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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2009

El gobierno como espectculo

Miguel Bonasso
Critica Digital


Me invitaron a Olivos para el "anuncio trascendental" del jueves pasado, pero declin la oferta.

Pocos das antes me haban invitado al teatro Argentino de La Plata para la presentacin en sociedad de la ley de radiodifusin y tambin me negu al dudoso placer de participar en el coro multitudinario.

La invitacin ms significativa era la segunda, porque vena a continuacin de mi voto positivo en el adelantamiento de las elecciones y tal vez alguien se confundi pensando que apoyaba al gobierno y no al inters de la sociedad y el Estado.

Algo similar ocurri el ao pasado, despus de la maratnica sesin sobre la 125. Como haba votado a favor de las retenciones segmentadas, me propusieron subirme a la caravana de vehculos que parti, cargada de legisladores, hacia el besamanos de Olivos. Tampoco fui, por supuesto.

En los tiempos que vivimos, tanto el gobierno como la oposicin suelen confundir coincidencias ocasionales derivadas de la lealtad a ciertos principios permanentes, con un apoyo a sus conveniencias puntuales. Ser recibido con sonrisas o execrado depende, por ejemplo, de la asistencia a una sesin especial.

En el caso del gobierno esa lealtad implica integrarse a un estilo, dira a una esttica incluso, que me resultan totalmente ajenos. Es una suerte de Versailles bonaerense, en la que slo cabe empolvarse la peluca, ajustarse las medias de seda, sacarles brillo a los escarpines de charol y prepararse para aplaudir anuncios enigmticos cuando son formulados, entre sonrisas y reconvenciones, por Su Excelencia.

Mientras llega ese momento climtico hay que abrazarse y besarse con personas a las que uno no invitara ni a tomar un caf y esperar paciente, entre vidos apretujones, a que los esforzados soldados del protocolo presidencial les asignen un lugar en el espacio cortesano.

El Quincho de Olivos, devenido Triann del poder bifronte, se ha convertido en el espacio predilecto de un estilo poltico que combina las inclinaciones dieciochescas de marqueses y marquesas con las sorpresas online del reality show. Es el gobierno como espectculo.

Ante la carencia de un proyecto, ante la ausencia de una estrategia nacional, reina la tctica y el grueso margen de error que puede anularla o incluso volverla en contra, cuando ella carece de una visin trascendente y se limita a proponer soluciones de cortsimo plazo. Soluciones que no suelen pasar del jueves siguiente. Que slo permiten ir durando hasta el prximo "anuncio trascendental". O, peor an, que aumentan la irritacin creciente de vastos sectores de la poblacin cuando los espectadores descubren la tosca urdimbre del truco. Porque entonces, cuando la ilusin se esfuma, la sustituye el encono.

Es, precisamente, lo que ha ocurrido con esta ltima prestidigitacin de las retenciones y su coparticipacin con provincias y municipios. An los espectadores menos avisados entendieron rpidamente que este supuesto triunfo del federalismo constituye apenas una maniobra para asegurar el apoyo de gobernadores e intendentes en la inminente campaa electoral.

As lo entendieron varios de los asistentes al Triann que pelaron sus sofisticados blackberries o sus rsticas calculadoras para convertir en guarismos el man presidencial que les estaban anunciando.

El llamado "campo", en cambio, volvi a redoblar los tambores de guerra. Los chacareros recibieron el anuncio como una provocacin y actuaron en consecuencia. Reaccin previsible que no justifica algunos actos de canibalismo poltico, como los cortes de ruta y los exabruptos macartistas.

Ahora bien, no lo previeron los estrategas de Olivos o, por el contrario, se trataba de un efecto buscado ? En cualquiera de los dos casos es lamentable. Lo que menos necesita el gobierno y la sociedad en este momento es un regreso a los idus de marzo del ao pasado, que dieron paso a la guerra gaucha y a la ms vertiginosa evaporacin de caudal poltico de que se tenga memoria.

Lo dije antes y lo reitero ahora : creo firmemente que el Estado nacional debe percibir retenciones por los derechos de exportacin, como los percibe por derechos de importacin. El sector pblico debe retener una parte de la renta agraria, como de la minera o la petrolera. Esos derechos no son coparticipables. Pero creo tambin que debe haber una ponderacin racional y equitativa en su percepcin, adaptable a las distintas coyunturas.

La realidad de los pequeos y medianos productores no es la misma que la de los grandes pools de siembra. Tampoco las condiciones de este marzo son iguales a las del ao pasado. Media entre ambas situaciones una de las sequas ms devastadoras de nuestra historia agropecuaria y un derrumbe en los precios internacionales de las commodities, como la soja.

Tambin es verdad, para ser justos, que la recaudacin fiscal no es la misma y que el gobierno debe munirse de recursos para hacer frente a crecientes obligaciones. Pero lo curioso es que este ltimo "anuncio trascendental" no concurre a resolver ninguna de las dos falencias. Ni la de los productores ni las del Estado, que ahora resigna un 30 por ciento de las retenciones.

La medida desnuda lo que hemos venido sealando hasta el hartazgo desde esta columna : no existe un proyecto nacional y por lo tanto no existe un plan agropecuario que potencie a las distintas producciones. Esta carencia no se resuelve demonizando a un sector social remiso a soportar mayores cargas fiscales, sino construyendo un sistema de equidad.

Hay numerosos ejemplos histricos en todo el mundo de gobiernos que exigieron a sus pueblos esfuerzos extraordinarios para superar crisis, embargos y guerras, pero slo fueron acompaados aquellos que pudieron demostrar imparcialidad y equilibrio en sus exigencias. La famosa doctrina de la manta, de la que hablaba Arturo Jauretche : "Que tape a todos o que no tape a nadie".

No es el caso de nuestro gobierno, que sigue sin aplicar de manera igualitaria el viejo sistema de premios y castigos. Que extravi el rumbo al olvidar que la crisis de representatividad sufrida en diciembre de 2001 sigue bullendo bajo la superficie.

Por eso juzgo que es mejor apartarse para tomar real perspectiva y no quedar atrapado en el minu de los cortesanos. No s muy bien qu puede entenderse hoy por "progresista", pero estoy seguro de que no hay progreso alguno en un retorno a Versailles.


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