Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2009

Qu simboliza Palestina?

Alain Gresh
Le Monde diplomatique

Traducido para Rebelin por Caty R.


La guerra israel contra Gaza del invierno de 2008-2009 ha levantado una inmensa emocin y poderosas manifestaciones por todo el mundo. Ha originado encendidos debates en torno a la legitimidad de esa ofensiva, de los crmenes cometidos, del futuro -e incluso de la posibilidad- de la paz entre palestinos e israeles. Tambin ha resurgido una cuestin: Por qu Palestina? Por qu suscita tanta emocin, tantas invectivas, tantas manifestaciones? Despus de todo, el planeta conoce guerras ms mortferas, como en Darfur o en el Congo; opresiones por lo menos igual de devastadoras, como en el Tbet, Chechenia o Birmania; otras negaciones escandalosas del derecho a la libertad, como la de los intocables en la India, los nubios en Kenia o los indios en diversos pases de Amrica Latina.

Qu se esconde, pues, detrs de esta focalizacin sobre Palestina? Para algunos, la respuesta no tiene ninguna duda: la presencia de los judos, el odio contra ellos es el motor de este inters malsano. La crtica al Estado de Israel y su poltica servira de excusa al eterno antisemitismo.

Incluso sin compartir este punto de vista simplista, la cuestin Por qu Palestina? es legtima. Tambin presenta el inters de que permite reflexionar sobre el lugar central que este conflicto ocupa actualmente en la escena mundial, de la misma forma que Vietnam en los aos 1960-70 y Sudfrica en los aos 1970-80 (1).

Ahora Palestina ha tomado el relevo. Por qu? Porque en este principio del siglo XXI cristaliza un momento de la historia de las relaciones internacionales: ltimo hecho colonial nacido del reparto de los imperios, Palestina simboliza la persistencia de la relacin desigual entre el norte y el sur como el conflicto de Vietnam o el de Sudfrica-, pero tambin la voluntad de cuestionar dicha desigualdad. Es el paradigma de una injusticia jams reparada. La implicacin de Estados Unidos, principal potencia mundial, y de Israel, principal potencia regional, afianzan su importancia mundial.

El segundo plano

El inters estratgico de Palestina (y de Oriente Prximo), que explica la extraordinaria longevidad de las rivalidades de las cuales es objeto, y el carcter sagrado de esa tierra, constituyen el terreno en disputa, incluso aunque no sean la causa primigenia de la importancia que ha adquirido en la actualidad.

Situado en el cruce de tres continentes, Oriente es el lugar de paso de una gran parte del comercio mundial. Desde el siglo XIX, su control se convirti en esencial para Londres que quera proteger, a travs del canal de Suez, la ruta de las Indias, joya de su imperio. Adems, en el siglo XX, la regin se convirti en la mayor reserva de petrleo del planeta.

El enfrentamiento en torno a Palestina se entabl incluso antes del hundimiento de los imperios otomano y zarista; continu durante la marcha hacia la Segunda Guerra Mundial, se intensific con la Guerra Fra, ha resistido al nuevo orden internacional surgido del hundimiento de la Unin Sovitica y se prolonga todava sin que nadie pueda percibir una luz al final del tnel. Henri Queuille, ministro de la Tercera Repblica, afirmaba que no hay problema sin solucin; palestina ofrece un contraejemplo trgico

Desde 1967, las guerras, de las cuales algunas casi han degenerado en enfrentamientos entre los dos bloques, han instalado a Oriente Prximo en el primer plano de la actualidad: la guerra de junio de 1967; guerra de desgaste entre Egipto e Israel (1968-1970); guerra de octubre, denominada de Ramadn o de Kippur (1973); guerra civil libanesa en 1975 con la participacin de los palestinos y ocupacin israel del sur de Lbano; invasin israel de Lbano (1982); primera Intifada (1987-1993); segunda Intifada, a partir de septiembre de 2000, con su ola de atentados suicidas; guerra contra Hezbol (2006); ofensiva israel contra Gaza (2008-2009) sin hablar de las diferentes conflagraciones en el Golfo- Ningn otro conflicto ha ocupado durante tanto tiempo un lugar tan importante en las pginas informativas.

