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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2009

Es tan malo ser antisistema?

Francisco Fernndez Buey y Jordi Mir
Pblico.es


Venimos observando que, en los ltimos tiempos, los medios de comunicacin de todo tipo han puesto de moda el trmino antisistema. Lo usan por lo general en una acepcin negativa, peyorativa, y casi siempre con intencin despectiva o insultante. Y aplican o endosan el trmino, tambin por lo general, para calificar a personas, preferentemente jvenes, que critican de forma radical el modo de producir, consumir y vivir que impera en nuestras sociedades, sean estos okupas, altermundialistas, independentistas, desobedientes, objetores al Proceso de Bolonia o gentes que alzan su voz y se manifiestan contra las reuniones de los que mandan en el mundo.

vietaAunque no lo parezca, porque enseguida nos acostumbramos a las palabrejas que se ponen de moda, la cosa es nueva o relativamente nueva. As que habr que decir algo para refrescar la memoria del personal. Hasta comienzos de la dcada de los ochenta la palabra antisistema slo se empleaba en los medios de comunicacin para calificar a grupos o personas de extrema derecha. Vino a sustituir, por as decirlo, a otra palabra muy socorrida en el lenguaje periodstico: ultra. Pero ya en esa dcada la nocin se empleaba principalmente para hacer referencia a las posiciones del mundo de Herri Batasuna en el Pas Vasco. En la dcada siguiente, algunos peridicos a los que no les gustaba la orientacin que estaba tomando Izquierda Unida ampliaron el uso de la palabra antisistema para calificar a los partidarios de Julio Anguita y la mantuvieron para referirse a la extrema derecha, a los partidarios de Le Pen, principalmente, y a la llamada izquierda abertzale. As se mataba de un solo tiro no dos pjaros (de muy diferente plumaje, por cierto) sino tres.

Esa prctica se ha seguido manteniendo en la prensa aproximadamente hasta principios del nuevo siglo, cuando surgi el movimiento antiglobalizacin o altermundialista. A partir de entonces se empieza a calificar a los crticos que se manifiestan de grupos antisistema y de jvenes antisistema. Pero la calificacin no era todava demasiado habitual en la prensa, pues el periodista de guardia de la poca, Eduardo Haro Teglen, en un artculo que publicaba en El Pas, en 2001, an poda escribir: Las doctrinas policiales que engendra esta globalizacin que se hace interna hablan de los grupos antisistema. No parece que el intento de utilizar ese nombre haya cundido: se utilizan los de anarquismo, desarraigo, extremismo, agitadores profesionales. Pero el propio sistema tendra que segregar sus modificaciones para salvarse l si fuera realmente un sistema y no slo una jungla, una explosin de cmulos.

En cualquier caso, ya ah se estaba indicando el origen de la generalizacin del trmino: las doctrinas policiales que engendra la globalizacin. Desde entonces ya no ha habido manifestacin en la que, despus de sacudir convenientemente a una parte de los manifestantes, la polica no haya denunciado la participacin en ellas de grupos antisistema para justificar su accin. Pas en Gnova y pas en Barcelona. Y tambin desde entonces los medios de comunicacin vienen hacindose habitualmente eco de este vocabulario.

El reiterado uso del trmino antisistema empieza a ser ahora paradjico. Pues son muchas las personas, economistas, socilogos, eclogos y ecologistas, defensores de los derechos humanos y humanistas en general que, viendo los efectos devastadores de la crisis actual, estn declarando, uno tras otro, que este sistema es malo, e incluso rematadamente malo. Acadmicos de prestigio, premios Nobel, algunos presidentes en sus pases y no pocos altos cargos de instituciones econmicas internacionales hasta hace poco tiempo han declarado recientemente que el sistema est en crisis, que no sirve, que est provocando un desastre tico o que se ha hecho insoportable. Evidentemente, tambin estas personas son antisistema, si por sistema se entiende, como digo, el modo actualmente predominante de producir, consumir y vivir. Algunas de estas personas han evitado mentar la bicha, incluso al hablar de sistema, pero otras lo han dicho muy claro y con todas las letras para que nadie se equivoque: se estn refiriendo a que el sistema capitalista que conocemos y en el que vivimos unos y otros, los ms moran o sobreviven, es malo, muy malo.

Resulta por tanto difcil de entender que, en estas condiciones y en la situacin en que estamos, antisistema siga emplendose como trmino peyorativo. Si analizando la crisis se llega a la conclusin de que el sistema es malo y hay que cambiarlo, no se ve el motivo por el cual ser antisistema tenga que ser malo. El primer principio de la lgica elemental dice que ah hay una incoherencia, una contradiccin. Si el sistema es malo, y hasta rematadamente malo, lo lgico sera concluir que hay que ser antisistema o estar contra el sistema. Tanto desde el punto de vista de la lgica elemental como desde el punto de vista de la prctica, es indiferente que el antisistema sea premio Nobel, economista de prestigio, okupa, altermundista o estudiante crtico del Proceso de Bolonia.

Si lo que se quiere decir cuando se emplea la palabreja es que en tal accin o manifestacin ha habido o hay personas que se comportan violentamente, no respetan el derecho a opinar de sus conciudadanos, impiden la libertad de expresin de los dems o atentan contra cosas que todos o casi todos consideramos valiosas, entonces hay en el diccionario otras palabras adecuadas para definir o calificar tales desmanes, sean stos colectivos o individuales. La variedad de las palabras al respecto es grande. Y eligiendo entre ellas no slo se hara un favor a la lengua y a la lgica sino que ganaramos todos en precisin. Y se evitara, de paso, tomar la parte por el todo, que es lo peor que se puede hacer cuando analizamos movimientos de protesta.

Francisco Fernndez Buey y Jordi Mir son Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS)-Universidad Pompeu Fabra

Ilustracin de Iker Ayestaran



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