Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2009

Por qu Cuba se ha vuelto un problema difcil para la izquierda?

Boaventura de Sousa Santos
Rebelin

Esta pregunta puede parecer extraa y muchos pensarn que la formulacin inversa acaso tuviera ms sentido: por qu la izquierda se volvi en un problema difcil para Cuba?.


De hecho, el lugar de la Revolucin Cubana en el pensamiento y en la prctica de izquierda a lo largo del siglo XX es ineludible. Y lo es ms en tanto el enfoque incida menos en la sociedad cubana en s misma, y ms en la contribucin de Cuba a las relaciones entre los pueblos, tantas fueron las demostraciones de solidaridad internacionalista dadas por la Revolucin Cubana en los ltimos cincuenta aos. Europa y Amrica del Norte podran ser lo que son al margen de la Revolucin Cubana, pero no se puede afirmar lo mismo de la Amrica Latina, de frica y de Asia, o sea, de las regiones del planeta donde vive cerca del 85% de la poblacin mundial. La solidaridad internacionalista protagonizada por Cuba se extendi a lo largo de cinco dcadas por los ms diversos mbitos: poltico, militar, social y humanitario.

Qu es izquierda y qu es problema difcil?

A pesar de todo, pienso que la pregunta que trato de responder en este texto tiene sentido. Pero antes de intentar una respuesta, se necesitan varias precisiones. En primer lugar, la pregunta puede sugerir que fue solo Cuba la que evolucion y se volvi problemtica a lo largo de los ltimos cincuenta aos y que, por el contrario, la izquierda que la interpela hoy es la misma de hace cincuenta aos. Nada sera tan falso. Tanto Cuba como la izquierda se desarrollaron mucho en este medio siglo y son los desencuentros de sus respectivos desarrollos los que crean el problema difcil. Si es verdad que Cuba trat activamente de cambiar el escenario internacional de manera de hacer ms justas las relaciones entre los pueblos, tambin es cierto que los hostiles condicionamientos externos en que la Revolucin Cubana fue forzada a desarrollarse impidieron que el potencial de renovacin de la izquierda que la Revolucin ostentaba en 1959 se realizara plenamente. Tal hecho hizo que la izquierda mundial no se renovara, en los ltimos cincuenta aos, sobre el legado de la Revolucin Cubana, sino a partir de otros referentes. La solidaridad internacional cubana pudo mantener una vitalidad muy superior a la solucin interna cubana.

En segundo lugar, debo precisar lo que entiendo por izquierda y por problema difcil. Izquierda significa el conjunto de teoras y prcticas transformadoras que, a lo largo de los ltimos ciento cincuenta aos, resistieron a la expansin del capitalismo y al tipo de relaciones econmicas, sociales, polticas y culturales que genera, y que se hicieron con la conviccin de la posibilidad de un futuro poscapitalista, de una sociedad alternativa, ms justa por estar orientada a la satisfaccin de las necesidades reales de los pueblos, y ms libre, por estar centrada en la realizacin de las condiciones del efectivo ejercicio de la libertad. A esa sociedad alternativa generalmente se la llam socialismo. Sostengo que para esta izquierda, cuya teora y cuya prctica evolucionaron mucho en los ltimos cincuenta aos, Cuba es hoy un problema difcil. Para la izquierda que elimin de su horizonte el socialismo o el poscapitalismo, Cuba no es siquiera un problema. Es un caso perdido. De esa otra izquierda no me ocupo aqu. Por problema difcil entiendo el que se sita en una alternativa a dos posiciones polares respecto a las cuales se cuestiona: en este caso, Cuba. Las dos posiciones descartadas por la idea del problema difcil son: Cuba es una solucin sin problemas; Cuba es un problema sin solucin.

Declarar a Cuba un problema difcil para la izquierda significa aceptar tres ideas: 1) en las presentes condiciones internas, Cuba dej de ser una solucin viable de izquierda; 2) que los problemas que enfrenta, sin ser insuperables, son de difcil solucin; 3) que si tales problemas fueran resueltos en los trminos de un horizonte socialista, Cuba podr volver a ser un motor de renovacin de la izquierda. Ser entonces una Cuba distinta, que genere un socialismo diferente del que fracas en el siglo XX y, de ese modo, contribuya a la urgente renovacin de la izquierda. Sin ella, la izquierda nunca entrar en el siglo XXI.

La resistencia y la alternativa

Hechas estas precisiones, el problema difcil se puede formular como sigue: Todos los procesos revolucionarios modernos son procesos de ruptura que se basan en dos pilares: la resistencia y la alternativa. El equilibrio entre ellos es fundamental para eliminar lo viejo hasta donde sea necesario, y hacer florecer lo nuevo hasta donde sea posible.