Otra dimensin de los enfrentamientos es el carcter sagrado de Palestina. Durante siglos, los nombres de Jerusaln, Beln o Hebrn, han resonado en la memoria de los fieles de las tres grandes religiones monotestas. Aunque sirvieron de cobertura a otras ambiciones, las Cruzadas han reclutado durante varios siglos a hombres y mujeres de ambas orillas del Mediterrneo. Y los judos religiosos iban a Palestina para morir y que los enterrasen all. Cuando, a partir de siglo XII, esas tierras volvieron al control permanente de potencias musulmanas, importantes comunidades cristianas (y tambin judas) vivan all, y Palestina permanece como un lugar de peregrinacin, tanto para los judos como para los cristianos. Los viajes, en la poca, no estaban sometidos a ningn visado, a ningn papel de identidad, sino a los caprichos del azar, los largos desplazamientos por mar o por tierra eran a menudo arriesgados.

En los siglos XVIII y XIX, las colinas de Jerusaln y los olivares de Palestina atrajeron a novelistas y pintores franceses o britnicos. Cada nombre, cada piedra, evoca el nacimiento de las religiones, los Libros Sagrados, la travesa del Sina por Moiss, el sermn de Jess en la montaa, incluso para los viajeros que no exaltaban una fe conquistadora. Durante largos perodos, el Mediterrneo fue un mar de intercambios, tanto humanos como culturales, ms que de desgarros. Y el espritu de las Cruzadas no siempre sopl sobre el Mare Nostrum

Salvo una excepcin que sin embargo pas ampliamente inadvertida: la existencia de pensadores protestantes que, con su interpretacin de los pasajes de la Biblia, y especialmente del Apocalipsis, vean en el retorno de los judos a Palestina, tras su conversin, una etapa necesaria para la llegada del Mesas. Ese milenarismo ejerci una influencia sustancial en la poltica britnica, como la tiene actualmente en Estados Unidos.

Por el contrario, mientras disminua en parte el atractivo de las religiones, emerga una nueva ideologa: el nacionalismo. A finales del siglo XIX, se fund la Organizacin Sionista Mundial que reclamaba un Estado judo en Palestina; y al mismo tiempo un movimiento de renacimiento rabe (nahda) que ambicionaba el afianzamiento de la independencia rabe frente al Imperio Otomano, pero tambin frente a las potencias europeas.

La reconquista de Jerusaln por las tropas aliadas en 1918 no poda dejar de levantar una ola de consternacin en el mundo musulmn. Ratific el hundimiento del ltimo gran imperio musulmn, el Imperio Otomano -del cual se olvida muy a menudo que fue una de las potencias europeas ms avanzadas del continente en los siglos XV y XVI-; la abolicin del califato, smbolo de la unidad (en parte ficticia) de la comunidad islmica, la comunidad de los creyentes, pero tambin el retraso en el que se hundi el mundo rabe y, ms generalmente, el mundo no desarrollado. Dicha reconquista marc el apogeo de la dominacin europea en el mundo.

Dictada por ambiciones puramente geopolticas, la toma de Jerusaln se podra leer como una venganza por la derrota de las Cruzadas. No fue un general francs quien, despus de conquistar Damasco en 1920, fue a visitar la tumba de Saladino, el liberador de Jerusaln para los musulmanes, y declar: Saladino, estamos de vuelta?

Al Reino Unido, que haba obtenido en 1922 el mandato de la Sociedad de las Naciones (SDN) sobre Palestina, se le confi tambin la puesta en marcha de la promesa de Balfur (2 de noviembre de 1917), un compromiso asumido por Londres de propiciar la creacin de un hogar nacional judo. El enfrentamiento se despleg en los trminos actuales, pero Palestina permaneci como un imn para numerosos peregrinos: judos, musulmanes y cristianos podan ir a cumplir sus deberes religiosos. La dimensin sagrada de esta tierra no desaparecera nunca, ni siquiera cuando el enfrentamiento adquiri un carcter nacional que se interpreta como la lucha del pueblo judo para regresar a su patria (incluyendo los enfrentamientos, de vez en cuando, con el imperio britnico desde principios de los aos 40) o como una lucha anticolonial de los palestinos contra los britnicos y la inmigracin sionista. Palestina servir siempre, con ms o menos fuerza segn las pocas, para alimentar el imaginario de unos y otros y fortalecer su movilizacin. Ni Vietnam ni Sudfrica pusieron nunca en movimiento semejante herencia cultural y religiosa en el inconsciente colectivo de los movimientos y las personas que se movilizaron por sus causas.

El genocidio de los judos

En la encrucijada de la religin, la poltica y la historia, la persecucin de los judos y el genocidio perpetrado durante la Segunda guerra Mundial marcaron la historia de Palestina, pero de manera diferenciada segn las pocas. Hasta finales de los aos 20, el movimiento de emigracin juda a Palestina era limitado y el sionismo, minoritario entre los judos del mundo, era un fracaso. Dos elementos revirtieron el curso de la historia: el cierre de Estados Unidos (y parte de Europa occidental) a la emigracin y la marcha de los nazis hacia el poder y el antisemitismo cada vez ms militante en Alemania y Europa oriental. El nmero de judos que buscaban refugio en Palestina creca a medida que se les cerraban los dems pases.

El perodo de 1936-1939 representa el gran retorno a Tierra Santa: se aplasta la revolucin palestina; el movimiento sionista, reforzado por un gran nmero de emigrantes europeos, se dota de poderosas milicias y remata la transformacin del Yichuv (la comunidad juda en Palestina) en un casi-Estado con sus instituciones, su economa, sus partidos, su ejrcito, etctera. De ese momento data el autntico nacimiento de Israel y la transformacin del problema judo: el judasmo fue, en el siglo XIX, la negacin del nacionalismo europeo; el sionismo transform, por la colonizacin de Palestina, a los judos del Yichuv en una comunidad nacional en la que se reconocieron e identificaron numerosos europeos. Esta simpata se manifestaba ya en los aos 20 entre los periodistas y los intelectuales, fascinados por el xito de un proyecto colonial (vase, por ejemplo, Joseph Kessel, Terre d'amour, 1927).

El genocidio perpetrado durante la Segunda Guerra Mundial no jug un papel principal en la adopcin por parte la Asamblea General de las Naciones Unidas del plan de particin de Palestina (29 de noviembre de 1947). Aunque obviamente el genocidio alimentaba la simpata de las opiniones pblicas del norte hacia el joven Estado, todava no haba conquistado el lugar central que ocupara a partir de finales de los aos 60: por una parte, los dirigentes de Israel queran dar una imagen de judos combativos, en oposicin a quienes se dejaron llevar al matadero; por otro lado, los judos estaban considerados como vctimas del nazismo al mismo nivel que los deportados polticos o los gitanos.

1962 y el proceso Eichmann, 1967 y la guerra de junio, los aos 70 y el descubrimiento del colaboracionismo en Francia y Europa otorgaron una nueva dimensin al genocidio e influyeron de manera importante en la percepcin del conflicto entre Israel y Palestina, y tambin sobre su internacionalizacin.

Un marco internacional convulso, un nuevo lugar para Palestina.

Sobre ese fondo histrico, estratgico y religioso, Palestina se impuso a partir de los aos 90, sobre todo tras el estallido de la segunda Intifada (noviembre de 2000), en el escenario mundial. El conflicto adquiri un lugar nuevo, una dimensin que seguramente no tuvo en los aos 70 u 80 cuando en el mejor de los casos se consideraba como una lucha ms, y en el peor como una simple extensin de un movimiento nacionalista rabe poco recomendable-. La movilizacin de algunos grupos de extrema izquierda europeos a favor de los palestinos despus de 1967 limitada por el peso de la cuestin juda y por el descubrimiento por Europa de la especificidad del genocidio y la responsabilidad de los Estados europeos en su ejecucin (la traduccin del libro de Robert Paxton La France de Vichy es de 1973)- se inscribe ms bien en la solidaridad mundial antiimperialista y en el gran sueo de la revolucin mundial. Para Jean Genet, en Un captif amoureux, Palestina est en el centro de una revolucin grandiosa en forma de castillo de fuegos artificiales, un incendio que salta de banco en banco, de pera en pera, de las prisiones a los palacios de justicia.

Ahora la situacin ha cambiado. Como antes Vietnam o Sudfrica, Palestina destapa la realidad de las relaciones internacionales. stas estn marcadas por la dominacin occidental sobre el mundo y su impugnacin cada vez ms fuerte. Un perodo de dos siglos marcado por la conquista europea del mundo est tocando a su fin.

