Portada :: Economa :: Especial "El capitalismo cruje"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2009

Entrevista al escritor y economista Jos Luis Sampedro
Una conversacin sobre la crisis

Carlos Taibo
La Repblica.es


Carlos Taibo. Vamos a ver cmo sale este experimento porque esto de hablar, o dialogar, en voz alta delante de tanta gente no es particularmente cmodo. En las ltimas semanas he pasado varias veces por la misma situacin: la de que me invitasen a hablar sobre las materias ms dispares para que despus, en el coloquio, todo el mundo se refiriese, cmo no, a la crisis que padecemos. En este caso no vamos a recurrir a ningn subterfugio: creo que vamos a hablar directamente de esa crisis.

Bueno, yo introduzco el dilogo de la siguiente manera. Hace unas semanas se ha publicado en Francia un libro en cuyo ttulo el autor pone una singular atencin en subrayar que la crisis en la que acabamos de adentrarnos recuerda poderosamente a la de 1929. A buen seguro que cuando echa mano de tal argumento est avisndonos sobre la hondura, sobre la gravedad, de la situacin. No olviden que al fin y al cabo la crisis de 1929 estuvo en el origen de la consolidacin de los fascismos en el decenio posterior y, si as lo quieren, sirvi tambin para propiciar lo que fue, despus, la segunda guerra mundial.

Yo tengo, sin embargo, la impresin de que el anlisis se queda corto. Por qu? Por dos razones. La primera: porque nos enfrentamos, aunque a menudo se olvide, a una crisis al menos triple. La crisis del capitalismo global, con su dimensin especulativa y desreguladora, en primer lugar.

La crisis vinculada con un proceso abierto, el cambio climtico, cuyas consecuencias en modo alguno van a ser saludables, en segundo trmino. Y en fin, y en tercer y ltimo lugar, la crisis que nace del encarecimiento inevitable de las materias primas energticas. Si cada de esas tres crisis por separado es suficientemente grave, mucho me temo que la combinacin de las tres resulta singularmente explosiva.

Doy cuenta de una segunda diferencia con el escenario propio de 1929. Entonces las polticas socialdemcratas tradicionales, keynesianas, de un Estado que interviene en la economa para tirar de la demanda servan para la lgica del capitalismo. Me temo que hoy, hablando en serio, no sirven. Por qu? Porque nos topamos con un problema gravsimo como es el de los lmites medioambientales del planeta. Cuando el presidente espaol, Jos Luis Rodrguez Zapatero, seala que una de las respuestas centrales a lo que ocurre es la que pasa por la obra pblica en infraestructuras ferroviarias y de carreteras est olvidando el escenario que se avecina. Quin va a poder utilizar, dentro de diez aos, esas autovas de nueva construccin cuando el litro de gasolina cueste ocho, diez o doce euros? Me temo que esto nos obliga a ser infinitamente cautos en los ejercicios de optimismo y a buscar tal vez procedimientos radicales de reordenacin de nuestras sociedades que ya anuncio, y con certeza Jos Luis y yo vamos a hablar de esto, pasan por el decrecimiento de la produccin y del consumo.

Jos Luis Sampedro. Muchas gracias. Tampoco creo que yo que sea tan parecida la crisis de hoy a la de 1929. Voy a dar otra visin que coincide en definitiva con la de Carlos, y no con la del libro que has mencionado. Con la autoridad que me da el haber sido casi testigo presencial de la crisis de 1929. La verdad es que algunas ventajas deba tener la vejez.

Yo en 1929 tena doce aos. Naturalmente no puedo hablar con conocimiento completo de la crisis de aquel entonces. Pero es que la crisis dur hasta 1933 o 1934, y tuvo otras consecuencias. Recuerdo perfectamente las fotografas de los parados norteamericanos. Los hombres con sus platillos para conseguir unas habichuelas y comer. Yo viva la preocupacin que haba entonces por aquellos problemas. Todo esto ya lo s no me da autoridad. Pero lo que he ledo, y lo que he vivido despus, me da alguna. La experiencia vital no se sustituye fcilmente por los libros.

Har un diagnstico contrastado de las dos crisis. La gran diferencia entre una y otra es que la de 1929 que por cierto no empez en Estados Unidos, sino que empez en Austria: lo primero que cay fue una institucin austriaca, y de all se propag a un banco norteamericano, y sa fue la gota de agua que desbord las cosas, aunque esto hoy sea anecdtico para m fue una crisis de euforia, una crisis de juventud, propia de un pas joven, una crisis de entusiasmo como el que se viva en aquel entonces. Mientras que la crisis de ahora es una crisis de la vejez, de la decrepitud y del miedo. Tratar de justificar esto.

Quisiera hacerles vivir un poco lo que s viv entonces, que fueron los felices aos veinte. Los felices aos veinte, un espritu, una manera de vivir en Europa incluso en la Europa medio destruida por la guerra, de admiracin hacia Estados Unidos. De Estados Unidos vena una idea de juventud, de mpetu, de ir a por todas, de ganarlo todo fcilmente. Nosotros los chiquillos jugbamos a los vaqueros, y jugbamos con admiracin. Entre las chicas se pusieron de moda los gorritos blancos de los marines norteamericanos, sos que parecen una sopera puesta para arriba. Los llevaba todo el mundo. Y el jazz, y el charleston, y los negros, y Josphine Baker en Pars.

Todo ello era una especie de irradiacin tremenda de un pas que acababa de sentirse ganador de una guerra, que acababa de sentir que entraba en el mundo al mismo tiempo que, claro, no entraba, porque, a pesar de que la Sociedad de Naciones fue una inspiracin wilsoniana, norteamericana, luego Estados Unidos se automargin de ella. Pero fue una explosin, una seguridad de que podan hacer lo que queran, porque el mundo era suyo. Y los cronistas de la poca cuentan que, una vez verificada la crisis, si es verdad que hubo algn banquero que se tir por un balcn y se suicid, tambin es verdad que en aquel tiempo hasta los botones de los bancos compraban acciones. Se enteraban de que tal compaa convena, y se compraba y se venda alegremente, creyendo que todo poda ocurrir y que no pasaba nada. Era una crisis de eso, de inconsciencia, de inconsciencia adolescente.

Ahora estamos ante la crisis de un sistema que se siente amenazado. Porque el pas ms fuerte del mundo, el pas que tiene el ejrcito ms poderoso de todos, el pas que se cree el emperador del mundo, tiene miedo. La gente en Estados Unidos tiene miedo. Todo les preocupa. La prueba es que renuncian a la libertad a cambio de que se les prometa seguridad, que adems nadie les garantiza. Estn dispuestos a ceder lo que sea con tal de conseguir seguridad.

Tratar de justificar esta tarde esta visin, porque es la que nos ilustra sobre el fondo profundo de la cuestin. Sobre lo que ha pasado desde 1929 hasta ahora. Casi un siglo, pero un siglo definitivo, un siglo importantsimo. Eso me parece fundamental. Luego podremos entrar en los detalles, pero a m esto me parece que hay que verlo desde esta perspectiva. Si no comprendemos el momento histrico en que se encuentra la parbola de la vida del sistema capitalista occidental no comprenderemos nada. Creeremos que la crisis es algo que se puede arreglar. Y, efectivamente, la crisis se reparar: se le pondrn algunos parches y se arreglarn algunas cosas. Por cierto, noten ustedes con qu facilidad ha surgido dinero de debajo de las piedras, cientos de miles de millones, para ayudar a los bancos culpables del problema. Si se hubiera pedido para curar el SIDA en frica o para educacin no hubiera salido un milln de pesetas ni siquiera con treinta comits internacionales. Eso demuestra en qu situacin del ciclo vital porque las sociedades tienen su ciclo vital, y nacen, crecen y se hunden estamos para comprender la transcendencia de la crisis.

Carlos Taibo. Llevas razn creo, desafortunadamente, en todo lo que has dicho. Si no estoy equivocado, la suma que el gobierno norteamericano ha asignado para rescatar a esas instituciones financieras es el doble de lo que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo se propona recaudar en diez aos para encarar la resolucin de los problemas ms graves en materia de sanidad, educacin, alimentacin y agua. Subrayo: lo que el PNUD se propona recaudar en diez aos.

Creo que tiene sentido que reflexionemos sobre cul es el significado de fondo de las polticas que el gobierno norteamericano y los gobiernos de los Estados miembros de la Unin Europea han desplegado en las ltimas semanas. Alguien podra pensar que esos gobiernos estn preocupados por los empleados de esas instituciones financieras; ms an, por quienes hace aos contrataron esas hipotecas-basura. Me temo que quien as lo haga est muy equivocado. A nuestros gobiernos les preocupa la solvencia de los bancos como empresas, y poco o nada ms. Esto me induce a pensar que una vez que esas instituciones estn saneadas, dentro de dos o tres aos, volvern literalmente a las andadas. Y al respecto me permito proponerles una materia de reflexin que creo que apunta directamente a esa conclusin: no tengo conocimiento de que ni uno solo de los ejecutivos de esas instituciones financieras norteamericanas que han estado al borde de la quiebra haya sido encausado por un juez y corra algn riesgo de acabar en una crcel. Esto, por s solo, es un estmulo poderossimo para que esas gentes vuelvan a hacer exactamente lo que han hecho los ltimos aos.

Slo hay algo me parece que nos reconforta a muchos en el espectculo que hemos tenido la oportunidad de observar las ltimas semanas. Llevbamos aos diciendo que esto iba a suceder. Llevbamos aos subrayando que esta apuesta inmoderada que es la globalizacin capitalista en provecho de la gestacin de un paraso fiscal de escala planetaria que debe permitir que los capitales, y slo los capitales, se muevan a sus anchas en todo el globo, arrinconando a los poderes polticos y desentendindose por completo de cualquier consideracin de cariz humano, social o medioambiental tena por fuerza que conducir a un caos de escala general en el que ahora estamos inmersos de manera visible. Creo que a estas alturas ya no tendremos que soportar que digan lo que han dicho tantos durante tantos aos: que estbamos equivocados y que permanecamos ciegos ante las bondades intrnsecas del modelo del capitalismo global.

Jos Luis Sampedro. Estoy completamente de acuerdo contigo. Por ejemplo, a m se me ocurre que se podra hacer una investigacin sobre algunos, al menos, de los banqueros que han tomado esas decisiones. No dir que los fusilen, verdad, pero, por ejemplo, no estara mal inhabilitarlos durante cinco o diez aos para el ejercicio de cargos. Porque, si no, estos seores se van y dentro de tres aos fundan otro banco. Muchos han perdido dinero, desde luego. Ms bien han dejado de ganarlo. Pero, de todas maneras, cuando quieran, vuelven a lo mismo, como dices t muy bien. El sistema est para eso.

Les voy a contar una ancdota rigurosamente cierta. Cuando en Espaa se implant hace cincuenta aos el plan de estabilizacin algunos lo recordarn, ocurri que en un ao determinado, creo que fue en 1957, baj la renta nacional, esto es, Espaa produjo un poco menos, lo que no impidi que los bancos ganasen un poco ms. Es lo que est pasando ahora: ustedes vern que los bancos, a pesar de la crisis, siguen ganando. Se le hizo entonces una entrevista a un banquero importante en aquellos aos, don Pablo Garnica, que era del Banco Espaol de Crdito, y el periodista le dijo: "Pero bueno, don Pablo, cmo es posible que cuando el pas produce menos los bancos, en cambio, ganen ms?". Don Pablo Garnica, con la verdad ms honesta, respondi candorosamente: "No lo hemos podido evitar". Esto es rigurosamente histrico: "No lo hemos podido evitar".

Por qu no pudieron evitarlo?: porque el sistema est para que gane la banca, como en las ruletas de los casinos. El sistema es para eso. Qu quiere decir capitalismo? Que es del capital: pues que gane el capital. Pero volvamos a lo de la patente de corso de la que disfrutan estos seores, que permitir que no les pase nada. En cambio, si un pobre alcalde, queriendo arreglar algo, se pasa un poco de listo, lo embalan.

Pero tambin yo quiero decir algo de cmo durante aos se han estado metiendo con quienes pensbamos de otra manera. Los neoliberales decan que ramos unos atrasados y que la libertad es la solucin, la libertad del mercado. Bueno, pues no me duelen prendas. Yo publiqu en 2003 ya que tengo el micrfono voy a hacer publicidad un libro que se llama El mercado y la globalizacin, y all est explicado todo eso. Y lo pueden entender hasta los ministros, si hace falta, verdad? Esta clarsimo: el mercado es indispensable, naturalmente, para cualquier civilizacin adelantada, porque tenemos que hacer intercambios y el mercado es un centro de distribucin. Lo que no es de ninguna manera es un repartidor justo de los bienes. Tampoco es un consejero excelente en materia de inversin: no sirve para decirnos en qu debemos meter dinero hoy para producir beneficios dentro de un ao. Porque al mercado lo nico que le interesa es la ganancia. Y se dice: s, pero consigue igualar siempre la oferta y la demanda. Los compradores y los vendedores llega un momento en que se ponen de acuerdo, coinciden en un precio y se ajustan las curvas, como dicen los expertos. S, muy bien, pero a lo mejor se ajustan a un precio tal, como se ha dicho ms de una vez, que los pobres no pueden comprar la leche a ese precio mientras los ricos la pueden comprar tranquilamente para sus gatos, en tanto los otros no la pueden comprar para sus hijos.