Debido a las hostiles condiciones externas en que el proceso revolucionario cubano se desarroll -el embargo ilegal por parte de los Estados Unidos, la forzada solucin sovitica en los aos 70, y el drstico ajuste ocasionado por el fin de la URSS en los aos 90-, ese equilibrio no fue posible. La resistencia termin por superponerse a la alternativa. Y de tal modo, que la alternativa no se pudo expresar segn su lgica propia (afirmacin de lo nuevo) y, por el contrario, se someti a la lgica de la resistencia (la negacin de lo viejo). De este hecho result que la alternativa ha permanecido siempre como rehn de una norma que le era extraa. Esto es, nunca se transform en una verdadera solucin nueva, consolidada, creadora de una nueva hegemona y, por eso, capaz de desarrollo endgeno segn una lgica interna de renovacin (nuevas alternativas dentro de la alternativa). En consecuencia, las rupturas con los pasados sucesivos de la Revolucin fueron siempre menos endgenas que la ruptura con el pasado prerrevolucionario. El carcter endgeno de esta ltima ruptura pas a justificar la ausencia de rupturas endgenas con los pasados ms recientes, incluso cuando eran conocidamente problemticos.

Debido a este relativo desequilibrio entre resistencia y alternativa, la alternativa ha estado siempre a un paso de estancarse, y su estancamiento siempre disfrazado por la continua y noble vitalidad de la resistencia. Esta dominancia de la resistencia acab por atribuirle un exceso diagnstico: la necesidad de la resistencia poda invocarse para diagnosticar la imposibilidad de la alternativa. Aun si es errada, en los hechos tal invocacin siempre ha sido creble.

El carisma revolucionario y el sistema reformista

El segundo vector del problema difcil concierne al modo especficamente cubano como se desarroll la tensin entre revolucin y reforma. En cualquier proceso revolucionario, el primer acto de los revolucionarios despus del xito de la revolucin es evitar que haya otras revoluciones. Con ese acto comienza el reformismo dentro de la revolucin. Reside aqu la gran complicidad -tan invisible como decisiva- entre revolucin y reformismo. En el mejor de los casos, esa complementariedad se logra por una dualidad -siempre ms aparente que real- entre el carisma del lder, que mantiene viva la permanencia de la revolucin, y el sistema poltico revolucionario, que va asegurando la reproduccin del reformismo. El lder carismtico ve el sistema como un confinamiento que limita su impulso revolucionario, y lo presiona hacia el cambio; en tanto el sistema ve al lder como un fermento de caos que hace provisionales todas las verdades burocrticas. Esta dualidad creativa fue durante algunos aos uno de los rasgos distintivos de la Revolucin Cubana.

Sin embargo, con el tiempo, la complementariedad virtuosa tiende a transformarse en bloqueo recproco. Para el lder carismtico, el sistema, que comienza por ser una limitacin que le es exterior, con el tiempo se convierte en su segunda naturaleza. Se hace as difcil distinguir entre las limitaciones creadas por el sistema y las limitaciones del propio lder. El sistema, a su vez, conociendo que el xito del reformismo terminar por erosionar el carisma del lder, se autolimita para prevenir que tal cosa ocurra. La complementariedad se transforma en un juego de autolimitaciones recprocas. El riesgo es que, en vez de desarrollo complementario, ocurran estancamientos paralelos.

La relacin entre carisma y sistema es, pues, muy sensible a veces, y particularmente en momentos de transicin. (1). El carisma, en s mismo, no admite transiciones. Ningn lder carismtico tiene un sucesor carismtico. La transicin solo puede ocurrir en la medida en que el sistema reemplaza al carisma. Pero, para que tal cosa suceda, es necesario que el sistema sea suficientemente reformista para lidiar con fuentes de caos muy diferentes de las que emergan del lder. La situacin es dilemtica, siempre y cuando la fuerza del lder carismtico tenga objetivamente bloqueado el potencial reformista del sistema. Este vector del problema difcil puede resumirse as: el futuro socialista de Cuba depende de la fuerza reformista del sistema revolucionario; no obstante, esta es una incgnita para un sistema que siempre hizo depender su fuerza del lder carismtico. Este vector de la dificultad del problema explica el discurso de Fidel en la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005. (2).

Las dos vertientes del problema difcil -desequilibrio entre resistencia y alternativa, y entre carisma y sistema- estn ntimamente relacionadas. La prevalencia de la resistencia sobre la alternativa fue simultneamente el producto y el productor de la del carisma sobre el sistema.

Qu hacer?

La discusin precedente muestra que Cuba es un problema difcil para aquella izquierda que, sin abandonar el horizonte del poscapitalismo o socialismo, evolucion mucho en los ltimos cincuenta aos. De las lneas principales de esa evolucin el pueblo cubano podra extraer propuestas para la solucin del problema a pesar de la dificultad de este. O sea, la Revolucin Cubana, que tanto contribuy a la renovacin de la izquierda, sobre todo en la primera dcada, podr ahora beneficiarse tambin de la renovacin de la izquierda que ocurri desde entonces. Al hacerlo, volver dialcticamente a asumir un papel activo en la renovacin de la izquierda. Resolver el problema difcil implicara, pues, concretizar con xito el siguiente movimiento dialctico: renovar a Cuba renovando la izquierda; renovar la izquierda renovando a Cuba.

