Portada :: Amrica Latina y Caribe :: V Cumbre de las Amercas. Puerto Espaa 16-19 abril 2009
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2009

El patio trasero de EE.UU. y la Cumbre de las Amricas
Qu puede hacer Obama en Latinoamrica?

Greg Grandin
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens



Introduccin del editor de Tom Dispatch

 

Al abandonar la neblina londinenses hacia las apacibles brisas del Caribe, Barack Obama contina esta semana los esfuerzos de su gobierno por pulsar el botn reset de las relaciones exteriores de EE.UU. El viernes, asistir a la Cumbre de las Amricas en Port-of-Spain, capital de Trinidad y Tobago. Hace ms de cinco siglos, esa nacin archipilago fue una de las primeras paradas de Cristbal Coln. Se puede decir con confianza que, como en Londres y Pars, Obama ser saludado con fervor.

 
 
 

Despus de ocho desastrosos aos de George W. Bush, los latinoamericanos estn dispuestos a dar un profundo suspiro de alivio. El nuevo presidente de EE.UU. es muy popular. Incluso Fidel Castro pregunt a una delegacin visitante de la Asamblea Partidista Negra del Congreso cmo podra ayudar al presidente Obama a que tenga xito aunque Cuba es la nica nacin americana excluida de la reunin.

 
 
 

Hay que prestar atencin a cmo las nuevas polticas de Obama comienzan a mostrarse en Latinoamrica, ya que como el historiador Greg Grandin ha escrito en su excelente libro Empire's Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism los gobiernos anteriores han regularmente ensayado sus futuras polticas globales en nuestro patio trasero. (En junio aparece, a propsito, el ltimo libro de Grandin: Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City, una profunda inmersin en otro experimento estadounidense acosado por su arrogancia en Latinoamrica.) La historia no es exactamente uno de los lados fuertes de EE.UU., pero comprender el pasado es un gran instrumento poco utilizado cuando se trata de comprender hacia dnde podramos dirigirnos. Ningn autor en este sitio lo hace mejor que el colaborador regular de TomDispatch, Grandin. De modo que preparaos para emprender un notable tour de nuestro pasado al sur de la frontera, todo al servicio de la iluminacin de nuestro futuro controversial y potencialmente desestabilizante. Tom

 

El patio trasero de EE.UU. y la Cumbre de las Amricas

Qu puede hacer Obama en Latinoamrica?

Y si acaso Barack Obama hubiera elegido a Katrina vanden Heuvel de Nation o a Amy Goodman presentadora de Democracy Now! para que lo asesoraran en la prxima Cumbre de las Amricas en Trinidad y Tobado durante esta semana? Es poco probable, por decir lo menos, pero hace 75 aos el presidente Franklin Delano Roosevelt hizo algo parecido, al aprovechar a un ex editor de The Nation y crtico acerbo del militarismo de EE.UU. para que asesorara a su gobierno respecto a la poltica latinoamericana. Como resultado consideradlo vuestro curioso, pero poco conocido, hecho del da el antiimperialismo salv al imperio estadounidense.

Roosevelt asumi el poder en 1933, tratando no slo de estabilizar la economa de EE.UU., sino de calmar un mundo inflamado: Japn haba invadido Manchuria el ao antes; los nazis haban tomado el poder en Alemania; los imperialistas europeos tensaban su control sobre sus colonias; y la Unin Sovitica haba declarado su militante estrategia del tercer perodo, al imaginar que el capitalismo global, sumido en la Gran Depresin, estaba en sus ltimos estertores.

Cuando poco despus de su toma de posesin en marzo, Roosevelt emiti un llamado a las naciones del mundo para formar parte de un solemne y definitivo pacto de no-agresin, los colonialistas, militaristas y fascistas que gobernaban Europa y Asia se negaron rotundamente. Como el alcance global del nuevo presidente no se comparaba en nada a sus ambiciones globales, la Conferencia Econmica de Londres convocada para julio de ese ao por el equivalente del G-20 actual se rompi rencorosamente sobre cmo reaccionar ante la catstrofe global de entonces. Hay que admitir que la idea misma del panamericanismo que las repblicas americanas compartan ideales e intereses polticos comunes estaba entonces moribunda. Cada tantos aos, en un foro internacional, delegados latinoamericanos se sometan simplemente a los dictados de Washington mientras se enfurecan en silencio por la ltima intervencin militar de EE.UU. en Panam, Cuba, Puerto Rico, Mxico, Venezuela, Honduras, la Repblica Dominicana, o Hait. (Elegid la que queris.)

En aquel entonces las naciones latinoamericanas tomaban impulso para lograr una revisin del derecho internacional, que efectivamente daba a las grandes potencias el derecho de intervenir en repblicas ms pequeas. Los diplomticos venezolanos, por ejemplo, insistan en que EE.UU. garantizara el principio de la soberana absoluta. Los argentinos presentaban su propio tratado de no agresin codificando la no-intervencin como ley del hemisferio. Polticos caribeos y centroamericanos insistan en que se retiraran destacamentos de marines de EE.UU., que entonces estaban atascados en contrainsurgencias en Nicaragua, Hait, y la Repblica Dominicana.

Roosevelt envi a su Secretario de Estado, Cordell Hull, a la cumbre, pero le instruy que no ofreciera nada ms que una promesa de construir unas pocas carreteras nuevas. La demanda de que EE.UU. renunciara al derecho a la intervencin era inaceptable.

Sin embargo, Roosevelt, quien tena una tendencia a mezclar y combinar a consejeros improbables, tambin pidi a Ernest Gruening (recomendado por el profesor de derecho de Harvard y prximo juez de la Corte Suprema Felix Frankfurter) para que acompaara a Hull. En 1964, como senador por Alaska, Gruening se hizo famoso por depositar uno de los nicos dos votos contra la Resolucin del Golfo de Tonkin, que el presidente Lyndon Johnson utiliz para escalar la Guerra de Vietnam, pero en los aos treinta, ya era un antiimperialista comprometido.

En las pginas de The Nation y otros peridicos de izquierdas, haba ayudado a denunciar el uso de la tortura, del trabajo forzado, y de los asesinatos polticos que tuvieron lugar durante las ocupaciones por los marines en el Caribe, atrocidades que compar con la brutalidad europea en India, Irlanda y el Congo. Despus de viajar por Hait y la Repblica Dominicana, presion en el Congreso para recortar el financiamiento de operaciones de contrainsurgencia en la regin, y atac a la horda de concesionarios oportunistas y corruptos que acompaan al imperialismo militarista estadounidense. El que un crtico tan intransigente de la diplomacia de EE.UU. haya sido elegido para asesorar al Secretario de Estado refleja la fuerza de la izquierda en los aos treinta y la disposicin de Roosevelt a aprovecharla.

Quemando y asesinando

Al partir la delegacin hacia Montevideo, Gruening se horroriz al saber que EE.UU. no tena un programa excepto ser amigable con todos e irradiar buena voluntad.

Seor Secretario, inform que haba dicho a Hull, el principal tema que preocupa a todo pas latinoamericano es la intervencin. Deberamos perfilarnos con fuerza a favor de una resolucin que renuncie a ella.

Hull, a quien Gruening describi posteriormente como alguien que hablaba con el grueso acento de un miembro nacido y crecido en la aristocracia de Tennessee, soltando gs y luchando con la rs, respondi que sera difcil.

Qu voy a hacer cuando el caos estalle en uno de esos pases y bandas armadas anden por ah, quemando, saqueando y asesinando estadounidenses? pregunt Hull. Cmo le voy a decir a mi gente que no podemos intervenir?

Seor Secretario, respondi Gruening, usualmente eso slo sucede despus de nuestra intervencin.

Hull, sin embargo, tema una mala acogida por la prensa. Si me pronuncio contra la intervencin, dijo, los peridicos de Hearst me atacarn de costa a costa Recuerde, Gruening, el seor Roosevelt y yo tenemos que ser reelegidos.

