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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2009

Afganistn
No basta con ganar la guerra

Alberto Piris
La Estrella Digital


Refirindose a la ley recientemente aprobada en Afganistn, que confirma el papel secundario y esclavizado de las mujeres, hasta el punto de que acepta la violencia sexual dentro del matrimonio y la dependencia de aquellas respecto a los hombres de la familia, Obama, con motivo de la reciente cumbre de la OTAN, hizo este comentario: "Creo que es una ley aberrante. Con toda seguridad, mi Gobierno comunicar al presidente Karzai nuestra opinin al respecto".

Y aadi: "Deseamos hacer todo lo posible para suscitar y promover el imperio de la Ley, los derechos humanos, la educacin de las mujeres y las nias en Afganistn, el desarrollo econmico y la mejora de las infraestructuras". Aunque luego matiz: "Pero tambin quiero que la gente entienda que la razn principal de nuestra presencia all es la de destruir a Al Qaeda, para que no pueda atacar a los miembros de la Alianza".

No es preciso leer entre lneas para advertir que, con tal de ganar una guerra que hoy es la principal preocupacin militar de la OTAN y de EEUU, puede convenir en algunos casos cerrar los ojos ante ciertos aspectos, como la ineludible crtica a una ley que parece dictada por el rgimen talibn que fue derribado por las armas occidentales en 2001. "Esa ley no impedir que EEUU alcance sus objetivos militares", declar Obama en otro momento.

La citada ley establece que una mujer chita solo puede salir de su casa "para una finalidad legtima", aunque no se aclara cul pueda ser sta. Tambin obliga a que "salvo si la mujer se encuentra enferma, deber dar una respuesta positiva a los deseos sexuales de su marido". Otros aspectos relacionados con el divorcio, la custodia de los hijos y el matrimonio son legislados con un claro menosprecio por las mujeres.

Es muy probable que Karzai percibiera una seal de alarma al conocer las declaraciones del Secretario General de la OTAN en el diario The New York Times, en las que aluda a la paradoja de que la Alianza Atlntica haya desplegado en Afganistn un contingente militar de hombres y mujeres que luchan por el pueblo afgano, mientras que en ste las mujeres son discriminadas por una ley dictada ex profeso.

Karzai tampoco desea aparecer a los ojos de Occidente como un extremista islmico y promete revisar la ley citada, aunque avisa que lo har "en consultas estrechas con los clrigos del pas", lo que no resulta un procedimiento muy democrtico. Para quitar importancia al asunto, desde los crculos prximos a Karzai se insiste en que esa legislacin solo es aplicable a la poblacin chita, que constituye un 10% del total, lo que tambin revela el poco aprecio de los derechos humanos que tienen algunos dirigentes afganos.

Est claro que algo ha cambiado en el orden de prioridades. Ya no se trata tanto de extender la democracia, el respeto a los derechos humanos y las costumbres civilizadas a un pueblo, mejorando su situacin y mostrando, con el ejemplo, las ventajas del nuevo modelo, como de pasar todo lo anterior a un segundo plano y concentrar los esfuerzos para destruir a un enemigo que se est mostrando ms duro que lo que inicialmente se estimaba. Y cuyos xitos, prolongados en el tiempo aunque de importancia no resolutiva, estn empaando la imagen de la OTAN cuando esta organizacin celebra su sexagsimo aniversario.

La Historia muestra situaciones en las que, al recurrir a la guerra para alcanzar ciertos objetivos, se produce un fenmeno de transposicin, y los objetivos, a menudo, son relegados a un segundo plano porque la primera prioridad pasa a ser la de ganar la guerra. sta establece su propia dinmica y las necesidades militares suelen acabar imponiendo sus criterios sobre los objetivos polticos.

No es imposible que Al Qaeda sea derrotada en Afganistn en un plazo razonable, si la estrategia militar aplicada es eficaz y se complementa armnicamente con los planes econmicos, polticos y sociales de desarrollo, lo que todava est por ver. Pero una victoria de la OTAN en ese pas no garantizar que el terrorismo islmico no se reproduzca en cualquier otro, incluso en versiones ms violentas y peligrosas. Habra que reanudar entonces todo el proceso, partiendo nuevamente de cero?

La victoria aliada en la Primera Guerra Mundial plant las semillas de la Segunda. Concluida sta, solo la audaz iniciativa poltica francoalemana, el germen de la futura Unin Europea, impidi que el ciclo se repitiera. La demencial "guerra contra el terror" que iniciara Bush solo podr encontrar un fin definitivo si con medios distintos a los nicos que puede proporcionar la OTAN -militares- se instrumentan frmulas innovadoras que desde nuevas perspectivas aborden la resolucin de los viejos problemas. Ni siquiera Obama parece decidido a emprender este camino.

* General de Artillera en la Reserva




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