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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2009

Podr Estados Unidos recuperar su hegemona?

Alfredo Toro Hardy
Rebelin


La nocin prevaleciente durante la Administracin Bush con relacin al poder de Estados Unidos, haba sido conceptualizada ya en 1990 por el prohombre neoconservador Charles Krauthammer. En su famoso artculo El Momento Unipolar, ste hablaba acerca de la capacidad para disear un mundo a voluntad de la superpotencia nica, imponiendo reglas de validez universal que respondiesen a los valores, visiones e intereses de aquella. Segn sus palabras: La verdadera estructura geopoltica de la post Guerra Fra...es la de un slo polo de poder mundial que consiste en Estados Unidos en el pice del Occidente industrializado (Citado por Wolfgang Ischinger, A European moment, The Guardian, 20 de marzo, 2007).

Al asumir como propia esa tesis, la Administracin Bush no supo entender que la capacidad para definir un mundo en sus propios trminos exista ya desde tiempo atrs. Una estructura hegemnica diseada a imagen y semejanza de los intereses norteamericanos haba comenzado a cobrar forma a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial y se haba ido articulando en las dcadas subsiguientes. Bajo los gobiernos de Roosevelt y Truman cobrara vida una amplia red de organizaciones multilaterales y de alianzas, susceptible de dar sustento a algo parecido a un sistema de gobernabilidad global.

Gobernabilidad Global :

El impulso de Roosevelt permitira dar forma a la Organizacin de las Naciones Unidas y a los acuerdos de Bretton Woods, con la aparicin del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organizacin Internacional de Comercio. Bajo Truman aparecera el GATT como sucesor de la Organizacin Internacional de Comercio, de corta vida, as como todo un sistema de alianzas y organizaciones que vinculara a los Estados Unidos con Europa Occidental, Japn y Amrica Latina. Este entretejido se consolidara, ya en tiempos de Kennedy, con el fortalecimiento de la Comunidad Atlntica y con la conversin del mecanismo de cooperacin econmica europea en la Organizacin para la Cooperacin y Desarrollo Econmico.

Se estructur as un sofisticado sistema multilateral al amparo de la primaca de Washington. Del otro lado, desde luego, se alzaba el bloque comunista con sus propios mecanismos de alianza y organizaciones de integracin econmica. Aunque de alcance ms limitado, este ltimo impona lmites y retos al poder de los Estados Unidos, al tiempo que ambos compartan su influencia al interior de la Organizacin de las Naciones Unidas. Sin embargo, la existencia de esta dualidad result de mucha utilidad para afianzar el control norteamericano sobre su gigantesca esfera de influencia.

Los aos setenta trajeron consigo una profunda crisis al marco de referencia anterior. El conflicto y fracaso de Vietnam sacudieron fuertemente el prestigio y la credibilidad internacionales de los Estados Unidos, mientras que la flotacin del dlar, bajo la presidencia de Nixon, puso en entredicho toda la estructura de Bretton Woods. Sin embargo, la ausencia de alternativas al liderazgo norteamericano, en tiempos de la Guerra Fra, termin subsanando lo primero, mientras que la crisis mundial de la deuda permiti relanzar bajo nuevos parmetros a los organismos de Bretton Woods.

Tras el colapso del comunismo el mundo entero tuvo que buscar acomodo bajo este sistema de gobernabilidad. Un sistema que ahora pasaba a ser global y slo admita una cabeza. Simultneamente la ideologa neoliberal, propia del Consenso de Washington, se transform en la esencia de lo que Ignacio Ramonet bautiz como el pensamiento nico. La tesis de la homogeneizac in planetaria bajo los parmetros del orden liberal pas a hacerse realidad.

Con la llegada de Clinton a la presidencia el sistema pudo refinarse an ms, gracias a la comprensin que se tuvo con respecto a la importancia del llamado poder suave. Segn Hubert Vdrine ste consiste en la capacidad para inspirar los sueos y deseos de otros, mientras que Joseph S. Nye lo define como un poder que coopta a la gente en lugar de coercionarla. (Ver Nye Jr, Joseph S., The Paradox of American Power , Oxford, Oxford University Press, 2002, p. 9). Bajo Clinton, Estados Unidos supo sacar pleno provecho a una globalizacin que se expresaba a travs de los usos, smbolos y costumbres norteamericanos.

