Portada :: Economa :: Especial "El capitalismo cruje"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2009

La verdadera conspiracin de AIG

Michael Hudson
CounterPunch


Parecer extrao, pero lo cierto es que la indignacin pblica levantada por los 135 millones de dlares de bonificaciones para altos ejecutivos de la aseguradora AIG es una bendicin divina para Wall Street, incluidos los canallas de la propia AIG. Por qu habran de preocuparse tanto los medios de comunicacin con el descubrimiento de una codicia al servicio de s propia en el sector financiero? Todos y cada uno de los canales de TV, todos y cada uno de los peridicos de este pas, de derecha a izquierda, han convertido esas bonificaciones en cabecera titular de sus informaciones de los dos o tres ltimos das.

Qu yerro hay aqu? No hay sobreactuacin en una indignacin que ha tenido sus expresiones ms vociferantes en el senador Charles Schumer y en el congresista Barney Frank, los dos adelantados de los obsequios a los bancos el pasado ao? Le parece apropiado al presidente Obama venir a criticar ahora, despus de tanto tiempo mudo, algo que le parece mal de Wall Street? Hasta el Wall Street Journal se ha metido en harina. La toma de control de AIG por parte del gobierno, dice, "se sirve de la empresa como instrumento para rescatar otras instituciones". Hay mucha ms codicia que la observada en los empleados de AIG. La empresa deba mucho ms a otros jugadores por doquiera, y tambin en Wall Street que el valor de los activos en su poder. Eso es lo que la llev a la insolvencia. Y ha ido creciendo la oposicin al modo en que Obama y McCain actuaron de consuno para apoyar un rescate que ha significado billones y billones de dlares tirados al sumidero. No realmente al sumidero, claro est, sino transferido a especuladores financieros situados en el triunfante lado "listo" de las malas apuestas financieras de AIG.

"La muchedumbre de Washington quiere centrarse en las bonificaciones porque busca desencadenar la clera pblica contra los actores privados", deca acusatoriamente el editorial del Wall Street Journal del pasado 17 de marzo. Mas, en vez de explicar que se trata de una maniobra distractora para pasar por alto las exacciones de Wall Street, mil veces mayores que el monto de las bonificaciones criticadas, se limitaban a atacar a su bestia negra de toda la vida: el Congreso. Derecha e izquierda no diferiran sino en la eleccin del blanco al que dirigir la indignacin pblica!

He aqu el verdadero problema de todo el escndalo montado con las bonificaciones de 135 millones de dlares para los ejecutivos de AIG: esta suma es menos del 0,1% --una milsima de los 183 mil millones de dlares que el Tesoro estadounidense dio a AIG para que pudiera dar satisfaccin a sus acreedores. Esta suma, mil veces mayor que el volumen total de las bonificaciones en las que los promotores de Wall Street procuran centrar la atencin del pblico, no se qued en AIG. Desde hace seis meses, los medios de comunicacin y los congresistas han tratado de descubrir a dnde fue a parar ese dinero. [El peridico econmico] Bloomberg inici un pleito para descubrirlo. Choc con un muro de silencio.

Hasta que, finalmente, el domingo 15 de marzo, por la noche, el gobierno solt la prenda de los detalles. Eran enormemente embarazosos. El mayor recipiendario resultaba ser el mismo al que apuntaban los primeros rumores difundidos tempranamente por el mundo financiero: la propia empresa de Paulson, Goldman Sachs, encabezaba la lista. Era acreedora por valor de 13 mil millones de dlares. He aqu el perfil que va dibujndose. El pasado septiembre, el secretario del Tesoro, Paulson, de Goldman Sachs, compuso un terso memorndum de apenas 3 pginas esbozando su propuesta de rescate. El plan especificaba que, hicieran lo que hicieran l mismo u otros funcionarios del Tesoro (incluidos sus subordinados, asimismo procedentes de Goldman Sachs), ni sus decisiones podran recurrirse legalmente, ni ellos mismos podran se ser llevados a tribunales, y mucho menos procesados y perseguidos legalmente. Esta condicin sac de sus casillas al Congreso, que rechaz el rescate en primera instancia.

Ahora se ve que Paulson tena muy buenas razones para introducir una clusula legal que bloqueara la posible recuperacin de los fondos dados por el Tesoro a los acreedores de AIG. En eso debera centrarse la indignacin pblica.