De modo que el mercado no puede servir de defensa para nada. Y adems no es la libertad. Hay un economista, Milton Friedman, que recibi el premio Nobel y que public un libro titulado La libertad de elegir. Y la libertad de elegir era el mercado. Bueno: pues vaya usted al mercado sin dinero en el bolsillo y vamos a ver qu elige usted. Esto quiere decir que la libertad la da el dinero que usted lleva, y no el mercado.

De modo que tenemos que defendernos frente a esos neos que lo que hacen es justificar los deseos de los ricos. Otro economista famoso que por cierto muri, como Friedman, en 2006 fue Galbraith, quien explic en uno de sus libros que casi todo lo que han escrito los economistas, la mayora de ellos, en los ltimos decenios escriba esto en la dcada de 1990 ha sido justamente lo que los ricos queran que se dijera, porque les favoreca. Toda la teora de los neoliberales es simplemente esto.

Y termino con unas palabras sobre la libertad, de la mano de otra ancdota. Uso las ancdotas porque ayudan fcilmente a comprender. Siempre hay que preguntar: la libertad, para quin? Porque la libertad no es lo mismo para unos que para otros. Un banquero, otra vez un banquero, norteamericano de principios del siglo XX, el banquero Morgan llam un da al director de su gabinete jurdico y le explic que quera hacer una operacin para quedarse con otro banco, por las buenas o por las malas, y que quera saber qu tena que hacer. El abogado estudi cuidadosamente la cuestin y regres para decirle que las leyes impedan realizar esa operacin. Morgan le respondi fjense en la frase: "Oiga, yo no le pago a usted para que me diga lo que puedo o no puedo hacer. Le pago a usted para que me diga cmo puedo hacer lo que quiero hacer". Se dan cuenta de lo que era la libertad para el seor Morgan? En manos del poderoso, la libertad sirve para hacer lo que le d la gana con los dems. Para poder imponer su voluntad a los dems. Mientras que para el pobre desgraciado la libertad consiste simplemente en que le dejen vivir su propia vida sin reventar a nadie. Es la gran diferencia.

De modo que cuando se habla de libertad conviene recordar que el mercado es libre para el poderoso. Para el que no tiene un duro, no es libre porque no es. Digo esto un poco en desahogo frente a lo que hemos tenido que escuchar de los furibundos, que seguirn pensando lo mismo. Ayer o anteayer apareca en un peridico un artculo de un diputado del Partido Popular por Cantabria que justificaba todava la libertad absoluta del mercado. Porque sin ste deca no se puede vivir. Pues ah tiene usted las consecuencias, aunque seguirn haciendo lo mismo. Lo que justifica la esperanza de personas como t y como yo es que cada vez les ser ms difcil hacerlo, por las razones que has apuntado al principio. Porque existen otras crisis, porque existen otros condicionamientos y porque existe otra situacin internacional. No porque comprendan que no tienen razn y que no deben hacer lo que pueden hacer. No, sino porque no van a poder hacerlo. Sencillamente.

Carlos Taibo. Lo que acabas de decir me sirve para identificar una de las seales ocultas de la crisis a la que creo debemos prestar atencin. Me refiero a la de la crisis como cortina de humo que permite justificar determinado tipo de conductas que en otras condiciones seran bastante ms difciles de defender. En qu estoy pensando?

Tengo la certeza de que muchos empresarios estn aprovechando la crisis para deshacerse de trabajadores que desde tiempo atrs pensaban expulsar hacia sus casas. Aunque a buen seguro que en otros casos no es as, hay quien le saca partido a la crisis. Pongo un segundo ejemplo: en las ltimas semanas han aparecido noticias que sealan, en labios de portavoces de organizaciones internacionales, cmo la primera vctima de la crisis es el cambio climtico o, por decirlo mejor, la lucha contra el cambio climtico. Parece que uno est invitado a concluir que antes de la crisis estaban haciendo algo contra el cambio climtico Lo mismo digo de noticias alarmantes que sugieren que entre nosotros muchos ayuntamientos, para tapar los huecos, estn utilizando los fondos inicialmente previstos para ayuda al desarrollo. Agrego un cuarto, y ltimo, ejemplo: tambin el otro da le en el peridico que un responsable de Naciones Unidas sealaba que la crisis financiera se haba llevado consigo los llamados Objetivos del Milenio. De nuevo era la misma ilusin ptica: los Objetivos del Milenio no nos engaemos estaban muertos mucho antes de la crisis financiera. Que no iban a ser objeto de satisfaccin era una evidencia desde aos atrs. Ahora la crisis viene a servir de cobertura para que los gobiernos no cumplan con las obligaciones que contrajeron en su momento en lo que respecta a la ayuda al desarrollo ms elemental.

Jos Luis Sampedro. Y en lo que respecta a tantas otras cosas. Fjense ustedes que, aunque luego han querido arreglarlo, los empresarios entre nosotros se han apresurado a decir que haba que hacer un parntesis y facilitar los despidos porque eso afirmaban dara la oportunidad para crear nuevos empleos. Eso lo han dicho tranquilamente, aunque luego han querido arreglarlo. Es como el pauelo rojo del prestidigitador; ste lo agita por el aire para que no veamos lo que hace con la otra mano. Sencillamente. Estoy de acuerdo.

Carlos Taibo. Que nadie diga que no proponemos alternativas, que nos quedamos en una crtica impenitente de los sistemas que padecemos. Vamos a ver. Jos Luis Sampedro y yo, hace tres aos, trabajamos en un libro de conversaciones que en ltimo trmino es fundamento de sta que mantenemos hoy. Recuerdo que en una de esas conversaciones Jos Luis asumi un ejercicio de crtica de muchos de los principios de la disciplina en la que ha trabajado siempre: la economa. En un momento determinado se detuvo y me dijo: "Carlos. Esto que estoy diciendo es un rollo. Vamos a suprimirlo del libro. Que en modo alguno se publique". Yo me empe en lo contrario: creo que nuestro primer deber consiste en discutir hipercrticamente los fundamentos materiales de las disciplinas en las que trabajamos. Debo confesar, eso s, que yo no lo hago mucho, tal vez porque la disciplina en la que supuestamente trabajo, la Ciencia Poltica, es tan irrelevante que acaso no merece la pena discutir los presupuestos que maneja.