Principales pasos de renovacin de la izquierda socialista en los ltimos cincuenta aos:

1- En los ltimos cincuenta aos se ha ensanchado la brecha entre teora de izquierda y prctica de izquierda, con consecuencias muy especficas para el marxismo. En tanto la teora de izquierda crtica se desarroll, principalmente, a partir de mediados del siglo XIX, en cinco pases del Norte global (Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y los Estados Unidos), y tomando en cuenta particularmente las realidades de las sociedades de los pases capitalistas desarrollados, las prcticas de izquierda ms creativas ocurrieron en el Sur global y fueron protagonizadas por clases o grupos sociales invisibles, o seminvisibles para la teora crtica y hasta para el marxismo, tales como pueblos colonizados, pueblos indgenas, campesinos, mujeres, afrodescendientes, etc.3 Se cre as una brecha entre teora y prctica que domina nuestra condicin terico-poltica de hoy: una teora semiciega que corre paralela a una prctica seminvisible. (4)

Una teora semiciega no sabe dirigir, y una prctica seminvisible no sabe valorizarse. A medida que la teora fue perdiendo en la prctica su papel de vanguardia -ya que mucho de lo que iba ocurriendo se le escapaba del todo-, (5) paulatinamente fue abandonando el estatus de teora de vanguardia y ganando un estatus completamente nuevo e inconcebible en la tradicin nortecntrica de la zquierda: el estatus de una teora de retaguardia. En el sentido que yo le atribuyo la teora de retaguardia significa dos cosas. Por un lado, es una teora que no gua con base en la deduccin a partir de principios, leyes generales, por que se rige supuestamente por la totalidad histrica, sino con base en un examen constante,crtico y abierto de las prcticas de transformacin social. As, la teora de retaguardia se deja sorprender por prcticas cambiantes progresivas, las acompaa, las analiza, intenta enriquecerse con ellas, y busca en ellas los criterios para profundizar y expandir las luchas sociales ms progresistas. Por otro lado, una teora de retaguardia mira en esas prcticas transformadoras tanto los procesos y actores colectivos ms avanzados como los ms retrasados, los ms tmidos y al borde de la desistencia. Como dira el subcomandante Marcos, es una teora que camina con los que van mas despacio. Es una teora que concibe el avance y el retraso, los de adelante y los de atrs, como parte de un proceso dialctico de tipo nuevo que no supone la idea de totalidad sino la idea de diferentes procesos de totalizacin, siempre inacabados y siempre en competencia. Siguiendo la leccin de Gramsci, este es el camino para crear una contrahegemona socialista o, como en el caso cubano, para mantener y reforzar una hegemona socialista.

Para limitarme a un ejemplo, los grandes invisibles u olvidados de la teora crtica moderna, los pueblos indgenas de la Amrica Latina -visibles a lo sumo como campesinos-, han sido uno de los grandes protagonistas de las luchas progresistas de las ltimas dcadas en el Continente. Desde la perspectiva de la teora convencional de la vanguardia, toda esta innovacin poltica y social parecera de inters marginal, cuando no irrelevante. Y como resultado, fallara en aprender con las luchas de los pueblos indgenas, con sus nociones de economa y de bienestar (el suma kawsay de los quechuas o suma qamaa de los aymaras, es decir, el buen vivir), hoy consignadas en las constituciones de Ecuador y de Bolivia, con sus concepciones de formas mltiples de gobierno y de democracia -democracia representativa, participativa y comunitaria, como est establecido en la nueva Constitucin de Bolivia-. El fracaso en aprender de los nuevos agentes de cambio da lugar, al cabo, a la irrelevancia de la propia teora.

2- El final de la teora de la vanguardia marca el final de toda forma de organizacin poltica asentada en ella, en particular el partido de vanguardia. Los partidos que fueron moldeados por la idea de la teora de vanguardia no son hoy partidos ni de vanguardia ni de retaguardia (como la defin arriba). Son de hecho partidos burocrticos que cuando estn en la oposicin resisten fuertemente al status quo, pero no tienen alternativa, y que cuando estn en el poder, resisten fuertemente al surgimiento de alternativas. Como reemplazo del partido de vanguardia habra que crear uno o ms partidos de retaguardia que acompaen el fermento de activismo social que se genera cuando los resultados de la participacin popular democrtica se hacen transparentes hasta para los que todava no participan y que, de esta manera, son atrados a participar.

3- La otra gran innovacin de los ltimos cincuenta aos fue el modo como la izquierda y el movimiento popular se apropiaron de las concepciones hegemnicas (liberales, capitalistas) de democracia y las transformaron en concepciones contrahegemnicas, participativas, deliberativas, comunitarias, radicales. Podemos resumir esta innovacin afirmando que la izquierda decidi finalmente tomar la democracia en serio (lo que la burguesa nunca hizo, como bien seal Marx). Tomar la democracia en serio significa no solamente llevarla mucho ms all de las fronteras de la democracia liberal sino tambin crear un concepto de democracia de tipo nuevo: la democracia como todo el proceso de transformacin de relaciones de poder desigual en relaciones de autoridad compartida. Aun cuando no se asiente en el fraude, en el papel decisivo del dinero en las campaas electorales, o en la manipulacin de la opinin publica a travs del control de los medios de comunicacin social, la democracia liberal es de baja intensidad, toda vez que se limita a crear una isla de relaciones democrticas en un archipilago de despotismos (econmicos, sociales, raciales, sexuales, religiosos) que controlan efectivamente la vida de los ciudadanos y de las comunidades. La democracia tiene que existir mucho ms all del sistema poltico, en el sistema econmico, en las relaciones familiares, raciales, sexuales, regionales, religiosas, y en las relaciones de vecindad y comunitarias. Socialismo es democracia sin fin.

De aqu la conclusin de que la igualdad tiene muchas dimensiones y solo puede realizarse a plenitud si se percibe tambin el reconocimiento de las diferencias. Es decir, si transformamos las diferencias desiguales (que crean jerarquas sociales) en diferencias iguales (que promueven la diversidad social como va para eliminar las jerarquas).

4- En las sociedades capitalistas son muchos los sistemas de relaciones desiguales de poder (de opresin, de dominacin, de explotacin, racismo, sexismo, homofobia, xenofobia, machismo). Democratizar significa transformar relaciones desiguales de poder en relaciones de autoridad compartida. En tanto las relaciones desiguales de poder actan siempre en redes, raramente un ciudadano, clase o grupo es vctima de una de ellas por separado. Del mismo modo, la lucha contra ellas tiene que darse en redes, o sea, sobre la base de amplias alianzas donde no es posible identificar un sujeto histrico privilegiado, homogneo, definido a priori en trminos de clase social. El pluralismo poltico y organizacional se convierte as en un imperativo dentro de los lmites constitucionales sancionados democrticamente por el pueblo soberano. En la sociedad cubana las relaciones desiguales de poder son diferentes de las que existen en las sociedades capitalistas, pero existen aunque que sean menos intensas, son igualmente mltiples e igualmente actan en redes. La lucha contra ellas, al margen de las necesarias adaptaciones, tendra igualmente que guiarse por el pluralismo social, poltico y organizativo.

5- Las nuevas concepciones de democracia y de diversidad social, cultural y poltica, en tanto pilares de la construccin de un socialismo viable y autosustentable, exigen que se repiense radicalmente la centralidad monoltica del Estado, as como la supuestamente homognea sociedad civil.(6)

Posibles puntos de partida para una discusin con el nico objetivo de contribuir a un futuro socialista viable en Cuba:

1- Cuba es tal vez el nico pas del mundo donde los condicionamientos externos no son una coartada para la incompetencia o la corrupcin de los lderes. Son un hecho cruel y decisivo. Esto no implica que no haya espacio de maniobra, el cual puede aumentar ante la crisis del neoliberalismo y los cambios geoestratgicos previsibles a corto plazo. Tal capital no puede dispersarse a travs del rechazo a examinar alternativas, por ms que se disfrace con reclamos excesivos a la resistencia. A partir de ahora, no se puede correr el riesgo de dejar que la resistencia domine a la alternativa. Si sucediera tal cosa, la resistencia terminara por agotarse.

2- El rgimen cubano llev a su lmite la tensin posible entre legitimacin ideolgica y condiciones materiales de vida. De aqu en adelante, los cambios que cuentan deben ser los que transformen las condiciones materiales de vida de la abrumadora mayora de la poblacin. A partir de aqu, la democracia de ratificacin, si se mantiene, sera para ratificar lo ideolgico solo en la medida en que tenga un sentido material. En caso contrario, la ratificacin, en lugar de consentimiento, llegara a significar resignacin.

3- La temporalidad a largo plazo del cambio civilizatorio estara por algn tiempo subordinada a la temporalidad inmediata de las soluciones de urgencia.

4- Una sociedad capitalista no lo es porque todas las relaciones econmicas y sociales sean capitalistas, sino porque estas determinan el funcionamiento de todas las otras relaciones econmicas y sociales existentes en la sociedad. Inversamente, una sociedad socialista no es socialista porque todas las relaciones sociales y econmicas sean socialistas, sino porque estas determinan el funcionamiento de todas las otras relaciones existentes en la sociedad.

En este momento, en Cuba hay una situacin sui generis: de una parte, un socialismo formalmente monoltico que no alimenta la emergencia de relaciones no-capitalistas de tipo nuevo ni puede determinar creativamente las relaciones capitalistas, aunque tiene que convivir a disgusto con ellas, incluidas las franjas de corrupcin (como denunci oportunamente Fidel). De otro lado una forma de capitalismo que, salvaje y clandestino, o semiclandestino, se hace muy difcil de controlar. En esta situacin, no hay motivacin para el desarrollo de otras relaciones econmicas y sociales de tipo cooperativo y comunitario, de las cuales habra mucho que esperar. Al respecto, sera muy til para el pueblo cubano estudiar y evaluar con mucha atencin los sistemas econmicos consignados en la constitucin de Venezuela y en las constituciones de Ecuador y de Bolivia recientemente aprobadas, y las respectivas experiencias de transformacin. No para copiar soluciones, sino para apreciar los caminos de la creatividad de la izquierda latinoamericana en las ltimas dcadas. La importancia de este aprendizaje est implcita en el reconocimiento de errores pasados hecho de manera contundente por Fidel en el discurso en la Universidad de La Habana ya referido: Una conclusin que he sacado al cabo de muchos aos: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el ms importante error era creer que alguien saba de socialismo, o que alguien saba de cmo se construye el socialismo.

5- Desde el punto de vista del ciudadano, la diferencia entre un socialismo ineficaz y un capitalismo injusto puede ser menor de lo que parece. Una relacin de dominacin (basada en un poder poltico desigual) puede tener en la vida cotidiana de las personas consecuencias extraamente semejantes a las de una relacin de explotacin (basada en la extraccin de la plusvala).

Un vasto y apasionante campo de experimentacin social y poltica a partir del cual Cuba puede volver a contribuir a la renovacin de la izquierda mundial:

  1- Democratizar la democracia. He argumentado contra los tericos liberales -que sostienen que la democracia es la condicin de todo lo dems- que para que la democracia sea aplicada genuinamente, existen condiciones. Me atrevo a decir que Cuba puede ser la excepcin de mi regla: creo que en Cuba la democracia radical, contrahegemnica, no liberal, es la condicin de todo el resto. Por qu? La crisis de la democracia liberal es hoy ms evidente que nunca. Es cada vez mas evidente que la democracia liberal no garantiza las condiciones para su sobrevivencia frente a los mltiplos fascismos sociales como llamo a la conversin de las extremas desigualdades econmicas en desigualdades polticas, no directamente producidas por el sistema poltico del Estado capitalista pero con la complicidad de l. Por ejemplo, cuando se privatiza el agua, la empresa propietaria pasa a tener un derecho de veto sobre la vida de las personas (si no pagan la cuenta no tienen agua). Esto es mucho ms que un poder econmico o de mercado. A pesar de evidente, esta crisis tiene dificultad en abrir espacio para la emergencia de nuevos conceptos de poltica y de democracia. Esta dificultad tiene dos causas. Por un lado, el dominio de las relaciones capitalistas cuya reproduccin exige hoy la coexistencia entre la democracia de baja intensidad y los fascismos sociales. Por otro lado, la hegemona de la democracia liberal en el imaginario social muchas veces a travs del recurso a supuestas tradiciones o memorias histricas que legitiman la democracia liberal. En Cuba ninguna de las dos dificultades est presente. Ni las relaciones capitalistas dominan ni hay una tradicin liberal mnimamente creble. De ah, la posibilidad de asumir la democracia radical como punto de partida sin tener que cargar con todo lo que est superado en la experiencia dominante de la democracia en los ltimos cincuenta aos.

2- De la vanguardia a la retaguardia. Para que tal cosa ocurra, que lo democrtico no quede en un inventario de logros y argumentaciones retricas sino que alcance a consumarse en sistema, un importante paso debera ser la conversin del partido de vanguardia en partido de retaguardia. Un partido menos de direccin y ms de facilitacin; un partido que promueva la discusin de preguntas fuertes, para que en la cotidianidad de las prcticas sociales los ciudadanos y las comunidades estn mejor capacitados para distinguir entre respuestas fuertes y respuestas dbiles. Un partido que acepte con naturalidad la existencia de otras formas de organizaciones de intereses, con las cuales busca tener una relacin de hegemona y no una relacin de control. Esta transformacin es la ms compleja de todas y solo se puede realizar en el mbito de la experimentacin siguiente.

3- Constitucionalismo transformador. Las transiciones en que hay cambios importantes en las relaciones de poder pasan, en general, por procesos constituyentes. En los ltimos veinte anos varios pases en frica y la Amrica Latina vivieron procesos constituyentes. Esta historia ms reciente nos permite distinguir dos tipos de constitucionalismo: el constitucionalismo moderno propiamente dicho y el constitucionalismo transformador. El constitucionalismo moderno, que prevaleci sin oposicin hasta hace poco, fue un constitucionalismo construido desde arriba, por las elites polticas, con el objetivo de construir Estados institucionalmente monolticos y sociedades civiles supuestamente homogneas, lo que siempre implic la superposicin de una clase, una cultura, una raza, una etnia, una regin, en detrimento de otras. Por el contrario, el constitucionalismo transformador parte de la iniciativa de las clases populares, como una forma de la lucha de clases, una lucha de los excluidos y sus aliados que tiene como objetivo crear nuevos criterios de inclusin social que pongan fin a la opresin clasista, racial, tnica cultural, etctera.

Tal democratizacin social y poltica implica la reinvencin o la refundacin del Estado moderno. Tal reinvencin o refundacin no puede dejar de ser experimental, y ese carcter se aplica a la propia Constitucin. O sea, de ser posible, la nueva Constitucin transformadora debera tener un horizonte limitado de validez, por ejemplo cinco aos, al final de los cuales el proceso constituyente sera reabierto para corregir errores e introducir aprendizajes. Limitar el perodo de validez de la nueva Constitucin tiene la ventaja poltica -preciosa en tiempos de transicin- de no crear ganadores ni perdedores definitivos. Cuba tiene las condiciones ideales en este momento para renovar su experimentalismo constitucional.

4- Estado experimental. Por distintos caminos, tanto la crisis terminal por que pasa el neoliberalismo como la experiencia reciente de los Estados ms progresistas de la Amrica Latina revelan que estamos en camino de una nueva centralidad del Estado, una centralidad ms abierta a la diversidad social (reconocimiento de la interculturalidad, la plurietnicidad, e incluso de la plurinacionalidad, como en el caso de Ecuador y Bolivia), econmica (reconocimiento de diferentes tipos de propiedad, estatal, comunitaria o comunal, cooperativa e individual) y poltica (reconocimiento de diferentes tipos de democracia, representativa o liberal, participativa, deliberativa, refrendaria, comunitaria). De una centralidad asentada en la homogeneidad social a una centralidad asentada en la heterogeneidad social. Trtase de una centralidad regulada por el principio de la complejidad. La nueva centralidad opera de maneras distintas en reas donde la eficacia de las soluciones esta demostrada (en Cuba, la educacin y la salud, por ejemplo, a pesar de la degradacin de la calidad y de la equidad provocada por la desconexin posterior al derrumbe de los 90), en reas donde, al contrario, la ineficacia est demostrada (en Cuba, el crecimiento de las desigualdades, o la agricultura, por ejemplo) y en reas nuevas que son las ms numerosas en procesos de transicin (en Cuba, por ejemplo, remover la institucionalidad poltica, y reconstruir la hegemona socialista sobre la base de una democracia de alta intensidad que promueva simultneamente la reduccin de la desigualdad social y la expansin de la diversidad social, cultural y poltica). Para las dos ltimas reas (reas de ineficacia demostrada y reas nuevas) no hay recetas infalibles o soluciones definitivas. En estas reas el principio de la centralidad compleja sugiere que se siga el principio de la experimentacin democrticamente controlada. El principio de la experimentacin debe recorrer toda la sociedad, y por eso el propio Estado se volvera tambin un Estado experimental. En una fase de grandes mutaciones en la funcin del Estado en la regulacin social, es inevitable que la materialidad institucional del Estado, rgida como es, est sujeta a grandes vibraciones que la hacen un campo frtil de efectos inusitados.

Considrese adems que esa materialidad institucional est inscrita en un tiempo-espacio nacional estatal que est sufriendo el impacto cruzado de espacios-tiempo locales y globales. Como lo que caracteriza a las pocas de transicin es que coexistan en ellas soluciones del viejo paradigma con soluciones del nuevo paradigma, y que unas y otras sean igualmente contradictorias entre s, pienso que se debe hacer de la experimentacin un principio institucional de creacin siempre y cuando las soluciones adoptadas en el pasado se hayan revelado ineficaces. Al hacerse imprudente tomar, en esta fase, opciones institucionales irreversibles, el Estado se debe transformar en un campo de experimentacin institucional, que permita a diferentes soluciones institucionales coexistir y competir durante algn tiempo, con carcter de experiencias-piloto, sujetas a la monitorizacin permanente de colectivos de ciudadanos con vistas a la evaluacin comparada de los desempeos. El mtodo podra ser familiar de acuerdo, a los bienes pblicos, sobre todo en el rea social, (7) se apliquen y adopten donde solo despus de que las alternativas se lleven al escrutinio de su eficacia y calidad democrtica por parte de los ciudadanos.

Considero que esta nueva forma de un posible Estado democrtico transicional se debe asentar en tres principios de experimentacin poltica. El primero es que la experimentacin social, econmica y poltica exige la presencia complementaria de varias formas de ejercicio democrtico (representativo, participativo, comunitario, etctera). Ninguna de ellas por separado puede garantizar que la nueva institucionalidad sea eficazmente evaluada. Se trata de un principio difcil de respetar sobre todo por la presencia complementaria de varios tipos de prctica democrtica y por ser, ella misma, novedosa y experimental. En este contexto cabra recordar la frase de Hegel: Quien tiene miedo del error tiene miedo de la verdad.

El segundo principio es que el Estado solo es genuinamente experimental en la medida en que las diferentes soluciones institucionales reciben iguales condiciones para que se desarrollen segn su lgica propia. O sea, el Estado experimental es democrtico en la medida en que confiere igualdad de oportunidades a las diferentes propuestas de institucionalidad democrtica. Solo as es posible luchar democrticamente contra el dogmatismo de una solucin que se presenta como la nica eficaz o democrtica. Esta experimentacin institucional que ocurre en el interior del campo democrtico no puede dejar de causar alguna inestabilidad e incoherencia en la accin estatal. Adems, la fragmentacin estatal que de ella eventualmente resulte puede generar nuevas exclusiones furtivamente.

En estas circunstancias, el Estado experimental no solo debe garantizar la igualdad de oportunidades a los diferentes proyectos de institucionalidad democrtica, sino que tambin debe -y este sera el tercer principio de experimentacin poltica- garantizar patrones mnimos de inclusin que hagan posible la ciudadana activa necesaria para monitorear, acompaar y evaluar el desempeo de los proyectos alternativos. En los trminos de la nueva centralidad compleja, el Estado combina la regulacin directa de los procesos sociales con la metarregulacin, o sea, la regulacin de formas no estatales de regulacin social que deben ser respetadas en su autonoma, siempre y cuando respeten los principios de inclusin y de participacin consagrados en la Constitucin.

5- Otra produccin es posible. Esta es una de las reas ms importantes de experimentacin social, y Cuba puede asumir en este mbito un liderazgo estratgico en la bsqueda de soluciones alternativas, sea a los modelos de desarrollo capitalista, sea a los modelos de desarrollo socialista del siglo XX. En los comienzos del siglo XXI, la tarea de pensar y luchar por alternativas econmicas y sociales se hace particularmente urgente por dos razones relacionadas entre s. En primer lugar, vivimos en una poca en que la idea de que no hay alternativas al capitalismo obtuvo un nivel de aceptacin que probablemente carece de precedentes en la historia del capitalismo mundial. En segundo lugar, la alternativa sistmica al capitalismo, representada por las economas socialistas centralizadas, se mostr inviable. El autoritarismo poltico y la inviabilidad econmica de los sistemas centralizados quedaron dramticamente expuestos por el colapso de estos a fines de los aos 80 y principios de los 90.

Paradjicamente, en los ltimos treinta aos el capitalismo revel, como nunca antes, su orientacin autodestructiva, del crecimiento absurdo de la concentracin de la riqueza y de la exclusin social a la crisis ambiental, de la crisis financiera a la crisis energtica, de la guerra infinita por el control del acceso a los recursos naturales a la crisis alimentaria. Por otro lado, el colapso de los sistemas de socialismo de Estado abri el espacio poltico para la emergencia de mltiples formas de economa popular, de la economa solidaria a las cooperativas populares, de las empresas recuperadas a los asentamientos de la reforma agraria, del comercio justo a las formas de integracin regional segn principios de reciprocidad y de solidaridad (como el Alba). Las organizaciones econmicas populares son extremadamente diversas y si algunas implican rupturas radicales (aunque locales) con el capitalismo, otras encuentran formas de coexistencia con l. La fragilidad general de todas estas alternativas reside en el hecho de que ocurren en sociedades capitalistas donde las relaciones de produccin y de reproduccin capitalistas determinan la lgica general del desarrollo social, econmico y poltico. Por esta razn, el potencial emancipador y socialista de las organizaciones econmicas populares termina siendo bloqueado. La situacin privilegiada de Cuba en el mbito de la experimentacin econmica est en el hecho de poder definir, a partir de principios, lgicas y objetivos no-capitalistas, las reglas de juego en que pueden funcionar las organizaciones econmicas capitalistas.

Para realizar todo el fermento de transformacin progresista contenido en el momento poltico que vive, Cuba va a necesitar de la solidaridad de todos los hombres y mujeres, de todas las organizaciones y movimientos de izquierda (en el sentido que se le atribuye en este texto) del mundo, y muy particularmente del mundo latinoamericano. Es este el momento para que el mundo de izquierda devuelva a Cuba lo mucho que debe a Cuba para ser lo que es.

Coimbra, 20 de enero de 2009

(*) Doctor en Sociologa del derecho por la Universidad de Yale, profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Combra, director del Centro de Estudios Sociales y del Centro de Documentacin 25 de Abril de esa misma universidad, profesor distinguido del Institute for Legal Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison. Boaventura de Sousa Santos es uno de los principales intelectuales en el rea de ciencias sociales con reconocimiento internacional. Es un activo participante en el Foro Social Mundial en Porto Alegre. Es uno de los acadmicos e investigadores ms importantes en el rea de la sociologa jurdica a nivel mundial.

Traduccin del portugus por Rodolfo Alpzar

Notas

1. Aurelio Alonso distingue dos procesos de transicin en curso: una se refiere al rumbo de la dinmica de cambios dentro de una transicin mayscula que comenz hace casi medio siglo, y otra se refiere al peso de la subjetividad: la cuestin de la impronta que quedar de Fidel en el imaginario de los cubanos de las generaciones que lo sobrevivan. (Continuidad y transicin: Cuba en el 2007 Le Monde Diplomatique, edicin colombiana, Bogot abril de 2007)

    2. En las palabras lapidares de Fidel: Este pas puede autodestruirse por s mismo; esta Revolucin puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros s, nosotros podemos destruirla, y sera culpa nuestra. En comentario a la intervencin de Fidel, Aurelio Alonso se pregnta: Qu tiene de extrao que la primera preocupacin de Fidel gire en torno a la reversibilidad de nuestro propio proceso?. Y responde con una claridad tajante: Fidel valora que la Revolucin no puede destruirse desde fuera, pero que puede destruirse a s misma, y centra en la corrupcin el mal que puede obrar su destruccin. Yo pienso que es cierto, pero que no lo ha dicho todo. Me pregunto adems si el derrumbe del sistema sovitico fue, en esencia, un efecto de corrupcin, aunque la corrupcin estuviera presente en el entramado de las deformaciones. Creo que al socialismo lo puede revertir, junto con la corrupcin, el burocratismo y la falta de democracia. No hablo de sistemas electoralistas, de confrontaciones pluripartidistas, de contiendas en campaa, de alternancias en los cargos de poder. Hablo de democracia, de la que no hemos sido capaces de crear sobre la Tierra, aunque todos creamos saber de qu se trata Una mirada rpida al debate sobre el futuro de Cuba La Jiribilla, 17 de mayo de 2006.

    3. La creatividad terica inicial de la Revolucin Cubana reside realmente en este hecho. Los drsticos condicionamientos externos a que la revolucin estuvo sujeta terminaron por confiscar parte de esa creatividad. Por esa razn, Cuba fue forzada a acogerse a una concepcin del marxismo que, sin ser la del Norte global, era ms subsidiaria de la realidad del bloque sovitico, tambin ella poco semejante a la cubana. En la III Conferencia Internacional La obra de Carlos Marx y los desafos del siglo XXI, realizada en La Habana en 3 de mayo de 2006, Ricardo Alarcn de Quesada afirmo: La conversin de la poltica sovitica en particular para quienes en otros lugares libraban sus propias luchas anticapitalistas, y la imperiosa obligacin de defenderla frente a sus enconados y poderosos enemigos, condujo a la subordinacin de gran parte del movimiento revolucionario a la poltica y los intereses de la URSS. Nature Society and Thought, vol 19, 2006, p. 20. En este contexto es especialmente notable y ser siempre un motivo de orgullo para el pueblo cubano la autonoma soberana de Cuba al decidir ayudar Angola en su lucha por la independencia. El impulso internacionalista se sobrepuso a los intereses geoestratgicos de la Unin Sovitica.

    4. En el caso del marxismo hubo mucha creatividad para adaptar la teora a realidades noeuropeas que no haban sido sistemticamente analizadas por Marx. En el caso latinoamericano basta recordar a Maritegui. Todava durante mucho tiempo las ortodoxias polticas no permitieron transformar esa creatividad en accin poltica y de hecho los autores ms creativos fueron perseguidos por eso (como en el caso de Maritegui, acusado de populismo y romanticismo, una acusacin que en los aos treinta era muy grave). Hoy la situacin es muy distinta, como lo demuestra el hecho de que otro gran renovador del pensamiento marxista en Latinoamrica, lvaro Garca Linera, sea vicepresidente de Bolivia.

    5. O sea, la supremaca de la inteligencia y de la audacia poltica sobre la disciplina, que fue la marca de la vanguardia, acabo siendo convertida en su contrario: la supremaca de la disciplina sobre la inteligencia y la audacia como medio de ocultar o controlar la novedad de los procesos de transformacin social no previstos por la teora.

  6. Para una visin lcida de la sociedad civil en Cuba, vase Sociedad Civil en Cuba: un problema de geometra? Entrevista con el socilogo cubano Aurelio Alonso, en la revista Enfoques, No. 23, diciembre de 2008, La Habana.

  7. Por ejemplo, transportes pblicos estatales al lado de transportes cooperativos o de pequeos empresarios; produccin agrcola en empresas estatales, al lado de empresas cooperativas, comunitarias o de pequeos empresarios capitalistas.  


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter