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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2009

A la sombra de la crisis financiera
Caos en la aldea global

Diego Ghersi
APM

Las potencias mueven sus fichas en un tablero cada vez ms tenso. Los recursos naturales, el medio ambiente y el afamado dinero son los objetivos en disputa.


No es descabellado pensar que la paz mundial es un bien sujeto al hecho de que las potencias hegemnicas tengan acceso a los recursos naturales que sus industrias necesitan. La Primera Guerra Mundial, motivada en parte por el reparto colonial para el saqueo de frica es un antecedente bastante claro.

An si quedaran dudas, bastara con negar la afirmacin inicial y preguntarse si los estados ms poderosos estaran dispuestos a romper con el orden de cosas que les ha otorgado las ventajas de su potencial en el marco de las reglas de juego capitalista. No es creble tal cosa y los resultados del G-20 de Londres son una prueba de que la lgica depredadora capitalista sigue como teln de fondo.

La lucha por los recursos naturales pasa -en la actualidad- por la posesin de la energa, que es el motor econmico del sistema capitalista y cuyo mal manejo ha generado la debacle del ecosistema terrestre, tercer componente de la actual crisis mundial.
Si bien, es real que el problema ecolgico ha sido detectado, no es menos cierto que el reemplazo de sus causas implicara el recambio de los modos de produccin en un esfuerzo calculado en 20 aos y mientras tanto la maquinaria no puede detenerse.

No es el nico inconveniente. Los recursos naturales no se encuentran precisamente en territorios soberanos de los pases demandantes y las reglas del juego mundial -a inicios del siglo XXI- han cambiado de manera tal que ya no es tan sencillo pasar por alto las soberanas a fin de disponer de ellos. Eso abre las puertas a otra pelea mundial de chacales.

La disputa en la arena internacional
En la lucha por el reparto de los recursos, Washington no la tiene muy fcil. El petrleo -principal fuente de energa de Estados Unidos- cotiza en dlares, y una buena parte de las reservas de dlares, fundamento de todo su poder econmico , est en manos precisamente del bloque agrupado en la Organizacin de Cooperacin de Shangai (O CS), liderada por Rusia y China.

El petrleo y el gas, las energas clave de la economa mundial en los prximos 20 aos, estn en manos de: pases islmicos; Venezuela y de la alianza de Rusia con Irn financiada por China. Esta situacin otorga aproximadamente ms del 50 por ciento de las reservas energticas mundiales a la OCS.

Adems de los dlares, la OCS controla un alto porcentaje de los bonos del tesoro estadounidense lo cul convierte a China en el principal acreedor de Estados Unidos.

Ambos valores estn hoy al borde de convertirse en basura merced a la Crisis Financiera que, a la luz de las pobres medidas adoptadas por el G-20 y del tortuoso avance de la administracin econmica de Barack Obama, no parece estar solucionndose con la velocidad que las sociedades exigen para su sobrevivencia. Los disturbios producidos en Londres en vsperas de la ltima reunin G-20 fueron una muestra de la impaciencia popular.

Frente a este panorama, China acaba de exteriorizar su intencin de desplazar la hegemona del dlar -algo sacrlego slo unos aos atrs- proponiendo su reemplazo por una moneda de cambio internacional ms fuerte y estable. De esta forma China no dejara de ser acreedora de Estados Unidos, pero disminuira el potencial de Washington para saldar su deuda en base a la ventaja que le otorga ser el nico habilitado para imprimir ese papel moneda.

Esta iniciativa de reemplazo -que el gigante asitico ya llevaba adelante con Corea del Sur, Malasia, Bielorusia e Indonesia- ha dado un paso ms all con el acuerdo entre su banco central y el de la Repblica Argentina. y que involucra a las monedas de ambos pases por un monto equivalente a 10 mil millones de dlares. China avanza con estrategias sin tiempo.

Si bien la maniobra por desplazar al dlar no es de carcter militar, su efecto sera para Washington igualmente demoledor: el centro de su poder, la hegemona del dlar en el mundo, est siendo atacado y, si el reemplazo tuviera xito, llevara a Estados Unidos a la bancarrota. Esa razn refuerza la posicin de China como el principal oponente estadounidense. Si el dlar dejara de ser lo que es, se anulara la capacidad extraordinaria que Estados Unidos posee de licuar sus deudas mediante la simple devaluacin.

Este mecanismo fue expresado ya por Shi Jianxun, profesor de la Universidad de Tongui, Shanghai, cuando declar que "la cruda realidad ha llevado a la gente, en medio del pnico, a darse cuenta de que Estados Unidos ha utilizado la hegemona del dlar para saquear las riquezas del mundo. Urge cambiar el sistema monetario internacional basado en la posicin dominante del dlar".

Si parte del problema consiste en definir en manos de quien van a quedar los yacimientos de petrleo y gas necesarios para las prximas dos dcadas, y cual moneda va ser el medio principal de pagos internacionales a Washington, parece no quedarle ms remedio que insistir con la inyeccin de dlares para rescatar al sistema financiero y la opcin militar.

Ya antes de la crisis global Estados Unidos daba pasos en el sentido de cercar militarmente a China. El sistema capitalista depredador, siempre vido de nuevos recursos y mercados lo impulsaba en ese sentido.

La participacin de la Organizacin del Atlntico Norte (OTAN) en los Balcanes; el conflicto de Osetia del Sur; la invasin de Irak y de Afganistn; Somalia y el Golfo de Guinea; los ataques israeles en la Franja de Gaza como provocacin a Irn y las presiones sobre Corea del Norte son, en conjunto, maniobras para ocupar posiciones estratgicas favorables de cerco al Bloque de Shangai y un avance sobre las fuentes energticas. (Ver: El eterno Gran Juego por la llave del mundo. APM 24/08/2008)

A esto se suman las presiones sobre Venezuela (rica en petrleo e hidrocarburos) y sobre las reservas de gas de Bolivia y Latinoamrica en general.

Rescates financieros y soluciones militares
Sobre los planes de rescate, el Premio Nbel de Economa Paul Krugman se manifestaba poco auspicioso calificndolos de Planes Zombis en el sentido de que habiendo ya mostrado previamente su ineficacia eran siempre revividos como nica alternativa para la solucin de la coyuntura.

Por su parte, el socilogo argentino Atilio Born sostiene que "no se saldr de esta crisis con un par de reuniones del G-20 () Dentro del capitalismo no habr solucin para nuestros pueblos ni para las amenazas que se ciernen sobre todas las formas de vida del planeta Tierra.

Sobre la opcin militar hay que decir que Estados Unidos es dueo del potencial blico ms formidable del mundo, constituido por un maysculo arsenal atmico y convencional y un despliegue de ms de 700 misiones y bases militares en aproximadamente 120 pases. Si las dems opciones fracasan, la fuerza bruta est en ptimas condiciones de ser usada en forma demoledora.

Es necesario recordar que existe consenso en la idea de que la crisis ms parecida a la actual se produjo entre 1929 y 1945. De aquella Gran Depresin se sali con proteccionismo y guerra. La industria blica moviliz las deterioradas economas y el uso de esas armas por ejrcitos nacionales rompi el proteccionismo. Podra esta situacin repetirse hoy?

A pesar de que la pregunta est sugestivamente ausente en el debate meditico, hay seales como para considerarla.

Como se dijo antes la inversin estatal en industria blica es un camino para reactivar las economas.

En ese sentido y tambin como defensa, Rusia acaba de anunciar su intencin de rearme nuclear y convencional como demostracin de fuerza ante el cerco de la OTAN sobre su territorio.

Por otra parte la administracin Obama insiste con su prdica de reforzar las posiciones en Afganistn, territorio llave a las puertas de Rusia y de China.

Ya en el 2007 el Pentgono alertaba acerca de que los gastos militares de China superaban largamente los montos que Beijing declarara pblicamente.

A fin de equilibrar su potencial militar con la expansin de su poder econmico y poltico, el esfuerzo de mejoramiento blico chino estara centrado en una mayor capacidad para lanzar ataques preventivos, nuevos tipos de submarinos, aviones de combate no tripulados y sofisticados misiles. Estas mejoras involucraran montos que oscilan entre los 100 mil y 150 mil millones de dlares.

Asimismo el gobierno de Estados Unidos estima que para 2010 China estara en capacidad de destruir muchos de los satlites estadounidenses con sus misiles.

Esto se complementara con una moderna flota de submarinos atmicos, equipados con misiles balsticos que pueden transportar tres ojivas nucleares cada uno con un alcance de 8 mil kilmetros. Tambin el despliegue de nuevos misiles balsticos intercontinentales DF-31A, con base en tierra pero mviles, cuyo rango cubrira todo el territorio estadounidense.

A la falta de cordura que significa esta industrializacin de la muerte se suma una curiosidad: la construccin de refugios nucleares e incluso ciudades subterrneas a prueba de radiacin nuclear parece estar extendindose.

A finales del 2007 se public en prensa.com una nota sobre la construccin en Israel de un nuevo refugio subterrneo para albergar la Oficina del Primer Ministro en caso de ataque nuclear.

En Suiza existen 230 mil bunkers que alcanzan para albergar prcticamente al total de su poblacin. En Suecia disponen 7 millones de plazas para albergar al 80 por ciento de poblacin y, adems, las empresas tambin disponen de refugios antiatmicos para sus trabajadores.

En Noruega la construccin de refugios resulta obligatoria. Cuenta con un milln y medio de plazas en refugios privados y 180.000 en pblicos. Dinamarca y Finlandia cuentan, en cada caso, con 2 millones y medio de plazas

Por su parte, Rusia cubrira al 70 por ciento de su poblacin y en Estados Unidos -antes de los ataques del 11S- se contabilizaban cien millones de plazas en estas construcciones.

Si las armas existen y si alguien construye refugios es lgico pensar que hay quienes consideran posible un escenario blico generalizado.

Mientras todo esto sucede, los resultados de la reunin del G-20 en Londres han generado un shock de confianza en el mundo por el reconocimiento de la necesidad de marcos regulatorios y del trabajo como generador de riqueza.

Sin embargo, la declaracin final no escapa a la lgica depredadora del capitalismo, cuyos principios bsicos siguen inclumes y son los que han generado la crisis. Tampoco se ha considerado el reemplazo del dlar como moneda internacional lo cul implica la continuidad del sistema expoliatorio en beneficio de Estados Unidos. Esta situacin no contribuye a frenar los aprestos estratgicos que apuntan al conflicto generalizado.

Sin duda se aproximan tiempos difciles en los que la alternativa blica est muy lejos de ser una quimera.

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