En definitiva, el nuevo milenio comenz bajo un marco de gobernabilidad global y de consistencia ideolgica sin paralelos en la historia, en el cual Estados Unidos ejerca un control discreto pero incontestado. Washington poda, por ejemplo, forzar la apertura de los mercados del mundo a sus mercancas, sus inversiones y sus servicios actuando de manera indirecta. Las polticas del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial, bajo su control, bastaban para ello. Sin doblegar frontalmente voluntades, Estados Unidos poda obtener sus objetivos instrumentando a su antojo los mecanismos del poder colectivo.

Bush y la desarticulacin del orden hegemnico :

La Administracin Bush lleg al gobierno con un bagaje propio de ideas, prefiriendo replantear su relacin con el resto del mundo en trminos distintos. Ello implic el desconocimiento y la desestructuracin de un sistema diseado a imagen y semejanza de los intereses norteamericanos. Un sistema que haba tardado varias dcadas en construirse y refinarse. Inmersos en concepciones arcaicas con respecto a la naturaleza del poder, proclamaron la improcedencia del multilateralismo cooperativo por cercenar la libertad de accin a la que su primaca le daba derecho; se lanzaron por la ruta del unilateralismo militante; plantearon de manera directa y brutal las prerrogativas de su inters nacional; dejaron claro que su poder los exima del cumplimiento de reglas y normas internacionales.

El suyo pasaba a ser un mundo de satlites y no de aliados, de coaliciones ad hoc y no de instituciones multilaterales, de distinciones tajantes entre los con nosotros y los contra nosotros, de mecanismos de castigo a la disidencia y no de estmulos a la cooperacin y de la accin preventiva prevaleciendo arrogantemente sobre el derecho y la legitimidad internacionales. Todo ello, sin embargo, bajo una envoltura profundamente mesinica que planteaba la redencin de amplias parcelas del mundo por intermedio de los valores de la democracia y la libertad.

Por esta va, los diversos instrumentos, mecanismos y basamentos conceptuales que daban sustento a la hegemona norteamericana fueron desarticulados o desactivados. Desde el Consejo de Seguridad de la ONU, fuertemente desestructurado en virtud de la preferencia norteamericana en torcer brazos, proferir amenazas y actuar al margen de sus canales, hasta la Alianza Atlntica que entr en cortocircuito funcional en virtud del distanciamiento entre Estados Unidos y la mayor parte de sus socios europeos. Desde los organismos financieros internacionales, que fueron dejados a la deriva como resultado del unilateralismo y la falta de atencin de Washington, hasta la Ronda Doha de la OMC, cuyos objetivos fueron circunvalados por intermedio de la tendencia norteamericana a hacer proliferar sus tratados de libre comercio bilaterales. Desde el Proceso de Paz entre Israel y Palestina dejado sin bases ante el apoyo incondicional y descarado a Israel, hasta la relacin con los gobiernos amigos del Medio Oriente, profundamente afectada como resultado de la cruzada democratizadora. Desde la fractura de los equilibrios de poder en el Medio Oriente hasta la erosin de la buena voluntad existente en Amrica Latina, no qued una sola rea en la agenda de la poltica exterior norteamericana, que no se viese afectada por la imposicin de los remedios simplistas y por la arrogancia superlativa de Washington.

Al final se lleg a lo que el ex Ministro de Relaciones Exteriores britnico Douglas Hurd, defini en los siguientes trminos: Los dos grandes poderes en el mundo de hoy son los Estados Unidos de Amrica y el anti americanismo (Is there an International Community?, Cumberland Lodge, 13 de junio, 2006). Es decir, una comunidad internacional cuyo mayor denominador comn estaba conformado por su animadversin a las polticas de Washington.

Qu es la hegemona?:

Todo lo anterior nos lleva a la distincin bsica entre hegemona e imperio. Tanto la una como el otro entraan la nocin de control. Sin embargo, la hegemona se encuentra directamente vinculada a la aceptacin obtenida por parte de la comunidad internacional, mientras que en el imperio el poder se basta a s mismo. La hegemona exitosa, de acuerdo a la definicin clsica de Gramschi, es aquella que se sustenta en el consentimiento. Para l, la esencia de la hegemona derivaba de la capacidad para definir la agenda poltica y determinar el marco de referencia del debate, lo cual por definicin implicaba del reconocimiento de los otros.

De acuerdo a Andrew Gramble. Esta perspectiva de hegemona se asocia con Gramsci. El ejercicio del poder entraa el uso tanto de la coercin como del consentimiento, pero las formas de control poltico ms estables son aquellas donde sobresale el consentimiento. El nfasis est menos en los factores estructurales que establecen la posibilidad de la hegemona como en aquellos factores en donde el poder es aceptado como legtimo a travs de la persuasin ideolgica y cultural. El nfasis es puesto en la creacin y sostenimiento de una concepcin del orden internacional, a travs de una plyade de agencias y organizaciones y mediante la incorporacin de intereses diversos integrados en un proyecto poltico de amplio espectro. El aspecto ideolgico de la hegemona es lo ms significativo (Ver Forgacs, David, Antonio Gramsci Reader , London Lawrence & Wishart, 2001).

El imperio no requiere de consentimiento ni de legitimidad y se basta con la fuerza. Ni el imperio ruso, ni el francs, ni el austro-hngaro, por slo citar algunos, requirieron del beneplcito de los pueblos sometidos a su dominio. Ello no impide, desde luego, que casi todos los imperios busquen un basamento conceptual que brinde justificacin o sustento a ese dominio. Refirindose a esa necesidad de justificacin Niall Ferguson seala: Tal como refera el Senador J. William Fulbright en 1968 Los britnicos lo llamaban la carga del hombre blanco. Los franceses lo denominaban su misin civilizadora . Los estadounidenses del siglo diecinueve lo llamaban el destino manifiesto. La promocin de la libertad o la estrategia de apertura representan simplemente la ltima encarnacin de esa tendencia (Colossus: The Rise and Fall of the American Empire, London, Allen Lane, 2004, p. 23).

No obstante, justificacin conceptual no es lo mismo que aquiescencia por parte de los otros. La diferencia entre imperio y hegemona es clara. La capacidad para definir la agenda internacional bajo un marco de aceptacin generalizada, de la que disfrut Estados Unidos antes de Bush, daba forma a un contexto hegemnico. La impopularidad y la resistencia a sus polticas por parte de un sector mayoritario de la comunidad internacional, a las que condujo la receta Krauthammer, obviamente contradecan dicho contexto. De ser potencia hegemnica Estados Unidos pas a ser potencia imperial. Slo que de haber sido todopoderosa potencia hegemnica, Estados Unidos pas a ser una potencia imperial dbil: desbordada ante dos conflictos militares perifricos e incapacitada para lograr la materializacin de sus deseos en casi todos los frentes internacionales.

Obama: hegemona o declive?:

El viaje de Obama a Europa representa un viraje de 360 grados en relacin a lo anterior. En las cumbres del G-20 y de la OTAN, Estados Unidos volvi de manera manifiesta al multilateralismo cooperativo, dejando de lado todo trazo de arrogancia. En mensaje y estilo el nuevo inquilino de la Casa Blanca est sentando las bases para un reencuentro con el viejo cauce hegemnico. Ello entra en consonancia, por lo dems, con la aproximacin de la Administracin Obama a la mayora de los grandes temas internacionales del momento.

La gran pregunta a formularse es evidente: Ser an posible para Estados Unidos recuperar su antigua hegemona? Desde luego que si alguien puede lograrlo es precisamente Obama. A corto plazo, por lo dems, la crisis econmica global acta como factor reforzamiento del liderazgo de Estados Unidos, en la medida en que la suerte econmica del mundo est atada a la de ese pas.

No obstante, hay varias consideraciones a tener en cuenta. En primer lugar, la erosin de buena voluntad internacional causada por ocho aos de Administracin Bush no es nada despreciable ni fcilmente reversible. Fuerzas contestatarias al poder estadounidense emergieron y se consolidaron en diversas partes del globo. En segundo lugar, el mundo se dio cuenta de que el garrote que acompa siempre a la zanahoria hegemnica norteamericana, result poco operativo an cuando se lo utiliz directamente. No hay que olvidar, en este sentido, que lo que hace eficiente al poder suave es la conviccin de que ste se encuentra respaldado por el poder duro y que la falta de credibilidad en el uno acarrea el desgaste del otro. En tercer lugar, los esfuerzos por sacar a Estados Unidos de la crisis econmica pueden dejar al pas lo suficientemente hipotecado, como para cercenar sus posibilidades de seguir siendo la potencia econmicamente dominante.

De las tres consideraciones anteriores la tercera es, sin duda, la ms relevante y la que merece mayor explicacin. Contener el avance de la crisis financiera y revertir la contraccin de la inversin y del consumo que hoy vive Estados Unidos, slo puede lograrse agravando otros de sus males: su dficit pblico y su deuda externa.