Un pronunciamiento contra la intervencin le ayudara a ser reelegido, respondi Gruening. Ayudara, insisti, a sacar al Nuevo Trato del carrusel de invasin, ocupacin, e insurgencia que haba estropeado considerablemente el prestigio de EE.UU. en toda Latinoamrica y en gran parte del mundo.

Tena razn. En Montevideo, Gruening ayud a colmar la brecha entre los enviados de EE.UU. y diplomticos latinoamericanos anti-estadounidenses, incluyendo los de Cuba donde, mucho antes de la revolucin de Fidel Castro de 1959, las intervenciones seriales de EE.UU. haban tensado las relaciones entre la Habana y Washington. Lo que es ms importante, reconcili al Secretario de Estado con el principio de la no-intervencin.

Hull se puso maravillosamente a la altura de las circunstancias, escribi Gruening, al anunciar que EE.UU. evitara y rechazara en lo futuro el as llamado derecho de conquista El Nuevo Trato sera sin duda un alarde vaco si no significara eso. Los delegados latinoamericanos se manifestaron en un estruendoso aplauso y vtores. Y Roosevelt, como el gil poltico de siempre, aprovech el momento, para confirmar que la poltica definida de EE.UU. es desde ahora la de oponerse a la intervencin armada.

Nuestra era de imperialismo llega a su fin, anunci el New York Times. El Destino Manifiesto es reemplazado por la nueva poltica de trato igual para todas las naciones.

Veintiuna formas diferentes de odio

No del todo, por cierto. Washington volvi a una poltica de intervencionismo en la era de la Guerra Fra. Sin embargo, no se puede exagerar la importancia de ese cambio diplomtico radical.

Montevideo fue el primer xito significativo de Roosevelt en la poltica exterior, marcando un hito en la suerte del pas como superpotencia ascendiente. Luego orden que los marines se retiraran de Hait, mientras devolva al pas su banco nacional; abrog la odiada Enmienda Platt a la constitucin de Cuba, que haba convertido la isla en un Estado vasallo de EE.UU.; y comenz a tolerar un grado de nacionalismo econmico en Latinoamrica, incluida la expropiacin por Mxico de la propiedad de Standard Oil.

La inmensa popularidad de Roosevelt en Latinoamrica, aviv sus aspiraciones al liderazgo mundial. Al visitar Buenos Aires en 1936, fue recibido por ms de un milln de adeptos extticos que le dieron una ovacin desenfrenada y lo bombardearon con flores. Incluso la prensa usualmente escptica de Buenos Aires lo salud como pastor de la democracia, mientras los hospitales esperaban una inmensa cosecha de Roosevelts entre los bebs, a pesar de la prohibicin de nombres extranjeros para los nios.

La mejora de las relaciones con Latinoamrica tambin ayud a EE.UU. a recuperarse de la Gran Depresin. Con Asia vedada y Europa en camino a la guerra, Washington mir hacia el sur tanto para mercados para bienes manufacturados como para materias primas, negociando tratados comerciales con 15 pases latinoamericanos entre 1934 y 1942.

Lo ms importante, Latinoamrica se convirti en el laboratorio para lo que luego lleg a ser conocido como multilateralismo liberal el marco diplomtico que, despus de la Segunda Guerra Mundial, permitira que EE.UU. acumulara un poder sin precedentes. Como la Liga de Naciones estaba prcticamente muerta, los diplomticos comenzaron a discutir la posibilidad de una nueva Liga de las Amricas. Finalmente terminaron por convertirse en la Organizacin de Estados Americanos y en Naciones Unidas. (Cada cual consagr en su Carta el principio de la no-intervencin absoluta.) El propio Roosevelt sostuvo la ilustracin de las repblicas de este continente como modelo para la reconstruccin global de posguerra.

Cordell Hull obtuvo el Premio Nobel de la Paz por ayudar a fundar la ONU, y Roosevelt fue honrado por superar muchas veces 21 tipos diferentes de odio para vender la idea de la paz y la seguridad entre las repblicas americanas. Pero las gracias en realidad debieran ser destinadas a antiimperialistas como

Gruening y a combatientes guerrilleros como Augusto Sandino de Nicaragua que convirtieron el militarismo en una poltica extranjera insostenible.

Setenta y cinco aos despus

Los paralelos con la actualidad son inconfundibles: una economa global arruinada; un nuevo presidente con un mandato de reforma, pero bloqueado en el extranjero por rivales ascendentes e incapacitado por la rpida recesin del poder y del prestigio de EE.UU. debido a aos de un militarismo arrogante y unilateral. Y despus de una cumbre de Londres de las potencias econmicas, una conferencia latinoamericana: la Quinta Cumbre de las Amricas a la que asistirn 34 jefes de Estado representando a todos los pases americanos con la excepcin de Cuba.

La ltima vez que esa cumbre se reuni en el centro turstico costero argentino de Mar del Plata en 2005, los argentinos no saludaron a George W. Bush como pastor de la democracia sino como evangelizador por la guerra, el militarismo, y el capitalismo salvaje. Miles llegaron de todo el continente para quemar la efigie del presidente. Hugo Chvez de Venezuela y Evo Morales de Bolivia convocaron a una festiva Cumbre de los Pueblos paralela, mientras la leyenda futbolstica de Argentina, Maradona, calific a Bush de basura humana y de que es un asesino. Para parafrasear el homenaje de Michael Moore en los Premios de la Academia a las Dixie Chicks, si Maradona est en tu contra, se te acab el tiempo en Latinoamrica.

Con un portaaviones estacionado cerca y aviones de caza volando a ras por encima, Bush todava se senta nervioso y pareca estar ms all del lmite de sus posibilidades. A slo unos pocos meses despus que el huracn Katrina arrasara Nueva Orleans, con Iraq que se precipitaba fuera de control, la desastrosa actuacin de Bush en Argentina, combinada con una impresionante demostracin de unidad latinoamericana, aceler la extincin de la pretensin de supremaca global de los neoconservadores. EE.UU. sigue viendo las cosas de una cierta manera, dijo un diplomtico latinoamericano en la Cumbre, pero la mayora del resto del hemisferio ha seguido adelante y se dirige en otra direccin.

Y as era, con un giro a la izquierda que comenz con la eleccin de Chvez en 1998 como presidente de Venezuela, y que sigue a buen ritmo. El ao pasado, despus de todo, Paraguay eligi a un telogo de la liberacin como presidente; y el pasado mes el Frente de Liberacin Nacional Farabundo Mart el grupo guerrillero convertido en partido poltico al que trat de derrotar Ronald Reagan gastando seis mil millones de dlares al coste de 70.000 vidas salvadoreas en los aos ochenta finalmente lleg al poder en El Salvador.

Esta semana mucha gente esperar ver si Barack Obama, en lo que ser su primera cita real con Latinoamrica, est dispuesto a revertir su orientacin en esta Cumbre como Roosevelt lo hizo hace ms de tres cuartos de siglo. Para EE.UU., Latinoamrica no ha sido slo una fuente de materias primas y mercados, sino un taller de ensayo, un lugar donde coaliciones surgentes de poltica exterior prueban nuevas maneras de proyectar el poder de EE.UU. despus de perodos de crisis aguda. Roosevelt lo hizo, como Reagan y como la Nueva Derecha cuando, en los aos ochenta, utilizaron Centroamrica para experimentar en el desecho del multilateralismo, mientras remilitarizaban y remoralizaban la poltica exterior.

Hoy en da, el presidente Obama es enormemente popular en Latinoamrica. Una serie de polticos locales en la regin incluso adoptaron legalmente su nombre para obtener una ventaja en las elecciones, e indudablemente hay bastantes bebs que sern llamados Obama. El presidente de Brasil, conocido simplemente como Lula, dice que l ora por Obama e incluso Maradona admite que le gusta mucho.

Pero la popularidad slo llega hasta cierto punto. Por primera vez en muchas dcadas, un presidente estadounidense podra descubrir que se estn acabando los das en los que EE.UU. poda utilizar Latinoamrica como un espacio para ensayos imperiales.

La opcin colombiana

Qu, entonces, ofrecer Obama en Trinidad y Tobago? Se propondr irradiar buena voluntad, como Hull en 1933, pero no ser necesariamente amigable hacia todos? Ya ha enmaraado las cosas al insistir en que Hugo Chvez es un obstculo para el progreso. Te guste o no, Chvez es reconocido como lder legtimo por todos los pases latinoamericanos y es un estrecho aliado de muchos de ellos. Durante ocho aos, la poltica del gobierno de Bush de introducir una cua entre el resto de la regin y el venezolano ha sido un fracaso atroz, excepto cuando fue cosa de aumentar la fuga del poder decrpito de EE.UU. en el hemisferio.

En muchos frentes, sin embargo, el presidente probablemente descubrir que sus verdaderos obstculos al progreso al sur de la frontera yacen incmodamente cerca.

Como preparacin para la cumbre, el gobierno de Obama ha hecho algunos intentos de acercamiento a Cuba, como reaccin a las demandas de casi todos los pases latinoamericanos de que Washington termine su guerra fra contra la Habana. La necesidad de controlar a los senadores demcratas de Florida y Nueva Jersey (Estados con grandes poblaciones cubano-estadounidenses) significa que el embargo comercial continuar vigente, por lo menos por el momento. (En 1933, Hull trat de impedir que hablara el enviado cubano, por temor a que hiciera un ardiente discurso anti-estadounidense; Gruening apel al principio de la libertad de expresin para revertir la prohibicin.)

Obama probablemente reiterar declaraciones oficiales de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, entre otras, de que EE.UU. carga con una responsabilidad real por la violencia en la guerra de la droga en Mxico y tal vez deplore la manera como una incapacidad de impedir que armas sean ilegalmente contrabandeadas a travs de la frontera alimenta los asesinatos relacionados con la droga. Como todo otro gobierno, sin embargo, Obama tendr que responder a la Asociacin Nacional del Rifle (NRA), que actualmente realiza su propia poltica exterior.

En 2005, por ejemplo, cuando Brasil realiz un referendo para implementar una estricta ley de control de armas, la NRA, gast una cantidad considerable de dinero cabildeando para derrotarlo. Por lo tanto hay que esperar que la NRA combata todo intento de detener el flujo de armas al sur de la frontera. En los hechos, el senador por Wyoming, John Barrasso, espera utilizar el temor a la violencia de la droga mexicana para imponer una mayor distribucin de armas de asalto. Segn su explicacin del problema: Por qu vais a desarmar a alguien si posiblemente podra ser vctima del fuego cruzado?... EE.UU. no renunciar a sus derechos segn la segunda enmienda por el problema fronterizo de Mxico.

Y as van las cosas: En casi cada tema en el que podra ayudar realmente a aliviar el sufrimiento de los latinoamericanos o permitir que EE.UU. recuperara a aliados estratgicos, la poltica interior limitar el radio de accin de Obama, aunque no su popularidad inmediata.

Slo hace poco, un grupo de estudios compuesto de algunos de los principales intelectuales y responsables polticos de Latinoamrica, incluidos ex presidentes de Brasil, Colombia y Mxico, declar que la guerra contra la droga de EE.UU. es un fracaso y recomend la legalizacin de la marihuana. Obama obviamente tiene actitud favorable a esa posicin, ya que orden al Departamento de Justicia que renunciara a los procesamientos por usos mdicos de marihuana. Pero podr desescalar la guerra contra la droga en Latinoamrica? Es poco probable.

Como candidato, el presidente dijo que no se opona a todas las guerras, slo a las estpidas y sta es tan estpida como la que ms. No ha disminuido las exportaciones de narcticos a EE.UU., pero ha propagado la violencia por Centroamrica hasta Mxico, mientras arraigaba el poder paramilitar en Colombia. El Plan Colombia, pieza central de esa guerra, es un legado de la poltica exterior de Bill Clinton, y gran parte de los seis mil millones de dlares gastados hasta ahora para librarla ha sido esencialmente depositada directamente en los cofres de los patrocinadores corporativos del Partido Demcrata como ser United Technologies de Connecticut y otros contratistas de la defensa del noreste.

