Portada :: Amrica Latina y Caribe :: V Cumbre de las Amercas. Puerto Espaa 16-19 abril 2009
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2009

V Cumbre: la prueba de fuego

Hugo Moldiz M.
La Epoca

La V Cumbre de las Amricas puede marcar, si no hay conceptos inadmisibles, el punto final de la hegemona estadounidense en la regin y abrir, al mismo tiempo, la posibilidad de construir Nuestra Amrica en base a una relacin de respeto recproco.


La V Cumbre de las Amricas ser una prueba de fuego para los pueblos latinoamericanos. La afirmacin del comandante Fidel Castro, en su reflexin del 4 de abril, adquiere pleno sentido cuando una ola, con tendencia a convertirse progresivamente en un gigantesco mar, de apoyo a Cuba y que exige redefinir las relaciones con Estados Unidos y avanzar hacia un proceso de integracin verdadero se va apoderando de la mayor parte de los gobiernos que asistirn a la cita internacional.

En contraposicin, los sectores duros de Estados Unidos esperan que el presidente Barak Obama tenga la capacidad e inteligencia suficientes para restablecer la confianza latinoamericana perdida en ochos aos de la administracin Bush, sin poner en juego los profundos y grandes intereses que las transnacionales tienen en el continente.

El escenario de esta batalla ser Puerto Espaa, Trinidad y Tobago, donde 34 presidentes y jefes de Estado, sin la presencia fsica de Cuba, pero metida en la cabeza de todos ellos, se reunirn entre el 17 y 19 de abril para aprobar una lnea de accin que si no tiene conceptos inadmisibles deber marcar el punto final de la hegemona estadounidense en la regin y abrir, al mismo tiempo, la posibilidad de construir Nuestra Amrica en base a una relacin de respeto recproco.

Pero no es posible medir con ms o menos precisin el valor especfico de la V Cumbre de las Amricas sin una revisin interpretativa, an general, de la totalidad de esos encuentros, a los que hay que sumar los extraordinarios de Bolivia y Mxico, de los ltimos quince aos. Pero tampoco se lo puede hacer sin citar a Cuba.

La idea de que la Organizacin de Estados Americanos (OEA), al que el ex canciller cubano Ral Roa bautiz a principios de la dcada de los 60 como el ministerio de la colonia de Estados Unidos, organizara un encuentro de esta naturaleza surgi en la administracin de George Bush (padre), pero no fue sino hasta Bill Clinton que la estrategia estadounidense se hizo realidad a un ao de cumplirse la mitad de la dcada de los 90, cuando el mundo se transform, por el derrumbe de la URSS y el bloque socialista del Este, en unipolar.

Miami fue la sede de la I Cumbre entre el 9 al 11 de diciembre. Los trminos de la declaracin final expresaban en general los intereses de los Estados Unidos, de los que resaltan el reconocimiento poltico solo a los gobiernos electos por la va de la democracia representativa, lo cual obviamente implicaba una ofensiva continental contra Cuba, con endurecimiento del bloqueo; la necesidad de librar una batalla internacional contra las drogas, que dara paso a un progresivo aumento de la militarizacin de esa lucha en los pases productores de coca y la preparacin del Area de Libre Comercio de las Amricas (ALCA), cuya meta fijada para su puesta en marcha fue 2005.

El camino para la hegemona estadounidense estaba expedito. Salvo Cuba, que resista el endurecimiento del bloqueo en condiciones difciles al perder un poco ms del 80 por ciento de su comercio exterior por el derrumbe del campo socialista y que se negaba a renunciar a la revolucin, la totalidad de los pases latinoamericanos estaba gobernado por fuerzas de derecha y socialdemcratas (si es que en ese momento podan ser diferentes) que al unsono cantaban el discurso del consenso de Washington con el que el FMI y el BM impusieron sus reformas estructurales de alto costo econmico y social para los pueblos de esta parte del continente.

Es tan cierta esa materializacin de los intereses estadounidenses que, retomando con fuerza la doctrina Monrroe, incorporaron en la declaracin final, a travs de la OEA, en su condicin de secretaria permanente de las cumbres, la idea de que nunca antes nuestros pueblos se haban encontrado en mejores condiciones. La alegra no era para menos: los gobiernos progresistas y las luchas sociales haban sido derrotadas y a Cuba le daban algunos meses ms de resistencia.

Y que todos se alineaban al proyecto estadounidense queda probado en la respuesta de Fidel Castro a un corresponsal extranjero en Mxico, a la pregunta de qu pensaba por la ausencia de Cuba a la cumbre de Miami: bueno, mire, es que nosotros somos rebeldes y esa no es una cumbre para los rebeldes.

Una historia repetida

Las dos cumbres siguientes fueron calco y copia. La de Santiago de Chile (del 18 al 19 de abril de 1998) y la de Quebec, Canada (del 20 al 22 de abril de 2001), pasando por la intermedia en Bolivia (llamada de Desarrollo Sostenible del 7 al 8 de diciembre de 1996 en Santa Cruz) y la Cumbre extraordinaria de Monterrey del 12 y 13 de enero de 2004, no se salieron del libreto inicial, ni siquiera en la redaccin referida al libre comercio y el ALCA. Tan es as que en Canad se dice tal como se acord en la cumbre de Miami, el libre comercio, sin subsidios ni prcticas desleales, acompaado de flujos crecientes de inversin productiva, es la clave para la prosperidad.

Las cumbres II y III constituyeron, de esa manera, en un monlogo estadounidense ante un pblico de presidentes y jefes de Estado que, an algunos de ellos contrarios a la idea de un rea de libre comercio en las condiciones planteadas y adems amigos de Cuba, no se atreva a contradecir la voluntad, primero del demcrata Clinton, y luego del republicano George Bush (hijo). Solo Hugo Chvez, electo en 1998, y luego ratificado dos aos despus al concluir la Asamblea Constituyente, marcaba la diferencia

La exaltacin de la globalizacin y de la democracia representativa constituan las formas en las que ambas administraciones estadounidenses coincidan en una poltica exterior que reforzaba el bloqueo a Cuba en una suerte de guerra de desgaste, segn sostuvo Fidel Castro el 21 de diciembre de 1996 al expresar no nos indigna cuando se cree que nos pueden derrotar, nos ofenden cuando se cree que son capaces de derrotarnos; de ah es que nace nuestra seguridad y nuestra conviccin.

PLa derrota del Mar del Plata

La historia de monlogo neoliberal y, por contrapartida, la resistencia cubana para defender la patria, la revolucin y el socialismo, que representan dos elementos contradictorios sin los cuales no es posible comprender la dimensin de la estrategia estadounidense para Amrica Latina, a la que se unira luego el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina, pero al mismo tiempo la actual ola emancipatoria en ascenso, tienen su mxima expresin en la IV Cumbre de las Amricas que se realiz en Mar del Plata, Argentina, del 4 al 5 de noviembre de 2005.

Los planes diseados en las cumbres precedentes para poner en marcha el ALCA, en enero de 2005 o a mas tardar en diciembre de ese mismo ao quedaron archivados en los documentos oficiales de la Casa Blanca y de gobiernos de mayor inclinacin neoliberal. Los presidentes de Argentina (Nstor Kirshner), Brasil (Lula), Uruguay (Tabar Vsquez), Venezuela (Hugo Chvez) y Paraguay expresaron su desacuerdo con la implementacin del ALCA. Era la primera vez que Estados Unidos, con el guerrerista Bush hijo a la cabeza, se tena que resignar a que la declaracin final recogiera los criterios de los que estaban a favor o en contra del ALCA.

A partir de esa cita internacional la historia es bastante conocida. Clausurado el camino al ALCA, los Estados Unidos se dieron a la tarea de negociar Tratados de Libre Comercio (TLCs), a manera de subir progresivamente de lo particular a lo general. A das de la IV cumbre los resultados no han sido los esperados, segn reconocen estudiosos en temas internacionales.

Un dato final sobre este punto. Otros dos grandes personajes seguan con satisfaccin desde la distancia la emergencia de otro proceso poltico en Amrica Latina. Fidel, desde Cuba, y Evo Morales, desde el expreso del Alba que se haba organizado en la anti-cumbre en esa misma ciudad argentina. El primero vea materializado el sueo martiano de ir construyendo nuestra Amrica y el segundo llegara a ser, en enero de 2006, el primer presidente indgena de Bolivia y del continente.

Retroceso o avance?

La interrogante ha sido planteada por Fidel Castro en su reflexin Por qu excluyen a Cuba, luego de que conociera, a travs del presidente nicaraguense Daniel Ortega, el proyecto de declaracin que los presidentes y jefes de Estado debern considerar en Puerto Espaa.

De acuerdo al octogenario lder revolucionario, la propuesta de declaracin contiene un sin nmero de conceptos inadmisibles y por eso ser una prueba de fuego para los pueblos y gobiernos de Amrica Latina y El Caribe. No solo es por Cuba el llamado de alerta del ex presidente, sino por el contenido global, segn se aprecia, por lo que adquiere sentido la advertencia del presidente Hugo Chvez de que Venezuela no aceptar imposiciones. Lula va por la misma direccin al decirle a Obama que Estados Unidos debe cambiar sus polticas hacia una regin que ya tiene voz propia.

Si la posicin predominante de Amrica Latina es la escuchada en Brasil, en diciembre de 2008, y Santiago de Cuba, a principios de este ao, sobre el carcter de la integracin en el continente y su mirada hacia otros continentes como Asia y Africa, seguramente Estados Unidos ser el ms interesado en evitar un mayor aislamiento. Si va en direccin contraria, es una seal adicional de que el pas ms poderoso o no entiende lo que sucede en el continente o que dar ardua batalla por restablecer su hegemona. Muchos piensan que son ambas.








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