Tal como refera el profesor Fred Bergsten, en un testimonio ante el Comit Presupuestario del Senado de los Estados Unidos en febrero del 2007, y como lo seala Wiklipedia en el tema Estados Unidos y Deuda Pblica, para septiembre de 2008 la deuda pblica norteamericana alcanz a los 9,7 millones de millones de dlares. Ello, segn dichas fuentes, era la resultante de una deuda que desde 2003 ha venido incrementndose en 500 millardos de dlares anuales. Dentro de ese monto global la deuda externa era, para finales de 2005, de 2,7 millones de millones de dlares.

Desde luego, ms all de lo preocupante que resulta para cualquier economa gastar mucho ms de lo que produce y financiar la diferencia por va de deuda, lo realmente importante es quienes son los acreedores. Cuando stos son domsticos la situacin es controlable, cuando los acreedores son externos lo es ya mucho menos. En palabras de David Levey y Stuart Brown: Una sbita falta de disposicin por parte de los inversores extranjeros de continuar aadiendo activos en dlares, a su ya larga cuenta de activos en esa denominacin, desencadenara un pnico que lanzara por la estratosfera las tasas de inters y hara caer en una grave crisis a la economa estadounidense (The Overstretch Myth, Foreign Affairs, marzo/abril 2005).

Ms contundente an resulta el historiador britnico Niall Ferguson, quien ya en 2005 sealaba: Estados Unidos ha pasado a depender crecientemente de los prestamos extranjeros. En la medida en que el dficit en cuenta corriente ha seguido expandindose (actualmente se acerca al 6 por ciento del PIB), el pasivo externo neto de Estados Unidos ha alcanzado alrededor del 25 por ciento de su PIB. La mitad de la deuda federal del pas se encuentra actualmente en manos extranjeras...El economista de Harvard, Richard Cooper, ve la situacin de la siguiente manera. Asumiendo que la economa estadounidense tenga una tasa de crecimiento de 5 por ciento por ao, l argumenta que un dficit en cuenta corriente de 500 millardos por ao se traducir luego de 15 aos en un pasivo externo del 46 por ciento del PIB (Sinking Globalization, Foreign Affairs, marzo/abril, 2005).

De ms est recordar que China, el mayor rival estratgico de Estados Unidos, es el principal acreedor externo de este pas con alrededor de 600 millardos de dlares en acreencia. Dentro de este contexto, la deuda externa norteamericana no slo se inserta dentro de aquello que Paul Kennedy calific como sobredimensionamiento imperial, sino que es algo desafa al ms elemental sentido comn.

Estados Unidos no dispone de la capacidad necesaria para hacer frente al paquete de rescate a su economa sin una hipoteca mayscula de la misma. Los 700 millardos de dlares asignados por el Congreso todava bajo Bush, ms los gigantescos recursos comprometidos a travs de la ley de Recuperacin de Amrica y Ley de Reinversin, aprobada por el 111 Congreso de Estados Unidos y firmado por el Presidente Obama el 17 de febrero pasado, debern salir mayoritariamente por va de dficit pblico y de deuda externa. El descomunal esfuerzo emprendido para emerger de la crisis actual sentar las bases para otra seria crisis. Ello equivale a agravar la situacin del hgado para salvar al pulmn. La primera gran vctima de este proceso sera naturalmente la fortaleza y la credibilidad del dlar y por extensin el liderazgo econmico norteamericano.

As las cosas, la crisis de la hegemona norteamericana, iniciada por la concepcin arcaica del poder que caracteriz a la Administracin Bush, puede terminar consolidndose por va de la inescapable y superlativa hipoteca de su economa.

Es probable que Washington deba acostumbrarse a convivir en medio de los balances de poder y los imperativos de la multipolaridad. Precisamente las reglas de juego que rigieron al mundo antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos constitua uno de los ocho grandes poderes del planeta. Luego de su exitosa hegemona, de su fracasado imperio y de su intento actual por retomar su hegemona, es muy posible que Estados Unidos deba compartir su poder con la Unin Europea, China y algunos otros actores internacionales. De ser as, Obama dejara de ser el hombre que pudo devolverle al pas su hegemona, para transformarse en el que lo condujo sin traumas hacia su inevitable declive. A fin de cuentas, pocos lderes se encuentran tan bien dotados para manejarse sin mayores sobresaltos dentro de la delgada lnea que en estos momentos separa a lo uno de lo otro.






 





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