Pero, y a esto voy, hay un concepto central en la economa que ha acabado por impregnar la visin que el ciudadano tiene de hechos complejos y que estamos obligados a discutir. Me refiero a eso del crecimiento. En la percepcin popular el crecimiento es digmoslo as una bendicin de Dios. All donde hay crecimiento se nos dice hay cohesin social, se preservan servicios pblicos interesantes, el paro no progresa y la igualdad mantiene cotas saludables. Mucho me temo que estamos obligados a discutir, sin embargo, todas estas supersticiones. El crecimiento econmico y esto es el cabo lo que hemos dicho de siempre los crticos de la globalizacin capitalista tiene poco que ver con la cohesin social. Alguien piensa en serio que en China hay hoy mayor cohesin social que veinte aos atrs? El crecimiento econmico se traduce a menudo en agresiones medioambientales tal vez irreversibles, provoca el agotamiento de recursos que ya sabemos no van a estar a disposicin de las generaciones venideras y, ms all de todo esto, propicia lo que Clive Hamilton, un autor que Jos Luis ha ledo, ha dado en llamar creo que con mucho fundamento un "modo de vida esclavo". A qu se refiere Hamilton? A la idea de que seremos ms felices cuantas ms horas trabajemos, ms dinero ganemos y, sobre todo, ms bienes acertemos a consumir.

Este esquema se asienta creo yo en tres pilares que estamos invitados a cuestionar radicalmente. El primero es la publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos, e incluso, y a menudo, lo que objetivamente nos repugna. El segundo se llama, o se llamaba, crdito, que permite obtener los recursos necesarios para adquirir esos bienes aunque a primera vista no dispongamos del dinero. Y el tercero y ltimo asume el nombre de caducidad: bien sabemos que los fabricantes producen bienes que inmediatamente caducan, de tal manera que al poco nos obligan a comprar otros nuevos.

En la literatura sobre el decrecimiento de esto al fin y al cabo estoy hablando hay una ancdota, omnipresente, que voy a intentar rescatar porque creo que da en el clavo de muchas de las miserias de nuestras percepciones. Una de las versiones de esa ancdota se halla ambientada en un pueblo de la costa mexicana. Un paisano est, medio adormecido, junto al mar. Un turista norteamericano se le acerca y entablan conversacin.

El turista le pregunta:

"Y usted, a qu se dedica? En qu trabaja?".

El mexicano responde:

" Soy pescador".

"Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro! Trabajar usted muchas horas".

"S, muchas horas", replica el mexicano.

"Cuntas horas trabaja usted al da?".

"Bueno, trabajo tres o cuatro horitas".

"Pues no me parece que sean muchas. Y qu hace usted el resto del tiempo?".

"Vaya. Me levanto tarde. Trabajo tres o cuatro horitas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo con los amigos a tomar unas cervezas y a tocar la guitarra".

El turista norteamericano reacciona inmediatamente de forma airada y responde:

"Pero hombre, cmo es usted as?".

"Qu quiere decir?".

"Por qu no trabaja usted ms horas?".

"Y para qu?", responde el mexicano.

"Porque as al cabo de un par de aos podra comprar un barco ms grande".

"Y para qu?".

"Porque un tiempo despus podra montar una factora en este pueblo".

"Y para qu?".

"Porque luego podra abrir una oficina en el distrito federal".

"Y para qu?".

"Porque ms adelante montara delegaciones en Estados Unidos y en Europa".

"Y para qu?".

"Porque las acciones de su empresa cotizaran en bolsa y usted se hara inmensamente rico".

"Y para qu?".

"Pues para poder jubilarse tranquilamente, venir aqu, levantarse tarde, jugar un rato con sus nietos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomarse unas cervezas y a tocar la guitarra con los amigos".

Jos Luis Sampedro. Como soy ms viejo puedo decirte que eso est contado por John dos Passos en Rocinante vuelve al camino. Es exactamente la misma historia con unos arrieros que van con unos mulos por la provincia de Granada. Quiero sumarme a la defensa del decrecimiento. La idea misma de desarrollo econmico es una degeneracin que forma parte del ciclo vital de Occidente. La degeneracin de las ilusiones de la razn a partir de los siglos XV y XVI, que es cuando nace Europa. Si en el siglo XV estn los humanistas no voy a hablar ahora de ello, el siglo XVI es el de la razn y el XVIII es el de las Luces y la Ilustracin. En el XIX de lo que se habla es de progreso, palabra que tiene un sentido ms material que el mundo de la Ilustracin y las Luces. Pero eso del desarrollo se refiere casi exclusivamente a la economa. El progreso es un visin que apunta al perfeccionamiento general del ser humano: progreso es mucho ms que crecimiento. Mientras el progreso es ms conocimiento, ms sensibilidad, ms arte, ms ciencia, el desarrollo se acaba quedando en puro desarrollo econmico. Por qu? Porque es lo que interesa en una civilizacin cuyo Dios es el dinero y que ha hecho como deca Marx, y en eso tena razn de todo una mercanca. Y eso nos lleva a poner de manifiesto que efectivamente el proceso actual consiste en tratar de conseguir ms y ms de la productividad, todo esto que ha citado Carlos.

Aunque ahora la palabra innovacin es casi ms importante que la palabra desarrollo. Se habla de innovacin como si fuese un gran descubrimiento que nos lo va a resolver todo. Pero no se cae en la cuenta de que la innovacin tiene varios filos: hay una innovacin productiva y una innovacin de conocimiento de una nueva medicina, de un nuevo material, pero hay otra innovacin meramente comercial que consiste en cambiar la etiquetita del envase y hacer que el telfono mvil de hoy tenga un botn ms de tal forma que el de ayer quede anticuado. Lo que se trata es de halagar nuestro status social: si yo llego a la oficina con el mvil del ao pasado, no soy igual a quienes llegan con el mvil de ahora, que mira que botoncito tiene, se aprieta y toca La Marsellesa. Se inventan estos trucos. Se hace en el mercado con todo, con los alimentos, se cambia el envase, se le aade una cosita, se dice "Ahora con Pitifax salen los pelos en la calva". Pero esa innovacin no tiene ningn inters tcnico, ningn inters productivo: slo responde al inters de la ganancia. Y el mercado se vale de las tcnicas del propio mercado, y de la psicologa, y sobre todo de la sensacin de identidad que permite recordar que uno pertenece al grupo de los ms avanzados, que uno tiene el automvil que tienen los dems en la oficina

Todo eso se explota como has dicho muy bien para hacernos comprar lo que sea. Y todo eso conduce a un despilfarro tremendo, a una acumulacin de basura. Dice mucho de nuestra civilizacin que la basura de Npoles haya que mandarla en trenes a Suiza. Ya est bien! Imagnate lo que es un tren cargado de basura recorriendo un pas tan hermoso como Italia, pasando por Florencia, pasando por Turn, con su basura. No saben ni siquiera estropear la basura! Es monstruoso. Y resulta que efectivamente nos obligan a todos estos despilfarros. Lo que acaba ocurriendo es que vuelvo a lo mismo esto no se corregir por voluntad de los dirigentes, ni porque razonen ni porque caigan en la cuenta de que esto no se puede hacer. Ocurrir porque se har evidente que no se puede seguir as.

Por cierto, voy a hacer un parntesis: la ayuda al desarrollo en la forma en que la entendemos hoy empieza en enero de 1949 en el discurso que pronuncia el presidente norteamericano Truman en su toma de posesin. En un punto del discurso que se hizo famoso como el punto cuarto yo estaba ya trabajando como economista y me llam la atencin, como a todo el mundo, Truman advirti que se iba a desplegar un nuevo gran programa para ayudar a los pases en desarrollo. Qu haba detrs? Detrs se hallaba Estados Unidos, que acababa de ganar la guerra, que prcticamente no tena colonias en el mundo y que estaba pensando ya en perfilar las propias. Con el pretexto de las ayudas y de la intervencin se trataba de ir preparando un mundo colonial como el que tena Europa. Luego vino la descolonizacin y las cosas cambiaron, pero en origen el proyecto era claramente colonialista.

Bueno, pues bien, y con esto termino: es imposible seguir haciendo lo que hemos venido haciendo hasta ahora a costa de destrucciones irreversibles. Algunos de los ltimos estudios que he ledo sobre esto afirman que para dar a toda la humanidad el nivel de vida de Gran Bretaa haran falta tres planetas Tierra. Porque el planeta Tierra ya no tiene capacidad para regenerar lo que destruimos cada ao. Todava en los aos ochenta o noventa se poda contar con que haba una regeneracin suficiente. Ahora ya no la hay, porque estamos destrozando la casa en que vivimos. sta es la situacin, aunque no les interese verla porque siguen ganando a corto plazo. Bueno, pero no es posible continuar.

Y son necesarias dos cosas. La una me apunto claramente es el decrecimiento, que implica tener sentido de la medida, que es algo de lo que esta cultura nuestra carece; los griegos s que lo tenan y contaban con una diosa contra la desmesura, Nmesis. La otra es la redistribucin, porque pensar que con la ayuda al desarrollo que se da ahora, muy inferior como acabas de citar al dinero que se entrega para sostener los bancos en Estados Unidos, se va a llevar a los pueblos pobres al nivel de los ricos es una ilusin, que no sirve ms que para calmar conciencias de los ricos y para dar alguna esperanza a algunos pobres ingenuos. Es completamente ilusorio. Si no hay detencin del crecimiento y redistribucin no se podr continuar.

Carlos Taibo. Me importa mucho subrayar algo que acabas de decir, Jos Luis. Admito de buen grado que la gente se muestre reticente a aceptar un proyecto de reduccin de la produccin y del consumo. Pero es que no nos queda otro remedio. El concepto principal que se invoca al respecto es, como sabes, el de huella ecolgica. La huella ecolgica mide la superficie del planeta, terrestre como martima, que precisamos para mantener las actividades econmicas hoy existentes. Todos los estudios concluyen que hemos dejado atrs con creces lo que el planeta nos ofrece. Qu significa esto? Que estamos chupando recursos que no van a estar a disposicin de las generaciones venideras, y esto es extremadamente grave.

Qu es lo que los tericos del decrecimiento proponen como alternativa al respecto? Por cierto, sugerencia de lectura: el libro de Serge Latouche, La apuesta por el decrecimiento, publicado por Icaria en Barcelona, me parece que refleja con mucha crudeza y mucho rigor el argumento de respuesta. Los defensores del crecimiento reivindican el ocio creativo frente al trabajo obsesivo, el reparto del trabajo frente a la lgica de la propiedad y de la competicin, el valor de lo local frente a lo global y la reduccin del tamao de las infraestructuras productivas y administrativas, as como de los medios de transporte. Pero por encima de todo reclaman la sobriedad y la simplicidad voluntarias. De Samuel Beckett, el autor de Esperando a Godot, dijo Terry Eagleton, un pensador ingls, algo muy sugerente que bueno sera de aplicacin a todos nosotros: "Comprendi que el realismo sobrio y cargado de pesadumbre sirve a la causa de la emancipacin humana ms lealmente que la utopa cargada de ilusin".

Pero quiero agregar algo ms. Alguien podra afirmar que este tipo de valores que acabo de invocar est fuera del mundo, que aqullos no forman parte de nuestras realidades cotidianas ni la han formado nunca. Mentira. Me permitirn que subraye que al menos en tres mbitos diferentes han estado, o estn, muy vivos. El primero es el de la familia: en la familia no impera la lgica del trabajo asalariado, de la mercanca y del beneficio; lo que impera es la lgica del don y de la reciprocidad. Estos neoliberales que en lo que hace al funcionamiento de sus negocios defienden la mano invisible del mercado, a buen seguro que se cuidan de aplicar las mismas normas en el interior de sus familias. En segundo lugar, esos valores han estado claramente presentes en muchas de las tradiciones del movimiento obrero de siempre. Es verdad que su influencia ha sido mucho ms consistente, con todo, en el caso de la tradicin libertaria, de la tradicin anarquista, que en el de otras. Me permito agregar, en fin, que por fortuna muchos pueblos del Tercer Mundo nos dan lecciones al respecto. Latouche sostiene que debemos revisar nuestro empeo que nos aconseja ayudar a los africanos: antes bien deberamos dejarnos ayudar por stos, que en condiciones de extrema precariedad a menudo han sido capaces de resolver la mayora de sus problemas a travs de procedimientos solidarios y altruistas.

Me permitiris que de nuevo rescate un par de ejemplos de lo que quiero decir. Hace varios siglos los campesinos en la Europa mediterrnea solan plantar higueras y olivos de los que saban no iban a disfrutar sus hijos, sus nietos ni sus biznietos: estaban pensando con claridad en las generaciones venideras, algo que, por desgracia, no est ahora en nuestro horizonte mental. Vaya el segundo ejemplo. Cuenta la leyenda que hace unos aos un grupo de misioneros se adentr en la Amazonia brasilea y se top con un grupo de indios que haca uso de instrumentos extremadamente primitivos para cortar lea. Los misioneros decidieron hacer un esfuerzo y regalar a aquellos indios unos cuchillos de acero inoxidable de fabricacin norteamericana. Un par de aos despus recalaron de nuevo por aquella regin y se entrevistaron con los indios. Uno de los misioneros pregunt:

"Que tal los cuchillos?".

Y uno de los indios respondi inmediatamente:

"Muy bien. Cortamos ahora la lea diez veces ms rpido que antes".

El misionero replic:

" Estaris entonces produciendo diez veces ms lea que antes".

EL indio respondi perplejo:

" No. Cortamos la misma cantidad de lea que antes, slo que ahora disfrutamos de diez veces ms tiempo para hacer aquello que realmente nos gusta".

Me temo que, de nuevo, este esquema mental no forma parte de nuestra percepcin de los hechos econmicos y sociales ms elementales.

Jos Luis Sampedro. Quiero corroborar todo esto con otros ejemplos. Una vez tuve ocasin de acudir a una reunin a la que asisti Miguel de la Cuadra Salcedo, un hombre ustedes lo saben que ha viajado por todas partes. Un personaje muy interesante. Entre otras cosas le pregunt cules eran los pueblos ms felices de cuantos haba visto por el mundo. Me dio dos nombres que a m no se me hubieran ocurrido jams: uno, los beduinos del desierto de Arabia; otro, los esquimales de Groenlandia. Pensar que en dos climas tan difciles como el desierto rabe y el de quienes viven en casas de hielo con pieles, como lo hacen los esquimales, haya podido haber felicidad! Pues la hay.

En otra ocasin le un estudio de un antroplogo que trabaj con los bosquimanos en el sur de frica. Por cierto: creo que el progreso los ha echado de su territorio. Deca que se hallaban entre las gentes ms felices del mundo y que, como t cuentas, con un poco de trabajo y de recoleccin de frutos vivan tranquilamente y no queran nada ms. Hay culturas enteras cuyo objetivo principal no es el beneficio econmico. Su objetivo principal no es apoderarse de las riquezas naturales, destruirlas y estropearlas, sino todo lo contrario: armonizarse con ellas. Pensamientos como el budismo o el taosmo nos llevan a solidarizarnos con el mundo exterior, a vivir en armona con lo que nos rodea y a aprovecharlo, pero a aprovecharlo con sensatez. No con despilfarro ni con destruccin ciega y loca.

Como dices t muy bien, lo que se trata es de dedicar menos tiempo, si se tiene una innovacin productiva, a conseguir lo que necesitamos y ms a aquello que nos gusta hacer. Es un cambio necesario en las mentalidades que, claro, nos lleva a otro problema: la educacin. El problema es que la mayora de los educadores conciben hoy la investigacin y el desarrollo en sentido material, en sentido fsico, qumico, mecnico, biolgico, pero no en el sentido de actitud del ser humano frente a otros seres humanos y frente al mundo.

Carlos Taibo. La renta per cpita en Estados Unidos es hoy ms de tres veces superior a la que se registraba al terminar la segunda guerra mundial. Y, sin embargo, todos los estudios invitan a concluir que el porcentaje de ciudadanos norteamericanos que se declaran infelices es cada ves ms alto. Un estudio realizado en 2005 conclua que un 49% de los estadounidenses confesaba ser cada vez ms infeliz frente a un 26% que declaraba lo contrario. Estos datos creo que ratifican de manera cabal lo que acabas de decir, Jos Luis.

Tengo la impresin, de todas maneras, de que esta gente que est aqu con nosotros, escuchndonos, echa de menos que le metamos un poco de caa al gobierno espaol, porque me parece que hasta ahora no lo hemos hecho de manera expresa. Me vis a permitir que intente proponeros tres ejemplos de cmo nuestros gobernantes, con toda evidencia, no estn a la altura de las circunstancias. Primero de ellos: otra de las vctimas de la crisis financiera es la posibilidad de encarar ese riesgo de hambruna global del que hablamos tanto antes del verano. Ahora ya nadie habla de esto, como si el problema hubiese quedado resuelto. La estrategia argumental de nuestro Gobierno es al respecto muy curiosa, por cuanto parece apuntar que todas las explicaciones de esa hambruna remiten a factores que escapan a nuestro control. Se dice, por ejemplo, que ha crecido la demanda de alimentos en la India y en China, que se han acrecentado los precios del petrleo y los costos de transporte, con lo cual se ha encarecido tambin el precio de esos alimentos, o que la irrupcin fulgurante de los agrocarburantes ha venido a alterar muchos de los equilibrios naturales en las economas de los pases pobres. Aunque a buen seguro que todo esto es verdad, hay un elemento fundamental que rara vez se invoca: los intereses especulativos, la usura, de las grandes empresas transnacionales de la alimentacin, que despus de trabajar durante dcadas para acabar con las agriculturas de subsistencia en el Tercer Mundo, hoy, de la mano del monocultivo, se permiten especular con los precios. Cul ha sido la respuesta de nuestro Gobierno ante esto? Si lo he entendido bien, ha consistido en acrecentar de manera sensible el volumen de dinero que se entrega a los pases pobres para que adquieran alimentos en los mercados internacionales. Alguien dir: y esto te parece mal? Me parece muy mal. Porque esta operacin no hace otra cosa que mover el carro de los intereses especulativos de esas empresas: se entrega dinero a los pobres sin ningn deseo de que esas empresas dejen de practicar la usura. Qu es preciso para que un gobierno intervenga un mercado? No es suficiente la certificacin de que en este caso lo que est en peligro son las vidas de decenas de millones de seres humanos? Al parecer, este ltimo no es argumento suficiente.

Segundo ejemplo. El ministro de Industria, el seor Sebastin, anunci antes del verano una reduccin de un 10% en el consumo energtico de la maquinaria poltico-administrativa que dirige. Bien est, dir alguien. Y, sin embargo, tenemos derecho a preguntarnos por qu el ministro de Industria no le dice a sus conciudadanos que tambin ellos deben reducir sensiblemente el consumo de energa. La respuesta es sencilla de hilvanar: porque eso implicara entrar en colisin con los intereses de las empresas elctricas. Fjense que los ltimos aos slo en un mbito se han registrado recomendaciones de las administraciones pblicas para que reduzcamos el consumo: el mbito del agua. A duras penas puede ser casualidad que hasta ahora, y toquemos madera, la del agua sea una economa fundamentalmente pblica. De un tiempo a esta parte un puado de organizaciones no gubernamentales ha desplegado una campaa que bien la conoceris nos invita a reducir a la nada nuestro consumo de electricidad durante diez minutos de una tarde. El ao pasado, con coraje innegable, la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, decidi apoyar simblicamente esa campaa. Al da siguiente tuvimos que engullir las declaraciones miserables de los responsables de las empresas elctricas que protestaban ante lo que entendan que era una intromisin del poder poltico en la lgica de la libre competencia. Nuestros gobernantes digmoslo con claridad no estn dispuestos, ni siquiera en provecho del bien comn, a contestar los intereses de las empresas privadas.

Pongo un tercer ejemplo. El propio Sebastin anunci antes del verano una campaa en virtud de la cual el Estado iba a subvencionar la adquisicin de automviles nuevos menos contaminantes si los viejos propietarios de automviles con ms de quince aos de antigedad prescindan de ellos. Hay muchos motivos para recelar de que esos nuevos coches sean realmente menos contaminantes. Quienes saben de estas cosas dicen que contaminan menos por el tubo de escape pero mucho ms a travs del aire acondicionado o de la calefaccin que llevan. Al margen de esto, la fabricacin de estos automviles es ecolgicamente mucho ms daina que la de los viejos. Y, sin embargo, yo quiero preguntarme cundo nuestros gobernantes exhortarn a sus conciudadanos a dejar de comprar automviles, que es literalmente lo que tienen que hacer. Cundo decidirn enfrentarse de una vez por todas, una vez ms, a los intereses de las empresas privadas.

Jos Luis Sampedro. Pues me temo que la cosa va para rato. Porque eso es consustancial al sistema, y no lo pueden remediar, no lo pueden evitar. Como dijo don Pablo Garnica, el sistema est para que ganen los que tienen que ganar. Y los que tenemos que perder, tenemos que perder. Y para conseguir eso se construye una ideologa econmica adecuada, que es la neoliberal, se establecen las leyes apropiadas, se busca que el mercado encubra lo que se hace o se despliegan estos artilugios que ha mencionado Carlos. Se hace lo que sea necesario.

Mi esperanza es que les sea cada vez ms difcil hacerlo. Porque los abusos del sistema capitalista estn entrando en la categora de abusos contra la civilizacin. Esto para m es muy importante aunque parezca que nos aleja de la discusin sobre la crisis. La crisis es otra manifestacin de lo mismo. Llevo un tiempo diciendo que estamos viviendo una poca comparable, salvando las distancias, y entre ellas las tecnolgicas, con el caso del desmoronamiento de la civilizacin romana y de la barbarie que sigui despus. Para m las cmaras de aniquilacin de Hitler y las ejecuciones promovidas por Stalin para que no se diga que uno es partidario de unos u otros son casos de barbarie. Pero la invasin de Iraq por el seor Bush es tambin un caso de barbarie. La idea de los ataques preventivos supone volver a la ley de la selva: el ataque preventivo es un ataque sin ms justificacin que la de hacer ms dao si se ataca el primero. Esto slo lo puede hacer el ms fuerte, porque si el ms dbil ataca primero, lo machacan. La ley del ataque preventivo es, sin ms, la ley del ms fuerte. Tambin es barbarie que unos agentes de un determinado pas secuestren a personas en cualquier sitio del mundo, las lleven como sea, las torturen como sea, las encierren en Guantnamo y todo lo dems.

Inmediatamente me dirn que soy visceralmente antinorteamericano. No es verdad: opino lo mismo que casi la mitad de los estadounidenses, esto es, los que no votaron a Bush en su momento. Lo que soy es anti-Bush, pero no antinorteamericano. Lo que ocurre es que estamos en una situacin que est atacando los principios bsicos que fueron de esta civilizacin. La misma idea de la familia, la de la familia tradicional, est desmontada. Aunque en ciertos aspectos me parece bien, en otros no me lo parece. Usamos las mismas palabras, pero las palabras han cambiado de contenido. No me digan a m que la religin espaola de hoy es la misma que la de hace cincuenta aos. Porque he vivido la de hace cincuenta aos. Entonces llegaba la Semana Santa, y haba que ver lo que pasaba en las calles: no se poda circular, no se poda salir, no se poda cantar. Los peridicos publicaban anuncios sobre las iglesias en las cuales predicaba el fraile tal o el fraile cual. Yo oa a mis tas que decan: "Vamos a escuchar al padre Merino, que va a hablar de las llagas de Cristo". Esto no tiene sentido hoy. Hoy llega la Semana Santa y la gente se va a Benidorm. El sistema seguir nominalmente funcionando, pero los valores tradicionales quedarn socavados y eso significa la barbarie.

Luego dirn ustedes que soy pesimista. Pero soy optimista, porque tengo tan mala opinin del sistema en que vivimos que estoy deseando que se desmorone y que desescombren el solar y construyan otra cosa. Porque esto verdaderamente va contra la dignidad humana, que es un valor supremo. De modo que soy optimista. Espero que esto se vaya al garete yo no lo ver , pero ustedes disfrutarn del espectculo. Ser incmodo, pero disfrutarn del espectculo. Y vendr otra cosa. Cul? No lo s. En el feudalismo a nadie se le ocurra que iba a llegar el capitalismo, pero aquello se hunda. De modo que en esta situacin estamos y dentro de eso se inserta la crisis. Porque la crisis, como he dicho al principio, es la crisis de la vejez, la crisis del miedo, la crisis que nace del objetivo de hacer fortunas para defenderse como sea. sta es la situacin en mi opinin.

Carlos Taibo. Jos Luis acaba de plantear eso de "vendr otra cosa", que me ha trado a la memoria unas viejas vietas de La codorniz. En la primera apareca un dirigente poltico que, desde un estrado, hablaba a las masas y les deca: "Qu prefers? El caos o nosotros?". En la segunda vieta se vea que las masas respondan al unsono: "El caos, el caos!". Y en la ltima reapareca el dirigente poltico que replicaba: "Pues os jodis, porque el caos somos nosotros".

Algo de lo que acaba de decir Jos Luis creo que es muy importante rescatarlo. Yo lo cuento as: los habitantes de los pases ricos, de los pases del Norte desarrollado, somos profundamente insolidarios. Hemos escuchado un milln de veces que cada da mueren entre cuarenta mil y cincuenta mil seres humanos de resultas del hambre o de enfermedades provocadas por el hambre. Y esto no provoca entre nosotros ningn cambio fcilmente perceptible. En el mejor de los casos reaccionamos ante el impacto emocional de las imgenes de un tsunami como el registrado en el sudeste asitico en diciembre de 2004. Por qu? Entre otras muchas razones por una: porque la mayora de los problemas ms lacerantes que se revelan en el planeta se producen a muchos millares de kilmetros de distancia de nuestras ciudades y pueblos. Tengo sin embargo la certeza de que en un perodo de tiempo extremadamente breve van a llegar hasta nosotros dos procesos que antes mencion el cambio climtico y el encarecimiento en los precios de las materias primas energticas que, stos s, nos van a tocar materialmente a nosotros. Y nos van a obligar a repensar crticamente muchos de los cimientos de nuestras sociedades.

De aqu pueden derivarse dos horizontes distintos. El primero, a mi entender, es una edad de oro para los movimientos de contestacin del sistema, que van a ver cmo muchos de los mensajes, aparentemente radicales, que manejaban desde tiempo atrs por ejemplo, el relativo al decrecimiento, van a encontrar adhesiones mucho ms amplias. El segundo de los horizontes es, claro, mucho menos halageo. Hace unos aos se tradujo al castellano un libro de un periodista alemn llamado Carl Amery. El libro se titula Auschwitz. Comienza el siglo XXI?. Qu es lo que nos dice Amery? Lo que seala es que estaramos muy equivocados si concluysemos que las polticas que abrazaron, ochenta aos atrs, los nazis alemanes remiten a un momento histrico coyuntural y, por ello, literalmente irrepetible. Antes bien, Amery sugiere que debemos examinar con detalle el sentido preciso de esas polticas porque bien pueden reaparecer entre nosotros, no defendidas por marginales grupos neonazis, sino alentadas por algunos de los principales centros de poder poltico y econmico. Estos ltimos, claramente conscientes de la escasez que se avecina, se mostraran firmemente decididos a defender una suerte de darwinismo social militarizado encaminado a preservar para una estricta minora los limitados recursos que se hallan a nuestra disposicin.

Me temo que debemos considerar seriamente este horizonte de barbarie e interpretar que se equivocan los muchos futurlogos que, a la hora de imaginar escenarios delicados, los consideran siempre derivados de amenazas como la que supone Al Qaida. Intuyo que es mucho ms amenazante para el futuro el conjunto de polticas que despliega ese ciudadano norteamericano al que acaba de referirse Jos Luis Sampedro.

Jos Luis Sampedro . A quin me he referido yo?

Carlos Taibo. A John dos Passos, no?

Jos Luis Sampedro. Ah, s! A Dos Passos. Lo del caos me trae a la memoria una ancdota, muy grfica tambin, que demuestra por qu mi esperanza es la barbarie. La ancdota nos habla de un jovenzuelo que empezaba a tener ideas propias. Su padre, que era un conservador consciente, le dijo: " Hijo. No te das cuenta de que el comunismo entonces se hablaba del comunismo es la explotacin del hombre por el hombre?". "S" le respondi el hijo, "pero lo otro es lo mismo slo que al revs". Es lo mismo slo que dndole la vuelta a la frase.

Es muy difcil hacer pronsticos. Un problema importante es el que se deriva del hecho de que ahora estn emergiendo dos reas culturales muy distintas de la nuestra por su origen y por los milenios que ha durado su personalidad. Hablo de la India y de China. Qu es lo que pasa? Es difcil esperar yo no lo espero que valores como los del taosmo y el budismo influyan profundamente en nosotros. Lo que ocurre es que la civilizacin occidental tiene una tcnica y una capacidad de produccin que por fuerza han de ser muy sugestivas para masas hambrientas. La ruptura en la sociedad china por las diferencias entre el campo y la ciudad, por ejemplo, hace que esos dos centros sean muy permeables; de hecho esos dos centros se estn capitalizando, antes que descapitalizando.

De todas maneras, a m me parece que hay un sector de nuestra cultura, que, ste s, es extremadamente dinmico. Hablo del sector cientfico. La ciencia est adelantando prodigiosamente cada da, de manera admirable. Lo que pasa es que nuestro pensamiento, nuestra cultura, nuestra civilizacin, no est a la altura de los instrumentos tcnicos y cientficos de que dispone. No sabemos administrarlos: por eso protagonizamos el disparate del despilfarro, de la destruccin, y somos incapaces de hacer lo que hacan aqullos cortadores de lea de la ancdota que ha retratado Carlos. Tenemos unos medios extraordinarios pero slo los utilizamos para destrozar cada vez ms, y no para tocar el violn un rato todas las tardes. Esto ltimo implicara unas actitudes y una formacin cultural completamente distintas de aquellas con las que contamos y completamente distintas de las que proporciona la educacin que nos imprimen.

Porque se nos educa para ser consumidores y productores, productores y consumidores, y ms bien borregos que ciudadanos. La educacin para la ciudadana no interesa: lo que interesan son la fidelidad y la borreguez. Para que seamos slo productores y consumidores. Y entonces, y claro, mientras la ciencia avanza a esa velocidad, no lo hace el nivel cultural, ya no en el sentido del conocimiento de muchas cosas, sino en el del conocimiento de las cosas importantes, el sentido de la vida, de los valores vitales frente a los valores econmicos y productivos. Mientras todo eso no est a la altura de la evolucin de la ciencia, sta seguir poniendo armas en manos de los destructores. Por eso me felicito de la barbarie contra los destructores.

Pero a m me parece y voy a hacer una fantasa que estamos quiz ante un momento que va a significar una nueva metamorfosis del ser humano, como la de los insectos. La primera gran metamorfosis del ser humano fue cuando adquiri la palabra. Entonces, cuando el simio, el prehombre, adquiri la palabra, se transform profundamente, se convirti en ser humano y accedi a la cultura. Me pregunto a veces si, combinados, ciertos progresos cientficos en la neurobiologa, en la nanotecnologa, en la informtica no podrn operar una transformacin profunda del hombre. Con la cultura y la palabra el hombre cre un mundo que no es natural, que es creacin humana, aunque utilice elementos naturales. Transform el mundo natural en un mundo, adems, cultural. Me pregunto si, por ejemplo, instalando chips, algo que ya se hace, en los miembros humanos o mandando ondas cerebrales a los chips instalados podemos acabar en una cultura en la cual lo que se ha transformado no es el mundo, sino el hombre mismo, cambiado profundamente de resultas de la aplicacin de la tcnica. Pero esto es ya fantasa y no s si es el momento de engaarme.



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