls, que cedi el sur de su territorio a la autnoma Unin Sudafricana y se reserv el norte en su colonia llamada entonces Rhodesia del Sur, hoy Zimbabwe. Durante el apartheid tuvieron su propio bantustn -como se denominaban los territorios que el rgimen reserv para no blancos- con capital en Thohoyandou, a unos 150 kilmetros de Musina.

Aunque por pasaporte unos sean zimbabwenses y los otros sudafricanos, los venda mantienen su propio sentimiento de unidad y las relaciones transfronterizas, incluso los matrimonios, son frecuentes. Aunque durante el apartheid haba que esperar aos para conseguir un pasaporte que te permitiera llegar a tu boda cuenta Shirinda entre risas.

Pero si todos son venda, como se reconocen los inmigrantes? Bsicamente por el acento, pero ms que por el venda, por la forma en que hablamos ingls, al norte y el sur lo hacemos de forma muy diferente.

Zimbabwe: La gran crisis

 

Ya hace unos aos que todas las noticias que provienen de Zimbabwe son malas. Dejando de lado la atraccin de frica para llos desastres, lo de Zimbawe es un verdadero record: una inflacin que este ao ha superado los 2.000.000%, unas elecciones boicoteadas por la oposicin, riesgo de guerra civil, hambre, desabastecimiento de todo tipo,clera, motines de soldados y, ms recientemente, las desapariciones de activistas sociales. La lista parece no tener fin. Y lo que es peor, ante cada nueva mala noticia cualquier periodista africano apostilla: en el que fue el mejor pas del continente en la materia. Y es que Zimbabwe ya cont con unos sistemas educativos, sanitarios y de seguridad social nicos en toda frica, adems de ser su granero.

Y cmo ha podido ser este desastre? La respuesta no parece clara. Para unos Robert Mugabe, quien dirige el pas desde la independencia, es el responsable de todo, aunque a menudo se olvidan que l fue tambin el responsable de ponerlo en la cima. A menudo se cita la reforma agraria de los 90 como el inicio de la decadencia. Entonces se expropi las grandes granjas en manos de blancos para repartirlas entre campesinos negros sin tierra; la produccin agropecuaria, motor de la economa, se colaps y el resto vino en cadena. Pero los partidarios de Mugabe acusan el bloqueo de los pases occidentales -con Gran Bretaa, la ex-metrpoli a la cabeza- iniciado en protesta por esta reforma agraria del hundimiento de su economa.

Mientras el pas continua dividido y cuesta abajo.



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