En lugar de desmantelar el Plan Colombia, es evidente que hay planes para que se prolifere como un virus ms all de las Amricas. El almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, coment recientemente que muchos de nosotros en todo el mundo podemos aprender de lo que ha pasado respecto a los acontecimientos muy exitosos del Plan Colombia, y sugiri que fuera adjudicado especficamente a Afganistn. El corresponsal en la Casa Blanca del Washington Post, Scott Wilson, est de acuerdo, e insta a Obama a utilizar Colombia como una sala de clases para aprender cmo derrotar a los talibanes. Profundamente enterrada en la recomendacin de Wilson hay una revelacin: funcionarios de EE.UU., escribi, le dijeron en privado que el terror de los escuadrones de la muerte fue un primer paso necesario en el Plan Colombia, que sirvi como un marcador de posicin hasta que EE.UU. pudiera entrenar a un ejrcito profesional. El gobierno de Bush hizo que el dinero siguiera fluyendo al ejrcito de Colombia a pesar de la evidencia de su complicidad en masacres paramilitares.

El camino a Latinoamrica pasa por Brasilia

En ltima instancia, el nico camino real para Washington pasa por la capital brasilea, Brasilia. Despus de todo, Obama se acerca a la regin no como un lder de una superpotencia segura de s misma, sino como un hegemn otoal. Como tal, su mejor opcin podra ser la formacin de una cooperacin con Brasil la economa mayor y ms diversificada de Latinoamrica, con enormes reservas de petrleo en el mar recientemente descubiertas y una copiosa lista de aspiraciones polticas para administrar el hemisferio. La Casa Blanca reconoce claramente que as es, motivo por el cual un responsable del gobierno calific la reciente reunin personal de Lula en Washington con Obama como reconocimiento de la influencia global de Brasil.

Justo antes de la reunin del G-20 convocada en Londres, Lula culp a la conducta irracional de gente que es blanca y de ojos azules por el colapso financiero mundial. De pie junto al palideciente primer ministro britnico Gordon Brown, sigui diciendo: No conozco a ningn banquero negro o indgena de modo que slo puedo decir [que est mal] que esa parte de la humanidad, que es victimizada ms que ninguna otra, deba pagar por la crisis.

Si esas palabras hubieran provenido de la boca de Chvez, habran sido tomadas como la ltima indicacin de su irracional actitud anti-estadounidense, pero el gobierno de Obama necesita a Lula. En Londres, Obama apenas se pudo contener: ste es mi hombre, dijo, tomando la mano de Lula ante el Secretario del Tesoro Timothy Geithner. "Me gusta este tipo. Es el poltico ms popular del mundo. Es por lo bien que se ve. Fue ciertamente una mejora en comparacin con George Bush, quien pregunt al predecesor brasileo de Lula: Tenis negros, tambin?

Sin embargo la cooperacin de Brasil tendr su precio, y a Obama no le ser fcil pagarlo. El programa barroco e inflado de subsidios a la agricultura y de aranceles que miembros de la Cmara y el Senado no permitieron que Obama recortara impedir que el presidente acepte de modo elegante la demanda central de Lula: que EE.UU. est a la altura de su retrica sobre el libre comercio y abra su economa a la agro-industria competitiva de Brasil.

Alrededor de Caracas

Y luego est Venezuela. Hace setenta y cinco aos, el Secretario de Estado Hull tema que los peridicos de Hearst lo atacaran de costa a costa si renunciaba al intervencionismo. Bueno, mientras ms cambian las cosas

Cuando el Departamento de Estado de Obama declar que el reciente referendo de Venezuela para eliminar los lmites de perodos presidenciales (y permitir as que Chvez se presente a la reeleccin) es un asunto interior consistente con los principios democrticos, fue atacado por el Houston Chronicle, cuyo dueo es adivinasteis Hearst Corporation. Hubo ms crticas, que hicieron que los funcionarios del gobierno pugnaran, segn el Wall Street Journal, por afirmar que el gobierno de Obama no ha atenuado la poltica de EE.UU. hacia Venezuela.