La escena internacional se trastoc con la desaparicin de la URSS, que puso fin a cualquier idea de inscribir la lucha en torno a Palestina e Israel en el campo de la Guerra Fra de cualquier forma, incluso si desde 1967 el campo socialista ha apoyado a los rabes y Estados Unidos a Israel, el conflicto siempre ha estado circunscrito a la divisin entre Oriente y Occidente-. El perodo post 1990 tambin estuvo marcado por la implantacin de Estados Unidos como la nica superpotencia. Francis Fukuyama habl incluso del fin de la historia y la victoria, sin vuelta atrs, del modelo liberal democrtico. Veinte aos despus, con el hundimiento estadounidense en Iraq (y Afganistn) y la crisis econmica y financiera, la dinmica mundial est marcada por el estrangulamiento de la dominacin occidental. El antiguo orden internacional est cuestionado tanto por el fortalecimiento en la escena mundial de China, Brasil, la India y numerosos pases antes dominados, como a travs de las luchas altermundistas de numerosos movimientos contestatarios. Esta insurreccin contra el viejo orden no concierne nicamente a los mbitos de la poltica o la economa, sino tambin al de la cultura, al de la historia. Es toda una narrativa histrica del mundo la que est en entredicho, una narrativa en la que Europa y Estados Unidos ocupaban hasta ahora un lugar preponderante mientras los pases del Tercer Mundo estaban relegados a una especie de trastienda. Al mismo tiempo se refuerza la idea de un choque de las civilizaciones, de una amenaza islmica.

Por otra parte, es el momento en el que las imgenes de Oriente Prximo invaden las pantallas de televisin del mundo. Sabemos ms sobre este enfrentamiento, tanto en Europa como en el resto del mundo, que sobre cualquier otro. Incluso quienes no estn al tanto de los pormenores han ledo y escuchado mil y un anlisis y han visto mil y un reportajes. La revolucin tecnolgica de finales de los aos 80, con la digitalizacin y las cadenas de televisin de informacin en directo, permite a los telespectadores vivir la actualidad en directo. El monopolio de la CNN durante la primera guerra del Golfo (1990-1991) ha cado por el auge de las cadenas rabes va satlite, -sobre todo la ms famosa, Al-Jazeera-; y con la utilizacin sobre el terreno de porttiles y cmaras de vdeo, muchas crnicas se ven ahora a escala mundial, por primera vez desde el hundimiento de la Unin Sovitica y la desaparicin del campo socialista. Y las versiones de Al Jazeera y otras cadenas del sur tienen tanto impacto, o ms, que las de los medios que responden a los criterios occidentales de profesionalidad

Finalmente la presencia, tanto en Europa como en Amrica Latina, e incluso en Estados Unidos, de grandes inmigraciones rabes y musulmanas, que ven en los palestinos la metfora de su propia situacin, y el papel de las comunidades judas la mayora adeptas a Israel y su poltica- por todo el mundo, contribuyen a la globalizacin de las polmicas.

Palestina mezcla, evidentemente, numerosas dimensiones. Tres de ellas explican su posicin central: el redescubrimiento de una historia, ocultada durante mucho tiempo, de dominacin colonial; la injusticia permanente y la violacin sistemtica del derecho internacional; el doble rasero aplicado por los gobiernos y por gran nmero de intelectuales occidentales en su lectura del conflicto. En la encrucijada de Oriente y Occidente, del sur y el norte, Palestina simboliza a la vez el viejo mundo y la gestacin de un mundo nuevo.

Durante mucho tiempo, la historia dominante de Oriente Prximo se resuma en el milagro de la creacin de un Estado judo en Palestina, el retorno de ese pueblo a su tierra, de donde fue expulsado hace dos mil aos, un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo, el desierto convertido en vergel, el socialismo de los kibutz. La guerra de 1948-49 se vea como el combate heroico de David contra Goliat: los soldados menos numerosos y peor equipados, entre ellos los que huyeron del genocidio de los judos en Europa, resistieron el asalto de los ejrcitos rabes aliados. Nadie vio, en el sentido literal del trmino, la expulsin de cientos de miles de palestinos (Vase Comment Isral expulsa les Palestiniens (1947-1949) (Cmo expuls Israel a los palestinos (1947-1949) de Dominique Vidal).