En cambio, los congresistas que ms se destacaron por abogar a favor de la legislacin del rescate junto con Obama, quien en su debate final con McCain del viernes por la noche lleg a pronunciarse resueltamente a favor de la terrible versin "corta" del plan de rescate de Paulson organizan ahora una escandalera con las bonificaciones de los ejecutivos de AIG, pero no contra los acreedores de la compaa aseguradora.

Hay dos cuestiones que han de plantearse siempre cuando se lanza una operacin poltica. Primero: qui bono, a quin beneficia? Y segundo: por qu ahora? Segn mi experiencia, la graduacin de tiempos, el ritmo, es clave para averiguar la dinmica operante.

En lo tocante al qui bono: qu ganan el senador Schumer, el congresista Frank, el presidente Obama y otros patrocinadores de Wall Street con esta escandalera pblica? Pues para decirlo clarito: los pinta como a chicos duros con el sector bancario y financiero, no como a sus lobistas, siempre prestos a aprobar un obsequio tras otro. As que la conmocin con AIG ha echado una cortina de humo sobre la verdadera naturaleza de sus lealtades polticas. Les permite posar con un ademn confundente, y as, posar como "honrados intermediarios" la prxima vez que tengan que aprobar deshonestamente el obsequio de unos cuantos billones de dlares ms para los mayores patrocinadores y contribuyentes a sus propias campaas polticas.

En lo tocante a los ritmos, creo que ya ha quedado aclarado. La indignacin con las bonificaciones de AIG ha logrado distraer la atencin, desvindola de los acreedores de AIG, que fueron los que recibieron los 183 mil millones de dlares de obsequio del Tesoro. La suma "final" que tendr que ir a parar a esos acreedores se rumorea que ronda los 250 mil millones, de modo que el senador Schumer, el congresista Frank y el presidente Obama todava tienen mucho trabajo que hacer para Wall Street en el prximo ao.

Para tener xito en su trabajo, adems de aplacar la indignacin pblica creciente con los malos rescates, necesitarn multiplicar los ademanes y los gestos con que se estn prodigando ahora. Es un ejercicio de engao.

Moraleja: cuanto ms copiosas las lgrimas de cocodrilo vertidas sobre las bonificaciones a los ejecutivos de AIG (quienes, dicho sea de paso, parecen estar en el lado sano, de seguros bona fide del negocio de AIG, no en el jaleo de sus fondos de cobertura montados sobre un esquema Ponzi), tanto ms distraern la atencin de la opinin pblica respecto del obsequio de 183 mil millones de dlares, y tanto mejor colocados quedarn para seguir jugando obsequiosamente con dinero pblico (bonos del Tesoro y depsitos de la Reserva Federal) en beneficio de sus entidades financieras favoritas.

Sigamos la pista del dinero realmente dado a AIG: 183 mil millones de dlares! Ya s que ese dinero se ha transferido ya, y que no hay forma de que lo devuelvan unos acreedores de AIG perfectamente conscientes de que Alan Greenspan, George Bush y Hank Paulson estaban llevando la economa estadounidense a un abismo inmobiliario, a un abismo de productos financieros derivados y a un abismo en materia de balanza de pagos, abismos, todos, que venan a confluir en la actividad de apostar contra las obligaciones de deuda colateralizada (CDO, por sus siglas en ingls) y de asegurar esas apuestas en AIG. Ese dinero ha sido lisa y llanamente chupado del Tesoro por la va de colocar a propios en puestos pblicos claves para que pudieran servirles mejor.

Pero sigmosles la pista a todos ellos. El senador Schumacher dijo a los recipiendarios de las bonificaciones de AIG que la I.R.S. [la agencia tributaria estadounidense] puede perseguirles y, de una u otra forma, recuperar el dinero. En realidad, tambin puede ir tras los recipiendarios del rescate de 183 mil millones de dlares. Todo lo que necesita hacer es recuperar los tradicionales impuestos sobre bienes races y aumentar los tipos marginales de los impuestos al ingreso y al patrimonio hasta los niveles (ya reducidos) de la era Clinton.

El dinero puede recuperarse. Y eso es precisamente lo que el seor Schumer, el seor Frank y otros no quieren que se debata pblicamente. Por eso divierten la atencin de la gente fingiendo escandalizarse con trivialidades. Una manera, muy propia de la poca, de que la gente no vea el bosque y se pierda lo verdaderamente importante.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y despus en el Hudson Institute. En 1990 colabor en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor econmico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaa primaria presidencial demcrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canad, Mxico y Letonia, as como al Instituto de Naciones Unidas para la Formacin y la Investigacin. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Ricardo Timn



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