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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2009

Una ley de gnero que slo castiga sexos

Javier Ramos Snchez
Gara


Encuentro en la hemeroteca un reciente suceso acaecido en Almera, en el que un hombre ha causado la muerte, al parecer, de su pareja sentimental masculina con la que estaba unida por el vnculo matrimonial. Como es natural, cualquiera puede preguntarse si este supuesto integra o no eso que con cansina parsimonia nos sealan a todas horas los media como violencia de gnero. La respuesta es negativa. Y no dejar de sorprender ms an cuando resulta que, como seala el presidente de la Audiencia Provincial concernida, si la pareja hubiera sido de lesbianas, entonces s podra incoarse un procedimiento en los recientemente creados ad hoc juzgados de violencia sobre la mujer. De haber sobrevivido, el fallecido varn no habra podido acogerse a las ayudas que ofrece la Ley de Violencia de Gnero, que nicamente incluye como beneficiarias a las mujeres vctimas de violencia machista.

La paradoja encuentra cierta explicacin en una ley, la Ley Orgnica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Proteccin Integral contra la Violencia de Gnero, concebida para castigar aquellas conductas que son manifestacin de la desigualdad y de relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, segn reza su primer artculo.

Es decir, que una ley dirigida en principio a reprimir conductas agresivas derivadas de una construccin cultural machista y por tanto a penar agresiones sustentadas en ideologas de dominacin, sin embargo slo encuentra que pueden ser sujeto activo de estos delitos seres morfolgicamente masculinos y, por ende, slo pueden ser sujetos pasivos seres del correlativo sexo femenino. Es decir, se quiere castigar violencia de gnero, pero se castiga, de hecho, violencia de sexo.

En consecuencia, y sta es la primera incongruencia manifiesta de la Ley, dice perseguir comportamientos -machistas- que slo pueden cometer uno de los sexos -el masculino- sobre una mujer. De ah que una relacin de dominacin en una pareja de homosexuales masculinos quede fuera de la Ley o, dicho con otras palabras, los gays no pueden ser machistas. Las lesbianas menos an, se supone. O s, pues en este supuesto la Ley s las integra como sujeto de proteccin al ser un miembro de la pareja del sexo femenino lo que a su vez significa que pueden tener entre ellas comportamientos machistas o de dominacin. En qu quedamos?

Porque es evidente que si hablamos de un comportamiento de dominacin y, por ende, adquirido mediante procesos de enculturacin, esto puede ser desarrollado por cualquier ser humano en cualquier relacin que ste tenga con los dems. El rol posesivo puede ser en efecto implementado por cualquier persona sobre cualquier otra, sin importar el sexo. La educacin patriarcal asigna roles a unos y a otras. Es tan ingenuo negarlo que recuerda la candidez del comentario del presidente iran sobre la ausencia de homosexualidad en su pas. O como cuando la reina Victoria de Inglaterra fue advertida de que la ley penal inglesa castigaba tan slo la homosexualidad masculina y adujo aquella estulta reflexin acerca de que las mujeres no hacan esas cosas.

En todos estos casos, se entiende, subyace adems un concepto de mujer-objeto-sujeto pasivo y menor de edad, incapaz de cometer ciertos actos denominados abominables; un ser, en suma, tan slo digno de proteccin o mariana devocin. Un ente arcanglico y por tanto inhumano. Las mujeres no hacen ciertas cosas, cosas malas, se entiende. Las mujeres han sido perseguidas por adlteras y por prostitutas, pero en muy raras ocasiones por su orientacin sexual. Pudiera afirmarse que las lesbianas han sido marginadas por omisin, que es el escaln previo a la represin. A los hombres, sin embargo, se les ha reconocido su homosexualidad, aunque han obtenido a cambio represin.

De ah que la Ley, en el mbito penal, al crear ex novo los juzgados de violencia sobre la mujer, entienda que slo son competentes en aquellos delitos cometidos con violencia o intimidacin sobre esposas y mujeres, o sus descendientes. Y ahora se comprende mejor la explicacin dada por el Sr. presidente de la Audiencia Provincial almeriense cuando afirma que de haberse tratado de una pareja de lesbianas, la acepcin esposa o mujer de una de ellas la hubiera comprendido en su mbito de aplicacin. No sucede lo mismo con el cnyuge masculino fallecido en la pareja de gays objeto de este anlisis, y no encuentran especial proteccin no porque esa muerte no reuniera todos los requisitos, tal vez, de una agresin de violencia de gnero, sino tan slo porque ninguno de los cnyuges tiene rasgos femeninos o, si se prefiere, porque ninguno es morfolgicamente mujer. Un perfecto desatino.

El segundo grave desacierto de la Ley es que pretende judicializar todo conflicto entre la pareja heterosexual, identificando violencia de gnero y conflicto, que es funcional en toda relacin conyugal, adelantando adems en todos los casos una respuesta penal y siempre al sexo masculino. Al homologar graves agresiones con un insulto, un empujn o simples amenazas, y las faltas con los delitos, por ejemplo, mediante una respuesta de privacin de libertad en todos los supuestos, confunde la ltima ratio en que debe basarse un sistema penal -castigar slo aquellas conductas ms graves- con una pretensa e inoportuna pedagoga penal de las relaciones sentimentales. El conflicto, reiteramos, es inherente a la relacin humana, pero no todo conflicto debe ser enjuiciado penalmente, so capa de prevenir males mayores, pues con esa inapelable lgica, bastara con eliminar desde el nacimiento a los varones para evitar as futuras agresiones machistas.

Un desatino ms de la era legislativa del seor Zapatero. Este presidente y sus asesores pasarn a la historia, entre otras cosas, por urdir en tiempo rcord medidas penales-exprs a problemas de insondable enjundia humana. Basta una noticia de impacto psicolgico en el telediario para que se disparen todos los resortes legislativos. Da lo mismo si se trata de inmigrantes con una papelina, quebrantamientos de rdenes de alejamiento incumplidas por la propia vctima o conductores sin carn. Todos a la crcel!

El problema es que a este paso -ya son 75.000 los presos en el Estado espaol, la tasa ms alta de la Unin Europea para uno de los estados con menor ndice de delincuencia-, adems de enriquecer a las empresas israeles de pulseras telemticas y a las empresas constructoras de penales, se va a obligar a la mitad de la poblacin a vigilar a la otra mitad delincuente. Sabia propuesta, quiz, para entretener al pueblo, ocultndole as la gnesis del sistema capitalista como la razn ltima del preocupante panorama econmico que, este s, asola a las clases populares. Un dirigente que nunca alcanza a resolver los problemas. Slo los encarcela. El irresuelto conflicto vasco es otro elocuente ejemplo.

Javier Ramos Snchez es jurista



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