Han sido necesarios varios decenios para que, gracias especialmente a los nuevos historiadores israeles, la narrativa de los palestinos de la guerra de 1948-49 y de su expulsin masiva- se haya odo por fin ms all del mundo rabe. Esta reaparicin del pasado reprimido coincidi con un movimiento, perceptible en todos los pases antiguamente colonizados, que quera reescribir la historia, dirigida hasta ese momento por los cauces de interpretacin occidentales. Lo que tambin se juega en Palestina es la interpretacin de la historia mundial de los siglos XIX y XX, la narrativa de la poltica colonial y sus consecuencias en todo el mundo.

Segunda dimensin, la permanencia de una injusticia poltica que en otras partes del planeta se ha reparado, al menos en parte. Despus de que la inmensa mayora de los pueblos accediese a la independencia, los ltimos el frica portuguesa, Sudfrica, Namibia, Timor- en los aos 1970-1990, la colonizacin desapareci de la faz de la tierra. Palestina es el recordatorio de que la colonizacin ha marcado durante mucho tiempo la historia contempornea y su finalizacin poltica no significa que se haya evaporado ni que las injusticias que origin se hayan borrado. Es una pgina que no se puede pasar pura y simplemente. Y al contrario que los indios de Amrica o las poblaciones autctonas de Australia o Nueva Zelanda, los palestinos mantienen una presencia fuerte y masiva en su territorio nacional o alrededor de l y por lo tanto ejercen una presin por su sola presencia, que no est en vas de desaparicin sean cuales sean los riesgos de su combate.

Finalmente, el tercer factor, el doble rasero que aplican Estados Unidos y Europa (no slo los gobiernos, sino tambin numerosos intelectuales). Omos a menudo el argumento segn el cual el anlisis del choque entre israeles y palestinos obedecera a reglas diferentes, que Israel sera juzgado segn unas leyes distintas. Eso es verdad en parte, pero no en el sentido que le atribuyen algunos. Dnde hay otra ocupacin condenada desde hace ms de cuarenta aos por las Naciones Unidas que perdure? Existe otra ocupacin en la que la potencia conquistadora pueda instalar a medio milln de colonos en los territorios ocupados lo que en derecho constituye un crimen de guerra- sin que la comunidad internacional imponga alguna sancin? Dnde hay otra potencia que lanza una agresin como la de Gaza en diciembre de 2008 y afirma descaradamente que ha recurrido a medios desproporcionados y perpetra crmenes de guerra y crmenes contra la humanidad? Imaginemos un momento que Serbia se declara Estado de los serbios, qu dira la comunidad internacional ante la exclusin de todas las minoras tnicas de ese Estado? Sin embargo Israel se proclama Estado judo y excluye de facto a ms del 15% (sin contar a los rabes de Jerusaln) de su poblacin aunque les concede el derecho de voto-.

Una observacin importante en esta fase. Si otros conflictos, incluso ms mortferos, no suscitan semejante inters como la guerra del Congo y sus millones de muertos o el conflicto de Sri Lanka- es porque stos no estn ubicados en la encrucijada de las relaciones entre el norte y el sur que est en el centro de la historia desde principios del siglo XIX.

Es verdad que numerosos Estados rabes (u otros) que defienden de boquilla a los palestinos no dudan en masacrarlos, que sus regmenes son autoritarios o dictatoriales y manipulan la causa palestina para desviar la opinin pblica de las necesarias reformas internas. No son los ms cualificados para presentarse como defensores de la causa palestina. Pero la justicia de la causa no depende de la calidad de sus partidarios: el apartheid se conden por todos los gobiernos africanos, algunos muy poco recomendables. El apartheid que permanece en Palestina es una injusticia flagrante. Y este sentimiento de injusticia es el que anima los movimientos de solidaridad por todo el mundo.

En realidad, y al amparo del genocidio, Occidente se niega a aplicar en este conflicto las mismas reglas de anlisis que aplica en general. En otros casos apelar al derecho internacional, los derechos humanos, el derecho de la prensa y los periodistas a cubrir las guerras, a la necesaria proporcionalidad de las acciones. Las exacciones serbias contra los kosovares, a menudo reales, a veces inventadas, pueden servir para justificar una intervencin militar de la OTAN contra Serbia. El comportamiento de Rusia contra los chechenos se condena, con razn, y ninguna accin terrorista perpetrada por los rebeldes en Mosc u otros sitios exonera al ex ejrcito rojo. Pero el cuarto (o tercero) ejrcito del mundo arremete contra el minsculo territorio de Gaza en el que viven ms de milln y medio de personas, bombardea las escuelas, mata a cientos de civiles, destruye las infraestructuras, y entonces los gobiernos occidentales y ciertos intelectuales encuentran excusas y justificaciones para acciones que apuntan a crmenes de guerra y crmenes contra la humanidad.

Choque de civilizaciones o cuestin poltica?

Esta lectura poltica se opone a otra, que vera a Palestina en el centro de un enfrentamiento entre el mundo judeocristiano y el Islam, o un simple pretexto del sempiterno antisemitismo. La visin de una guerra de civilizaciones, compartida por los protagonistas de ambas partes, es una especie de tergiversacin nada novedosa: en su momento la Guerra Fra, la guerra de Vietnam e incluso la lucha en Sudfrica se contemplaron, por algunos, como un avatar del choque entre el Este y Occidente. Nelson Mandela, actualmente por las nubes, estuvo catalogado como terrorista e incluso Amnista Internacional se neg darle la calificacin de preso de conciencia porque preconizaba la lucha armada. Entonces se agitaba el comunismo como un freno a la solidaridad, pero de forma menos potente que el del islamismo poltico.

Ahora se agitan dos espantajos, el miedo de un retorno del Islam y el resurgimiento del antisemitismo.

El lugar que ocupa Hams (y tambin Hezbol) en la resistencia, paraliza claramente las buenas voluntades occidentales. Puede parecer, a toro pasado, que era ms fcil ser solidario con Vietnam a pesar del papel central de los comunistas- que con los palestinos, de los cuales un nmero importante se identifica con un movimiento islamista. Se puede replicar que, en la historia, la religin ha inspirado numerosos movimientos anticoloniales. En nombre del Islam, el Mahdi, sin ninguna duda un reaccionario, dirigi la revolucin en Sudn contra la presencia britnica a finales del siglo XIX. Como el Reino Unido es un pas democrtico que se autoproclama ilustrado, habra que acusar a esa revolucin de reaccionaria? Sin volver sobre la complejidad y diversidad de las formaciones islamistas, creen realmente que si esos movimientos ganasen impondran regmenes ms represivos que los de las laicas Argelia, Iraq o Siria, o incluso Egipto? El derecho a la resistencia contra la opresin extranjera es un derecho universal reconocido a todos los pueblos. Occidente no tiene ningn derecho a aceptarlo en unos casos y rechazarlo en otros. Y si la religin en la actualidad no fuese ms que un traje prestado para el movimiento de resistencia a la injusticia?

Eso no impide que haya que permanecer atentos al futuro, no taparse los ojos y apoyar a todos los que pretenden construir una sociedad palestina ms democrtica, ms justa. La sola voluntad de poner fin a la injusticia no es garanta, la historia lo ha demostrado, de que se construya una sociedad democrtica.

El peso del Holocausto en Occidente es enorme. Algunos, especialmente en el rea musulmana, estiman que ese genocidio pura y simplemente se instrumentaliza, se manipula, incluso que no existi o no tiene la dimensin que le concede la historiografa. En cambio, para muchas fuerzas del norte es un acontecimiento que marca la historia europea y cualquier intento de minimizarlo es condenable. Se pueden superar estas divergencias?

El historiador israel Tom Segev resume las dos lecciones contradictorias que la sociedad israel puede aprender del genocidio de los judos: 1) Nadie tiene derecho a recordar a los israeles los imperativos morales como el respeto a los derechos humanos porque los judos han sufrido mucho y los gobiernos extranjeros fueron incapaces de acudir en su ayuda; 2) Por el contrario, se puede pensar que el genocidio conmina a todos a preservar la democracia, combatir el racismo y defender los derechos humanos. Y por lo tanto, en la actualidad, defender a los palestinos... Sin embargo, la sensibilidad en el norte y en el sur nunca ser la misma, ya se trate de las formas de lucha, el terrorismo, la legitimidad de Israel, el contenido de una solucin poltica, etctera.

En este combate es importante la lucha contra el antisemitismo, que se vuelve ms difcil por la identificacin a la que se asiste, por ambos lados, entre Israel y los judos. Cuando Richard Prasquier, presidente del Consejo Representativo de las Instituciones Judas de Francia (CRIF) declar, a propsito de la ofensiva israel contra Gaza: Puedo afirmar que el 95% de la comunidad juda de Francia est de acuerdo con la poltica de Israel y con lo que est haciendo su ejrcito, el periodista Jean-Franois Kahn tuvo razn al decir que esa frase debera costarle a su autor un proceso ante los tribunales por antisemitismo. Cuando los predicadores musulmanes denuncian a los judos y su influencia en el mundo, refirindose a los Protocolos de los sabios de Sin, demuestran un enfoque similar. Luchar contra esas amalgamas, contra todas las formas de racismo hacia los judos o hacia los rabes, contra cualquier idea de choque de civilizaciones, es uno de los objetivos de los prximos aos.

Algunos afirman que la nica solucin sigue siendo la creacin de un Estado palestino junto al Estado de Israel. Otros aseguran que la colonizacin masiva de Cisjordania y Jerusaln ha vuelto inviable este resultado y preconizan un Estado binacional donde las dos nacionalidades, rabe-palestina y juda-israel, disfrutaran de los mismos derechos. Otros ms, evocan el modelo sudafricano, un Estado de todos sus ciudadanos: un hombre, una mujer, un voto. En cualquier caso, es difcil imaginar una solucin sin la adhesin de una mayora de la poblacin presente en la actualidad en el territorio de la Palestina histrica. Hay que recordar que el final del apartheid slo se consigui porque el Congreso Nacional Africano (CNA) fue capaz de formular un proyecto para todos los ciudadanos de Sudfrica y unirlos a todos, negros, mestizos y blancos, a la lucha.

(1) De Vietnam a Sudfrica

Durante el perodo que sigui a la segunda Guerra Mundial, Vietnam y Sudfrica conquistaron un lugar especial en las relaciones internacionales y rebasaron las fronteras para simbolizar la lucha de una generacin. A partir de los aos sesenta, la guerra de Vietnam estuvo en la interseccin de dos movimientos: las insurrecciones nacionales que venceran a los imperios establecidos, especialmente por el Reino Unido y Francia, y la aspiracin al socialismo y a las transformaciones sociales profundas. La guerra de Vietnam simboliz la lucha heroica de una pequea nacin contra la primera potencia mundial, Estados Unidos, que pretenda imponer su hegemona a escala internacional. El pequeo pueblo vietnamita simbolizaba la sublevacin de los condenados de la tierra y la opcin armada de la resistencia se consider en las opiniones pblicas, incluidas las del norte, como legtima, no como terrorismo.

La solidaridad contra el rgimen del apartheid de Sudfrica se intensific en los aos ochenta. Dos elementos de este rgimen eran especialmente odiosos: el racismo institucional y el carcter colonial. La dimensin del enfrentamiento entre el Este y el Oeste segua presente, pero la URSS no escatim su ayuda al Congreso Nacional Africano (CNA) mientras que numerosos pases occidentales, incluidos Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Israel, colaboraron, a pesar de condenarlo tericamente, con el rgimen del apartheid. El combate del CNA y Nelson Mandela, denunciado como terrorista por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, personificaba la aspiracin a la igualdad humana y a una sociedad justa del arco iris.

A partir de 1975, con la victoria del pueblo vietnamita, comenz un reflujo de los movimientos polticos de solidaridad. Asistimos a su despolitizacin: los Mdicos sin Fronteras sustituyeron a las Brigadas Internacionales, las vctimas reemplazaron a los resistentes el humanitarismo sustituy a la poltica y se denunci la lucha armada como terrorismo-. Esta evolucin se basaba, naturalmente, en las desilusiones generadas por la lucha anticolonial y las independencias: cualquier lucha no desemboca en la justicia; la utilizacin de la lucha armada no es en s misma liberadora, incluso puede acabar en formas de organizacin autoritarias y antidemocrticas; los combatientes de la libertad podan transformarse en dictadores tirnicos. A pesar de todo, Sudfrica puso de manifiesto que la voluntad de cambio revolucionario no era forzosamente un sinnimo de Gulag.

Texto original en francs: http://blog.mondediplo.net/2009-03-23-De-quoi-la-Palestine-est-elle-le-nom


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