Ya que la continua satanizacin de Chvez no involucra absolutamente ningn coste interior y aligera muchas cargas potenciales, Obama podra verse obligado a mantener alguna versin de la lnea dura del gobierno de Bush, tal vez mediante el suministro al presidente de la cobertura necesaria para una retrica, si no poltica, moderada, en puntos de verdadero peligro donde hay mucho ms en juego como en Oriente Prximo.

Y termina en Texas

La inmigracin es un rea en la cual Obama podra tener un cierto margen de maniobra, pero tendra que superar el ala Glenn-Beck del Partido Republicano. La orden a los agentes de Servicio de Inmigracin y Control de Aduanas de EE.UU. para que dejen de perseguir a trabajadores latinoamericanos indocumentados (como lo han solicitado los presidentes de Mxico y Centroamrica) y que se abra un verdadero camino hacia la ciudadana ayudara considerablemente a mejorar las relaciones con los vecinos del sur. Tambin garantizara la lealtad de los votos latinos en 2012 y, al crear millones de nuevos votantes, tal vez acercara a Texas a la condicin de Estado indeciso entre los dos grandes partidos.

Vuelta a la escena del crimen

En ltima instancia, sin embargo, la visin de Obama ser limitada por la mezquindad de las imaginaciones de los asesores con los que se ha rodeado. Ya no hay Gruenings, ni Hulls en ese grupo. Ha mantenido al Secretario Adjunto de Estado para Latinoamrica de George W. Bush, Thomas Shannon y ha escogido a Jeffrey Davidow como su asesor especial en la cumbre.

Davidow, diplomtico de carrera, cuyo historial en el servicio exterior ha sido poco interesante en general, aunque su primer puesto fue en Guatemala a comienzos de los aos setenta cuando los escuadrones de la muerte respaldados por EE.UU. hacan lo que queran, lo que fue seguido por un puesto como un menor agente poltico en Chile, donde observ el golpe militar de 1973 respaldado por EE.UU. que derroc al presidente elegido Salvador Allende. Comprometidos con el mantra de la era Clinton de liberalizacin econmica, esos diplomticos nunca recomendarn el tipo de idea de cambio de las reglas del juego, como lo hizo Gruening.

Ya que la crisis financiera global dominar esta cumbre, la aparicin de Obama ser vista por algunos como una vuelta a la escena del crimen. Despus de todo, fue Chile donde el ahora desacreditado modelo del desregulado capitalismo financiero fue impuesto por primera vez. Esto ocurri mucho antes de que los presidentes Reagan y Clinton lo adoptaran para EE.UU.

A medida que ese modelo se propag luego por el resto de Latinoamrica, los resultados fueron absolutamente desastrosos. Durante dos dcadas, las economas se anquilosaron, la pobreza se profundiz, y la desigualdad aument. Para empeorar la situacin, precisamente cuando una nueva generacin de izquierdistas tomaba medidas para disminuir la pobreza y reducir la desigualdad, y se estaba recuperando de esa catstrofe inducida por Washington, una temeraria burbuja de la vivienda estall en EE.UU., derrumbando la economa global.

Los latinoamericanos presentarn una cuenta. Como lo describi hasta el presidente colombiano, Alvaro Uribe, estrecho aliado de EE.UU.: Todo el mundo ha financiado a EE.UU., y creo que tienen una deuda recproca con el planeta. Hugo Chvez no podra haberlo dicho mejor.

-------------

Greg Grandin es autor de Empire's Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism (Metropolitan) y de Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City, que ser publicado en junio. Para contactos escriba a: [email protected]

Copyright 2009 Greg Grandin

http://www.tomdispatch.com/post/175059/greg_grandin_obama_in_latin_america





Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter