Los datos, sin embargo, no confirman esta lectura optimista de la realidad económica en la Unión Europea. La Organización Internacional del Trabajo (The International Labor Organization, ILO) acaba de publicar un informe en el que analiza cómo los países están estimulando sus economías a partir de nuevas intervenciones públicas. Una de ellas es en ayudas a los bancos con el objetivo de resolver el problema de escasez de crédito. Sorprenderá al lector saber que muchos de los países de la Unión Europea (incluyendo España) se gastan, en términos proporcionales, cantidades mayores en ayudar a la banca que EEUU (Alemania se gasta el equivalente a un 19,8% de su PIB en tal capítulo; Francia un 19%; Gran Bretaña un 28,6% y España un 14,3%, cantidades mayores que lo que se gasta EEUU, donde tales ayudas representan el 5,1% del PIB).
De estos datos podría deducirse que la banca tiene incluso más
influencia política en la UE que en EEUU, lo cual aparece también en
otros dos indicadores: los intereses bancarios son seis veces más altos
en la UE (1,5%) que en EEUU (0,25%), y un objetivo prioritario del
Banco Central Estadounidense (el Federal Reserve Board) es el de
estimular la economía y crear empleo, en contraste con el objetivo
prioritario del Banco Central Europeo, que es controlar la inflación.
El informe ILO señala que otra manera de estimular la economía es
mediante la reducción de impuestos o la transferencia de fondos
públicos a la ciudadanía. La primera de estas medidas es preferida, en
general, por los partidos de sensibilidad liberal, y tiene un impacto
estimulante menor, pues la gran mayoría de la población (que está
profundamente endeudada) utiliza estos fondos más para pagar sus deudas
que para consumir y así estimular la demanda, la cual está muy reducida
como consecuencia del descenso de la masa salarial en la mayoría de los
países ricos (OCDE).
En realidad, una de las medidas más potentes para estimular la
economía es aumentar los salarios. Ya el presidente Roosevelt aprobó la
Wagner Act (que estableció los sindicatos en EEUU) a fin de facilitar
el incremento salarial que su Administración consideró como un
requisito para salir de la Gran Depresión. Siguiendo la misma lógica,
el presidente Obama apoya ahora una nueva ley propuesta por los
sindicatos estadounidenses que les reforzaría en su petición de
incrementar los salarios. En la Unión Europea, por el contrario, la
propuesta más común de los estados miembros de la UE (hoy gobernada en
su mayoría por partidos conservadores y liberales) ha sido la de pedir
la congelación salarial.
Además de tales medidas, ILO analiza las intervenciones públicas de
creación de empleo público y/o privado mediante la inversión en
infraestructura física y productiva y en servicios del Estado del
bienestar –no sólo en educación, sino también en sanidad, servicios
sociales y otros–, que aumentan la protección y cohesión social (y la
productividad, punto que ha escapado hasta ahora a los economistas del
Gobierno español). Según el informe ILO, la inversión que estimula la
creación de empleo a base de aumentar tal tipo de inversión es menor en
los países de la Unión Europea que en EEUU. Alemania ha invertido un
2,8% de su PIB en tal tipo de inversiones; Francia un 1,1%; Gran
Bretaña un 1,3% y España sólo un 0,8%. En EEUU el gasto hecho y
propuesto es mucho mayor: un 5,6% del PIB. Este tipo de estímulo es el
más efectivo para crear empleo. Esta medida, junto con la ayuda a las
empresas (como las automovilísticas y las de energías renovables), son
aportaciones más bajas en la UE que en EEUU.
Esta desagregación de los distintos componentes del llamado estímulo económico es importante para no mezclar peras con manzanas y venderlas todas como si fueran nueces. Como bien dijo Poul Nyrup Rasmussen, presidente del Partido Socialista Europeo, en su crítica a Barroso, “la Unión Europea, bajo el dominio de fuerzas conservadoras y liberales, no se gasta, frente a la crisis, un 3,3% para crear empleo. Sólo un 1,1%”.
El consenso de Bruselas, que es la versión europea del consenso liberal de Washington, ha seguido unas políticas de freno del gasto público con disminución de impuestos y limitaciones en el tamaño del déficit fiscal del Estado, que han sido responsables de que el desempleo en Europa (que había sido más bajo que en EEUU desde la II Guerra Mundial) incrementara (siendo hoy mayor que en EEUU) a partir del desarrollo de tales políticas que ahora obstaculizan la resolución de la crisis.
En EEUU, el consenso de Washington se ha debilitado con las políticas domésticas de la nueva Administración que, aún siendo insuficientes e incluso erróneas en algunas áreas (como en las ayudas a la banca), significan un paso progresista importante. La Unión Europea debería distanciarse también del consenso de Bruselas, que todavía domina las políticas económicas de nuestro continente.
Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra